Agnès Callamard, la voz de los débiles: “Las cartas aún cambian el mundo, más que las redes sociales”

La secretaria general de Amnistía Internacional lamenta la crisis de las democracias y alerta de que estamos en “una década decisiva” que debe hacer frente a los problemas de la gobernanza global y la crisis climática

Agnès Callamard, secretaria general de Amnistía Internacional alerta del peligro de que el mundo se decante hacia el debilitamiento de las democracias

Agnès Callamard atiende a la periodista por videoconferencia desde Francia, donde nació la responsable global de Amnistía Internacional desde marzo de 2021. Cuando en 1961 se fundó la organización que hoy dirige, Callamard tenía cuatro años: una edad en la que aún no se tienen planes de vida. Sin embargo, su trayectoria ha estado siempre vinculada a la defensa de los derechos humanos, tanto a nivel académico como laboral.

Considerada un referente mundial en este campo, Callamard adquirió notoriedad cuando, como relatora especial de la ONU, encabezó la investigación del asesinato de Jamal Khashoggi, en 2018. El periodista saudí fue brutalmente asesinado (y desmembrado) en el consulado de su país, en Estambul. El informe de Callamard concluyó que Khashoggi fue víctima de una ejecución extrajudicial, de la que era responsable el gobierno de Arabia Saudí y en la que estaba involucrado el príncipe heredero, Mohammed bin Salman.

Como relatora especial de la ONU, encabezó la investigación del asesinato de Jamal Khashoggi, en 2018

Debido a ello, llegó a ser amenazada por funcionarios saudíes en la propia ONU. Sin embargo, pocas cosas achantan a esta mujer valiente, cercana y rigurosa, que inicia una nueva etapa en una organización en la que ya había trabajado, a finales de los 90. Desde entonces, las cosas han cambiado a toda velocidad y, como explica en esta entrevista, el mundo se encuentra en una encrucijada.

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Imagen de archivo de Jamal Kashoggi, periodista saudí y ex editor jefe del periódico ‘Al-Watan’, durante la inauguración del Foro de Medios Árabes 2012 en Dubai    Ali Haider / Efe

A menudo, las vocaciones se despiertan en la infancia. ¿Cómo fue la suya?

Fue bastante tranquila y normal, en el sur de Francia, con unos padres que deseaban proveer a sus hijos con lo que ellos no tuvieron, porque eran producto de la Segunda Guerra Mundial. Mi madre se quedó huérfana muy pronto y mi padre fue criado solamente por su madre. Tuvieron unas infancias duras y querían que nosotros tuviéramos más oportunidades: era algo típico de la vida social de las clases medias y bajas de esas décadas, 60 y 70. Así que se puso mucho énfasis en nuestra educación y en la práctica del deporte. Y algo más inusual, quizás, es que insistieron en que aprendiéramos música, que me encantaba. Esta fue mi infancia: querida y un punto aburrida. Pero yo me escapaba del aburrimiento a través de los libros. Aprendí a leer muy pronto y, desde entonces, no he dejado de hacerlo.

Crecí bajo la sombra de mi abuelo, miembro de la resistencia en los Alpes, que luchó por sus ideales y por su país”

Agnès Callamard

¿Hubo algo durante esa infancia protegida y ligeramente aburrida que despertó su interés en los derechos humanos?

Sí, hubieron muchos momentos en los que la justicia social jugó un papel importante. El principal fue el hecho que, durante la Guerra, el padre de mi madre se unió a la Resistencia francesa, en los Alpes. Fue un actor importante en esa región y fue capturado y ejecutado por los nazis el 15 de agosto de 1944… Tengo este recuerdo, de niña, que cada 15 de agosto íbamos con mis padres y mi hermano a un memorial para mi abuelo y otros ejecutados ese día. Llevábamos flores, la familia se reunía, yo escuchaba historias de esa época… Crecí bajo la sombra de aquel abuelo comprometido, que luchó por sus ideales y por su país.

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Miembros de la resistencia francesa en unas catacumbas de la Place Denfert-Rochereau, Paris, en agosto de 1944   Getty

Y las mujeres de su familia,  ¿cómo eran?

Mi madre era maestra. Era una defensora de la educación pública y participaba en asociaciones contra la pobreza y la violencia contra los niños… Mi abuela era más una matriarca: un mujer fuerte y muy resolutiva, con un compromiso con los indefensos. Pasé mucho tiempo con ella. Creo que mi visión del mundo me la dieron estas mujeres y diría que hubieron dos cosas que contribuyeron a mi desarrollo. Una, el propio aburrimiento: tenía clarísimo que iba iba a viajar por el mundo y vivir muchas aventuras. Pero la segunda fueron los temas sociales, con los que crecí. Por ello, cuando tuve que decidir qué quería ser, tuve claro que haría dos cosas: irme de mi pueblo y trabajar por la justicia social.

