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Por qué los hombres se suicidan más que las mujeres y qué tiene que ver con el machismo

En España, los hombres se suicidan tres veces más que las mujeres, aunque los expertos alertan de que ellas lo intentan más; son muchos los factores que entran en juego, pero los estereotipos de género y los mandatos patriarcales también tienen que ver con estas cifras

Cuando el psicólogo Iñaki Lajud lanzó la pregunta en el grupo de hombres que dinamizaba, prácticamente todos levantaron la mano: “¿Quién ha pensado alguna vez en quitarse de en medio?”. El resultado sorprendió a los hombres, pero no al psicólogo. “Suele repetirse en los grupos en los que reflexionamos sobre cómo ha influido el machismo en nuestra forma de vida”, explica el profesional de la asociación Masculinidades Beta.

Los datos avalan esa mayoría de manos levantadas. En España, los hombres se suicidan tres veces más que las mujeres, una tendencia generalizada en los países ricos, y que confirman los últimos datos del Instituto Nacional de Estadística (INE). Varios estudios muestran, no obstante, que las mujeres registran más intentos de suicido. Aunque en un fenómeno como este son muchos los factores que entran en juego, los estereotipos de género y los mandatos patriarcales también tienen que ver con estas cifras.

Los suicidios son tres veces más frecuentes entre los hombres

Evolución de la tasa de suicidios por cada 100.000 habitantes en España por géneros

En 2021, 4.003 personas murieron por suicidio: 2.982 hombres y 1.021 mujeres. Los datos indican que hay 12,8 suicidios por cada 100.000 hombres y 4,2 por cada 100.000 mujeres. Desde 2019, los suicidios han aumentado, tanto en hombres como en mujeres, aunque la proporción y la diferencia entre sexos sigue siendo parecida. Aunque la extrema derecha ha utilizado estos datos como arma arrojadiza contra el feminismo, lo cierto es que el análisis de expertos concluye justo lo contrario: son precisamente los mandatos patriarcales los que influyen negativamente en la salud de los hombres (y también de las mujeres) y los que se suman como factor de riesgo del suicidio masculino.

La psicóloga experta en trastorno mental grave y especialista en suicidio Paula G. Valverde Fonseca subraya que el del suicidio es un fenómeno multifactorial en el que influyen muchas variables, desde factores genéticos a sociales y económicos: la existencia de traumas, discriminaciones, antecedentes familiares, trastornos mentales, dolor crónico, consumo de sustancias, situación financiera, abusos, existencia o no de red de apoyo…

Los datos e investigaciones, agrega la experta, apuntan en una doble dirección: “Los hombres fallecen más por suicidio, pero las mujeres lo intentan mucho más. Así que los hombres cometen intentos letales con más frecuencia que las mujeres”. Ese hecho, que las mujeres registran más intentos de suicidio, lo constatan diferentes estudios internacionales.

¿Cómo es posible, entonces, que los hombres mueran más por suicidio? Una explicación tiene que ver con los métodos: los hombres eligen formas más letales. “Son más eficaces a la hora de tomar la decisión. Existe una cuestión de género tanto en la eficacia como en los métodos elegidos: son métodos más letales, además, el haber meditado el plan hace más difícil el rescate. A veces, o el método falla o la persona es rescatada a tiempo y digamos que los hombres tienen eso más en cuenta, que no falle el método y que no les rescaten a tiempo”, apunta Valverde Fonseca. La autora del libro Prevenir el suicidio: una guía para ayudarte a ayudar (Almuzara) prefiere no especificar las diferentes metodologías utilizadas pero asegura que las formas elegidas por los hombres suelen implicar niveles más elevados de violencia.

El antropólogo mexicano Benno de Keijzer, especialista en salud y género, insiste en que las mujeres utilizan medios “no necesariamente letales”. Si bien cualquier suicidio puede ser considerado como una llamada de socorro, De Keijzer cree que esta diferencia puede indicar que en muchas mujeres el intento es más “una petición desesperada de ayuda”, mientras que los hombres “ni siquiera piden ayuda” y ejecutan con más violencia una decisión aun más meditada.

Las tasas de suicidio son más elevadas en los países bálticos

Tasa de suicidios por cada 100.000 habitantes, entre hombres y mujeres, en cada país. Datos de 2017. No hay datos para los países en gris

La tormenta perfecta
El psicólogo de Masculinidades Beta Iñaki Lajud considera que, en el caso de los hombres, hay una mezcla de factores, algunos muy relacionados con la masculinidad tradicional, que terminan formando una “tormenta perfecta”. “Muchos hombres tienen intenciones suicidas en algún momento de sus vidas, durante periodos malos, pero luego no siempre llevan a cabo ese pensamiento, ni siquiera hay un intento. Pero ahí subyace una muy mala gestión emocional. Los hombres identificamos muy mal las emociones, no las detectamos, no las sabemos manejar… eso hace que haya estados que no identifiquemos como un problema”, asegura.

“Además –prosigue Lajud– tenemos la idea de que podemos solos. Para los hombres, pedir ayuda es un símbolo de debilidad, mostrar cómo nos sentimos es ponernos en un lugar de vulnerabilidad. Y para la masculinidad tradicional, la vulnerabilidad es debilidad”, apunta.

Según el estudio del Centro Reina Sofía sobre Adolescencia y Juventud de la FAD ‘La caja de la masculinidad’, “el tipo de posicionamiento frente a la masculinidad tiene un claro impacto sobre la salud mental”. El informe recoge que el 51,2% de las mujeres de entre 15 y 29 años afirma haber experimentado ideas suicidas alguna vez o con frecuencia, frente al 34,3% de los hombres de la misma edad.

También son más mujeres que hombres las que afirman haber sufrido algún tipo de problema psicológico o psiquiátrico en el último año. Sin embargo, el estudio muestra cómo, entre los hombres, el malestar psicológico y las ideas suicidas se incrementan en aquellos que se sitúan dentro de “la caja de la masculinidad”, esto es, dentro de los valores tradicionales que se le asocian. El porcentaje es mucho menor en aquellos que se sitúan más lejos de ese estereotipo.

Paula G. Valverde Fonseca constata que “la cuestión cultural” marca importantes diferencias: “Las mujeres estamos más acostumbradas a apoyarnos y comunicarnos para buscar soluciones mientras que parece que los hombres tienen que ser autosuficientes, desatendiendo incluso el sufrimiento psicológico. Para nosotras es más habitual buscar una solución en comunidad, en nuestra red de apoyo, o buscarla fuera, en psicología, psiquiatría, terapia ocupacional… Esta búsqueda de apoyo no se da tanto en los hombres, en buena parte por miedo a lo que van a pensar los demás”. Curiosamente, apunta la experta, las mujeres llegan en menor medida a los recursos de salud mental, como centros de día o de rehabilitación. Es decir, las mujeres buscan más ayuda, formal o informal, pero son derivadas en menor medida a determinados dispositivos.

“Por un lado, en los hombres influye la presión de que tienes que volver a ser productivo, recuperarte, seguir. Y, sin embargo, parece que las mujeres, socializadas para ser cuidadoras, no necesitan esa ayuda mientras sigan ‘sirviendo’ para cuidar a sus familias y mantener el hogar. Todo eso es un factor para la cronificación del sufrimiento de las mujeres, porque no están viendo sus necesidades atendidas, y un factor de riesgo para los hombres porque la urgencia para que vuelvan a ser productivos puede llegar a desatender la situación de vulnerabilidad en la que están”, explica la psicóloga. Esos estereotipos, apunta, influyen en quienes experimentan una situación de sufrimiento pero también en los profesionales que deciden a quién derivar a un recurso.

Los hombres se suicidan más en todo el mundo

Tasas de mortalidad por suicidio, por cada 100.000 habitantes, ajustados por grupos de edad. Se agrupan los países según su renta. Datos de 2017 o el último año anterior disponible

Más allá de quién llega a esos centros, la psicóloga pone en cuarentena el enfoque que muchas veces tienen los tratamientos y las intervenciones con personas que sufren. “A menudo se trabaja desde la funcionalidad, desde la recuperación de las funciones que te van a hacer útil para la sociedad, desde la vuelta al trabajo, pero no tanto desde la atención a las necesidades emocionales. La urgencia puede evitar que se trabajen herramientas de comprensión y comunicación, de acercamiento y proceso de las emociones, algo que seguramente muchos hombres necesiten. Es atender a la punta del iceberg”. Y atender solo la punta del iceberg puede empeorar o cronificar determinados estados mentales.

Amigos, pero no para hablar de sí mismos
La brecha de género en el suicidio se agranda con la edad. A partir de los 70 años, el impacto crece muy significativamente entre los hombres, y no así entre las mujeres. Entre los 80 y los 89 años, la tasa de suicidios es del 34,3 por cada 100.000 en los hombres y del 7,1 en las mujeres. Este aumento tan significativo de la diferencia podría estar relacionado con la red social con la que cada persona cuenta.

