"Ésser un passerell" vol dir ésser nou o aprenent en alguna activitat. És una actitud que m'agrada.
Exemple: "Aquell company del futbol qualificava de passerell qui feia una mala jugada."
Perquè sempre hi ha marge de millora. Sempre hi ha un "pla B". Si perds un tren, sempre en tens un altre. Però primer has de saber on vols anar i després has de voler pujar-hi.
Passerell té també un significat més positiu, de persona viva, astuta i molt alegre.
El ‘kintsugi’ es una técnica centenaria de Japón que consiste en reparar las piezas de cerámica rotas y que ha acabado convirtiéndose en una filosofía de vida. Frente a las adversidades y errores, hay que saber recuperarse y sobrellevar las cicatrices.
N UNA ÉPOCA dominada por el consumismo y la obsolescencia programada, lo más probable es que si una mañana te levantas con el pie cambiado y, en un tropiezo, se te cae la taza del desayuno, te resignes a recoger sus pedazos y los tires a la basura sin más. Algo impensable en Japón. Hace cinco siglos, surgió en el lejano Oriente el kintsugi, una apreciada técnica artesanal con el fin de reparar un cuenco de cerámica roto. Su propietario, el sogún Ashikaga Yoshimasa, muy apegado a ese objeto indispensable para la ceremonia del té, lo mandó a arreglar a China, donde se limitaron a asegurarlo con unas burdas grapas. No contento con el resultado, el señor feudal recurrió a los artesanos de su país, que dieron finalmente con una solución atractiva y duradera. Mediante el encaje y la unión de los fragmentos con un barniz espolvoreado de oro, la cerámica recuperó su forma original, si bien las cicatrices doradas y visibles transformaron su esencia estética, evocando el desgaste que el tiempo obra sobre las cosas físicas, la mutabilidad de la identidad y el valor de la imperfección. Así que, en lugar de disimular las líneas de rotura, las piezas tratadas con este método exhiben las heridas de su pasado, con lo que adquieren una nueva vida. Se vuelven únicas y, por lo tanto, ganan en belleza y hondura. Se da el caso de que algunos objetos tratados con el método tradicional del kintsugi —también conocido como “carpintería de oro”— han llegado a ser más preciados que antes de romperse. Así que esta técnica se ha convertido en una potente metáfora de la importancia de la resistencia y del amor propio frente a las adversidades.
La filosofía vinculada al kintsugi se puede extrapolar a nuestra vida actual, colmada de ansias de perfección. A lo largo del tiempo conocemos fracasos, desengaños y pérdidas. Con todo, aspiramos a esconder nuestra naturaleza frágil, esa que nos hace más humanos y auténticos, bajo la máscara de la infalibilidad y éxito. Se ocultan los defectos, aunque desde que nacemos nos recorre una grieta. Adam Soboczynski apunta en El arte de no decir la verdad (Anagrama) que hemos aprendido a camuflar “con gran esfuerzo, y manteniendo la compostura, incluso la más terrible de las conmociones que nos golpean”.
Somos vulnerables no solo física, sino también psíquicamente. Cuando las adversidades nos superan, nos sentimos rotos. A veces, es el azar el que nos lleva al punto de ruptura; otras, somos nosotros mismos, con nuestras elevadas expectativas no cumplidas y la avidez de novedad, los que nos metemos en el hoyo. El filósofo Josep Maria Esquirol defiende que “la memoria y la imaginación son las mejores armas del resistente”. Como animales dotados de creatividad, tenemos una poderosa herramienta en la capacidad de concebir alternativas a la realidad. Pero cuando soplan malos vientos, ¿qué más nos ayuda a resistir la embestida? La respuesta es, según la escritora Joan Didion, el verdadero amor propio. La gente con esta cualidad “es dura, tiene algo así como agallas morales; hace gala de eso que antes se llamaba carácter”. Y el logro de una vida plena pasa, además, por librarse de las expectativas ajenas y dejar atrás la compulsión de agradar. No hay recomposición ni resurgimiento sin paciencia. En el kintsugi, el proceso de secado es un factor determinante. La resina tarda semanas, a veces meses, en endurecerse. Es lo que garantiza su cohesión y durabilidad. Entre los cultivadores de la paciencia, Kafka ocupa un lugar privilegiado. Para él, la capacidad de saber sufrir y de tolerar infortunios era la clave para afrontar cualquier situación. Un día, mientras paseaba con un amigo, le dio este consejo: “Hay que dejarse llevar por todo, entregarse a todo, pero al mismo tiempo conservar la calma y tener paciencia. Solo hay una forma de superación que empieza con superarse a sí mismo”. La receta para vivir del autor de El proceso es sencilla, pero no por ello menos difícil: “Tenemos que absorberlo todo pacientemente en nuestro interior y crecer”.
Saber valorar lo que se rompe en nosotros nos aporta una serenidad objetiva. Apreciémonos como somos: rotos y nuevos, únicos, irreemplazables, en permanente cambio.
La práctica japonesa de reparar fracturas de la cerámica con resina de oro nos habla directamente a todos: a veces los defectos son las más grandes virtudes.
La herida es el lugar por donde entra la luz
Entre la afanosa muchedumbre de metáforas que relacionamos con la vida, la de la cicatriz es una que nos atañe a todos. El mundo se encarga de agrietarnos, de llenarnos de fisuras, y es allí donde reside para nosotros un crisol de posibilidades; la cicatriz se convierte en una ocasión para enfrentarnos al mundo. Mas nadie ha planteado esta metáfora con tanta belleza, con tanta claridad, como los japoneses en el arte kintsugi (o kintsukuroi).
