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Suicidio y sociedad. Eros y Tánatos en la sociedad de consumo

NO HAY SINO UN PROBLEMA FILOSÓFICO REALMENTE SERIO: EL SUICIDIO. ALBERT CAMUS

Creemos necesario que se hable sobre esta realidad, que se compartan perspectivas y reflexiones, de manera que podamos imaginar y organizar estrategias colectivas contra la devastación.

No hay sino un problema filosófico realmente serio: el suicidio. Albert Camus

El suicidio es el único acto fallido que no falla jamás, que siempre tiene éxito. Lacan

El suicidio es una solución permanente a un problema temporal. Mark Gold

Más de 800.000 personas se suicidan al año en el mundo según la organización Mundial de la Salud (O.M.S). En 2015 se convirtió en la segunda causa de muerte de personas de entre 15 y 29 años, aunque se puede producir a cualquier edad y en cualquier región del mundo.

El suicidio es ya la primera causa de muerte no natural en España, por encima incluso de los accidentes de tráfico. Muchas son las situaciones sociales que empujan al suicidio de un modo desesperante e innecesario, ya que nuestra organización social impuesta es abusiva, injusta y “sutilmente” autoritaria, donde se fomenta, por encima de todo, la competencia, el individualismo egoísta y el amor al dinero. Sometimiento económico, alienación, descomposición moral, cosificación. Esto se traduce en personas cada vez más aisladas, neuróticas, depresivas, monótonas, sin metas vitales propias, como seres prefabricados en serie para la producción y el consumo, y que muchas veces, al ser marginados de esa rueda tienen sentimientos de total inutilidad y de pesimismo respecto al futuro. Es lo que Ronald Laing definiría como “jaque mate social”, es decir, una insostenible situación social a la que ha sido conducido un individuo cuando se le limitan las opciones hasta la extenuación. Para Laing, en estos casos, solo quedaría la locura o la muerte. El suicidio sería como una patología social que indicaría la degradación social existente en nuestro mundo globalizado e hipercapitalizado.

Prevenció del suïcidi: L'efecte Papageno - Levante-EMV

Según el I.N.E (Instituto Nacional de Estadística) cada día se suicidan más de 10 personas en España. La tasa media nacional de suicidios se sitúa en torno a 8,35 suicidios por cada 100.000 habitantes. Soria (18,2 suicidios por cada 100.000 habitantes) y Segovia (10,67 suicidios por cada 100.000 habitantes) son las provincias con mayor tasa de suicidios, seguramente por su baja densidad de población. Entre Córdoba, Granada y Jaén existen tres pueblos (Alcalá la Real, Priego e Iznájar) con la más alta tasa (26,6) de suicidios de España. Según estudios del INE, desde el inicio de la crisis el suicidio subió de 2007 a 2009, descendió en 2010 y a partir de entonces comenzó a aumentar cada año. De 2007 a 2014 el número de suicidios ha crecido en 647 personas, un 20% más desde el inicio de la crisis económica. En el año 2013 se suicidaron 3.870 personas, y en el 2014 fueron 3.910 personas. …

Según la Plataforma de Afectados por la Hipoteca (PAH), el 34% de los suicidios es resultado de desahucios. Afirman que la relación que existe entre suicidio y desahucio no es visible ni aparente y es complicado, en algunos casos, relacionarlos explícitamente; es decir, no se puede hablar de una relación causa-efecto directa. Los datos del INE muestran poca coincidencia de muertes por suicidio con los ciclos económicos, aunque esta afirmación sea algo reduccionista, ya que por ejemplo, en 2010, después de unos años de crisis y recortes, se produjo la tasa más baja de suicidios en 17 años. Habría que señalar que a partir de 2011 el INE incorporó los datos de los Institutos de Medicina Legal que antes no se contabilizaban, produciéndose desde entonces un aumento medio de más de 400 casos de suicidios anuales, sin los cuales se tendrían ahora unas cifras parecidas a las de los últimos 20 años.

El suicidio también es la primera causa de muerte entre los jóvenes en España. Existen más casos de suicidio entre los jóvenes que entre personas de mayor edad. Los factores de riesgo más comunes suelen ser el acoso escolar, haber sufrido abusos sexuales, una identidad sexual no asumida por la presión social o el consumo de alcohol y drogas reiterado (posiblemente esto sea más una consecuencia de un problema más profundo que un factor de riesgo). Resulta sorprendente que gente con toda su vida por delante y con posibilidades de poder reaccionar y dar un vuelco a su situación, en vez de reconducir su vida aboque por quitársela. Las situaciones tienen que ser duras, y de difícil comprensión para las que no las sufren y padecen.

