Category Archives: Reflexions

«Me siento afortunado de estar con Lola, estabilizar nuestra nave nos costó años»

Iñaki Gabilondo
Iñaki Gabilondo

¿Le cuesta hablar del amor?

No me cuesta nada. Me gusta.

¿Cuánta importancia le da en su vida a estar enamorado “ese estado de imbecilidad transitoria” como decía Ortega? ¿Lo comparte?

Le doy mucha importancia. El estado de imbecilidad transitoria es sólo el acné juvenil del amor.

¿Un romántico nace o se hace?

Un romántico se hace cuando encuentra según a quién.

Siempre se habla del primer amor. ¿Cree que está sobrevalorado?

El primer amor no suele ser casi nunca amor.

¿Lo recuerda?

Claro que lo recuerdo. En mi caso, sí lo fue.

Los más realistas hablan del amor como un cóctel de sustancias (dopamina y norepinefrina principalmente) que segrega el cerebro haciendo que nos obsesionemos con una persona. ¿Cree que somos más química que física?

Iñaki Gabilondo: «Me siento afortunado de estar con Lola, estabilizar nuestra nave nos costó años» (abc.es)

Las ratas que prefirieron el placer a la comida … y a la vida

Un experimento para probar la activación de las zonas del cerebro relacionadas con el placer dio resultados inesperados. 

Una rata en una caja de Skinner
Una rata en una caja de Skinner

Uno de los inventos más famosos en la historia del estudio de la conducta y el comportamiento es la llamada caja de Skinner. El famoso psicólogo estadounidense que le da nombre introducía en ella ratones y palomas que al presionar una palanca obtenían comida. De esta manera estudiaba sus procesos de aprendizaje.

Tanto Skinner como sus seguidores fueron complicando los experimentos llegando a interesantes conclusiones sobre la forma en que los animales desaprendían y las falsas asociaciones que establecían.

Hace 65 años, los investigadores de la Universidad de McGill de Montreal (Canadá) Peter Milner y James Olds se basaron en esta idea para diseñar un experimento neurocientífico parecido pero mucho más interesante. Implantaron electrodos en el cerebro de una rata y la introdujeron en una caja. Habían nombrado las esquinas con las letras A, B, C y D y cada vez que el animal pasaba por la esquina A le aplicaban una pequeña descarga eléctrica por medio de unos cables unidos a los electrodos.

En teoría los científicos estaban interesados en estudiar el papel del encéfalo y habían tratado de ubicar los electrodos en una zona que, según pensaban, podría estar relacionada con el sueño y la vigilia. Sin embargo, habían cometido un error de precisión y en realidad lo que estaban haciendo era estimular una región denominada septum pellucidum, cuyas funciones son muy diversas.

Nada más comenzar el experimento, la rata aprendió rápidamente lo que ocurría y comenzó a acudir repetidamente al rincón A hasta que se quedó dormida. Al día siguiente seguía teniendo predilección por esa esquina, pero Milner y Olds optaron por cambiar y empezaron a aplicar las descargas sólo si el roedor se iba a la esquina B. El animal apenas tardó unos minutos en entender el nuevo mecanismo y en mostrar su preferencia por ese nuevo rincón.

Los investigadores no sabían muy bien qué era lo que habían encontrado: pensaban que podría tratarse de alguna zona cerebral relacionada con la curiosidad. Y decidieron darles el poder a las ratas. Al igual que en el experimento de Skinner, colocaron una palanca dentro de la caja, de manera que el roedor allí encerrado podría accionarla a su gusto para obtener el estímulo eléctrico en su cerebro.

Dos descargas por segundo

Ahí fue cuando la cosa se desmadró. Las ratas llegaron a pulsar hasta 7.000 veces por hora, casi dos veces por segundo. “Lo que estimulaban no era un ‘centro de la curiosidad’, sino un centro de la recompensa, un circuito del placer cuya activación era mucho más potente que cualquier estímulo natural“, explica David Linden en el libro La brújula del placer.