El kintsugi es la práctica de reparar fracturas de la cerámica con barniz o resina espolvoreada con oro. Plantea que las roturas y reparaciones forman parte de la historia de un objeto y deben mostrarse en lugar de ocultarse. Así, al poner de manifiesto su transformación, las cicatrices embellecen el objeto.
El poeta Rumi decía que “la herida es el lugar por donde entra la luz”.
En esta filosofía hay algo casi diametralmente opuesto a la manera occidental de ver la fractura, tanto anímica como material. En lugar de que un objeto roto deje de servir y lo desechemos, su función se transforma en otra: en un mensaje activo. El objeto roto pasa de ser una cosa a ser un gesto gráfico que nos incita a emular su poderosa transformación, y, metafóricamente, la herida pasa de ser un trazo de oscuridad a ser una ventana de luz.
El kintsugi es silencioso y manifiesto. Solo el trazar un incidente doloroso con polvo de oro es aceptarlo como una alhaja, como una raya luminosa en la piel del tigre.
Cada vez es más habitual comer pequeñas porciones de alimentos para matar el aburrimiento o paliar la tristeza, los nervios o los celos. Consciente de ello, la industria alimentaria ofrece un arsenal de productos que conectan con el centro de recompensas del cerebro.
“Mientras más productos salados, dulces y grasos se coman, más fácil resultará que las excitadas papilas gustativas encuentren los demás alimentos sosos”, alerta Carlos Casabona
Hace unos años, un periodista de The New York Times se preguntó a qué podía deberse el deseo irrefrenable que le llevaba cada día a comerse una galleta de chocolate a las tres en punto de la tarde, pese a no tener teóricamente hambre, por haber almorzado un poco antes. Gracias a sus ganas de resolver el misterio, Charles Duhhig acabó escribiendo un libro donde apuntó que no era el hambre lo que intentaba satisfacer con la galleta, sino la necesidad de hacer una pausa en el trabajo, por lo que sólo pudo dejar atrás este hábito cuando decidió concederse otro premio: dedicar los cinco primeros minutos de su jornada vespertina a conversar por teléfono con algún amigo.
Según pudo averiguar algunos meses después, Duhhig intentaba paliar sus pocas ganas de ponerse a trabajar por la tarde con un premio mucho más palatable que una zanahoria colgada de un palo, en una época, el año 2012, en que el “comer emocional” empezaba ya a causar estragos en amplios sectores de población, aunque el término se había incorporado a la literatura científica ya en 1957.
“Cuando comemos por emociones, buscamos en la comida aquello que no podemos resolver de otra manera”, explica la dietista nutricionista y doctora en Bioquímica, Griselda Herrero. El problema, apunta, es que al acabar de comer, se tienen dos problemas, “el que existía antes y el sentimiento de culpabilidad que provoca haber comido algo que no se quería”, remarca la coautora de Psiconutrición (Arcopress).
Hablamos, así pues, del hábito de acudir a la nevera o despensa a deshora en busca de un trozo de chocolate, un postre lácteo cremoso, unos cacahuetes recubiertos de miel o unas patatas chips crujientes.
Aunque Herrero señala que algunas personas comen manzanas o zanahorias al sentir apetito emocional, lo habitual es decantarse por productos muy procesados, ya que activan de forma mucho más poderosa el centro de recompensa del cerebro, liberando dopamina y serotonina, dos neurotransmisores que producen placer y premian aquellos comportamientos evolutivos que garantizan la supervivencia. Pero también ocurre al contrario: desde que empieza a formarse, el cerebro desincentiva lo amargo, ya que antiguamente los venenos solían tener este sabor.
Este proceso, dice Herrero, es mucho más acusado cuando se trata de alimentos ricos en azúcares y grasas, porque hace miles de años los nutrientes que proporcionaban mucha energía eran particularmente escasos. También el umbral de saciedad para los alimentos azucarados es más alto que para el resto, como demuestra que en casi todas las culturas sea habitual tomar alimentos azucarados al final de las comidas. Es decir, aunque una persona coma dos o más platos rebosantes de comida, todavía dispone de apetito para tomar dulces de postre.
La cuestión es que dar de comer a las emociones a horas intempestivas, a despecho del hambre real y los horarios establecidos, se ha convertido en un estilo de vida en la mayoría de países desarrollados. Los expertos citan tres causas que podrían haber contribuido a este fenómeno. La primera es la creciente necesidad de estar sobreestimulados. La segunda, la costumbre anglosajona de rendir culto al trabajo, restando tiempo a las comidas principales, a costa de picotear pequeñas cantidades de alimentos durante, prácticamente, las 24 horas del día. La última es que en la actualidad estamos más centrados en dar rienda suelta a las emociones que en ser racionales.
Aunque estos usos alimentarios no tienen por qué convertirse necesariamente en un problema, hay colectivos, como los niños y niñas, especialmente vulnerables a comer impulsivamente. “Desde el punto de vista pediátrico, lo que observo en consulta entre mis pacientes, tanto con sobrepeso como sin él, pero de una manera más acusada entre los primeros, es que los niños, al notarse un poco aburridos, comen para experimentar un placer que, en muchas ocasiones, no sienten en su vida diaria”, confirma Carlos Casabona, pediatra de atención primaria y experto en la prevención de la obesidad infantil.
Existe todo un sector de la industria alimentaria dedicado a buscar nuevos sabores para hacer más apetecibles los alimentos y conectar con los nuevos gustos y tendencias
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Para conseguir multiplicar el sabor de un alimento o darle personalidad, según la marca, existe todo un sector que trabaja para las multinacionales de la alimentación. El principal cometido de estas empresas, explica Irene Peral, experta en el desarrollo de nuevos productos en el centro tecnológico AZTI, es innovar constantemente hasta dar con sustancias que conecten con las nuevos gustos y tendencias que se registran a nivel mundial.
