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prevenir el abuso sexual

Eva Millet. LA VANGUARDIA MAGAZINE, MARZO 2011 ———- Versión pdf  – ABUSOS PREVENCIÓN

Poner voz a la existencia del abuso sexual infantil ha sido un primer paso, fundamental, para combatir esta lacra, que está más extendida de lo que se quiere admitir. Pero otro aspecto, la prevención, es también clave para evitarla. En España ya hay entidades que trabajan en este sentido, con herramientas para hacerlo tanto a nivel escolar como familiar y social.

El abuso sexual infantil es una epidemia escondida. Las estadísticas dicen que una de cada cuatro niñas y uno de cada seis niños pueden sufrirlo antes de cumplir los 18 años. Apenas uno de cada diez llegará a denunciarlo. El abuso no distingue entre poblaciones, estatus social, razas, ni religiones. Sus víctimas, por eso, tienen en común el ser personas con más probabilidades de padecer problemas psicológicos y relacionales en el futuro.


Si el abuso sexual infantil fuera algo tangible, como una enfermedad grave, se trataría con asiduidad en los medios de comunicación, se organizarían maratones televisivas y campañas recaudatorias. Pero el abuso sexual a menores es aún un gran tabú cultural: algo que está ahí pero que es tan terrible y provoca tanta vergüenza que no se habla de él. Este silencio es para Vicki Bernadet, artífice de la Fundación Contra el Abuso Sexual Vicki Benardet, uno de los problemas principales; “Porque hace que el abuso sea una realidad que no se asume”.

Sin embargo, poco a poco, el tema va saliendo más y más a la luz. Primero fueron las víctimas: valientes quienes se atrevieron a contar sus traumáticas experiencias en los medios, escribiendo artículos, libros y montando organizaciones como la de Vicki. Además, en los últimos años, a nivel político, se han elaborado propuestas legislativas, protocolos y planes de acción tanto a nivel estatal como de comunidades autónomas. Los innumerables casos de pederastia perpetrados por sacerdotes católicos han puesto el tema en las portadas de todo el mundo y son una muestra más de que el silencio ya no vale para una aberración que debe combatirse y, también, prevenirse. Y son los adultos, no los niños, quienes han de procurar esta prevención.

En Estados Unidos, un país pionero en la lucha contra la pederastia, la prevención es un aspecto que se tiene muy en cuenta. Y hay organizaciones sin ánimo de lucro, como ‘Darkness to Light’, especializadas en ella. “Los adultos son los responsables de la seguridad de los niños: en el coche, les ponemos los cinturones de seguridad, les damos la mano al cruzar la calle… Por qué, entonces, ¿no protegerlos también de un posible abuso sexual?”, se preguntan desde esta asociación, cuyas estadísticas indican que este tipo de protección es algo que los adultos, en gran parte por desconocimiento, no tienen en cuenta. Por ello, ‘Darkness to Light’ hace tiempo que tiene programas de prevención específicos para adultos, ya que consideran que la responsabilidad de este tema no puede dejarse en manos de los niños: “No es realista pensar que un pequeño de seis años pueda reconocer y defenderse de los avances sexuales de un mayor”, aseguran.
Con este se ha preparado un programa “Siete pasos para proteger a nuestros niños” que ha sido adaptado por la asociación española RANA (Red de Ayuda a Niños Abusados, cuya presidenta, Elizabeth Homberg, es miembro de ‘Darkness to Light’). La guía, que puede descargarse en la web de la asociación (www.asociacionrana.org), recomienda, entre otras, acciones tan sencillas como aceptar la realidad (los abusos existen), reducir al mínimo los riesgos (la mayoría de los casos de abuso sexual infantil suceden cuando un menor está a solas con un adulto y, en más del 90% de los casos el niño y su familia conocen y confían en el abusador); hablar abiertamente del tema (menos de una tercera parte de los padres ha hablado y/o mencionado el tema del abuso sexual con sus hijos); estar alerta (de señales tanto físicas como psicológicas) y, si el niño o la niña explican, reaccionar siempre con calma y evitar la incredulidad, que puede hacerles sentir aún más culpables.