El resultado fue que las ratas no comían aunque tuvieran hambre y no bebían aunque tuvieran sed. Las hembras abandonaban a sus crías para dedicarse a pulsar la palanca. Los machos pasaban de las hembras en celo y eran capaces de cruzar una valla electrificada que les aplicaba otro tipo de descargas, en este caso dolorosas, con tal de llegar hasta aquella fuente de gozo. Todas morían de inanición si permanecían demasiado tiempo en la caja, porque aquella actividad les impedía realizar cualquier otra tarea básica.

Hoy sabemos que el circuito del placer se activa por motivos como el sexo, la comida, las drogas, la música, el deporte e incluso la ayuda a los demás o recibir su aprobación.

Sin embargo, la idea de que la conducta podía estar tan determinada por el placer no era fácil de aceptar en la década de los 50 y tampoco que los mecanismos que podían explicarlo se localizaran en zonas específicas del cerebro. Así que los investigadores canadienses y sus ratas abrieron nuevos caminos a la ciencia aunque fuera por error.

Las ratas que prefirieron el placer a la comida … y a la vida (elespanol.com)

“Biologia i cultura: determinisme i llibertat”

Publicat per DIALEGSHUMANISTICSUPF el 

La cultura ens fa humans, però alhora no podem ignorar que estem limitats per la nostra condició d’ésser biològic. Sense la biologia, l’ésser cultural no hauria existit mai, però també és cert que la cultura pot acabar canviant processos biològics. El Diàleg Humanístic del dimarts 31 de gener començava amb el xoc de dues disciplines: la biologia, defensada per Jaume Bertranpetit, contraposada a la cultura de la qual parlava Victoria Reyes-García.

Jaume Bertranpetit, que just a l’inici es va definir a ell mateix com un “biòleg materialista dur”, va admetre que li costa entendre aquelles aproximacions a éssers vius que “n’enfosqueixen la seva part natural” mentre enalteixen la cultura, ja que aquesta sorgeix de la nostra base biològica. Victoria Reyes-García, per altra banda, va remarcar que els éssers humans no podríem viure sense la cultura, que ens permet aprendre dels altres i evolucionar. Gràcies a l’evolució cultural, doncs, és com hem pogut aprendre ràpidament, i adaptar-nos sense haver d’esperar que els canvis es transmetin genèticament a la nostra descendència.

Ambdós participants van coincidir en què l’aprenentatge és un factor clau en l’evolució humana, i aquest aprenentatge exigeix que siguem éssers socials. Es va debatre sobre la cooperació, un procés resultat de viure en grans comunitats, que és molt complex i està influenciat tant per la biologia com per la cultura.

La pregunta estrella, però, girava entorn del deteminisme: Està l’ésser humà predeterminat per la seva condició biològica? Estem determinats també pel nostre context cultural? Llavors, on queda la nostra llibertat?

Segons el biòleg, “hi ha un determinisme molt gran i una llibertat total; ambdues idees no són contradictòries”. Tot i així, la llibertat entesa com el poder fer qualsevol cosa, no la podrem assolir mai, per simples fets físics com, per exemple, que l’ésser humà no podrà volar per si sol mai. Jaume Bertranpetit va concloure que  “no tot és possible, però les possibilitats que ens dóna el nostre organisme són tan grans que no les podríem explorar ni en més d’una vida”.

Victoria Reyes-Garcia, aportant el punt de vist més humanístic, va posar èmfasi al fet que la “llibertat l’hem inventat en un determinant context cultural”, i que la cultura i els entorns condicionen (i molts cops limiten) completament les creences i les accions de les persones.

El que havia començat com un debat entre dues disciplines aparentment molt oposades, es va convertir en una conclusió compartida pels dos tertulians. Ambdós van coincidir en què la realitat és que estem condicionats tant per la biologia com per la cultura, i, malgrat això, l’ésser humà ha estat capaç d’aprendre, canviar i evolucionar.

https://dialegshumanisticsupf.wordpress.com/2017/02/03/biologia-vs-cultura/

Veure el seu gos relaxa, perquè ell viu sempre en “l’aquí I ara”

Joaquín Fuster, neurocientífico, pionero en la investigación del córtex prefrontal

Envejecer no es deseable, pero la alternativa es peor y yo mantengo mi cerebro sano investigándolo en sus redes: la relación es la reina de la cognición. Con los años perdemos memoria de los detalles, pero ganamos en perspectiva. Nací en Barcelona y soy neurólogo en UCLA. Publico ‘El telar mágico de la mente’

Qué tiene nuestro cerebro que no tengan otros primates?