Algunos de estos aromas y sabores se utilizan en muchos sectores industriales, “especialmente, en bebidas energéticas, refrescos, lácteos, confitería, repostería, panadería, cárnicos, platos preparados y también en los productos farmacéuticos, que también usan aromas para facilitar su consumo”, detalla Peral.
Estas sustancias se utilizan para potenciar el sabor y que los productos sean muy apetecibles, “estimulando propiedades positivas en el consumidor, como el bienestar y la relajación”, indica esta experta, así como para recuperar compuestos que se pierden durante el proceso de producción, especialmente en productos con una fecha de caducidad larga.
Sin embargo, la decisión final de ingerirlos recae sobre el consumidor. Dado que estos productos están concebidos para ser degustados con mesura, los expertos aconsejan consumirlos muy ocasionalmente (es decir, tres veces al mes, como máximo).
Hay varios secretos para no sucumbir a las emociones. “El principal, tal vez, es saber diferenciar el hambre de verdad (que aparece de forma gradual, en las horas habituales de las comidas…) del comer emocional, para que la comida no decida por nosotros”, aconseja Griselda Herrero. El segundo paso “es posponer la decisión de comerse un bollo de chocolate o unas patatas fritas y preguntarse de qué servirá o cómo va se va a sentir uno después y pensar en una alternativa no comestible, como dar un paseo o telefonear a alguien”, añade. Y, si todo falla, es mejor tener preparado chocolate negro, almendras con cáscara o manzanas para que, al menos, las emociones puedan llevar una dieta saludable.
Eva Millet. LA VANGUARDIA MAGAZINE, MARZO 2011 ———- Versión pdf – ABUSOS PREVENCIÓN
Poner voz a la existencia del abuso sexual infantil ha sido un primer paso, fundamental, para combatir esta lacra, que está más extendida de lo que se quiere admitir. Pero otro aspecto, la prevención, es también clave para evitarla. En España ya hay entidades que trabajan en este sentido, con herramientas para hacerlo tanto a nivel escolar como familiar y social.
El abuso sexual infantil es una epidemia escondida. Las estadísticas dicen que una de cada cuatro niñas y uno de cada seis niños pueden sufrirlo antes de cumplir los 18 años. Apenas uno de cada diez llegará a denunciarlo. El abuso no distingue entre poblaciones, estatus social, razas, ni religiones. Sus víctimas, por eso, tienen en común el ser personas con más probabilidades de padecer problemas psicológicos y relacionales en el futuro.
Si el abuso sexual infantil fuera algo tangible, como una enfermedad grave, se trataría con asiduidad en los medios de comunicación, se organizarían maratones televisivas y campañas recaudatorias. Pero el abuso sexual a menores es aún un gran tabú cultural: algo que está ahí pero que es tan terrible y provoca tanta vergüenza que no se habla de él. Este silencio es para Vicki Bernadet, artífice de la Fundación Contra el Abuso Sexual Vicki Benardet, uno de los problemas principales; “Porque hace que el abuso sea una realidad que no se asume”.
Sin embargo, poco a poco, el tema va saliendo más y más a la luz. Primero fueron las víctimas: valientes quienes se atrevieron a contar sus traumáticas experiencias en los medios, escribiendo artículos, libros y montando organizaciones como la de Vicki. Además, en los últimos años, a nivel político, se han elaborado propuestas legislativas, protocolos y planes de acción tanto a nivel estatal como de comunidades autónomas. Los innumerables casos de pederastia perpetrados por sacerdotes católicos han puesto el tema en las portadas de todo el mundo y son una muestra más de que el silencio ya no vale para una aberración que debe combatirse y, también, prevenirse. Y son los adultos, no los niños, quienes han de procurar esta prevención.
En Estados Unidos, un país pionero en la lucha contra la pederastia, la prevención es un aspecto que se tiene muy en cuenta. Y hay organizaciones sin ánimo de lucro, como ‘Darkness to Light’, especializadas en ella. “Los adultos son los responsables de la seguridad de los niños: en el coche, les ponemos los cinturones de seguridad, les damos la mano al cruzar la calle… Por qué, entonces, ¿no protegerlos también de un posible abuso sexual?”, se preguntan desde esta asociación, cuyas estadísticas indican que este tipo de protección es algo que los adultos, en gran parte por desconocimiento, no tienen en cuenta. Por ello, ‘Darkness to Light’ hace tiempo que tiene programas de prevención específicos para adultos, ya que consideran que la responsabilidad de este tema no puede dejarse en manos de los niños: “No es realista pensar que un pequeño de seis años pueda reconocer y defenderse de los avances sexuales de un mayor”, aseguran. Con este se ha preparado un programa “Siete pasos para proteger a nuestros niños” que ha sido adaptado por la asociación española RANA (Red de Ayuda a Niños Abusados, cuya presidenta, Elizabeth Homberg, es miembro de ‘Darkness to Light’). La guía, que puede descargarse en la web de la asociación (www.asociacionrana.org), recomienda, entre otras, acciones tan sencillas como aceptar la realidad (los abusos existen), reducir al mínimo los riesgos (la mayoría de los casos de abuso sexual infantil suceden cuando un menor está a solas con un adulto y, en más del 90% de los casos el niño y su familia conocen y confían en el abusador); hablar abiertamente del tema (menos de una tercera parte de los padres ha hablado y/o mencionado el tema del abuso sexual con sus hijos); estar alerta (de señales tanto físicas como psicológicas) y, si el niño o la niña explican, reaccionar siempre con calma y evitar la incredulidad, que puede hacerles sentir aún más culpables.
