Estado-Cloaca, Estado Neofranquista

Antonio García Ferreras y Juan Luis Cebrián

Que no falte el contexto
Vamos a ir por partes para que Ana Pastor no pueda alegar que falta contexto.

Gracias a Francisco de Goya y Lucientes cualquier visitante del Museo del Prado podrá apreciar en su “Familia de Carlos IV” algunos rasgos borbónicos característicos y repetitivos; entre otros, sus mutuas y entrecruzadas deslealtades e infidelidades. Además de un gran pintor, también fue un excelente Grabador y a él se debe, entre otras series, la dedicada a las salvajadas y los crímenes de unos y otros, los “desastres de la Guerra”. Murió en el exilio.

Por el contrario, el más popular Grabador del siglo XXI, José Manuel Villarejo Pérez, una excelente síntesis goyesca, un artista de los pies a la cabeza, sí que es un esforzado hijo del Reino de España; y no merece morir en el exilio. El genio esta vez ha resultado ser un policía español y patriótico. A pelo y con una Grabadora ha construido un cuadro irrebatible de la Corte de Juan Carlos I y Felipe VI, de la maquinaria de su Estado y el botín de sus miserias.

Él debe estar convencido que merece medallas y reconocimiento por los innumerables servicios prestados a la patria, pero se ha pasado cuatro años provisionales en el trullo y sigue metido en juicios. Pero igual le caen por las escaleras, porque en los Puestos de Mando andan, pero muy mucho, mosqueados ante el reparto por todas partes de copias de sus innumerables grabaciones. Ya advirtió que podía hacer mucho daño al Estado.

La “obra de arte” de Villarejo es de una obscenidad difícil de superar. Muestra y demuestra la articulación de la maquinaria del Estado encargada de la Guerra Sucia, y que ha resultado ser prácticamente todo el Estado. Policías, agentes secretos, políticos, jueces y fiscales, altos funcionarios del Estado, periodistas y medios de comunicación, poderosos empresarios… Cada uno en su rol, cada objetico sus procedimientos, cada etapa una misión. No se trata de las Cloacas del Estado, es el Estado-Cloaca. Y viene de muy lejos…

Un poco más de contexto. Medios de comunicación y periodistas.
Los que se deben estar forrando son los de las mensajerías, con tanto reparto de cintas. Recuerdo aquella masiva distribución de videos con la Exuperancia Rapú y su intrépido galán y periodista en plena faena, aquel que montaba dossiers contra todo el mundo; y si no te dedicaba uno es que no eras nadie. Pedro J. Ramírez fue, entre otras cosas, una pieza clave en aquello conocido como Sindicato del Crimen; un colectivo, y no solo periodistas, haciendo todas las maldades posibles (según lo reconoció en 1998 Luís María Anson (que ya venía de conspirar contra Adolfo Suárez) para echar del gobierno a los socialistas. Según algunas fuentes, eran expertos en juguetear (para decirlo finamente) con los dineros de la publicidad, de los negocios y de las reputaciones O sea que lo de Inda, Ferreras y Etc. viene de muy antiguo.

Mucho más contexto
Anson lo reconoció 9 años después del cese de Pedro J. Ramírez de la dirección de Diario 16. En aquella fecha andaba Ramírez buscando cómo echar al propietario y dando palos día sí, día también, al gobierno de Felipe González con todo lo que podía: Amedo, los Gal y la gota que quizá colmó el vaso de Juan Tomás de Sala, el editorial mofándose del ministro Semprún y llamándole “capullo”. Diario 16, tocado y hundido.

La operación de El Mundo a finales de 1989, el nuevo periódico de Ramírez, tiene su cosa. Hace ya algunos años se publicó un estudio que mostraba cómo sus lectores iniciales (captados de Diario 16) se posicionaban en la izquierda moderada. Tiempo después se ubicaban en la derecha. La persecución mediática al gobierno socialista no fomentó una audiencia más crítica, en busca de una nueva izquierda alejada de la “beatiful people”, de la guerra sucia, de las puertas giratorias y de sus contradicciones entre discurso y práctica. Provocó el descredito del PSOE y el final de un ensueño; y propició el desplazamiento de una parte de su electorado hacia un “marco mental” más conservador. Empezó en Diario 16 y culminó con El Mundo. Puro y exitoso “pastoreo” sociopolítico.