Los humanos podemos anticipar el futuro y ningún otro animal puede. Nuestro cerebro ha evolucionado, sobre todo, para convertirse en una máquina de lanzar hipótesis y actuar en consecuencia.

¿Cómo anticipamos lo que va a pasar?

Utilizamos la experiencia del pasado y los conocimientos que vamos almacenando en la memoria y los proyectamos en el futuro.

En bolsa dicen que rendimientos pasados no garantizan ganancias futuras.

Por eso, nuestro cerebro anticipa solo lo que sabe y suele equivocarse mucho.

¿Evolucionamos hacia la imperfección?

Evolucionamos como podemos y eso incluye muchas imperfecciones.

¿Aún así dominamos el planeta?

Depende de lo que entendamos por dominar. En cualquier caso, ese dominio nos garantiza el poder de autodestruirnos como especie, pero no el bienestar como individuos.

¿Por qué?

Son fines diferentes. ¿Tiene usted perro?

No, pero me gusta verlos jugar.

Le relaja observar a los animales, porque el cerebro animal carece de categorías de tiempo. Ver a su perro es agradable, porque él vive siempre en el “aquí y ahora”, usted no.

¿Nosotros en cambio siempre estamos sufriendo por lo que hicimos y haremos?

Es el núcleo de mi investigación, porque lo procesamos en la corteza del lóbulo frontal de nuestro cerebro, la sede del futuro.

¿El lenguaje animal empieza a ser humano cuando adquiere categorías de tiempo?

Y le es posible introducirlas a medida que ese lóbulo frontal en nuestro cerebro va evolucionando y adquiriendo más control y recursos para ser el compositor y director de la partitura de nuestra conducta.

¿Por eso los cráneos de los humanoides iban ganando cada vez más frente?

Y yo le llamo a ese córtex evolucionado que investigo “el horno de la libertad”.

¿Libertad dentro de unos límites?

Nuestro cerebro tiene libre albedrío por definición fisiológica: es capaz de analizar la realidad y proceder en consecuencia con un mecanismo cibernético que incluye al cerebro y el entorno, que interactúan.

¿Cómo?

Nuestra memoria, el conocimiento del pasado, se proyecta en el futuro para decidir nuestra conducta y esa acción produce efecto en el entorno, que, a su vez, genera percepciones que modulan la siguiente acción.

¿Y a veces acierta y persiste y otras yerra y corrige?

Ahora está tocando usted un punto que es puro futuro: la inteligencia artificial.

¿La inteligencia artificial piensa?

La inteligencia artificial no acierta ni se equivoca, solo sigue las instrucciones de un algoritmo programado por un humano.

¿Y puede programarse para aprender?

¡Ahí iba yo! Esa es la cuestión clave.

Ya gana al ajedrez a su programador.

Porque ejecuta mejor las órdenes, las reglas del juego, que quien las ha programado.

¿Se autoprogramará algún día?

Nunca, porque ningún robot tiene corteza cerebral prefrontal en evolución como nosotros y, por tanto, no puede predecir. Es decir, saltarse su algoritmo, su programa.

En suma, la inteligencia artificial no sabe equivocarse.

No se equivoca, ni corrige, ni cambia. Puede derrotar al campeón del mundo de ajedrez, ya lo ha hecho, pero no puede inventar un juego nuevo como hace cada día un niño de ocho años en el patio del colegio.

Tampoco nosotros sabemos curar aún las enfermedades neurodegenerativas.

Yo me equivoqué hace unos años cuando le dije que en cinco curaríamos el alzheimer y ahora ya no me atrevo a pronosticar nada.

No es su fracaso, es el de todos.

La clave está en aprender más sobre la genética y la biología molecular de esas dolencias en las células y en las conexiones nerviosas. Justamente la corteza prefrontal es una de las primeras en padecer con la demencia y no es casualidad que haya sido la última en desarrollarse en nuestra evolución.

¿Y la empleamos del todo ya mayores?

Hasta los 30 años no aprovechamos todo el potencial del cerebro.

¿Y en cambio lo perdemos pronto?