Como otras organizaciones en España, RANA desarrolla desde hace unos meses en los colegios un programa de prevención del maltrato y el abuso sexual infantil llamado ‘¡Grita muy fuerte!’. Está basado en un cuento (“¡Estela, grita muy fuerte!” ed. Fineo) escrito por Isabel Olid e ilustrado por Martina Vanda, que enseña a los pequeños de entre 6 y 11 años a reaccionar ante este tipo de situaciones, pero sin alarmarles. La idea es explicar a los niños que, si alguien les hace daño o algo que no les gusta, deben decir ¡para!, ¡basta! Y si esa persona sigue haciéndolo, hay que pedir ayuda, gritar si es necesario. “Sabemos por propia experiencia que hablar de un tema como éste con los niños es difícil. Sin embargo, lo que para nosotros es un tabú insuperable, para los niños que no han sufrido abusos es un tema como cualquier otro y se puede tratar con naturalidad”, explica su autora.
Así, el cuento es una herramienta útil, tanto para padres como para escuelas aunque, como explican desde la Fundación Vicki Bernadet, los centros todavía no están muy dispuestos a que se hable del tema en sus aulas. “Las familias deberían reclamar más información y formación en este tema, como talleres de prevención en sus escuelas, tanto para sus hijos como para ellos”, pide Bernadet.
Los adultos, añade la psicóloga de la Fundación, Pilar Polo, también han de estar alerta y aprender a preguntar, en especial si ven comportamientos extraños en el niño. “Si no preguntas, la gente no explica”, asegura. “Muchos de los niños que han sufrido abusos disimulan y se pasan la vida disimulando, y hay que vigilar, porque se les escapan cositas. Y si no nos lo quieren explicar a la primera, hay que tener paciencia y crear espacios de confianza… A veces el niño no está preparado para asumir su vergüenza y si lo presionamos le creamos un problema añadido”. Para la coordinadora de RANA, la también psicóloga Beatriz Benavente, esta confianza es fundamental: “La mejor educación que pueden dar los padres a sus hijos es establecer buenos vínculos, donde el diálogo se dé en todos los ámbitos. Desde muy pequeños ya podemos enseñarles que su cuerpo es suyo y que nadie se lo puede tocar sin su permiso, ni hacerle daño. Nuestros hijos tienen que saber que siempre podrán hablar con nosotros de lo que les está pasando y que nuestra responsabilidad como padres es la de protegerles”, asegura. Y, en caso de que el niño explique o hayan sospechas, hay que actuar.
“Hemos de ser capaces de saber que cuando un niño viene y dice que no quiere ir más a piano o a gimnasia no encuentre un reproche sino apoyo”, explica Vicki Bernadet. “Preguntar, acompañarle, actuar… Eso reforzará la confianza”. Y, si el niño explica o se tienen sospechas, lo que hay que hacer es asesorarse con profesionales que puedan explicar qué pasos dar (entre otros, en el Servicio de Protección al Menor, los Servicios Sociales Municipales, los Centros de Atención Primaria y la Oficina de Defensa de los Derechos del Menor). El abuso sexual de menores es un delito y debe denunciarse. Además, las estadísticas dicen que muy pocas denuncias de este tipo son falsas y que, si las víctimas reciben apoyo y ayuda psicológica, pueden superar el trauma.
AYUDAR A PREVENIR
La prevención tendría tres grandes etapas: la primera (de los 0 a los 8 años) y la segunda (de los 8 a los 12 y la de mayor riesgo para sufrir abusos), serían de construcción de una actitud: que los niños sepan que su cuerpo les pertenece y puedan nombre a lo que sienten. La tercera etapa coincide con la adolescencia y es más cognitiva: se trata de que puedan entender qué ha sucedido y tengan capacidad de actuar, poniendo límites y denunciando. Para todo ello, es necesario que los menores sepan:
Poner nombre a su cuerpo: En lenguaje coloquial o técnico, pero los niños han de saber cómo llamar a las partes de su cuerpo desde que empiezan a hablar. Y de forma específica. “Es muy importante”, afirma la psicóloga Pilar Polo. “Si no, cómo va explicar un niño pequeño que alguien ha entrado en su cuerpo si no sabe como nombrar sus distintas partes”.
Poner nombre a los sentimientos: A medida que crecen, los niños han de ser capaces de describir sus estados de ánimo. La adquisición de un vocabulario sentimental es fundamental, y no sólo para expresar un abuso, sino también para funcionar en la vida.
Su cuerpo es suyo: el niño tiene que sentirse dueño de su cuerpo y saber que hay partes que son más intimas que otras. También hay que respetar su pudor: las partes son suyas y no son accesibles a todos. Que sepan que uno de sus derechos es a la intimidad.
Hablarles claro, sin vergüenza: La pederastia existe y los niños deben saberlo. No hace falta hablar de cosas extrañas, brutales: se puede mencionar un beso distinto, una mirada que incomoda o una caricia que no es. “A veces magnificamos que los niños tendrán miedo de oir estas cosas pero la perversión la tenemos los adultos: los pequeños escuchan esto con tal ‘limpieza’ que lo elaboran bien”, asegura Vicki Bernadet
Los adultos no siempre tienen razón: Las personas no son perfectas, tampoco los padres y las madres, ni los familiares ni maestros. “A veces les damos el mensaje que los adultos siempre tenemos la razón y no es cierto”, explica Bernadet. Transmitirles que si hay un adulto que hace alguna cosa que les molesta, no les gusta, se puede hablar de ello.
Enseñarles a decir NO: Los niños pueden decir ‘no’ sin que dejen de sentirse queridos. Su afectividad ha de ser libre. No hay que exigirle besos ni abrazos. Un beso no equivale a ser bien educado. “Hay que decirle: ¿que me dejas darte un beso? Pedirle permiso para entrar en su territorio”, explica Pilar Polo.