Contexto y texto
No fue el único caso de “pastoreo”. Ni mucho menos. Hay que reivindicar una operación más sutil. Más fundacional. La que nace en las cloacas periodísticas del franquismo que apadrinarán y ayudarán a alumbrar la Operación Transición Política y el Régimen del 78. Cloacas exquisitamente blanqueadas. Como solo se puede hacerse desde los salones del Poder. Los salones donde los Aporreadores de una generación transmiten a sus vástagos el Cuarto Poder Aporreador. O sea, desde “la ley a la ley” y desde el puesto de mando al puesto de mando.

Érase una vez, un periódico órgano del partido fascista español. Se llamaba Arriba. También, había un órgano de los Sindicatos fascistas españoles. Diario Pueblo, se llamaba; sutil ironía. Había mucho más, pero con estas dos cloacas bastará. Al frente de Arriba, Vicente Cebrián. En el de Pueblo, Emilio Romero. Además de compartir afinidades ideológicas, ambos eran muy buenos e íntimos amigos. El vástago llamado a recoger uno de los testigos sería Juan Luis Cebrián. Con 19 años ya era redactor jefe en Pueblo y muy poco después ocupaba su subdirección. En 1974 y con 30 años, es jefe de los servicios informativos de Radio Televisión Española.

Una carrera tan meteórica presagiaba un destino fulgurante y exclusivo: ser cofundador y primer director de El Pais. Así nace un nuevo periódico (4 de mayo de 1976) que, seis meses después de la muerte de Franco y autorizado por el fascista Arias Navarro (Carnicerito de Málaga por sus fechorías durante la guerra civil), se presentaba en sociedad con el propósito de posicionarse como el medio escrito de referencia para el antifranquismo y el izquierdismo. Y con un objetivo estratégico inmediato, contribuir al éxito de la operación de los franquistas reformistas en prejuicio de la ruptura democrática. Justificar la rendición. Misión: hacer creíble y deseable entre los antifranquistas el proyecto de Adolfo Suárez y colaborar, sobre todo en una segunda fase, en la creación del liderazgo de Felipe González, un “reformista” ejemplar. El resto de los periódicos, con muy escasas excepciones, ya estaban bajo el control de los Medios de Comunicación del Estado o de los propietarios privados fieles colaboradores de la dictadura. RTVE cumplió también su papel.

Las elecciones de 15 de junio de 1977 (las primeras en 40 años) eran importantísimas por razones obvias. En una Tribuna de El Pais de tres días antes, Juan Luis Cebrián reconocía:

“EL PAIS, a decir verdad, ni siquiera ha sido un diario de oposición. Ha colaborado con el poder hasta donde dignamente ha sido posible, no en la ocultación de informaciones – cosa que el poder hubiera deseado -, pero sí en la moderación de pareceres y actitudes”.

Y en el mismo texto lanzaba dardos, siempre sutiles, acusando a algunas izquierdas de modales “fascistas”: “La reacción de algunos partidos de izquierda a los editoriales recientes de nuestro periódico, nada tiene que envidiar en modales a la de ilustres colaboradores de la dictadura” ¿Se estaba refiriendo a los modales de su propio padre, que conocía a la perfección?

Por situar el contexto. Cebrián se estaba defendiendo de las críticas por un reportaje que su diario había dedicado a Adolfo Suárez: “Yo no digo que un reportaje a color de Suárez en un diario de gran circulación no le pueda favorecer…”

Todo parece indicar que Suárez había tocado a rebato. Según el semanario Cambio 16 que apareció el 1 de junio, “El presidente Suárez, relegado a un segundo término en la campaña electoral, ha decidido iniciar contactos privados con la prensa, por medio de reuniones semanales con destacados periodistas en el Palacio de la Moncloa. A Suárez le preocupa la pérdida de imagen que pudiera estar sufriendo mientras periódicos y revistas dedican grandes titulares a políticos de partidos adversarios de la Unión del Centro Democrático”. Diríase que el reportaje a color publicado tendría algo ver. Tal vez también tendría que ver que el mismo día que se publicaba esa información de Cambio 16, el editorial de El Pais (diario independiente de la mañana) decía: “El PSOE se verá ante la grave responsabilidad de administrar un resultado electoral que no es seguro sea capaz de digerir”. Y añade: El PSOE seguirá siendo un carrusel de verbalismo revolucionario y de hechos moderados”. Además, les acusa de “una verdadera crisis de identidad”. Todo eso en puertas de unas elecciones decisivas para consolidar la Monarquía y el proyecto reformista; y frustrar definitivamente la “ruptura democrática”. Y el día después, en su Tribuna, Cebrián reclama un pacto nacional: “Habrá que comenzar por arriba: estableciendo las bases constitucionales de una Monarquía…” Blanco y en vidrio.