Realmente, viajó: estudió en Grenoble, luego en Estados Unidos, en la universidad de Howard, en Washington. Posteriormente estuvo en Malawi, en Nueva York…

Mi paso por Howard fue un periodo muy importante. Cuando me dieron la oportunidad de venir de intercambio en Estados Unidos quise hacerlo en una universidad que ha sido históricamente para estudiantes negros. Howard me presentaba la oportunidad de ponerme en una posición que sería la opuesta de lo que había vivido y de crecer en términos de conocimientos.

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Amnistía Internacional se creó en 1961, a raíz de un artículo publicado por el abogad británico Peter Benenson en el que denunciaba la detención de dos estudiantes portugueses por su ideología Terceros

Sesenta años de una larga historia

La Dra. Callamard está al frente de la mayor organización no gubernamental de derechos humanos del mundo, con alrededor de 10 millones de simpatizantes y oficinas en más de 70 países. Amnistía Internacional nació en 1961, cuando el abogado británico Peter Benenson se indignó al leer que dos estudiantes portugueses habían sido encarcelados por brindar por la libertad. Un articulo en The Observer fue el inicio de una campaña de gran repercusión y la base para fundar Amnesty International, que fue premio Nobel de la paz en 1977. Amnistía ha ido ampliando sus reivindicaciones y ha pasado de pedir la liberación de prisioneros políticos a defender el espectro completo de los derechos humanos. Se financia gracias a los socios y una de sus claves es su independencia de toda ideología política, interés económico y religión. No hay gobierno libre de escrutinio.

¿Cuál era su relación con Amnistía durante su época de estudiante?

Ciertamente, conocía la organización pero no era mi foco principal. Howard era el lugar donde actuar contra el apartheid y el racismo. Durante ese periodo Amnistía no figuraba; lo hizo más adelante, cuando empecé a trabajar con refugiados y otras violaciones de los derechos humanos.

Con 60 años de existencia, Amnistía es una organización ya madura, como muchos de sus socios: ¿Le preocupa que no haya un reemplazo generacional?

Las organizaciones que, como la nuestra, dependen de socios para su funcionamiento, tienen que apoyarse en personas con un sueldo y es más difícil encontrar entre la gente joven socios que contribuyan económicamente. Pero Amnistía cuenta con grupos juveniles muy activos, con los que interactúo de forma regular. Además, tenemos el compromiso de involucrar a la gente joven en su gobernanza. De todos modos, si hoy eres joven, no estoy segura que vayas de una forma natural a Amnistía porque sí, se ve como una organización “senior”. Y los jóvenes ven otras cosas para hacer: se organizan en causas que les resultan más atrayentes. Mira a Greta Thunberg. Lo que quiero es que Amnistía sea vista por ellos como una aliada.

Thunberg y muchas otras reprensentantes de movimientos en defensa del clima participan en Glasgow en acciones de protesta  .
Thunberg y muchas otras reprensentantes de movimientos en defensa del clima participan en Glasgow en acciones de protesta  Getty Images

Los jóvenes utilizan muchos las redes sociales, mientras que en Amnistía lo tradicional ha sido escribir cartas…

Sí pero ¿sabe que la campaña global que hoy tiene más éxito se llama Escribe por los Derechos? (www.es.amnesty.org/en-que-estamos/campanas/retos-10d/) Marca veinte años de acción mundial de envío de cartas y la gente se reúne en maratones, en los que escribe y escribe. Y muchos jóvenes participan. Aunque parezca extraño, las cartas siguen siendo una herramienta clave para cambiar el mundo. Si alguien está en una cárcel y recibe cartas, es muy relevante. Si un político recibe centenares de cartas, es muy relevante. Hoy las cartas importan, mucho.

¿Y hacia dónde va el activismo en redes? Hubo un momento, como durante las primaveras árabes, que parecía que internet iba a cambiar el mundo a mejor…

Lo que ocurre es que las redes sociales están siendo manipuladas cada vez más. No puedes fiarte de ellas. Además, el acto de clicar y ya está… No deja de ser una forma de activismo bastante perezosa. Peticiones; todo el mundo envía peticiones. Escribes tu nombre y ya está… Cuando nos referimos al activismo creo que las redes son una herramienta que tener en cuenta pero no son necesariamente la forma en la que las acciones colectivas deben materializarse. De hecho, necesitamos reinventar las acciones colectivas: no están hechas para las redes sociales.