Preguntar: Hay que estar alerta e interesarse por los menores con preguntas como ¿Hay algo que te preocupa?, ¿alguna persona te está molestando?, ¿hay alguna cosa que te hace sentir mal?… El adulto no puede poner palabras ni nombres que el niño no ha dicho porque, si hubiera un abuso, a nivel judicial esto supondría un problema.
Crear confianza: Si el niño o niña nos piden ayuda por algo, hay que intervenir: “Si el adulto lo reconforta, le soluciona su problema, si aparece un abuso, éste será otro más”, afirma Polo. “Y si los padres hacen lo que hemos dicho hasta ahora”, añade, “espontáneamente, el niño, el día el día que tenga una intromisión, como no estará acostumbrado a ella, lo dirá”.
Fuentes: Fundación Vicki Bernadet (www.fbernadet.org), Asociación RANA, Save the Children, Darkness to Light.
ABUSO EN INTERNET
Como explica Liliana Orjuela López, de Save the Children, una de las formas de abuso sexual que tienen cada vez mayor incidencia y riesgos para niños, niñas y adolescentes es el abuso sexual en internet. Se calcula que uno de cada cinco menores son solicitados sexualmente en este medio. Para prevenir esta faceta del abuso la oenegé ha lanzado una nueva campaña y desde 2008 participa en una blogocampaña contra la pornografía infantil en la red: http://www.savethechildren.es/pornografia-infantil-no.php,
NO HAY SINO UN PROBLEMA FILOSÓFICO REALMENTE SERIO: EL SUICIDIO. ALBERT CAMUS
Creemos necesario que se hable sobre esta realidad, que se compartan perspectivas y reflexiones, de manera que podamos imaginar y organizar estrategias colectivas contra la devastación.
No hay sino un problema filosófico realmente serio: el suicidio. Albert Camus
El suicidio es el único acto fallido que no falla jamás, que siempre tiene éxito. Lacan
El suicidio es una solución permanente a un problema temporal. Mark Gold
Más de 800.000 personas se suicidan al año en el mundo según la organización Mundial de la Salud (O.M.S). En 2015 se convirtió en la segunda causa de muerte de personas de entre 15 y 29 años, aunque se puede producir a cualquier edad y en cualquier región del mundo.
El suicidio es ya la primera causa de muerte no natural en España, por encima incluso de los accidentes de tráfico. Muchas son las situaciones sociales que empujan al suicidio de un modo desesperante e innecesario, ya que nuestra organización social impuesta es abusiva, injusta y “sutilmente” autoritaria, donde se fomenta, por encima de todo, la competencia, el individualismo egoísta y el amor al dinero. Sometimiento económico, alienación, descomposición moral, cosificación. Esto se traduce en personas cada vez más aisladas, neuróticas, depresivas, monótonas, sin metas vitales propias, como seres prefabricados en serie para la producción y el consumo, y que muchas veces, al ser marginados de esa rueda tienen sentimientos de total inutilidad y de pesimismo respecto al futuro. Es lo que Ronald Laing definiría como “jaque mate social”, es decir, una insostenible situación social a la que ha sido conducido un individuo cuando se le limitan las opciones hasta la extenuación. Para Laing, en estos casos, solo quedaría la locura o la muerte. El suicidio sería como una patología social que indicaría la degradación social existente en nuestro mundo globalizado e hipercapitalizado.
Según el I.N.E (Instituto Nacional de Estadística) cada día se suicidan más de 10 personas en España. La tasa media nacional de suicidios se sitúa en torno a 8,35 suicidios por cada 100.000 habitantes. Soria (18,2 suicidios por cada 100.000 habitantes) y Segovia (10,67 suicidios por cada 100.000 habitantes) son las provincias con mayor tasa de suicidios, seguramente por su baja densidad de población. Entre Córdoba, Granada y Jaén existen tres pueblos (Alcalá la Real, Priego e Iznájar) con la más alta tasa (26,6) de suicidios de España. Según estudios del INE, desde el inicio de la crisis el suicidio subió de 2007 a 2009, descendió en 2010 y a partir de entonces comenzó a aumentar cada año. De 2007 a 2014 el número de suicidios ha crecido en 647 personas, un 20% más desde el inicio de la crisis económica. En el año 2013 se suicidaron 3.870 personas, y en el 2014 fueron 3.910 personas. …
Según la Plataforma de Afectados por la Hipoteca (PAH), el 34% de los suicidios es resultado de desahucios. Afirman que la relación que existe entre suicidio y desahucio no es visible ni aparente y es complicado, en algunos casos, relacionarlos explícitamente; es decir, no se puede hablar de una relación causa-efecto directa. Los datos del INE muestran poca coincidencia de muertes por suicidio con los ciclos económicos, aunque esta afirmación sea algo reduccionista, ya que por ejemplo, en 2010, después de unos años de crisis y recortes, se produjo la tasa más baja de suicidios en 17 años. Habría que señalar que a partir de 2011 el INE incorporó los datos de los Institutos de Medicina Legal que antes no se contabilizaban, produciéndose desde entonces un aumento medio de más de 400 casos de suicidios anuales, sin los cuales se tendrían ahora unas cifras parecidas a las de los últimos 20 años.
El suicidio también es la primera causa de muerte entre los jóvenes en España. Existen más casos de suicidio entre los jóvenes que entre personas de mayor edad. Los factores de riesgo más comunes suelen ser el acoso escolar, haber sufrido abusos sexuales, una identidad sexual no asumida por la presión social o el consumo de alcohol y drogas reiterado (posiblemente esto sea más una consecuencia de un problema más profundo que un factor de riesgo). Resulta sorprendente que gente con toda su vida por delante y con posibilidades de poder reaccionar y dar un vuelco a su situación, en vez de reconducir su vida aboque por quitársela. Las situaciones tienen que ser duras, y de difícil comprensión para las que no las sufren y padecen.