Las diferencias por género en los suicidios se acentúan con la edad

Tasa de suicidios por cada 100.000 habitantes en España, por géneros y grupos de edad, en 2020:

El antropólogo Benno de Keijzer habla de “la caída del sistema” que tiene lugar para muchos hombres en la tercera edad. “El hombre jubilado se queda sin su lugar-identidad, muy centrada en lo laboral, y se queda sin proyecto porque no lo ha construido o preparado. Muchos regresan a casa a tiempo completo sin involucrarse en lo doméstico o en la crianza, como sí lo hacen las mujeres, jubiladas o no. También las mujeres logran construir más vínculos emocionales significativos y diversos que los hombres”, explica a elDiario.es. Los datos de suicidio , dice, muestran el impacto que llegan a tener “los mandatos de la masculinidad tradicional” para muchos hombres: “Ese tener que ser los fuertes, no poder pedir ayuda, no reconocer la vulnerabilidad, tener un concepto equivocado de autosuficiencia”.

El factor social es también una de las claves que menciona el psicólogo Iñaki Lajud: “Un gran mandato de la masculinidad es no hablar de nuestras emociones, es ser frío, la independencia. Eso nos da estatus”. Un hombre puede tener muchas amistades, pero ¿qué tipo de amistades? Contar con una red robusta tiene más que ver con la calidad que con la cantidad de relaciones.

“Puedes quedar para ver el fútbol o jugar al pádel y te vas luego a casa y no has hablado de ti o no sabes bien cómo está tu colega. Nosotros nos vinculamos más a través de las acciones y las mujeres a través de las palabras y de crear intimidad. Una mujer queda con sus amigas y hablan o incluso quedan para hablar, nosotros siempre tenemos una actividad por medio y en los silencios los temas que se suelen tratar son la política, los deportes, la tecnología, la música… pero no hablamos de nosotros mismos, de nuestros miedos, preocupación sentimientos”, afirma el psicólogo. Las conversaciones masculinas giran en torno al afuera y el interior se vuelve así un terreno menos explorado y, desde luego, mucho más difícil de compartir con los otros.

Cuando existe un sufrimiento o alguna patología, “el mandato de no pedir ayuda hace que vayamos cayendo en una espiral cada vez más compleja y sin salida, que incluye no buscar atención psicológica”, añade Benno de Keijzer. Iñaki Lajud subraya la importancia de la red social, “de tener a diferentes personas de diferentes ámbitos y momentos de la vida que nos puedan proporcionar cariño, escucha, alternativas.”. “Con compartir el dolor y pedir ayuda y dejar que nos ayuden se solucionarían muchas cosas”, agrega el psicólogo, que habla de la importancia de contar con una red que permita contrastar los malos pensamientos que pueden llegar a tenerse.

Paula G. Valverde Fonseca habla de otra de las diferencias de género que existen y que tiene que ver con las metodologías del suicidio: “Las mujeres pueden ser hasta cuidadosas, piensan en quién las va a descubrir, que no quieren molestar a nadie.. hasta en ese momento están cuidando. Los hombres sienten que tienen que hacerlo y lo hacen sin importar tanto esas circunstancias y eso tiene mucho que ver con la socialización de género”.

En cualquier caso, la experta recuerda que apenas se registran como suicidios una pequeña parte de los que en realidad lo son. Algunos accidentes o abandono de tratamientos también podrían responder a esa lógica, pero no se reconocen como tales en la estadística. Y eso, aventura, podría cambiar algunas de las cifras que conocemos.

https://www.eldiario.es/sociedad/hombres-suicidan-mujeres-ver-machismo_129_9806017.html

Rafael Argullol: “Crec que es pot considerar la tragèdia del món i, alhora, dir sí a la vida”

Filòsof, escriptor i catedràtic d’estètica i teoria de les arts (UPF)

El professor Rafael Argullol (Barcelona, 1949) manté la seva lúcida capacitat d’analitzar el món des de la filosofia i l’art. Aquest 2023 ho farà a través de deu llibres compilats en un volum de “preguntes bàsiques”, en diu, sobre temes com la llibertat i la veritat. La idea d’Europa, l’humanisme, l’extrema dreta i el mirall de les xarxes socials: tot alimenta el gruix d’un pensador que escriu tant a prop del soroll de l’actualitat com del silenci de la poesia.

En moments d’incertesa mirem als filòsofs a la recerca de respostes. ¿En aquest moment té més respostes o més preguntes?

— Més preguntes. Jo no em considero filòsof, em considero cercador de coneixement i de llibertat. Com diu l’etimologia de la paraula, som amants o entusiastes del coneixement, no tant posseïdors del coneixement. La nostra arma són les preguntes. Les respostes, quan hi ha respostes, són sempre provisionals, transitòries. Un ha de treballar el món de les preguntes i això ens acosta a l’art, que és un espai a través del qual l’home s’ha fet preguntes i ha donat respostes sensorials limitades a través de les obres. Però la cultura és sobretot un gran dipòsit de preguntes.

Ha estat treballant durant els últims quatre anys en un llibre que sortirà al maig.

— És un llibre molt extens, de mil pàgines, i està dividit en deu llibres. El primer es diu llibre de la veritat, el segon de la restitució, n’hi ha un de la jovialitat, de la llum, de l’afinitat, de la llibertat… Són una sèrie de preguntes que jo em faig respecte a mi i respecte a l’època que m’ha tocar viure. ¿M’he dit la veritat, he estat lliure, he restituït allò que se m’ha donat?

¿Té resposta a la pregunta de què és la veritat?

— És de les preguntes més antigues i més difícils de contestar, perquè mentim contínuament. Des que som petits ens ensenyen que l’estratègia vital per sobreviure és no afrontar les coses sempre com una veritat crua. Per tant, la vida és una indagació sobre la veritat. Als Evangelis, a la part de la passió, quan Jesucrist diu “vinc a donar testimoni de la veritat”, el prefecte romà Ponç Pilat li diu: “Què és la veritat?” I se’n va. Aquesta pregunta plana sobre els segles i sobre les diverses cultures. Crec que és important dir-li a l’ésser humà que la veritat ens permet viure la vida d’una manera més rica. Sobretot hem d’intentar no mentir-nos a nosaltres mateixos.

¿Vivim precisament en un moment en què excel·leix la mentida col·lectiva? Estic pensant en les xarxes socials.

— És un moment en què la mentida col·lectiva té un cert prestigi. La mentida col·lectiva sempre ha existit, a tots els segles, a totes les cultures, el que passa és que hi havia com una muralla davant d’aquesta mentida col·lectiva que pretenia desprestigiar-la i intentar lleis, comportaments, conductes que cerquessin la veritat. El que és peculiar i perillós és que a la nostra època hi ha una indistinció entre la veritat i la mentida, i aquesta indistinció no és penalitzada, fins i tot hi ha vegades que és elogiada i premiada.

Ara fa 30 anys que vostè va publicar El cansancio de Occidente, el diàleg amb Eugenio Trias. ¿S’ha redreçat aquest rumb?

— En alguns aspectes la situació ha variat molt, sobretot pel predomini de les noves tecnologies. L’any 92, que és l’època olímpica en què escrivim aquest llibre, hi havia l’existència d’ideologies i de tradicions culturals que llavors semblaven molt fermes i ara, en canvi, no ho semblen. Un dels fets distintius de la nostra època és com avances cap al futur sense capacitat per mirar al passat, analitzar-lo i reflexionar-hi. Es descarten molts dels exemples de la gran cultura que havien sigut fars per a l’home europeu, per a l’home occidental i per a l’home en general.

¿La incapacitat de reflexionar sobre el passat és, per tant, una incapacitat d’aprendre?

— Tenim una gran incapacitat de memòria. Cedim la memòria a la tecnologia. Moltes coses que abans sabíem de memòria ara confiem que internet ens les digui. Però no únicament cedim les dades a la tecnologia, sinó la capacitat de reflexió. Per exemple la cultura. La cultura no és una dada concreta. Si jo pregunto per Voltaire, no cal saber qui és Voltaire, es mira a internet. Si pregunto per la Il·lustració, igual. Si pregunto per la Revolució Francesa, igual. Tot això es trobarà a internet més o menys ben explicat, però el que internet no farà serà lligar Voltaire, Il·lustració i Revolució Francesa. La capacitat d’interrelació que en efecte és la cultura tenia o té un dels seus eixos principals en la memòria. Per això els grecs a la memòria, mnemòsine, la posaven com la matrona de les arts. La memòria és la capacitat d’interrelació, i això també en la nostra vida personal i col·lectiva. En el moment en què perdem la memòria de nosaltres mateixos, de la nostra vida, perdem d’alguna manera la nostra humanitat.