Como otras organizaciones en España, RANA desarrolla desde hace unos meses en los colegios un programa de prevención del maltrato y el abuso sexual infantil llamado ‘¡Grita muy fuerte!’. Está basado en un cuento (“¡Estela, grita muy fuerte!” ed. Fineo) escrito por Isabel Olid e ilustrado por Martina Vanda, que enseña a los pequeños de entre 6 y 11 años a reaccionar ante este tipo de situaciones, pero sin alarmarles. La idea es explicar a los niños que, si alguien les hace daño o algo que no les gusta, deben decir ¡para!, ¡basta! Y si esa persona sigue haciéndolo, hay que pedir ayuda, gritar si es necesario. “Sabemos por propia experiencia que hablar de un tema como éste con los niños es difícil. Sin embargo, lo que para nosotros es un tabú insuperable, para los niños que no han sufrido abusos es un tema como cualquier otro y se puede tratar con naturalidad”, explica su autora.

Así, el cuento es una herramienta útil, tanto para padres como para escuelas aunque, como explican desde la Fundación Vicki Bernadet, los centros todavía no están muy dispuestos a que se hable del tema en sus aulas. “Las familias deberían reclamar más información y formación en este tema, como talleres de prevención en sus escuelas, tanto para sus hijos como para ellos”, pide Bernadet.

Los adultos, añade la psicóloga de la Fundación, Pilar Polo, también han de estar alerta y aprender a preguntar, en especial si ven comportamientos extraños en el niño. “Si no preguntas, la gente no explica”, asegura. “Muchos de los niños que han sufrido abusos disimulan y se pasan la vida disimulando, y hay que vigilar, porque se les escapan cositas. Y si no nos lo quieren explicar a la primera, hay que tener paciencia y crear espacios de confianza… A veces el niño no está preparado para asumir su vergüenza y si lo presionamos le creamos un problema añadido”. Para la coordinadora de RANA, la también psicóloga Beatriz Benavente, esta confianza es fundamental: “La mejor educación que pueden dar los padres a sus hijos es establecer buenos vínculos, donde el diálogo se dé en todos los ámbitos. Desde muy pequeños ya podemos enseñarles que su cuerpo es suyo y que nadie se lo puede tocar sin su permiso, ni hacerle daño. Nuestros hijos tienen que saber que siempre podrán hablar con nosotros de lo que les está pasando y que nuestra responsabilidad como padres es la de protegerles”, asegura.
Y, en caso de que el niño explique o hayan sospechas, hay que actuar.

“Hemos de ser capaces de saber que cuando un niño viene y dice que no quiere ir más a piano o a gimnasia no encuentre un reproche sino apoyo”, explica Vicki Bernadet. “Preguntar, acompañarle, actuar… Eso reforzará la confianza”. Y, si el niño explica o se tienen sospechas, lo que hay que hacer es asesorarse con profesionales que puedan explicar qué pasos dar (entre otros, en el Servicio de Protección al Menor, los Servicios Sociales Municipales, los Centros de Atención Primaria y la Oficina de Defensa de los Derechos del Menor). El abuso sexual de menores es un delito y debe denunciarse. Además, las estadísticas dicen que muy pocas denuncias de este tipo son falsas y que, si las víctimas reciben apoyo y ayuda psicológica, pueden superar el trauma.

AYUDAR A PREVENIR

La prevención tendría tres grandes etapas: la primera (de los 0 a los 8 años) y la segunda (de los 8 a los 12 y la de mayor riesgo para sufrir abusos), serían de construcción de una actitud: que los niños sepan que su cuerpo les pertenece y puedan nombre a lo que sienten. La tercera etapa coincide con la adolescencia y es más cognitiva: se trata de que puedan entender qué ha sucedido y tengan capacidad de actuar, poniendo límites y denunciando. Para todo ello, es necesario que los menores sepan:

Poner nombre a su cuerpo: En lenguaje coloquial o técnico, pero los niños han de saber cómo llamar a las partes de su cuerpo desde que empiezan a hablar. Y de forma específica. “Es muy importante”, afirma la psicóloga Pilar Polo. “Si no, cómo va explicar un niño pequeño que alguien ha entrado en su cuerpo si no sabe como nombrar sus distintas partes”.

Poner nombre a los sentimientos: A medida que crecen, los niños han de ser capaces de describir sus estados de ánimo. La adquisición de un vocabulario sentimental es fundamental, y no sólo para expresar un abuso, sino también para funcionar en la vida.