El suicidio, según las estadísticas, se da más en hombres que en mujeres. Existen más suicidios consumados en hombres que en mujeres (2.938 hombres y 972 mujeres en 2014), aunque las mujeres protagonizan más tentativas. El caso de los hombres se podría explicarse por una mayor impulsividad biológica por el factor hormonal y por otros factores psicológicos como expresar menos sus emociones o tener menos redes de apoyo exterior que suelen dar una mayor fortaleza psicológica y resistencia[4]
Tampoco el suicidio es un problema de salud mental como tal, es más un problema de salud existencial, de vacío, estrés, de no poder dirigir sus vidas y de entregárselas a la política profesional, de ser seres vendidos a la máquina productivista tecno-industrial y a su amo el dios dinero. No tienes que ser un enfermo mental para matarte, es más, la mayoría de la gente que se suicida no está legalmente “loca”, ahí es donde surge la paradoja. La sociedad-mercado que nos oferta y condiciona a ser meras piezas de la máquina capitalista, va moldeando nuestras emociones, instintos, conductas, sentimientos a su imagen y semejanza para transformarnos en seres ultradependientes del Estado y el capital, lo cual eso sí que es verdaderamente enfermizo o diabólico. Cuando se nos margina o excluye y entramos a formar parte de los marginados del Sistema se rompen nuestros esquemas personales y sociales que dan paso a una sensación de decepción, tristeza, infravaloración o depresión, ya que todas las ilusiones inculcadas de triunfo y bienestar por la sociedad de consumo se ven abocadas al fracaso y con ellas al derrumbe existencial y vital.
Pero, ¿es necesario buscar una razón para vivir?, ¿no sería más cierto lo contrario? La vida tiene en sí misma su sentido, su fuerza imparable, sus posibilidades, acontecimientos inciertos y futuros distintos que nos hace pensar que la autodestrucción es la ultimísima salida que se nos vendría a la cabeza. Alguien dijo que un suicida consumado es un rebelde desaprovechado. Su valor queda malgastado para mejores labores. El suicidio es un arma en las manos de cada una, un instrumento de todo o nada a nuestro servicio. No simplemente podemos considerarlo como el desencadenante de una enfermedad o del final de un proceso patológico, pues no suele serlo. Siempre creemos que hay que estar “loco” para acabar con tu propia vida, lo único que realmente tienes tuyo, pero tal vez este mundo tan deshumanizado, tan alienante y masificado haga que la vida para algunas personas no merezca la pena ser vivida, sea un infierno, una agonía constante que haga parecer la muerte como única salida al sufrimiento constante. Nuestro mundo decadente no parece que vaya a despertar de ese sueño autodestructivo que los dirigentes y poderosos nos han sumergido. La locura acumulativa, la devastación de la naturaleza y las ansias de poder nos abocan al sinsentido más grande que ha padecido la humanidad. No nos puede sorprender que existan personas que, por distintas circunstancias, pretendan acabar con su agónica existencia. Pero, pese a todas las contradicciones, es necesario que podamos decidir sobre nuestra vida y nuestra muerte, pues es lo único que realmente nos pertenece. El suicidio es en sí un acto contradictorio, paradójico y extravagante: de odiar y amar.
(18) El uso masivo de psicofármacos está tan arraigado en las sociedades consumistas gracias a la falta de apoyo comunitario entre la gente por el fuerte individualismo que impera, ya que la falta de empatía y la atomización social conllevan una mayor dependencia y confianza del Estado y de los estamentos medico-farmacéuticos. Tampoco existen muchas alternativas autogestionadas y alejadas del uso de psicofármacos, y para muchas personas acaba siendo más sencillo y práctico medicarse para aliviar su sufrimiento sin tener que recurrir a nadie más que a su psiquiatra o médico de familia. También los círculos cercanos de las personas con cualquier problemática mental suelen alejarse de esta, ya que la consideran en ciertos casos como una carga o que simplemente no quiere aguantar sus lamentaciones o llantos.
Nosaltres som els veritables actors polítics que hem d’estar disposats a exigir responsabilitats i a exercir-les, atès que els que han de vetllar pel “bé comú” i protegir-nos de la depredació econòmica fa temps que han abdicat d’aquella qualitat que, segons Max Weber, havia de configurar un bon polític: l’ètica de la responsabilitat
… cal que la societat civil catalana, europea i mundial exigim amb contundència que aquesta “treva ecològica” (que malauradament estem pagant amb morts cada dia) serveixi per repensar i canviar de rumb. Nosaltres som els veritables actors polítics que hem d’estar disposats a exigir responsabilitats i a exercir-les, atès que els que han de vetllar pel “bé comú” i protegir-nos de la depredació econòmica fa temps que han abdicat d’aquella qualitat que, segons Max Weber, havia de configurar un bon polític: l’ètica de la responsabilitat, la que mira de fer possible el futur. Exigim-nos-ho també a nosaltres mateixos si volem que els nostres fills i filles “heretin la terra”.
No existe una Amazonia, sino muchas, pero para muchos ya es el nuevo Eldorado
Cementerio de Parque Taruma, en Manaos (Amazonia, Brasil), hoy ampliado por la pandemia del covid19
La Amazonia brasileña es uno de los lugares más peligrosos del mundo para campesinos sin tierra, ecologistas y, en general, para cualquiera que se oponga a un modelo de desarrollo basado en la destrucción de la naturaleza para producir commodities agrícolas, extraer mineral o talar madera de alto valor comercial. El Gobierno de Jair Bolsonaro parece ser uno de sus mayores aliados.