El gran pacto de los Cebrianes. La prensa del franquismo (el padre) y la nueva prensa de la democracia (el hijo). La metáfora explícita del Pacto de las Familias. Controlando el Castillo de Naipes. Una clave sobre la que deberemos volver más adelante.

La “misión” del diario del grupo PRISA ha ido adoptándose al compás de los acontecimientos. El modelo bipartidista del Régimen del 78 corrió algún peligro cuando irrumpió un nuevo diario impreso en papel, Público (muy bien recibido por la audiencia), porque amenazaba la “moderación” del partido socialista y del electorado de izquierdas. El Pais se alzó frente al “fuego cruzado”.

Más tarde, la cristalización de un nuevo proyecto político, Podemos, y su posible sorpasso al PSOE pronosticado por las encuestas, movilizó a El País del director Antonio Caño, tanto como cualquiera de los otros Medios de las Cloacas. Tas solo lo hizo con mayor sutileza.

Y es que El País siempre ha estado donde se le necesitaba; en primera línea contra la izquierda no domesticada y contra el independentismo catalán. Exactamente los objetivos estratégicos del Reino de España que nació para matar el 18 de julio de 1936. (En este artículo que publiqué hace ya algunos años pueden seguirse muchas de las piezas del puzle fundacional franquista); y siempre a favor de la Monarquía y del Régimen del 78, demostrando su lealtad con los silencios (cómplices) durante décadas sobre la corrupción en la cúspide del Estado, la guerra sucia, la práctica de torturas y los muchos chanchullos…

Durante la llamada Transición, una etapa que debería denominarse la “Adaptación”, la mayor parte del resto de los medios de comunicación, eran propiedad del Estado o estaban a su servicio. Cumplieron con las instrucciones del Gobierno. Estaban acostumbrados. Durante 40 años habían formado parte del aparato ideológico del franquismo, en amigable camaradería con el partido único (FET y de las JONS-Movimiento Nacional), la Iglesia Católica y el sistema educativo. Por cierto y no en balde, la Iglesia ha continuado controlando a cientos de miles de alumnos a través de sus 2.400 colegios concertados en los que continúan adoctrinando con los más de 4.000 millones de euros anuales que reciben del actual Estado “laico”; una Iglesia que se proyecta también en los medios a través de la COPE y 13TV, donde no dan respiro a la izquierda ni al independentismo. Podríamos añadir sus homilías, hojas parroquiales y declaraciones de la jerarquía. Todo por la Patria. Salvo honrosas excepciones, la mayoría de los medios han seguido en la tarea durante los últimos 45 años.

El Estado-Cloaca
Las cloacas no solo utilizan periodistas y medios. Una inestimable aportación de las cintas de Villarejo (rindamos homenaje también a los Papeles de Bárcenas) es que está dibujando el funcionamiento de los elementos de la maquinaria y su ensamblaje. Cloacas, a fin de cuentas, aunque no siempre ni todos se ensucien directamente las manos. Su larga continuidad y la diversidad funcional de sus partícipes demuestra el carácter sistémico de las Cloacas, de su lógica constitutiva, de la naturaleza del Estado-Cloaca. En su origen, el Régimen del 18 de julio, un Estado-Cloaca, que también fue un Estado-Mafia.

El Reino de España es una estructura estatal, con sus cloacas “sucias” y sus cloacas “limpias” bien coordinadas, creada al servicio de unas élites que llevan ejerciendo el poder desde hace mucho tiempo.

Continuará, porque nos queda mucho texto y mucho contexto. Los que puedan, disfruten de un buen verano.

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