Su cuerpo es suyo: el niño tiene que sentirse dueño de su cuerpo y saber que hay partes que son más intimas que otras. También hay que respetar su pudor: las partes son suyas y no son accesibles a todos. Que sepan que uno de sus derechos es a la intimidad.

Hablarles claro, sin vergüenza: La pederastia existe y los niños deben saberlo. No hace falta hablar de cosas extrañas, brutales: se puede mencionar un beso distinto, una mirada que incomoda o una caricia que no es. “A veces magnificamos que los niños tendrán miedo de oir estas cosas pero la perversión la tenemos los adultos: los pequeños escuchan esto con tal ‘limpieza’ que lo elaboran bien”, asegura Vicki Bernadet

Los adultos no siempre tienen razón: Las personas no son perfectas, tampoco los padres y las madres, ni los familiares ni maestros. “A veces les damos el mensaje que los adultos siempre tenemos la razón y no es cierto”, explica Bernadet. Transmitirles que si hay un adulto que hace alguna cosa que les molesta, no les gusta, se puede hablar de ello.

Enseñarles a decir NO: Los niños pueden decir ‘no’ sin que dejen de sentirse queridos. Su afectividad ha de ser libre. No hay que exigirle besos ni abrazos. Un beso no equivale a ser bien educado. “Hay que decirle: ¿que me dejas darte un beso? Pedirle permiso para entrar en su territorio”, explica Pilar Polo.

Preguntar: Hay que estar alerta e interesarse por los menores con preguntas como ¿Hay algo que te preocupa?, ¿alguna persona te está molestando?, ¿hay alguna cosa que te hace sentir mal?… El adulto no puede poner palabras ni nombres que el niño no ha dicho porque, si hubiera un abuso, a nivel judicial esto supondría un problema.

Crear confianza: Si el niño o niña nos piden ayuda por algo, hay que intervenir: “Si el adulto lo reconforta, le soluciona su problema, si aparece un abuso, éste será otro más”, afirma Polo. “Y si los padres hacen lo que hemos dicho hasta ahora”, añade, “espontáneamente, el niño, el día el día que tenga una intromisión, como no estará acostumbrado a ella, lo dirá”.

Fuentes: Fundación Vicki Bernadet (www.fbernadet.org), Asociación RANA, Save the Children, Darkness to Light.

ABUSO EN INTERNET

Como explica Liliana Orjuela López, de Save the Children, una de las formas de abuso sexual que tienen cada vez mayor incidencia y riesgos para niños, niñas y adolescentes es el abuso sexual en internet. Se calcula que uno de cada cinco menores son solicitados sexualmente en este medio. Para prevenir esta faceta del abuso la oenegé ha lanzado una nueva campaña y desde 2008 participa en una blogocampaña contra la pornografía infantil en la red: http://www.savethechildren.es/pornografia-infantil-no.php,

Suicidio y sociedad. Eros y Tánatos en la sociedad de consumo

NO HAY SINO UN PROBLEMA FILOSÓFICO REALMENTE SERIO: EL SUICIDIO. ALBERT CAMUS

Creemos necesario que se hable sobre esta realidad, que se compartan perspectivas y reflexiones, de manera que podamos imaginar y organizar estrategias colectivas contra la devastación.

No hay sino un problema filosófico realmente serio: el suicidio. Albert Camus

El suicidio es el único acto fallido que no falla jamás, que siempre tiene éxito. Lacan

El suicidio es una solución permanente a un problema temporal. Mark Gold

Más de 800.000 personas se suicidan al año en el mundo según la organización Mundial de la Salud (O.M.S). En 2015 se convirtió en la segunda causa de muerte de personas de entre 15 y 29 años, aunque se puede producir a cualquier edad y en cualquier región del mundo.