Empieza a declinar también temprano: a partir de los 60-70, aunque hay enormes variaciones individuales.

¿Dónde ve esperanza de curación?

Yo creo que la clave está en estudiar las relaciones neuronales en su red, incluso más que sus componentes fisiológicos.

¿El cerebro no es un conjunto de áreas como la de Broca del lenguaje y las demás?

Lo esencial son las relaciones entre neuronas y entre las diversas redes en espacio y tiempo y cómo se transforman en capacidades. La relación es la reina de la cognición.

¿Cómo?

Para entender un mapa no estudie su tinta sino su uso. Con el cerebro es igual, la cognición son redes con memoria.

https://www.lavanguardia.com/lacontra/20201217/6128041/ver-perro-le-relaja-vive-siempre.html

Madurez psicológica: El arte de vivir en paz con lo que no podemos cambiar.

tempesta i pau

La madurez psicológica se puede definir de muchas formas, pero el escritor escocés M. J. Croan resumió a la perfección este concepto: “La madurez es cuando tu mundo se abre y te das cuenta de que no eres el centro de él”.

Madurar significa salir de nuestra visión egocéntrica para comprender que existe un mundo más amplio y complejo, un mundo que a menudo nos pondrá a prueba y que no siempre satisfará nuestras expectativas, ilusiones y necesidades. Y sin embargo, cuando maduramos somos capaces de vivir en paz en ese mundo, aceptando todo aquello que no nos gusta pero que no podemos cambiar.

Negar la realidad: Un mecanismo de afrontamiento inmaduro e inadaptativo 

La negación es un mecanismo de afrontamiento que implica negar fervientemente la realidad, a pesar de los hechos. Generalmente este mecanismo se pone en marcha por dos motivos: 1. Porque nos aferramos a unas ideas rígidas que no queremos cambiar o, 2. Porque no contamos con los mecanismos psicológicos necesarios para afrontar la situación.

En ambos casos, negar la realidad nos permite reducir la ansiedad ante una situación que nuestro cerebro emocional ya ha catalogado como particularmente inquietante o incluso amenazante. El problema es que la realidad siempre gana.

Si un acosador nos aborda en medio de la calle, no cerramos los ojos repitiéndonos mentalmente: “¡Esto no está ocurriendo!”. Comprendemos que estamos en peligro y escapamos o pedimos ayuda. Sin embargo, no reaccionamos de la misma manera con el resto de las situaciones de nuestra vida. Cuando algo no nos gusta, nos decepciona o entristece, ponemos en marcha el mecanismo de negación.

Negar vehementemente los hechos no hará que cambien. Al contrario, nos conducirá a tomar decisiones poco adaptativas que pueden terminar causándonos más daño. La persona madura, al contrario, acepta la realidad, no con resignación sino con inteligencia. De hecho, el psiquiatra alemán Fritz Kunkel dijo que “ser maduro significa encarar, no evadir, cada nueva crisis que viene”.

El arte de encontrar el equilibrio en la adversidad 

“Érase una vez un hombre a quien le alteraba tanto ver su propia sombra y le disgustaban tanto sus propias pisadas que decidió librarse de ellas.

“Se le ocurrió un método: huir. Así que se levantó y echó a correr, pero cada vez que ponía un pie en el suelo había otra pisada, mientras que su sombra le alcanzaba sin la menor dificultad.

“Atribuyó el fracaso al hecho de no correr suficientemente deprisa. Corrió más y más rápido, sin parar, hasta caer muerto. 

“No comprendió que le habría bastado con ponerse en un lugar sombreado para que su sombra se desvaneciera y que si se sentaba y se quedaba inmóvil, no habría más pisadas”. 

Esta parábola de Zhuangzi nos recuerda una frase de Ralph Waldo Emerson: “La madurez es la edad en que uno ya no se deja engañar por sí mismo”. El escritor se refería a ese momento en el cual somos plenamente conscientes de los mecanismos psicológicos que ponemos en marcha para lidiar con la realidad y proteger nuestro “yo”, a ese momento en el que nos percatamos que la realidad puede ser difícil pero que nuestra actitud y perspectiva son dos variables esenciales en esa ecuación.