¿Sense memòria, capacitat de concentració ni capacitat d’interconnectar, ens aboquem a un temps de frivolitat?

— Diria de fragilitat. Una manca de defenses, una manca de capacitat de resistència, una manca de capacitat de concentració, això porta a una fragilitat. L’ésser humà està immers en una mena de tirania de l’actualitat contínua que fa que allò que avui és decisiu i molt important potser demà o demà passat ja no es considera o no existeix, i això el porta a una sensació que els seus referents són escassos, una sensació de nuesa.
És una paradoxa perquè en teoria tenim l’ésser humà més armat tecnològicament de tota la història de la condició humana, però això, al mateix temps, va acompanyat d’una nuesa espiritual i fins i tot una nuesa mental considerable.

I com evitem aquesta fragilitat o nuesa? Amb l’humanisme?

— L’humanisme que hem d’intentar ha de tenir en compte la fi de l’egocentrisme, la fi de tants prejudicis de tot tipus que tenia la nostra cultura, fins i tot és un humanisme que ha de tenir en compte que l’home no es pot considerar el centre del món en el sentit absolut, sinó que s’han de considerar tots els éssers vius, el cosmos. És a dir, d’una manera egoista no podem proclamar que l’home és el centre del món, com el vell humanisme feia.

Com accedim a aquest nou humanisme?

— Hi ha dos corrents contraposats. Aquest predomini de la tecnologia que porta potser una pèrdua de la memòria, de referents, etcètera, sembla que podria anar en contra de l’humanisme. Però en els últims 20 anys el nou humanisme ha afrontat de cara molts prejudicis que tenia el que hem anomenat civilització i cultura. En aquest sentit, les desarticulacions més o menys revolucionàries que s’estan produint a la nostra època en el terreny de la raça, del sexe, en tots els terrenys que estaven oblidats, són molt interessants per a la construcció d’un nou humanisme.

¿Aquest nou humanisme té una revolució clau en el lloc de les dones al món?

— Indubtablement és un aspecte molt important, potser el més destacat, però també és molt important la nova relació que molts proclamen amb el planeta, amb la terra, amb el cosmos, amb els animals. Jo aquest estiu he estat llegint molt Simenon, i és un escriptor molt important i molt interessant, pràcticament un Balzac del segle XX, però els prejudicis que hi ha a la narrativa de Simenon, com en tots els escriptors del segle XIX, farien que molta gent s’escandalitzés actualment. Em penedeixo d’haver llegit un 80 per cent de llibres que tenien contingut antijueu, perquè això era habitual a la historia de la cultura europea, de la mateixa manera que era habitual el contingut racista i el contingut masclista.

¿Potser ara sí que haurem d’arribar a la conclusió que, malgrat el que sembla, evolucionem?

— Per això deia que es troben dos corrents contraposats, un que ens despulla i un altre que ens vesteix de manera diferent de com anàvem. I si això passa amb una certa saviesa, ens pot ajudar en aquest nou humanisme i pot facilitar un futur per a la condició humana.

¿Aquest nou humanisme com dialoga amb una Europa en guerra?

— L’humanisme vell va dialogar sempre amb situacions de guerra. L’humanisme reneix al Renaixement amb guerres contínues. El Renaixement es fa a Florència amb la pesta negra molt recent i amb guerres i lluites contínues. Montaigne escrivia assajos meravellosos a 20 quilòmetres del front de guerra al sud de França. Aquest nou humanisme ha d’apel·lar a la no-guerra, com feia l’antic, però amb les condicions actuals. Per posar un exemple, la invasió russa d’Ucraïna és totalment injusta i injustificada, però s’ha de tenir en compte que el manteniment de la geopolítica antiga també és injust. Intentar mantenir l’OTAN com el bloc hegemònic al món xoca amb la nova realitat del món, i per això la Xina, l’Índia, etcètera, no es conformaran que les coses siguin igual que al segle XX.

Europa ha de ser un territori flexible i obert a les migracions ”

Quina és la seva idea d’Europa?

— De les idees polítiques, la que més il·lusió m’ha fet a la meva vida és la idea d’Europa, però la idea que jo tenia és la de Goethe, de Rilke, de Valéry; és a dir, d’una Europa creativa des del punt de vista espiritual i cultural. Això ha estat substituït per una Europa que està massa construïda en termes burocràtics i centralistes, i en termes, per què no dir-ho, de corrupció, com s’està veient aquests dies. L’Europa unida a la qual podem aspirar és la dels primers grans pensadors, però tenint en compte que Europa de cap manera es pot plantejar recuperar la posició colonial o neocolonial, això és obvi. Europa ha de ser un territori flexible i obert a les migracions, fins i tot per necessitats demogràfiques.

¿La seva és una visió optimista de la realitat?

— Jo soc optimista o pessimista depenent de com em va el dia des del punt de vista emocional. El primer grau de coneixement de la veritat és saber com estàs tu. Els dolors i plaers de la humanitat no deixen de ser abstractes enfront del nostre plaer i el nostre dolor. Crec que es pot ser capaç de considerar la situació tràgica del món i, alhora, voler dir sí a la vida. No únicament sobreviure sinó viure. Per això torno al començament: un ha de viure per poder viure la vida dels altres, de la mateixa manera que un ha de tenir amor propi per poder estimar.

Però vivim un auge de la ultradreta. És un fruit humà més?

— M’indigna que quan es parla de Hitler o del nazisme es digui que és una cosa inhumana… Tant de bo fos diabòlica i inhumana! El problema és que va ser humana. Jo crec que els populismes d’ultradreta actuals són la conseqüència de l’enfonsament de les ideologies il·lustrades i romàntiques en la segona meitat del segle XX. El segle XXI és bastant orfe d’ideologia i, lligat amb l’amnèsia, és molt més fàcil que surtin a l’escenari bruixots que t’ofereixin curacions i salvacions immediates.

¿Per això nosaltres som més orfes en certeses?

— Som orfes en certeses perquè les velles ideologies humanístiques creaven complicitats entre aquells que hi participaven, i nosaltres tenim la sensació de campi qui pugui. Les noves tecnologies també juguen un gran paper d’emmascarament: la gent es creu que ja està connectada, però no està connectada amb profunditat. I com a conseqüència, un dels aspectes importants de la nostra època és el sentiment de soledat, del qual se n’ha parlat força últimament.

Estem més a la intempèrie.

— Estem més a la intempèrie, sí.

https://www.ara.cat/cultura/rafael-argullol-tragedia-vida-humanisme-ultradreta-cultura_128_4583137.html

Rafael Argullol: “El hombre con miedo es proclive a creer en fanatismos”
https://www.elmundo.es/papel/cultura/2019/02/08/5c5c059afc6c83526a8b466b.html

What to know about Ozempic, TikTok’s favorite weight loss drug

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Since gaining popularity online, the diabetes medication Ozempic (semaglutide) has been increasingly requested to manage weight. Now, there’s a shortage that’s affecting people who use the medication.

Scientists caution that for weight loss, the diabetes medication’s long-term safety and efficacy aren’t settled. That hasn’t stopped influencers.

Billionaire Elon Musk credited it for his dramatic weight loss. Celebrity sites allege that many more A-listers are using it to stay trim. And TikTok is full of influencers showing off their startling before-and-after shots showing off their weight loss after using it.

What is it? A medication called semaglutide, which is sold under different brand names, including Ozempic, approved in 2017 for treating type 2 diabetes, and Wegovy, approved just last year for weight loss.

The buzz about these drugs has created a shortage of both, according to the U.S. Food and Drug Administration, which is expected to last for several months—causing alarm among patients with diabetes who rely on Ozempic to help control their blood sugar. Experts caution that it’s important to understand these are not miracle drugs—and that there are risks to taking them outside of their intended use.

Here’s what you need to know about semaglutide, including how it works and the risks.

What’s the science behind the drug?
Semaglutide helps lower blood sugar by mimicking a hormone that’s naturally secreted when food is consumed, says Ariana Chao, assistant professor at the University of Pennsylvania School of Nursing and medical director at the school’s Center for Weight and Eating Disorders. This medication, administered through injection, helps people feel full for longer, helps regulate appetite, and reduces hunger and cravings.

(How psychedelic drugs can help with anxiety, depression, and addiction.)

There is significant demand for the drug. In 2019, more than 11 percent of the population was diagnosed with diabetes, while more than four in ten adults classified as obese in 2020.

Patients with type 2 diabetes often have impairments in insulin, a hormone that helps break down food and convert it into fuel the body can use, Chao says. Semaglutide signals the pancreas to create more insulin and also lowers glucagon, which helps control blood sugar levels. This can result in weight loss but experts point out that Ozempic has not been approved for that purpose, though semaglutide at a higher dose (Wegovy) has been.