El suicidio es ya la primera causa de muerte no natural en España, por encima incluso de los accidentes de tráfico. Muchas son las situaciones sociales que empujan al suicidio de un modo desesperante e innecesario, ya que nuestra organización social impuesta es abusiva, injusta y “sutilmente” autoritaria, donde se fomenta, por encima de todo, la competencia, el individualismo egoísta y el amor al dinero. Sometimiento económico, alienación, descomposición moral, cosificación. Esto se traduce en personas cada vez más aisladas, neuróticas, depresivas, monótonas, sin metas vitales propias, como seres prefabricados en serie para la producción y el consumo, y que muchas veces, al ser marginados de esa rueda tienen sentimientos de total inutilidad y de pesimismo respecto al futuro. Es lo que Ronald Laing definiría como “jaque mate social”, es decir, una insostenible situación social a la que ha sido conducido un individuo cuando se le limitan las opciones hasta la extenuación. Para Laing, en estos casos, solo quedaría la locura o la muerte. El suicidio sería como una patología social que indicaría la degradación social existente en nuestro mundo globalizado e hipercapitalizado.

Prevenció del suïcidi: L'efecte Papageno - Levante-EMV

Según el I.N.E (Instituto Nacional de Estadística) cada día se suicidan más de 10 personas en España. La tasa media nacional de suicidios se sitúa en torno a 8,35 suicidios por cada 100.000 habitantes. Soria (18,2 suicidios por cada 100.000 habitantes) y Segovia (10,67 suicidios por cada 100.000 habitantes) son las provincias con mayor tasa de suicidios, seguramente por su baja densidad de población. Entre Córdoba, Granada y Jaén existen tres pueblos (Alcalá la Real, Priego e Iznájar) con la más alta tasa (26,6) de suicidios de España. Según estudios del INE, desde el inicio de la crisis el suicidio subió de 2007 a 2009, descendió en 2010 y a partir de entonces comenzó a aumentar cada año. De 2007 a 2014 el número de suicidios ha crecido en 647 personas, un 20% más desde el inicio de la crisis económica. En el año 2013 se suicidaron 3.870 personas, y en el 2014 fueron 3.910 personas. …

Según la Plataforma de Afectados por la Hipoteca (PAH), el 34% de los suicidios es resultado de desahucios. Afirman que la relación que existe entre suicidio y desahucio no es visible ni aparente y es complicado, en algunos casos, relacionarlos explícitamente; es decir, no se puede hablar de una relación causa-efecto directa. Los datos del INE muestran poca coincidencia de muertes por suicidio con los ciclos económicos, aunque esta afirmación sea algo reduccionista, ya que por ejemplo, en 2010, después de unos años de crisis y recortes, se produjo la tasa más baja de suicidios en 17 años. Habría que señalar que a partir de 2011 el INE incorporó los datos de los Institutos de Medicina Legal que antes no se contabilizaban, produciéndose desde entonces un aumento medio de más de 400 casos de suicidios anuales, sin los cuales se tendrían ahora unas cifras parecidas a las de los últimos 20 años.

El suicidio también es la primera causa de muerte entre los jóvenes en España. Existen más casos de suicidio entre los jóvenes que entre personas de mayor edad. Los factores de riesgo más comunes suelen ser el acoso escolar, haber sufrido abusos sexuales, una identidad sexual no asumida por la presión social o el consumo de alcohol y drogas reiterado (posiblemente esto sea más una consecuencia de un problema más profundo que un factor de riesgo). Resulta sorprendente que gente con toda su vida por delante y con posibilidades de poder reaccionar y dar un vuelco a su situación, en vez de reconducir su vida aboque por quitársela. Las situaciones tienen que ser duras, y de difícil comprensión para las que no las sufren y padecen.

El suicidio, según las estadísticas, se da más en hombres que en mujeres. Existen más suicidios consumados en hombres que en mujeres (2.938 hombres y 972 mujeres en 2014), aunque las mujeres protagonizan más tentativas. El caso de los hombres se podría explicarse por una mayor impulsividad biológica por el factor hormonal y por otros factores psicológicos como expresar menos sus emociones o tener menos redes de apoyo exterior que suelen dar una mayor fortaleza psicológica y resistencia[4]

Tampoco el suicidio es un problema de salud mental como tal, es más un problema de salud existencial, de vacío, estrés, de no poder dirigir sus vidas y de entregárselas a la política profesional, de ser seres vendidos a la máquina productivista tecno-industrial y a su amo el dios dinero. No tienes que ser un enfermo mental para matarte, es más, la mayoría de la gente que se suicida no está legalmente “loca”, ahí es donde surge la paradoja. La sociedad-mercado que nos oferta y condiciona a ser meras piezas de la máquina capitalista, va moldeando nuestras emociones, instintos, conductas, sentimientos a su imagen y semejanza para transformarnos en seres ultradependientes del Estado y el capital, lo cual eso sí que es verdaderamente enfermizo o diabólico. Cuando se nos margina o excluye y entramos a formar parte de los marginados del Sistema se rompen nuestros esquemas personales y sociales que dan paso a una sensación de decepción, tristeza, infravaloración o depresión, ya que todas las ilusiones inculcadas de triunfo y bienestar por la sociedad de consumo se ven abocadas al fracaso y con ellas al derrumbe existencial y vital.