Mohammed bin Salman está invirtiendo en deportes y en cultura para rehabilitar su imagen, pero no creo que le funcione”

Los saudíes son expertos en manipular las redes: cuentan con ejércitos de ‘bots’ dedicados a defender a Mohammed bin Salman de su implicación en el asesinato de Jamal Khashoggi. Usted, que lideró la investigación de la ONU ¿pierde la esperanza cuando pasan estas cosas?

No, en absoluto. Porque en el caso de Jamal Khashoggi han pasado muchas cosas positivas. Es verdad que todavía no se ha conseguido que el príncipe heredero llegue a rendir cuentas frente a un tribunal, pero Arabia Saudí y el príncipe heredero no se han ido de rositas, en absoluto. En la actualidad, no puede viajar a cualquier país del mundo occidental. Está enfrentándose a demandas judiciales en los Estados Unidos y Alemania, por mencionar solo un par de países. Y su imagen ha cambiado totalmente: antes de Khashoggi era visto como el príncipe moderno y después del asesinato, nadie, exceptuando algunos pocos, va a pretender que va a traer la modernidad al país; la gente lo ve como un dictador y un asesino.

¿Y cómo está reaccionando el príncipe, Mohammed bin Salman?

Está tratando de limpiar su imagen a través de lo que se conoce como sports-washing y art-washing: está invirtiendo en deportes y en cultura para rehabilitar su imagen. Pero no creo que le funcione, porque hay mucha gente dispuesta a denunciarle. Otra cosa importante de este caso es que hoy hay ciudadanos, grupos, oenegés, que están haciendo campaña de forma incansable en contra de Arabia Saudí. Que están en contra de la venta de armas al país, que hacen todo tipo de activismo. Y este tipo de activismo, funciona.

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Foto de enero de 2021, en la que Trump, a pocos metros del Capitolio exhortó a sus fieles a no rendirse ante los resultados electorales que le descabalcaron de la Casa Blanca    Brendan Smialowski / Afp

Le preguntaba porque, a menudo, parece que el dinero lo compra todo. Trump, por ejemplo que está gastando una fortuna en abogados para evitar su responsabilidad en el asalto al Capitolio. ¿Es así?

Sí, el dinero puede comprar muchas cosas, pero por eso es importante que Amnistía y otras organizaciones existan. Que la gente se organice y trabaje en contra de la dictadura del dinero y del poder del dinero. No podemos aceptar que esos individuos poderosos y ricos diseñen el mundo a su medida.

Algunos de esos hombres ricos y poderosos están el poder. ¿Cómo explica, en el siglo XXI, el ascenso de figuras como Trump, Bolsonaro y Duterte, en Filipinas?

Esa es un pregunta muy buena y para empezar a responderla tendríamos que reconocer que hoy hay una crisis en la democracia: que el sistema democrático no está trabajando para la gente y que la gente se desconecta y busca respuestas más “sencillas” a sus problemas. Y las encuentran en estos líderes híper-masculinos, populistas, que utilizan un lenguaje que va directo a sus ansiedades y sus miedos. En esto son buenos. Creo que estamos enfrentándonos a una crisis muy seria en las democracias, en la gobernanza global y en el capitalismo: ninguno está proporcionándonos paz y sentido de seguridad y esto es la tormenta perfecta.

Los nuevos líderes híper-masculinos, populistas, utilizan un lenguaje que va directo a las ansiedades y los miedos de la población”

¿Una tormenta perfecta a la que se añaden el cambio climático y la pandemia?

Sí, el cambio climático es otra capa que nos da mucha ansiedad y preocupación. Y estamos en un modelo económico que ha beneficiado a muy pocos hasta extremos inimaginables, mientras que la gente que está abajo cada vez está más precaria. Soy una persona optimista, pero esta situación me preocupa. Mucho. Y me pregunto: ¿Vamos a ser una generación como la de los años 30 del siglo pasado? La generación que desembocó en Franco, en la Segunda Guerra Mundial o el Holocausto. ¿O podemos ser como la generación de 1948? La generación que trajo la Declaración Universal de los Derechos Humanos. ¿Podemos evitar el abismo? Creo que estamos en una década decisiva. Es un momento crucial.

https://www.lavanguardia.com/magazine/personalidades/20220131/7960811/callamard-aceptar-individuos-ricos-poderosos-disenen-mundo-medida.html#foto-5

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