Wegovy is the first drug since 2014 to be approved for chronic weight management. The difference between the two drugs is that Wegovy is administered at a higher dose of semaglutide than Ozempic. Wegovy’s clinical trials showed more weight loss but only slightly greater improvements in glycemic control compared to Ozempic, Chao says.

The FDA sees Ozempic and Wegovy as two different medications for different uses. Chao says many insurance companies cover Ozempic for diabetes but don’t cover Wegovy for obesity—a prime example of weight bias in health care. That’s why some medical providers use the two doses somewhat interchangeably, as obesity and type 2 diabetes are inextricably linked–obesity is the leading risk factor for developing type 2 diabetes.

What are the risks?
Like every medication, there can be downsides.

The most common side effects are gastrointestinal issues, such as nausea, constipation, and diarrhea, Chao says—and more rarely, pancreatitis, gallbladder disease, and diabetic retinopathy.

These drugs have been extensively studied, but their relatively recent approval means researchers still don’t know what the effects of taking them long term might be.

(This is how you should disposed of unused or expired medications.)

Continuing research is helping us understand more about what happens when people stop taking these medications—which many may be forced to do amid current shortages. Research does suggest that stopping use of this medication could cause patients to regain weight, especially if they didn’t make any lifestyle changes.

“In almost all weight-loss studies, it really depends on your foundation,” says Stanford endocrinologist Sun Kim. “Your efforts at lifestyle will determine how much weight you lose. If you have your foundations like food, exercise, and sleep, you’re gonna do well.” If not, you might regain as much as 20 percent of the weight lost per year.

These medications can also be incredibly expensive, especially without insurance. Kim says an injection pen can run more than $1,000.

What does it mean to use this drug off-label?
Using a drug off-label means using it in a way other than its intended and its FDA-approved purpose, which may not be safe or effective. Ozempic has been approved only for type 2 diabetics, and Wegovy has been approved only for patients with a BMI above 30, or 27 if they have a weight-related comorbidity like high blood pressure.

“There is no scientific evidence to show whether this medication will be effective or of benefit to those who do not fit the criteria from the FDA-approved label indications, such as people with a BMI lower than 27,” Chao says. “We also do not know the side effects or risks in these populations—there could be unknown drug reactions. These medications are not meant to be a quick fix.”

(How are medicines named?)

Even if you meet the criteria, experts warn against trying to obtain the medication without a prescription by traveling to countries that don’t require them.

“When the medication’s not used under supervision of a health-care provider, then they can come into misuse,” Chao says. “There could be more serious adverse events that can happen.”

Other experts also argue that, with Ozempic becoming hard to find, diabetes patients should be the first in line.

“What I do worry about, and I hope it’s only temporary, is the supply chain issue,” Kim says. “If I had to triage and prioritize, I would maybe favor someone that is controlling their diabetes to get it.”

Robert Gabbay, the American Diabetes Association’s chief scientific and medical officer, says the organization is “very much concerned” about the Ozempic shortage.

“The medication has been an important tool for people with diabetes,” he says. “Not only does it lower blood glucose and weight but it has been shown to decrease cardiovascular events—heart attacks—one of the leading causes of death for those living with diabetes.”

A last resort?
Still, Kim says that prescribing drugs like Ozempic and Wegovy to patients who are desperate for a new approach to weight loss can make her feel “like a superhero.” By the time patients come to her, they’ve often tried methods like Weight Watchers and following the advice of dieticians. In that case, she says, medications like Ozempic and Wegovy can be a great option.

“What I find is sometimes as they’re becoming successful at losing weight, it really does feed into their lifestyle too, and then they’re able to be more active,” Kim says. “It’s hard to lose weight. Seventy-five percent of the U.S. population is overweight or obese. I feel that we shouldn’t be holding this back if this can help.”

Chao agrees that these medications are a good alternative for those who are unable to lose 5 percent of their body weight within about three months of making lifestyle changes. Still, she recommends trying those approaches before turning to medication.

Patients should “make sure that they’re focusing on a healthy dietary pattern, reducing calories, as well as increasing physical activity,” she says. “It’s important they know that even if they are taking the medication, it’s not an easy way out: They’re still going to have to make lifestyle changes.”

https://www.nationalgeographic.com/science/article/ozempic-tiktoks-favorite-weight-loss-drug-is-unproven

https://www.sabervivirtv.com/endocrinologia/ozempic-peligros-medicamento-diabetes-para-adelgazar_7782

https://www.eldiario.es/sociedad/desabastecimiento-ozempic-afan-desmedido-adelgazar-deja-diabeticos-medicamento-esencial_1_9789178.html

Sandra, transexual arrepentida: «Cambiar de género te convierte en un paciente enfermo de por vida»

Después de todo el dolor físico y mental por el que ha pasado, le parece deleznable que se lleve a cabo la polémica ley trans

andra Mercado nació varón, pero desde que tiene uso de razón le han gustado los hombres. En el pueblo donde nació en el 1986 todo el mundo era heterosexual, por lo que ella creció en un ambiente totalmente contrario a lo que ella sentía. Su madre siempre la apoyó y nunca le dio importancia. En cambio, su padre, que tenía problemas con el alcohol y las drogas y maltrataba a su mujer, nunca lo aceptó. Lo mismo pasaba con sus abuelos: cuando Sandra salía de casa vestida con los colores que se llevaban en los 90 –o las mechas tan características de la época– le decían «maricón, ¿dónde vas con eso de niñas?».

La cosa no solo era familiar. En el instituto, Sandra sufrió bullying por parte de los compañeros y de los profesores. De hecho, nunca terminó sus estudios. «Yo sufrí mucho la discriminación, todo el mundo me insultaba», explica a este medio.

Sandra vivía con miedo, le perseguían por las calles para darle palizas. Fue ahí, en la adolescencia cuando inconscientemente comenzó a interpretar muchas cosas. Como dejó los estudios en 3º de ESO, se desplazó a Barcelona a estudiar Arte Dramático para ser actor, pero comenzó a decaer. «Empiezas a avergonzarte de tu cuerpo y te avergüenzas de ser homosexual. Sentía que estaba cometiendo un delito», comenta.

Fue creciendo y comenzó a salir con amigos que no le convenían. Fue en ese momento cuando comenzó en el mundo de la noche, donde conoció la disforia de género: «Por mucho que yo llevaba ropa de chica, yo en el espejo veía un hombre y odiaba mi vello corporal al igual que algunas facciones».
Llegó un día que su madre decidió separarse de su padre y Sandra le dijo a su madre que era una mujer. En ese momento, le comentó los tratamientos hormonales que había –que anteriormente se lo habían comentado los transexuales que conoció en el mundo de la noche– y decidió comenzar su «mal llamado cambio de sexo». Para ello, lo primero que hizo fue acudir a un psicólogo, que al verle tan femenino y su voz le dio la razón. «Lo que yo denuncio a día de hoy es que cuando una persona con disforia consulta a un psicólogo o psiquiatra lo que hay que hacer es indagar en la raíz del problema que tiene esa persona, porque esa persona tiene disconformidad con su propio cuerpo, y no hay que empujarlo a mutilarse».
Como casi todos los transexuales, comenzó a hormonarse antes de tiempo: «Te decían qué tomar en la calle. Además, tuve que ejercer la prostitución para poder pagarme los tratamientos». Luego fue al endocrino, pero no consultaron a ningún profesional en salud mental y le dieron más hormonas. «Este endocrino privado me llevó un control durante un buen tiempo con estrógenos pinchados, me dio un andrógeno, que es un medicamento muy tóxico y que lo siguen recetando, ya que hoy es un medicamento que se usa para el cáncer de próstata». Tras los tratamientos, Sandra comenzó a experimentar efectos secundarios en su cuerpo que no eran habituales, empezó a estar montada en una montaña rusa de sentimientos de la que nadie le advirtió.
Cuando decidió hacerse una vaginoplastia solicitó cita en la Unidad de Género del Hospital Clínico de Barcelona. Durante las citas en el centro médico no profundizaron en nada relevante: «En el periodo de reflexión me preguntaron si me gustaba el rosa y si me vestía de chica o si en el sexo era activa o pasiva», relata Sandra. Aun así, decidió someterse a una vaginoplastia, intervención para la que había una lista de espera de seis años. «Yo tenía ansiedad, ataques de pánico, depresión, pero me sentía feliz porque creía que iba a cumplir mi sueño», cuenta. Era cuestión de tiempo.
Llegó la ansiada operación, pero una vez salió del quirófano, la realidad le golpeó muy fuerte. Tras varias semanas de dolores y de sufrimiento comenzó a dudar: «Todo esto es muy experimental. Me dieron documentos para firmar que no vi. Entre otras cosas, acepté sin saberlo que me grabasen haciéndome una vaginoplastia, que lo veo bien si es para seguir avanzando en la ciencia. Ahora, he recuperado todos los informes».