Pero, ¿es necesario buscar una razón para vivir?, ¿no sería más cierto lo contrario? La vida tiene en sí misma su sentido, su fuerza imparable, sus posibilidades, acontecimientos inciertos y futuros distintos que nos hace pensar que la autodestrucción es la ultimísima salida que se nos vendría a la cabeza. Alguien dijo que un suicida consumado es un rebelde desaprovechado. Su valor queda malgastado para mejores labores. El suicidio es un arma en las manos de cada una, un instrumento de todo o nada a nuestro servicio. No simplemente podemos considerarlo como el desencadenante de una enfermedad o del final de un proceso patológico, pues no suele serlo. Siempre creemos que hay que estar “loco” para acabar con tu propia vida, lo único que realmente tienes tuyo, pero tal vez este mundo tan deshumanizado, tan alienante y masificado haga que la vida para algunas personas no merezca la pena ser vivida, sea un infierno, una agonía constante que haga parecer la muerte como única salida al sufrimiento constante. Nuestro mundo decadente no parece que vaya a despertar de ese sueño autodestructivo que los dirigentes y poderosos nos han sumergido. La locura acumulativa, la devastación de la naturaleza y las ansias de poder nos abocan al sinsentido más grande que ha padecido la humanidad. No nos puede sorprender que existan personas que, por distintas circunstancias, pretendan acabar con su agónica existencia. Pero, pese a todas las contradicciones, es necesario que podamos decidir sobre nuestra vida y nuestra muerte, pues es lo único que realmente nos pertenece. El suicidio es en sí un acto contradictorio, paradójico y extravagante: de odiar y amar.

El suïcidi, la primera causa de mort no natural entre els joves ...

https://primeravocal.org/suicidio-y-sociedad-eros-y-tanatos-en-la-sociedad-de-consumo/

(18) El uso masivo de psicofármacos está tan arraigado en las sociedades consumistas gracias a la falta de apoyo comunitario entre la gente por el fuerte individualismo que impera, ya que la falta de empatía y la atomización social conllevan una mayor dependencia y confianza del Estado y de los estamentos medico-farmacéuticos. Tampoco existen muchas alternativas autogestionadas y alejadas del uso de psicofármacos, y para muchas personas acaba siendo más sencillo y práctico medicarse para aliviar su sufrimiento sin tener que recurrir a nadie más que a su psiquiatra o médico de familia. También los círculos cercanos de las personas con cualquier problemática mental suelen alejarse de esta, ya que la consideran en ciertos casos como una carga o que simplemente no quiere aguantar sus lamentaciones o llantos.

El xantatge emocional

La manipulació de la culpa

Ens sentim culpables a vegades per no saber fer les coses tan bé com voldríem o per decebre a algú a qui estimem o admirem?

Què hi ha tant poderós que origina aquest sentiment de culpa que ens rossega de tant en tant?

Hem pensat mai quines emocions i sentiments es mouen a dins nostre quan ens sentim culpables d’alguna cosa? Sobretot quan és d’una cosa que no hem fet, o dubtem d’haver fet?

Fàcilment identifiquem si ens sentim culpables per alguna cosa de la que som responsables, però què passa quan sabem que no ho som i ho acabem dubtant perquè algú important per nosaltres ens fa dipositaris d’una responsabilitat que no sentim nostra?

El xantatge emocional no és res més que la manipulació d’aquest sentiment per part d’algú que està disposat a treure’n benefici, conscient o inconscientment.

Es tracta de buscar la víctima propiciatòria i clavar-li les dents…,el problema és que sovint les dents no es veuen, ni tampoc la mossegada, i és difícil afrontar una cosa quan no se sap si està passant.

https://www.nuriagou.com/ca/blog/el-xantatge-emocional