Por eso, la madurez psicológica pasa inevitablemente por el autoconocimiento, implica conocer las zancadillas mentales que nos ponemos para no avanzar, los mecanismos que usamos para evadirnos de la realidad y las creencias erróneas que nos mantienen atados.

Ese conocimiento es básico para lidiar con los problemas y obstáculos que nos pone la vida. Por desgracia, hay personas que, como el hombre de la historia, nunca llegan a alcanzar ese nivel de autoconocimiento y terminan creando más confusión y problemas, alimentando la infelicidad y el caos interior.

Alcanzar la madurez psicológica no implica aceptar pasivamente la realidad asumiendo una postura resignada sino ser capaces de mirar con otros ojos lo que sucede, aprovechando ese golpe para consolidar nuestra resiliencia, conocernos mejor e incluso crecer.

William Arthur Ward dijo: “Cometer errores es humano y tropezar es común; la verdadera madurez es ser capaz de reírse de sí mismo”. Ser capaz de reírnos de nuestros antiguos temores porque ahora nos parecen grotescos, de nuestras preocupaciones magnificadas y de esos obstáculos “insalvables” que en realidad no eran, es una enorme muestra de crecimiento. Reirnos de nuestras viejas actitudes y creencias no solo significa que forman parte del pasado, sino que han dejado de tener cualquier influjo emocional sobre nosotros.

La verdadera madurez psicológica llega cuando practicamos la aceptación radical, cuando miramos a los ojos la realidad y, en vez de venirnos abajo, nos preguntamos: “¿Cuál es el próximo paso?”. Eso significa que, aunque la realidad puede ser dolorosa, no nos quedamos atrapados en el papel de víctimas sufriendo inútilmente sino que protegemos nuestro equilibrio emocional adoptando una actitud proactiva.

Fuente: www.rinconpsicologia.com

Pocas veces la inteligencia estuvo tan alejada de la política

Tengo bastantes décadas para seguir en el viaje de ida. Barcelona es una de las ciudades que elegí para vivir. Mi nacionalidad soñada es Europa y su cultura mi identidad. Soy de izquierdas pero no sé a quién votaré. Publico ‘Las pasiones según Rafael Argullol (conversaciones con Fèlix Riera)’

Rafael Argullol, filósofo

Adónde vamos los humanos?

La historia comienza cuando el humano sale del agua, va a cuatro patas, luego a dos. Ve una cosa que llama horizonte, y empieza a preguntarse si hay algo más allá.

¿Es esa rebeldía la que le hace humano?

Y así descubre que más allá del horizonte está la muerte e inventa de inmediato la inmortalidad y con ella empieza la gran historia.

¿Qué le ha sorprendido de lo sucedido desde que nos daba clases de filosofía?

Cuando empecé a escribir, todavía teníamos el rescoldo de la utopía europea muy presente. Aún creíamos con ilusión que con unas ideas podríamos cambiar el mundo. Décadas después, la utopía ha dejado de ser la protagonista de las ideas.

¿El eje de la política ya no es el ideal de progreso?

En el mundo de la política hay muy pocas ideas. Los políticos dicen tenerlas, pero yo me refiero a ideas que generen entusiasmo.

¿Por qué ya no creemos en utopías?

Porque el momento utópico duraba desde el renacimiento, pero al llegar hasta nuestra generación ya le quedaba poco.

¿Por qué?

Porque la utopía ha sido sustituida por la razón pragmática y el utilitarismo rabioso. Y los proyectos espirituales que quedan son fragmentados, subjetivos, individualizados. Ya no son grandes ni compartidos, como lo fueron el cristianismo o el socialismo, y se duda hasta del mismo ideal de progreso.

¿Qué lo sustituye hoy?

La idea de una humanidad mejor está siendo sustituida por la de una roboticidad mejor.

¿Los robots ya son nuestro proletariado sin sueldo?

Sí, pero así surge el dilema que plantea Blade runner : si las máquinas son como nosotros, también tendrán nuestras pasiones, amores y odios. Y así se iniciará de nuevo el ciclo de Prometeo. Los dioses volverán a aniquilar a los hombres por haber querido ser demasiado dioses con sus robots y máquinas.

¿Y los hombres tendrán que aniquilar a las máquinas por ser demasiado humanas?

Es que junto al tiempo lineal transcurre otro cíclico en el que juegan hombres y dioses.