Cuando se realizó la operación, se dio cuenta de que había perdido muchísima sangre, pero no le dieron importancia. De hecho, tal y como comenta, lo tomaron todo con mucho secretismo, sin contarle nada. Los dolores cada vez eran mayores, tanto, que tuvieron que ponerle morfina y dos bolsas más de analgésicos que le hacían ver alucinaciones y acrecentaron sus ataques de ansiedad.

Varios años después, Sandra seguía experimentando dolores muy fuertes, tenía una inflamación de la uretra muy severa, pero el doctor solo le mandaba antiinflamatorios: «Tener problemas después de pasar tanto dolor, psicológicamente te machaca y acabas mal», explica Sandra. Le construyeron una vagina, pero nada estaba como le dijeron. Una vez más, le habían ocultado información. «Ahí me di cuenta de que éramos conejillos de indias, porque el doctor me dijo que estaban probando cosas nuevas», admite.

Tres años después, volvieron las complicaciones. Ella pensaba que tenía infección de orina, pero de nuevo, la falta de información le hacía errar. Comenzó a investigar por su cuenta y descubrió que lo que realmente le pasaba era que le habían dejado mal el suelo pélvico durante la intervención. Nadie le dijo nada y tuvo que descubrir por su cuenta algo por lo que va a tener que tratarse de por vida. «Cuando veo todo lo que me pasa y pienso que hay madres que se llevan a sus niños a que les den hormonas cruzadas, es una locura. Deben pensar en cómo estará ese hijo en 50 años, pero no psicológicamente, sino mentalmente», avisa Sandra, que sabe de lo que habla.

Toda está situación Sandra la ha plasmado en un libro llamado La estafa del transgenerismo quesaldrá a la venta a principios de noviembre. En él la autora cuenta su vida y como ha peleado y superado momentos para ser quién es hoy.

¡¡Atentas!! ¡¡Atentos!!
La estafa del transgenerismo
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En breve comunicaré la fecha en la que podéis comenzar a comprar mi libro.
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Crítica a la ley trans
Después de todo el dolor físico y mental por el que ha pasado Sandra, le parece deleznable que la polémica ley trans llegue a su aprobación impulsada por el Ministerio de Igualdad, bajo las órdenes de Irene Montero.
«Es como si el Estado quisiera adueñarse de los menores para experimentar con ellos. Es terrible porque ese niño o niña necesita ayuda. Todos los que sufrimos disforia necesitamos ayuda de verdad. Y que la transición sea la última opción», anota Sandra.
«Tienen que investigar para salvar vidas, porque cambiar de género te convierte en un paciente enfermo de por vida». Sandra no quiere tomar hormonas de por vida, pero ya no tiene otra opción. A día de hoy, visita con regularidad a todo tipo de médicos. Sigue arrastrando las consecuencias de una operación de cuyas consecuencias no le informaron. En la actualidad le duelen el estómago y los intestinos: «Las hormonas femeninas me han dejado en el estómago como dispepsia o distensión. Me han dejado una hinchazón estomacal que ya es crónica», concluye.

https://www.eldebate.com/sociedad/20221022/te-convierte-en-un-paciente-enfermo-de-por-vida_67781.html


La “estafa” trans: “La transexualidad es homofobia, terapia de conversión para homosexuales”

Tras sufrir daños irreversibles, Sandra Mercado denuncia la “degradación de la transexualidad” que pretende Irene Montero y el “nuevo fascismo queer”.

Sandra Mercado, transexual | LD

Desde que la ministra de Igualdad, Irene Montero, anunció la llamada ley Trans, las feministas han venido denunciando que dicha normativa es literalmente “una aberración“. Sin embargo, no son las únicas. Aunque muchos no se atreven a alzar la voz, lo cierto es que cada vez son más los propios transexuales que la consideran “una locura”. Sandra Mercado es una de ellos. “La transexualidad es homofobia, terapia de conversión para homosexuales“, denuncia abiertamente.

Sandrita -como le gusta que la llamen- nació siendo un hombre. Y hoy, insiste, lo sigue siendo, a pesar de su apariencia de mujer. Hace unos años completó su transición con una vaginoplastia y, en contra de lo que esperaba y de lo que muchos le prometieron, su disforia no ha desparecido. Darse cuenta de la “estafa” de la transexualidad le hizo caer en un pozo muy hondo: “Es como si te hubieras hecho de una secta y, de repente, fueras consciente de ello. Para mí fue un shock el darme cuenta de la verdad de la transexualidad”.

Hoy, gracias a la ayuda de psicólogos y psiquiatras -abolicionistas del género, matiza- resurge de sus cenizas para mostrar al mundo esa verdad a través de su propia historia. Lo hace en su canal de Youtube y en esta charla con Libertad Digital, en la que denuncia “ese nuevo fascismo llamado queer, lleno de purpurina” por el que se ha dejado llevar la ministra de Igualdad y que, según dice, ha desembocado en una “degradación de la transexualidad“.

Nazismo, maltrato y acoso escolar

“Yo siempre tuve claro que era homosexual. En el colegio, yo me enamoraba de chicos, como mis amigas. Nunca he sentido atracción por las mujeres”, arranca su relato. No era lo único que tenía claro: “Ya en la guardería, siempre me fijaba en las profesoras con el pelo largo, en el maquillaje, en los tacones… Todo eso me fascinaba, pero no me hacía plantearme que fuera una niña, simplemente yo tenía esos gustos”.Me perseguían por la calle para intentar matarme, me hacían bullying en el colegio y hasta mi padre me llamaba ‘maricón’

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Sandra Mercado, cuando todavía era un niño

Sin embargo, todo aquello pronto empezó a ocasionarle graves problemas en el pueblo en el que vivía, un pequeño municipio situado a unos 40 kilómetros de Barcelona, donde se convirtió en el objetivo de uno de los tantos grupos neonazis de principios de los 90. “Me perseguían por la calle para intentar matarme, me hacían bullying en el colegio y hasta mi padre me llamaba ‘maricón’ -explica tratando de no dejarse llevar por el dolor de los recuerdos-. Me obligaba a jugar al fútbol, me decía que tenía que ser del Real Madrid, y yo todo eso lo odiaba. Yo solo quería barbies, me gustaba el color rosa… Pero esperaban que yo me comportara como un machote. No me dejaban expresarme como yo quería, porque a la mínima ya me decían que todo eso era de niñas”.

Su madre fue la única que trató de comprenderle: “Fue a hablar con las profesoras para preguntarles qué me pasaba y ellas le dijeron que no tenía ningún problema, que los juguetes no eran nada más que eso, juguetes, así que me compraba todas las muñecas que yo quería, pero me las escondía debajo de la cama para que mi padre no las viera”.

La ‘plumofobia’ y el origen de su disforia

Hoy, a sus 35 años, es consciente de que todo aquello fue el origen de su disforia. Y no sólo la homofobia, sino también la “plumofobia” que existe en la sociedad y a la que, según dice, contribuyen muchos homosexuales: “Yo siempre he sido muy amanerado, con muchísima pluma, era un niño con una voz muy femenina, gesticulaba mucho… Y cuando empiezas a sufrir discriminación y maltrato, todo eso poco a poco te empuja a querer pensar que eres una mujer porque piensas que, si encajas como mujer heterosexual, te van a dejar en paz”.Piensas que si encajas como mujer heterosexual, te van a dejar en paz

El punto de inflexión llegó en la adolescencia. “Empecé a tener disforia, pero yo creo que la disforia o dismorfia la sufrimos todos. La sociedad en la que vivimos nos hace crearnos complejos. Yo era un chico que tenía mucho vello en la cara y en el pecho, y que se metieran conmigo por eso también me hacía rechazar mi cuerpo, pero no creo que tenga que ver con la transexualidad -reflexiona dos décadas después-. Es como cuando las chicas gorditas o un niño que lleva gafas y tiene granos en la cara no le gusta verse así, pero porque nos han metido en la cabeza que eso es algo horrible”.

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Siempre ha sentido predilección por la ropa de mujer

Por aquel entonces, ya usaba ropa considerada de chica. “Iba al Bershka y me compraba mis pantalones de campana, mis plataformas…”, recuerda orgullosa. Sin embargo, cuando empezó a desarrollar su disforia pensó que aquello no era suficiente. “Seguía siendo un hombre, así que necesitaba un tratamiento hormonal”.