En el imaginario colectivo de la sociedad occidental, la Amazonia es un infinito manto verde dotado de una biodiversidad sin parangón y de una naturaleza tan ingente e indomable que, si no fuera por la implacable tecnología humana, sería todavía hoy, en pleno siglo XXI, una frontera infranqueable para nuestra civilización. Pensar en la Amazonia supone, de forma frecuente, evocar conceptos como los del pulmón del planeta, así comoindígenas salvajes que viven aislados en los rincones más inhóspitos de la jungla. En definitiva, se piensa todavía hoy que la Amazonia es un lugar donde la huella del hombre es, cuanto menos, modesta y contenida.
En la Amazonia brasileña se mata, se arrasa la selva, se emplean trabajadores como esclavos y se cooptan las estructuras del Estado de derecho
Según la organización no gubernamental Global Witness, que desde el 2012 monitorea el asesinato de activistas y ecologistas en el mundo, Brasil fue durante seis años seguidos el país más letal para los defensores del medioambiente y de los campesinos sin tierra. El gigante sudamericano sólo perdió su deshonroso cetro el año pasado, cuando Rodrigo Duterte, el polémico presidente de Filipinas, le arrebató para su país el primer puesto en la lista .
“Desde la década de 1970, oleadas de colonos pusieron coto a tierras públicas, a menudo unas encima de otras, lo que resultó en una maraña de reivindicaciones solapadas y contrademandas. Más aún: en gran parte, los colonos trazaron sus reivindicaciones de propiedad en ausencia de las agencias estatales que las reconocerían definitivamente [las propiedades]. Como resultado, en buena parte de la Amazonia rural, campesinos y grandes terratenientes han improvisado un sistema coloquial [vernacular] para controlar, requerir y vender tierra que opera en gran medida fuera de la aprobación oficial”.
Entre 1985 y 2017, la CPT contabilizó 1.438 casos de asesinatos vinculados por el control de la tierra en Brasil. Un 45% se produjeron en la región amazónica. Del total, apenas 35 fueron juzgados y, de ellos, sólo 20 terminaron con una condena judicial para los mandantes de los crímenes, quienes frecuentemente son poderosos terratenientes que subcontratan el asesinato a pistoleros a sueldo. El precio de la muerte se fija en función de la notoriedad social de la víctima. …
Acabé col, lechuga, brócoli, tirabeque, haba, y en abril plantamos tomate, berenjena, pimiento, calabaza, pepino, melón, sandía: por eso el decreto de confinamiento cometía un crimen al impedir acudir a los huertos.
El Gobierno rectificó rápido. – Pero evidenció su urbanocentrismo. Qué error, el desdén a la agricultura en España.
Se viene hablando de la España vaciada. – Pues lo grave es la España apiñada. Todos en ciudades, ¡qué peligro!: nos hace vulnerables. Las comunidades rurales son más resilientes, también, ante la pandemia. …
Los monocultivos agroindustriales invaden territorios, desplazan y concentran animales silvestres que incuban virus.
¿Culpa de esta pandemia del coronavirus a los monocultivos? – La diversificación local es más saludable que el monocultivo. En Catalunya producimos miles de cerdos en enormes granjas para exportar a China en su 60%.
Unos colmeneros cambiaron de sitio sus abejas, el año pasado… y yo obtuve menos hortalizas. Claro: con menos abejas, menos polinización.
¿Son aquí los huertos como en otras partes del mundo? – Me enamora la milpa de Centroamérica, simbiosis de tres plantas: maíz (vertical: mira al cielo), frijoles (trepa por los tallos del maíz) y calabaza (repta, protege el suelo, retiene su humedad). ¡Milenios de sabiduría!
Sólo el 4% de la población es campesina en España, y sólo el 1% en Catalunya. Es deplorable, lastimoso. Por suerte, aún el 15% de la población mundial se alimenta de su propio huerto: es un autoconsumo autosostenible.
Barcelona, capital mundial dels mòbils que amaguen al seu interior violència, guerra i destrucció
La mina d’or més gran de República Centreafricana a Ndassima (Bambari) s’explota, com la majoria de mines del país, de manera totalment artesanal. L’extracció funciona sota la mira dels fusells rebels. / GEMMA PARELLADA
Minerals, que surten de la guerra, travessen quilòmetres i capes digitals, sigil·losament, i arriben a la nostra tauleta de nit, sense que siguem conscients del que tenen al darrere. La gran paradoxa del món hiperenllaçat d’avui és que els aparells intel·ligents que fan possibles les connexions gairebé permanents no ens connecten al Congo, l’indret que conté el secret del seu funcionament.
A finals dels anys 90, van ser els ‘diamants de sang’ de Sierra Leone i Angola, els que, per primera vegada, van cridar l’atenció de l’opinió pública. Els ‘ minerals de sang’ de la nostra era 2.0 són, en canvi, quatre minerals que surten del Congo i que són imprescindibles perquè funcionin ordinadors, tauletes i telèfons mòbils –a més de bombes o aparells mèdics–.
Les propietats úniques d’aquest mineral rar l’han convertit en estratègic, el més valuós de la nostra era, i el Congo, que té al seu sòl el 80% de les reserves mundials, està pagant un preu brutal per les pressions de la geoestratègia: 5 milions de morts. 15 anys de guerra. I cap perspectiva de pau.
L’equació és senzilla: sense el Congo no hi ha mòbils. Però entre les allaus de piulades, ‘posts’ i ‘hashtags’ és rar (com el tàntal), trobar-hi el Congo. D’una tomba de 5 milions de morts surten aquests aparells que, a tots, ens envolten cada dia.