Y hoy, además, la inteligencia artificial.

Y con ella jugamos a ser dioses siguiendo el canto a la progresión. Pero esa tensión entre hombres y dioses, que se encarna en los mitos clásicos, está convirtiéndose ahora en la tensión entre hombres y máquinas.

¿Qué máquina es la mayor amenaza?

El móvil.

¿Por eso las nuevas religiones datistas lo exaltan como pasaporte a la eternidad?

Son creencias de última hora, pero lo grave es que la desaparición de las utopías a los creadores, a mí como escritor, nos condena al bloqueo creativo.

¿Por qué?

Porque crear es proponer algo diferente a lo existente. Si no contrastáramos lo que es con lo que podría ser, no pensaríamos y el arte se convertiría en algo plano y repetitivo.

¿El ecologismo está en auge y, sin embargo, usted no lo considera una utopía?

Veamos: para el mundo antiguo, la tensión entre dioses y hombres estaba en el centro del mundo.

¿Y en el medievo fue Dios?

Hasta que el renacimiento pone al hombre y su progreso en ese centro y desde entonces hasta hoy se iban sucediendo las utopías de progreso humano.

¿Y ahora hemos puesto al planeta?

Ahora se tiene que trabajar la paradoja de la centralidad del hombre sin que el hombre sea ya el centro de todo progreso, porque ahora también ponemos al planeta.

¿Podemos retroceder en el crecimiento sin regresar a la pobreza de antaño?

Con un contrapunto: igual que hubo un primer humano que supo que iba a morir,nosotros somos la primera generación que sabe que los humanos podemos autodestruirnos.

Pero también somos la que más años viviremos de media.

Hemos prolongado la vida, pero también para poder prolongarla creciendo nos hemos puesto una espada de Damocles sobre la supervivencia de la humanidad y el planeta.

¿La guerra fría capitalismo-comunismo, hoy es entre verdes y desarrollistas?

Y de una u otra forma vamos a ver cómo se recupera la utopía, porque es necesaria. Y el inagotable prestigio del amor es porque es la utopía más accesible a todos.

Tanto como la muerte.

Y en la pobreza política del momento hay una brecha entre la ecología, que es una utopía global, y las tradiciones políticas nacionales y nacionalistas. Pocas veces la inteligencia había estado tan alejada de la política.

Le llamarán elitista por decirlo.

Elitista era el insulto favorito de Gil y Gil.

¿Por qué se banaliza el debate político?

Porque, aunque progrese la Europa económica, nos falta la ilusión europeísta que nos daría una gran cultura europea. Solo desde ella podemos forjar una identidad europea que trascienda las locales.

https://www.lavanguardia.com/lacontra/20201214/6121451/pocas-veces-inteligencia-estuvo-alejada-politica.html

El ‘blanqueo ético’ de la tecnología del futuro

Avanza la geopolítica de las éticas de la inteligencia artificial

La IA contribuye a la aparición de muchas preguntas de orden moral acerca su aceptabilidad y conveniencia”, señala Goffi. (Photo by DAVID MCNEW / AFP) AFP

La inteligencia artificial (IA) se ha convertido ya en materia de pleno derecho de las relaciones internacionales, un gran desafío para todos los agentes públicos y privados, e incluso un factor de poder que justifica una carrera por el liderazgo.

Sin embargo, es también objeto de numerosos debates que polarizan los sentimientos entre las esperanzas suscitadas por la nueva tecnología y los temores a los que da lugar. Por un lado, la IA es vista como una herramienta perfecta susceptible de ser usada en muchos ámbitos para mejorar nuestro bienestar, facilitarnos la vida y a veces incluso salvarla. Por otro, preocupa a quienes temen una toma de poder por parte de máquinas convertidas en autónomas y en capaces de tomar decisiones por sí mismas, en detrimento quizá de los humanos.

De hecho, como toda nueva tecnología, en ausencia de un marco jurídico adaptado, la IA contribuye a la aparición de muchas preguntas de orden moral acerca su aceptabilidad y conveniencia. Ahora bien, en un mundo globalizado en el que valores e intereses chocan y se desafían entre sí, puede parecer utópico encontrar unas coordenadas normativas comunes sobre las que edificar un marco preceptivo general. De hecho, mientras la IA crece de manera exponencial, los códigos de ética se multiplican y reflejan mucho más la diversidad axiológica existente que una homogeneidad de las perspectivas.