El inicio de la hormonación

Empezó a trabajar en bares y discotecas y conoció a muchos transexuales que le hicieron replantearse todo e iniciar la transición para tratar de convertirse así en una mujer: “De alguna manera, piensas que te vas a volver invisible, ya no eres ese maricón al que van a insultar o al que van a pegar. Hay muchas variables que pueden influir, pero en mi caso fue por culpa de la discriminación, el maltrato y los estereotipos sexistas”.Hay muchas variables que pueden influir, pero en mi caso fue por culpa de la discriminación, el maltrato y los estereotipos sexistas

Y así fue como inició el tratamiento hormonal de la mano de psicólogos que, según denuncia, nunca le dieron alternativa: “La disforia tiene un origen, una raíz, y nadie indagó en mi raíz. Simplemente me señalaron ese camino“. Aunque Sandra está convencida de que, si muchos profesionales no lo hacen, es por miedo. “No es que no quieran, es que la ley no les deja, porque si cuestionan el origen de tu disforia, pueden tener problemas”.

Al igual que a otros tantos jóvenes de la época, le dijeron que tenía “la mente de una mujer atrapada en el cuerpo de un hombre”. Y ella se lo creyó a pies juntillas: “Llegué a pensar que, en el embarazo de mi madre, había habido algún problema y me había quedado a medias, porque todo me hacía ver que parecía una mujer y que, con unas cuantas hormonas y una cirugía, ya sería una mujer completa”.

El “infierno” de la vaginoplastia

En aquella época no existían las unidades de género en los hospitales, así que inició el tratamiento hormonal con un endocrino privado. Llegó a visitar al famoso cirujano Iván Mañero para hacerse la vaginoplastia, pero la operación que le ofrecía costaba entre 30.000 y 40.000 euros, así que decidió esperar. “La transexualidad es un negocio que mueve millones, no te imaginas hasta qué punto”, lamenta.La transexualidad es un negocio que mueve millones, no te imaginas hasta qué punto

En 2010, la Seguridad Social empezó a incluir la cirugía en su cartera de servicios y se apuntó en la lista de espera. Tardó cinco años en recibir una llamada, pero, en 2015, por fin le dieron cita con un psiquiatra para que valorase si era candidata a una vaginoplastia. “Lo único que hizo fue hacerme preguntas sexistas: si de pequeña jugaba con muñecas o con coches, si en el sexo era la pasiva o la activa… Y, claro, concluyó que era la candidata ideal, y como yo en aquella época tenía el sexismo muy interiorizado, pues también”.

Unos meses después, llegaría la primera consulta con el cirujano. “Lo único que me dijo fue que me quedaría poca profundidad. Solamente te dicen eso. No te explican nada, esconden las consecuencias a corto y a largo plazo”, denuncia Sandra, a la que aquella operación le ha ocasionado “daños irreversibles”.Tengo momentos mejores, momentos peores, pero es un daño que ya es irreversible

Sin entrar en muchos detalles, nos cuenta que la vaginoplastia es “una cirugía muy invasiva”, que “el postoperatorio es un infierno” y que, en muchos casos, como el suyo, el sufrimiento no termina ahí. Pasado un año y medio o dos años, le diagnosticaron una estenosis en la uretra. “Me daban antinflamatorios, pero llegó un momento en que casi no podía orinar. Imagínate los dolores que pasé”. Finalmente, la volvieron a operar. “Experimentaron conmigo”, denuncia. Y, aunque finalmente todo salió bien, los nervios del suelo pélvico le han quedado dañados para siempre. “Tengo momentos mejores, momentos peores, pero es un daño que ya es irreversible. Es como si tuviera una cistitis permanente”.

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Hoy, Sandra cuenta su experiencia en un canal de Youtube

Así, lo primero que Sandra reclama es transparencia: “Siempre he dicho que ojalá por lo menos hubieran sido honestos conmigo y me hubieran explicado los riesgos, porque si me los cuentan, te prometo que yo me lo hubiera pensado mejor”. Por eso, hoy se siente orgullosa de poder ayudar a otras personas a través de sus redes sociales: “Si una vez que escuchan mi historia quieren seguir adelante, que lo hagan, pero muchos se han puesto en contacto conmigo y me han dicho ‘gracias, porque gracias a tu testimonio, me lo he replanteado y no me hago la vaginoplastia. Me quedo con mi pene y me expreso, me visto y luzco como quiero’ “. De hecho, advierte de que incluso las hormonas pueden provocar daños irreversibles. En su caso, dispepsia estomacal o, lo que es lo mismo, una inflamación severa del estómago.

La “estafa” de la transexualidad

Sandra empezó a movilizarse en las redes sociales hace dos años, cuando descubrió que las cirugías no habían acabado con su disforia. Sin embargo, ha tenido que pasar unos meses alejada de todas las plataformas por el shock que le produjo entender cuál había sido la verdadera raíz de su problema: el sexismo. “Después de leer mucho, me di cuenta de que la transexualidad era una estafa, de que realmente somos homosexuales atormentados por estereotipos sexistas y que el único camino para poder superar la disforia o llevarla lo mejor posible es aceptarme tal y como soy”.Transexualidad es homofobia, terapia de conversión para homosexuales. Es querer heterosexualizar la homosexualidad

Hoy, trata de hacer ver a sus seguidores que muchos de los problemas que padecen se acabarían con la supresión de los estereotipos sexistas: olvidarse de que hay cosas de chicas y cosas de chicos, cosas que están bien vistas si tu apariencia física es la de una mujer y cosas que no. “Transexualidad es homofobia, terapia de conversión para homosexuales. Cuando escucho a transexuales decir ‘yo soy una mujer heterosexual’, es mentira. Primero, porque el sexo no se puede cambiar, porque es inmutable y segundo, porque sigue siendo el mismo varón homosexual. Es querer heterosexualizar la homosexualidad”.

La “degradación” de la ley trans

Reconoce que el asunto “es muy complejo”, pero, precisamente por eso, Sandra cree que no se puede despachar con una ley como la que promueve la ministra Montero: “La ley de 2007, que es cuando yo me hice el cambio de nombre, ya era maravillosa. Esto es una degradación de la transexualidad”. De hecho, incluso se queja del nombre de la propia ley. “Ahora todo es un paragua trans dentro del que cabe todo: hombres autoginefílicos, el fetichismo travesti, el tema de las drac… Es un borrado de las propias personas transexuales que sufrimos de disforia”, lamenta Sandra, mientras insiste en lo absurdo de promover cientos de géneros distintos. “¿Dónde quedan luego las estadísticas de la violencia de género?”, se pregunta indignada.

Además, Sandra advierte del peligro de la despatologización que promueve el Gobierno. “Ahora cualquier menor que quiera hormonas o bloqueadores, los tendrá y, por eso, a mi esta ley me da terror, me da muchísimo miedo”, confiesa tras entender que esa no ha sido la solución a sus problemas y que, sin embargo, ya no tiene marcha atrás. La misma indignación muestra por el limitado papel de los progenitores: “Si un padre o una madre se opone o le da a entender a su hijo que hay otras alternativas, le pueden quitar hasta la custodia“.Si una persona transexual no ni tiene ningún problema, ¿por qué la Seguridad Social le va a cubrir con hormonas y cirugía?

Y eso por no hablar de la contradicción que supone despatologizar la disforia, pero incluir los tratamientos dentro del sistema público de salud: “Si una persona transexual no ni tiene ningún problema, ¿por qué la Seguridad Social le va a cubrir con hormonas y cirugía? Es que esta ley no hay por donde cogerla, es absurda la mires por donde la mires”. De ahí que recomiende a lrene Montero que se preocupe “por las hembras biológicas de la especie humana, cosa que no hace, y luego, si quiere, que se preocupe por los verdaderos homosexuales que hemos sufrido homofobia, pero no por identidades ficticias”.

El “fascismo queer” y los menores

Es consciente de que su discurso es y será criticado por muchas personas que pensarán que ella no es una auténtica transexual. “¿Y por qué ahora ya no soy transexual? ¿Porque mi discurso ya no va con el suyo?”, se responde a sí misma. “Es que esto ya es una especie de nazismo. Lo queer es muy fascista”, sentencia sin renunciar a su verdad: “Las personas que piensan que estoy loca son personas transexuales que tienen el género muy interiorizado, y yo te estoy hablando de la raíz del problema y eso duele, porque la verdad duele”.

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Aunque aparentemente ya es una mujer, sigue sufriendo disforia

Sin embargo, a Sandra no le importa esta sobreexposición si con ella consigue evitar un arrepentimiento tardío, sobre todo cuando aquellos que emprenden el camino de la transición son menores de edad: “Estamos hablando de estereotipos sexistas que son reversibles, pero cuando los menores empiezan con los bloqueadores, hay cosas que son irreversibles“.