‘Diamants de sang’: de DiCaprio a la República Centreafricana (RCA)
El mirall dibuixa tant les arrugues que es resisteixen al maquillatge com els diamants que espurnegen penjats. La clienta, a una polida joieria d’un carrer noble de Barcelona, no sap on cau la República Centreafricana. És lluny. A l’Àfrica. A molts quilòmetres i més mons de distància. L’or fos en anells i agulles es mira també els clients. Els de la República Centreafricana són entre els millors diamants del món. Estan encara mig embargats, però no han deixat de circular. Si parlessin, les pedres s’explicarien les seves trifulgues, els seus llargs viatges.
L’Ibrahim passeja la seva corpulència dins un bubú blau marí. Els vidres escapçats col·locats sobre el mur de fang no el protegiran de les bales que ens van encerclant. Potser sí els milicians que s’asseuen a la porta.
La RCA té una esplèndida selva tropical, malària de la més cruel i, si la ressegueixes, et duu fins al desert. És al cor de l’Àfrica i, des de fa pocs anys hi batega fort un nou i sagnant conflicte. Matxets, amputacions, masses de cadàvers. Té pinzellades de Ruanda, escenes del Congo i ha tornat a accionar l’alerta roja dels ‘diamants de sang’. És el relleu de Sierra Leone –allà on se situa la pel·lícula que porta la problemàtica a la gran pantalla, amb un DiCaprio transformat en mercenari sud-africà–. L’Ibrahim és un dels grans diamanters del país. Els líders rebels li sopen a casa. Ens coneixem el mes de maig del 2014, a la ciutat vermella de Bambari, quan fa exactament un any que han embargat els diamants a la República Centreafricana.
De buscar pedres brutes, a vestir pedres precioses
La República Centreafricana depèn dels diamants. Abans de l’inici de la guerra, el 50% dels ingressos de les exportacions tenia segell de diamant. I un quart de la població en viu. El maig del 2013 –dos mesos després que enderroquin al president– la RCA és suspesa del procés de Kimberly, el sistema de certificació que distingeix els diamants nets de conflicte, però, independentment de papers i certificats, el flux no s’atura. Passa de comerç a contraban.
L’ONU calcula que durant els 18 primers mesos que segueixen a la prohibició, 140.000 quirats surten il·legalment del país: 24 milions de dòlars. Diners que van per la via directa a les milícies, que són matances. La guerra deixa el país dividit en dos: a l’oest, els guerres Antibalaka. A l’est, els ex-Séléka. A ambdues bandes hi ha diamants.
Quan el país comença a esberlar-se la premsa internacional ho descriu com una rebel·lió de la població musulmana. Els centreafricans en diuen la “revolta dels diamanters”.
“Ja no m’hi dedico”, em diu l’Ibrahim. “El perquè d’aquesta guerra són els recursos, com sempre al nostre continent. ¿Què et penses que hi fan aquí els francesos?
França ordena una intervenció militar a la República Centreafricana hores abans que mori Nelson Mandela, a l’hivern europeu del 2013. “¿Qui es creu encara que han vingut a protegir-nos?”, diu l’Ibrahim. A la mesquita de Bambari, els joves, arcs i matxets a punt, tampoc se’n fien de les tropes gales. “Han pres partit”, diu el seu portaveu, “ens defensarem per nosaltres mateixos”. Hores després, quan comença a tronar la violència, els bàndols són dos: militars francesos i joves musulmans.
L’amfiteatre d’or no està embargat
Ara els diamants centreafricans tornen a ser al mercat legal. Però no tots. Kimberly ha aixecat parcialment l’embargament: només per als que provenen de l’oest.
Tampoc estan prohibides totes les matèries. L’amfiteatre brillant de Ndassima és la mina d’or més gran del país. El primer control rebel que envolta el gran forat, cavat artesanalment a cop de pic i pala, és a l’antiga seu d’una empresa estrangera. L’or no l’han prohibit. El soldat que ens assignen per a la visita té el timbre agut dels que no han canviat la veu. Deixa l’arma a la garita de l’entrada i s’endú només una corda i uns auriculars sense fil. La música el transporta a Bollywood.
Mandela, Noemi Campbell i unes “petites pedres brutes”
Any 1997, sopar de gala a la bella Ciutat del Cap. L’amfitrió és Nelson Mandela. Entre els cèlebres convidats hi ha la model Noemi Campbell i l’expresident liberià, Charles Taylor –actualment condemnat per de crims de guerra comesos a Sierra Leone–. Taylor, a més de reclutar menors i cometre violacions diverses, canviava diamants per armes.
Després de la gala, Campbell dorm –segons declara a la justícia– quan dos homes truquen a la porta. “Un regal per a vostè”. Eren “unes pedres brutes”, descriu Campbell: diamants procedents de Taylor, de Sierra Leone, que finalment, acaben al Fons per als Infants Nelson Mandela.
“Espòiler: s’imposarà no encendre el llums de l’habitació com fins ara, perquè Joan Carles de Borbó obria mercats a empreses espanyoles que es beneficiaven de les seves gestions”
El govern espanyol continua sense saber com comunicar enmig de la crisi. Ahir, a El País, van entrevistar la vicepresidenta quarta, Teresa Ribera, i ja veuen vostès el titular: “España está en la gama alta de éxito, otros han recomendado beber lejía”. L’afirmació és tan poc congruent amb la realitat que el mateix periodista li pregunta: “Si Espanya va reaccionar abans, ¿per què tenim més morts per habitants que ningú?”
La resposta és una excusa, que ara sí que s’ha vist que el virus ja era a Madrid i a altres lloc al febrer.
Sembla que sí, perquè li pregunten per què Portugal té unes dades tan bones i contesta: “Portugal va parar abans. [El virus] venia de l’est i ells estan una mica més a l’oest”. Com diu avui l’Àlex Gutiérrez, venen ganes de sortir fugint cap a l’oest o cap on sigui.