Así, en lugar de ver el establecimiento de un marco normativo moral que regule el desarrollo y la utilización de la IA, asistimos a la eclosión de un sistema caótico en el que cada agente mueve sus piezas valiéndose de una conducta ética tranquilizadora. Esa cosmética, una ética de puro aparato, cuando no de pura apariencia, cuyo único objetivo es realzar la imagen y, por lo tanto, el prestigio de quien se envuelve con ella, refleja una realidad negada por los defensores del universalismo de los valores. Por un lado, la moral es un constructo social intrínsecamente ligado a un sistema específico de valores. Por otro, las éticas que induce son múltiples y completamente contextuales. En semejante marco, la evaluación moral de la aceptabilidad y conveniencia de la IA sólo puede ser relativa, y todo intento de universalización, puede reducirse a un simple ejercicio de marketing.

La moral: un constructo social (???)

Las definiciones son importantes. No cabe duda de que pueden ser discutidas, pero resultan necesarias para construir un debate eficaz erigido sobre bases comunes. En nuestro caso, no hay consenso sobre las definiciones de moral y ética. Por lo tanto, toda discusión, toda evaluación, se vuelve subjetiva y parcial, por no decir arbitraria.

En materia de moral, las definiciones propuestas por Paul Ricœur resultan de interés por su claridad y su carácter operativo. Así, Ricœur propone dividir la cuestión de la moralidad en tres ámbitos:

1. La moral, en sentido estricto, entendida, por un lado, como “la región de las normas, es decir, de los principios de lo permitido y lo prohibido, y, por otro lado, el sentimiento de obligación en tanto que faceta subjetiva de la relación de un sujeto con las normas”.

2. La ética anterior que representa “el antes de las normas”, es decir, una “ética fundamental” cuyo objeto es la “vida buena”.

3. Por último, en el “después de las normas”, la ética posterior que engloba las éticas aplicadas, que Ricœur llama la “sabiduría práctica”.

En el caso que nos ocupa, el modelo de Ricœur nos permite distinguir la regla moral, mediante la cual la IA es evaluada como buena o mala, de la ética anterior que nos explica sobre qué fundamentos se erige la moral considerada y de la ética posterior que trata de la aplicación de las normas morales en los ámbitos de la IA. Nos permite también comprender que los comportamientos éticos sólo pueden ser juzgados con el rasero del marco moral en el que se insertan. Por último, al señalar que la ética fundamental tiene como finalidad la “vida buena”, Ricœur nos remite a las reflexiones de Aristóteles sobre la finalidad de una ética basada en unas virtudes “consistentes en lo esencial en un modo habitual de obrar bajo la dirección de la preferencia razonable” orientada a la felicidad, que el Estagirita considera como “lo más deseable de todo”, un “bien supremo” cuya fuente se encuentra en la “actividad conforme a la virtud”. En otras palabras, son las virtudes aprendidas socialmente las que definen la felicidad que debe alcanzarse y, por lo tanto, las normas morales que regirán el comportamiento. La moralidad remite, pues, a reglas particulares construidas socialmente y a las que se adhieren los miembros de la comunidad estudiada.

https://www.lavanguardia.com/internacional/vanguardia-dossier/revista/20210107/6131993/blanqueo-etico-tecnologia-futuro.html#foto-2

Un noi dislèctic no sap llegir ni escriure fins que la seva mare es fa càrrec de la situació

Basat en una història real de tenacitat, un nen de set anys lluita per donar sentit a les paraules de la pàgina. Però quan a Mike se li diagnostica dislèxia i els professors continuen fallant-lo, la seva mare pren les coses a les seves mans per ajudar el seu fill a complir el seu veritable potencial.

Aquesta pel·lícula guardonada, seleccionada al Festival Internacional de Cinema de Curtmetratges de Los Angeles 2020, va obtenir la consciència dels nens amb dislèxia, ja que no només s’estan fallant, sinó que també es fan malbé. La gent suposa que s’està tractant la dislèxia, però en realitat no ho és.