Por eso, el último mensaje de esta larga charla es para ellos: “A los menores que quieran iniciar la transición o se lo estén planteado, yo les diría que su biología es perfecta, que deberían aprender lo que es el sexismo y el género. Y si son muy muy pequeñitos, que los propios padres lo aprendan y eduquen a sus hijos a través de la aceptación de sus cuerpos. Si quieren lucir, vestirse y expresarse como quieran, que lo hagan, pero no por ello significa que son del sexo opuesto“.

https://www.libertaddigital.com/espana/politica/2022-02-12/la-estafa-trans-la-transexualidad-es-homofobia-terapia-de-conversion-para-homosexuales-6864361/

Avui vivim un individualisme de masses

José R. Ubieto, 14-11-2022

Vivim al nostre món, alhora global –i sembla que il·limitat– i alhora local i reduït. Un món on l’individualisme està de moda, però no el que és tradicional, que es caracteritzava per encarnar els valors del deure, la fermesa o l’autenticitat, sempre a distància del seguidisme de la massa. Avui vivim en un individualisme de masses, cosa que no deixa de ser una paradoxa: cadascú se sent especial, diferent, excepcional –tot ell o tot ella–, i, tot i això, tots consumim el mateix, als mateixos llocs i alhora.

Si abans ens definíem a partir del que fèiem (forner, cirurgiana, periodista) o dels ideals que ens servien de brúixola (catòlic, d’esquerres, ecologista), avui som el que sentim (de gènere fluid, víctimes, depressius, indignats…). El nostre jo ha pres les regnes de les nostres vides i es prolonga, ara, en el metavers i els seus avatars, on podrem tunejar-lo fins a fer-lo irreconeixible. Aspirem a redecorar el nostre món per escapar-nos –encara que sigui unes quantes hores– d’aquella altra escena virtual, però també somiem augmentar la nostra realitat i les nostres capacitats amb nous gadgets, xips corporals, assistents d’intel·ligència artificial, robots… Qui no té ja un rellotge que l’informa cada minut de les constants vitals i les performances diàries (passos, velocitat), cosa que alimenta la fantasia de l’autocontrol i el domini del cos?

Fins aquí les bones notícies. Descobrim ara el vel del costat salvatge del nostre món: més adolescents tancats a casa després de la pandèmia i refugiats en les pantalles, autolesions i temptatives de suïcidi en augment, consum de psicofàrmacs (a Espanya, més de 2,5 milions de persones en consumeixen cada dia, som líders a Europa), patologies de la feina (burn-out), precarietat social (desnonaments, pobresa), bretxa de gènere… I, cada vegada més, bombolles d’odi digitals que serveixen de refugi a molts subjectes que se senten commocionats pels canvis accelerats i orfes de referències estables.

No ens hem d’espantar, però sí pensar alternatives que conjuguin el nostre món particular amb els altres que habiten el seu. Les promeses miraculoses de la felicitat enllaunada i el coaching emocional –com a pedaços d’aquest jo en conflictes, angoixat i confús– serveixen per al que serveixen. Són efímeres i instantànies, i els seus efectes es dilueixen amb la mateixa velocitat amb què arriben.

Hi ha una altra fórmula més realista i interessant sobre la qual han debatut aquests dies a Barcelona 500 psicoanalistes (ELP): les invencions singulars que cadascú troba –amb ajuda d’altres– i que li permeten fer el seu món més suportable.

https://www.lavanguardia.com/vida/20221114/8604029/hoy-vivimos-individualismo-masas.html

Suïcidis

Els experts addueixen molts motius pel suïcidi, i en molts casos no és un desig de morir, sinó un desig de deixar de patir i una manca de trobar sentit al perquè de tot plegat. Parlar-ne no és promoure’l, ni atiar nefastos efectes mimètics.

A Catalunya fa uns mesos que funciona un nou telèfon. És el 061, una veu contra el suïcidi. És un servei personalitzat d’atenció especialitzada per a persones amb conducta o ideació suïcida. També atenen familiars i persones properes. Són especialistes, infermers, psicòlegs i psiquiatres. Naturalment un servei així està obert 24 hores i els experts escolten i deriven els casos a emergències o activen el codi Risc Suïcidi. També són aquests experts els qui demanen als mitjans de comunicació que procurem parlar més del fenomen del suïcidi, i no de detalls de casos concrets. Recomanen que es posi el tema sobre la taula, perquè no estem davant d’una minoria de casos sinó d’una realitat tabú que existeix i que es veu afectat per l’estigma, la falta d’informació i la desinformació.

Aquesta setmana , i dins el marc del cicle “Els reptes ètics del periodisme”, el Col·legi de Periodistes, el Consell de la Informació de Catalunya i la Facultat de Comunicació i Relacions Internacionals Blanquerna han aplegat periodistes, entitats de salut mental i experts per abordar aquesta temàtica entre els quals hi havia Salut Mental Catalunya, Metges de Catalunya i Associació Catalana per la Prevenció del Suïcidi. Els joves que escoltaven no es distreien mirant el mòbil. El tema els toca i els interessa sens dubte. La salut mental ha passat a ser un dels àmbits que més els preocupa. El telèfon es va activar al juny i al setembre van sortir les primeres dades: 1.716 consultes i 12 activacions del Codi Risc Suïcidi. El 43% de les trucades s’han fet a la nit, i un 61% són dones. Un 15,1% dels episodis de conducta suïcida els protagonitzen menors d’edat. La dada més crua, però, no és la telefònica sinó aquesta: a Catalunya el 2020 es van produir 527 suïcidis. Gairebé dos per dia. Un 74% són homes. Davant aquesta realitat, les administracions han activat programes d’atenció a la salut mental de manera intensa, i programes de benestar emocional i de salut comunitària.

Les comunitats religioses i les parròquies també s’han anat traient el tabú i ho afronten, perquè amagar el suïcidi  només crea dolor a les famílies que l’han patit i no contribueix a abordar-lo ni prevenir-lo. Es parla de la mort i del suïcidi assistit, es discuteix sobre l’autolesió i les insatisfaccions corporals en els adolescents. De les crisis d’ansietat creixents entre els joves. I també d’un tema poc explorat, el suïcidi entre gent gran. Una civilització que tanqui els ulls al suïcidi no contribueix a la salut, ni mental ni de cap tipus, de la seva gent. Els experts addueixen molts motius per al suïcidi, i en molts casos no és un desig de morir, sinó un desig de deixar de patir i una manca de trobar sentit al perquè de tot plegat. Parlar-ne no és promoure’l, ni atiar nefastos efectes mimètics. Parlar-ne és exercir un dels deures del periodisme, que protegint la dignitat de la persona, posa en el debat públic les qüestions, pors, fracassos i èxits de la nostra societat. No posarem sordina davant del suïcidi precisament perquè encara creiem en la capacitat dels mitjans de comunicació de ser un servei públic, útil i transformador del nostre món.

https://www.elnacional.cat/ca/opinio/suicidis-miriam-diez_920025_102.html

Santa Sede a la ONU: La pornografía contribuye al abuso infantil

NUEVA YORK, 14 de octubre (C-Fam) Durante los debates de la ONU esta semana, la delegación de la Santa Sede, que representa al Papa Francisco en las Naciones Unidas, denunció el aborto, la pornografía y la subrogación como “prácticas que reducen a la persona humana a un objeto.”

“Es un error pensar que en una sociedad en donde el consumo anormal de sexo por internet es desenfrenado entre los adultos podría ser capaz de proteger eficazmente a los menores”, dijo Monseñor Robert Murphy al tercer comité de la ONU al citar los comentarios del Papa Francisco contra la pornografía infantil. El comité, que se ocupa de temas sociales, se reunió a principios de esta semana para debatir los derechos de los niños.

Monseñor Murphy tampoco se anduvo con rodeos al describir la gestación subrogada, afirmando que “convierte al niño en el mero objeto de un absoluto deseo de ser satisfecho y no puede justificarse por motivaciones solidarias”.

Dijo que la mercantilización de los niños también estaba presente en relación con el aborto porque “trata a los niños como descartables”. Como ejemplos, señaló el rechazo a las niñas y niños con discapacidad a través del aborto selectivo por sexo y el aborto basado en la discapacidad.

Monseñor Murphy destacó la importancia de la familia como “la base para el bienestar de los niños” de acuerdo con el derecho internacional. Hizo hincapié en el papel de los padres como los “principales educadores de sus hijos”, y enfatizó que los padres significaban tanto “madre como padre” cuando se referían a los padres. Y lamentó cómo “los niños sin el cuidado de sus padres tienen más probabilidades de sufrir exclusión, violencia, abuso, abandono y explotación”.

“Por lo tanto, los esfuerzos para promover y proteger los derechos y el bienestar de los niños deben ir de la mano con medidas para apoyar y fortalecer a la familia”, concluyó.

Los comentarios de Murphy contrastaron con los comentarios de países occidentales poderosos que no mencionaron en absoluto a las madres, los padres y la familia en sus declaraciones sobre los derechos de los niños.

La delegación de Estados Unidos eligió el debate sobre los derechos del niño para promover la homosexualidad y la transgeneridad.