El suicidio, según las estadísticas, se da más en hombres que en mujeres. Existen más suicidios consumados en hombres que en mujeres (2.938 hombres y 972 mujeres en 2014), aunque las mujeres protagonizan más tentativas. El caso de los hombres se podría explicarse por una mayor impulsividad biológica por el factor hormonal y por otros factores psicológicos como expresar menos sus emociones o tener menos redes de apoyo exterior que suelen dar una mayor fortaleza psicológica y resistencia[4]

Tampoco el suicidio es un problema de salud mental como tal, es más un problema de salud existencial, de vacío, estrés, de no poder dirigir sus vidas y de entregárselas a la política profesional, de ser seres vendidos a la máquina productivista tecno-industrial y a su amo el dios dinero. No tienes que ser un enfermo mental para matarte, es más, la mayoría de la gente que se suicida no está legalmente “loca”, ahí es donde surge la paradoja. La sociedad-mercado que nos oferta y condiciona a ser meras piezas de la máquina capitalista, va moldeando nuestras emociones, instintos, conductas, sentimientos a su imagen y semejanza para transformarnos en seres ultradependientes del Estado y el capital, lo cual eso sí que es verdaderamente enfermizo o diabólico. Cuando se nos margina o excluye y entramos a formar parte de los marginados del Sistema se rompen nuestros esquemas personales y sociales que dan paso a una sensación de decepción, tristeza, infravaloración o depresión, ya que todas las ilusiones inculcadas de triunfo y bienestar por la sociedad de consumo se ven abocadas al fracaso y con ellas al derrumbe existencial y vital.

Pero, ¿es necesario buscar una razón para vivir?, ¿no sería más cierto lo contrario? La vida tiene en sí misma su sentido, su fuerza imparable, sus posibilidades, acontecimientos inciertos y futuros distintos que nos hace pensar que la autodestrucción es la ultimísima salida que se nos vendría a la cabeza. Alguien dijo que un suicida consumado es un rebelde desaprovechado. Su valor queda malgastado para mejores labores. El suicidio es un arma en las manos de cada una, un instrumento de todo o nada a nuestro servicio. No simplemente podemos considerarlo como el desencadenante de una enfermedad o del final de un proceso patológico, pues no suele serlo. Siempre creemos que hay que estar “loco” para acabar con tu propia vida, lo único que realmente tienes tuyo, pero tal vez este mundo tan deshumanizado, tan alienante y masificado haga que la vida para algunas personas no merezca la pena ser vivida, sea un infierno, una agonía constante que haga parecer la muerte como única salida al sufrimiento constante. Nuestro mundo decadente no parece que vaya a despertar de ese sueño autodestructivo que los dirigentes y poderosos nos han sumergido. La locura acumulativa, la devastación de la naturaleza y las ansias de poder nos abocan al sinsentido más grande que ha padecido la humanidad. No nos puede sorprender que existan personas que, por distintas circunstancias, pretendan acabar con su agónica existencia. Pero, pese a todas las contradicciones, es necesario que podamos decidir sobre nuestra vida y nuestra muerte, pues es lo único que realmente nos pertenece. El suicidio es en sí un acto contradictorio, paradójico y extravagante: de odiar y amar.

El suïcidi, la primera causa de mort no natural entre els joves ...

https://primeravocal.org/suicidio-y-sociedad-eros-y-tanatos-en-la-sociedad-de-consumo/

(18) El uso masivo de psicofármacos está tan arraigado en las sociedades consumistas gracias a la falta de apoyo comunitario entre la gente por el fuerte individualismo que impera, ya que la falta de empatía y la atomización social conllevan una mayor dependencia y confianza del Estado y de los estamentos medico-farmacéuticos. Tampoco existen muchas alternativas autogestionadas y alejadas del uso de psicofármacos, y para muchas personas acaba siendo más sencillo y práctico medicarse para aliviar su sufrimiento sin tener que recurrir a nadie más que a su psiquiatra o médico de familia. También los círculos cercanos de las personas con cualquier problemática mental suelen alejarse de esta, ya que la consideran en ciertos casos como una carga o que simplemente no quiere aguantar sus lamentaciones o llantos.