“En todo el mundo, los niños LGBTQI+ están sufriendo y, a menudo, en silencio. Los niños LGBTQI+ corren un mayor riesgo de quedarse sin hogar, suicidio, depresión, ansiedad, abuso y uso de sustancias. Debemos trabajar juntos para garantizar que los niños LGBTQI+ en todas partes sean tratados con el respeto y la dignidad que merecen”, dijo Dylan Lang, asesor de EE. UU. para el Tercer Comité.

La Unión Europea enfatizó el derecho de los niños a “ser escuchados” ya tomar sus propias decisiones.

Varios países mencionaron las políticas familiares en el contexto de la protección infantil, pero ninguno más que Hungría.

“La protección de los niños es una alta prioridad para Hungría, consagrada en nuestra Ley Fundamental”, dijo la delegación húngara. “Con este espíritu, no escatimamos esfuerzos para apoyar el desarrollo físico, mental y social de los niños y hemos brindado un apoyo integral directamente a los niños que lo necesitan, como catering escolar gratuito, así como un entorno familiar propicio a través de la licencia parental pagada, exención de impuestos para familias con cuatro o más hijos, protección social, así como apoyo en la crianza de los hijos a familias en situación de vulnerabilidad”.

Las resoluciones de la Tercera Comisión finalmente se enviarán a la Asamblea General en pleno en diciembre.

Un observador le dijo al Friday Fax: “Es muy útil cuando la Santa Sede habla con tanta fuerza. También ayuda a todas las delegaciones que quieren hacer oir su voz”.

Fight the new drug

Fight the New Drug existeix per conscienciar sobre els efectes nocius de la pornografia utilitzant només ciència, fets i relats personals.

Dècades d’estudis d’institucions respectades han demostrat impactes significatius del consum de pornografia per a les persones, les relacions i la societat.

La majoria dels nens d’avui estan exposats a la pornografia als 13 anys, amb un 84,4% dels homes i un 57% de les dones d’entre 14 i 18 anys que han vist porno.

1 de cada 8 títols pornogràfics que es mostren als usuaris per primera vegada – a les pàgines d’inici de llocs pornogràfics – descriuen actes de violència sexual i almenys 1 de cada 3 vídeos pornogràfics mostra violència o agressió sexual.

Malgrat que la pornografia sigui ireal i tòxica, 1 de cada 4 adults joves la fa servir com la font més útil per aprendre a tenir sexe, i el 53% dels nens i el 39% de les noies creuen que la pornografia és una representació realista del sexe.

Les investigacions mostren que les persones que consumeixen pornografia tendeixen a estar menys satisfetes amb les seves relacions, menys compromeses amb la seva parella i accepten més les trampes.

La investigació amb intèrprets de pornografia actuals i anteriors suggereix que l’explotació i el tràfic són experiències habituals a la indústria del porno, i la pornografia es classifica com la tercera forma de tràfic més comuna, va informar The National Human Trafficking Hotline.

Debatem sobre el transgenerisme

“Una cosa no és justa pel fet de ser llei. Ha de ser llei perquè és justa.”
Montesquieu

En democràcia, les lleis es debaten al Parlament i, a més, se sotmeten a un debat social ampli i plural, lliure i sense coaccions, en el qual puguin expressar-se obertament tots els dubtes, imprecisions legislatives o perills que puguin, a criteri dels ciutadans, trobar-s’hi. Així ho hem fet sempre. Debatem a l’espai públic des de les lleis més especialitzades —el Codi Penal, els pressupostos o la llei orgànica del Poder Judicial— fins a les més innocents, com les que intenten millorar la nostra alimentació.

No els descobreixo res si els dic que hi ha una llei tramitant-se al Congrés que alguns pretenen aprovar per la via de l’emergència, gairebé d’amagatotis, sense un veritable procés d’esmenes i, per descomptat, sense debat públic. Però, no s’ha de debatre si la mera expressió del desig de “tota persona” pot forçar la “rectificació” de la menció registral del sexe al Registre Civil? Mirin que fins i tot els ingressos s’han de justificar per evitar el blanqueig o que cal presentar un empadronament per canviar el domicili. Que no s’ha de debatre que es reformi el Codi Civil per substituir les paraules pare mare per “progenitor gestant” i el terme vídua pel de “cònjuge supervivent gestant”? Sense entrar en altres qüestions, que n’hi ha, no podem debatre com se’ns redefineix per llei? No podem dissentir de l’hormonació de menors sense estar segurs que tenen disfòria de gènere? Em xoca quan fins i tot per a l’ibuprofèn de 600 mg cal indicació mèdica. I si només estan confosos per la seva pròpia transformació adolescent? No és digne de controvèrsia poder alienar la pàtria potestat si es qüestionen els autodiagnòstics dels fills? No podem considerar greument atemptatori contra les llibertats democràtiques que se sancioni a tot aquell que en el futur dissenteixi d’aquesta normativa?

És una barbàrie democràtica que es pretengui fer un canvi d’enginyeria social sense escoltar la societat a la qual també afecta, i de manera molt important, el contingut de la llei

El projecte de llei per a la igualtat real i efectiva de les persones trans i per a la garantia dels drets de les persones LGTBI no s’està debatent en totes les tertúlies no perquè no sigui rellevant o no contingui disposicions molt polèmiques, sinó perquè s’ha instaurat una espècie de policia del terror per la qual qui pretengui plantejar oposició o si més no dubtes és objecte de lapidació contemporània. Aquesta llei, amb un títol tan estrany, que esmenta dues vegades les persones transsexuals —la T de LGTBI ja les identifica, o és que trans és una cosa diferent de transgènere?— ha provocat linxaments digitals, insults, intents de cancel·lació de professionals de la psicologia i de la psiquiatria, d’activistes i de feministes amb dècades de lluita a l’esquena i, per descomptat, també de periodistes. Alguna cosa ha de passar. Les lleis no es fan amb fatxenderia ni amb amenaces velades ni amb envestides, les lleis es fan en democràcia amb debat i escoltant els experts i la sobirania popular.

Fins ara, moltes persones s’havien posat de perfil o havien expressat la seva opinió crítica amb el projecte de manera limitada. És ara, quan el Ministeri d’Igualtat i Podemos han posat la directa per forçar que la llei sigui promulgada abans que acabi l’any, “perquè així ens hem compromès amb el col·lectiu”, quan estan començant a sortir a la llum les àmplies oposicions de sectors del PSOE, de gran part del feminisme, de científics i de juristes unides a les d’altres partits de les cambres. Ahir Carla Antonelli es va donar de baixa de militància del PSOE, “pels retards en la llei trans”, i Podemos ha acusat el seu soci de retardar amb filibusterisme aquest projecte de llei i no descarta “que reobri el debat de l’autodeterminació de gènere”. Jo des d’aquí vull agrair-li que ho faci, que l’obri. I el projecte de llei el que consagra és de l’autodeterminació del sexe. No emboliquin amb les paraules.

Algunes de les esmenes que s’han presentat són molt pertinents. Per exemple, que a tota la llei es canviï “trans” per “transsexual”, i és que un prefix no és un concepte i el que sembla una simpàtica apòcope només és una forma d’intentar ocultar que la llei no parla només de transsexuals —que, insisteixo, ja van en la T de LGTBI— sinó de transgènere. Aquest salt no es pot intentar donar a l’esquena de la societat.

Jo tinc el meu parer. No comparteixo l’anomenada filosofia queer, que, segons la meva opinió, no resisteix una anàlisi filosòfica seriosa. Probablement, la meitat de la por d’expressar els dubtes sobre aquesta legislació per part de la població té a veure amb l’embolic conceptual i el neollenguatge amb què s’exposen tals teories. Sens dubte, com la gran majoria de la societat espanyola, estic a favor dels drets dels transsexuals i de tota una legislació, per cert ja existent però millorable, per a la seva plena integració en total igualtat en la societat actual i per a l’establiment de polítiques de discriminació positiva que ho assegurin. Però és que aquesta llei no va d’això o, almenys, tenim tot el dret a debatre si va de transsexuals, com volen fer veure els incauts, o de transgeneristes queer.

No es pot aprovar aquesta llei sense un debat profund i sense enganys. I com que un periodista no és sinó un transcodificador semàntic —trans- precedeix tantes coses!—, estava obligada a traduir alguns dels opacs misteris que oculta el text legislatiu.

En el fatigant “autodeterminació de gènere” s’amaga un sofisma. No és comprensible que autodeterminar-se com a català sigui impossible i per autodeterminar el sexe no calgui ni un justificant científic. És una barbàrie democràtica que es pretengui fer un canvi d’enginyeria social sense escoltar la societat, a la qual també afecta, i de manera molt important, el contingut de la llei.

I abans dels insults: l’únic que odio és que ens prenguin per ximples o per covards.

https://www.elnacional.cat/ca/opinio/debatem-transgenerisme-elisa-beni_902220_102.html