A la cimera de la biodiversitat de Mont-real es vol aconseguir que es prohibeixin i que els diners es destinin a protegir el medi i frenar la crisi climàtica
Una vista aèria mostra un arbre mort en un bosc de l’Amazònia (REUTERS/Amanda Perobelli)
Cada any es financen activitats que són perjudicials per a la natura amb subvencions que arriben a 1,8 bilions de dòlars amb diners públics a tot el món, xifra que suposa el 2% del PIB mundial.
Dels 1,8 bilions de dòlars gastats cada any, la majoria financen l’extracció de combustibles fòssils; en concret, se’ls dona quatre cops més diners que els destinats a combatre la crisi climàtica, però també es paga per sistemes agrícoles destructius de la biodiversitat, la desforestació, la pesca insostenible que contribueix a l’esgotament de les espècies, la construcció o el transport.
📣 Reforming environmentally harmful subsidies would unlock business opportunities and incentivize companies to pursue #NaturePositive models.
El 90% dels ajuts a l’agricultura fan empitjorar l’escalfament global i augmenten les desigualtats excloent els petits agricultors, que sí que fan agricultura sostenible.
També es donen subsidis per a la desforestació de l’Amazones, per exemple, per produir farratge per a animals de granja.
Resistència a eliminar aquestes subvencions
A la COP15 de biodiversitat de Mont-real es vol aconseguir que es prohibeixin i que els diners es destinin a protegir la natura i frenar la crisi climàtica.
En declaracions a TV3, la ministra de Medi Ambient de Xile, Maisa Rojas, apunta que hi ha molta resistència a canviar el sistema econòmic.
“Aquests subsidis existeixen perquè ens hem muntat una estructura econòmica els darrers 100 anys que ho permet i per això hi ha moltes resistències a eliminar-los, perquè ens fiquem al cor del nostre sistema econòmic.”
L’any 2010 es van fixar els objectius per a la biodiversitat per al 2020, els coneguts com a objectius d’Aichi, i ja es va incloure aquesta qüestió. Lucía Ruiz, coordinadora de biodiversitat de WWF, explica que es persegueix des de fa anys, però que no s’acaba d’aconseguir.
“Els objectius d’Aichi es van comprometre a atendre i eliminar per complet per al 2020 els subsidis nocius per a la biodiversitat. I aquests objectius no s’han aconseguit.”
El document final estableix el propòsit d’eliminar gradualment les subvencions nocives per a la biodiversitat fins a arribar, el 2030, a una reducció de 500.000 milions de dòlars a l’any.
El Col·lectiu Ronda y el Sindicat de Llogateres sientan por primera vez a un fondo buitre en el banquillo por la inclusión de una serie de “cláusulas abusivas” en el contrato de una vecina de Granollers cuyo alquiler subió de 385 a 897 euros.
Silvia Torres lleva casi seis años viviendo en un piso en Granollers (Barcelona) que al principio le costaba 385 euros mensuales. El propietario era Banco Sabadell, pero cuando faltaba poco para acabar el contrato, el banco lo vendió al fondo buitre Azora. Si quería renovar y quedarse en su casa, la empresa notificó a Silvia que su alquiler subiría a 690 euros en los siguientes tres años, y a 897 euros los cuatro que quedarían hasta su finalización. “Yo era consciente de que habría una subida, pero triplicar el alquiler es otra cosa. Este piso no lo vale”, explica Silvia por teléfono a Público.
Todo el proceso de renovación estuvo marcado por la “poca transparencia” del fondo. Silvia no pudo ver el contrato hasta el día de la firma, y tampoco podía sacarlo de la oficina si no era firmado. Ya sellado, lo llevó a un abogado, que constató que había una serie de “cláusulas abusivas” y estaba “totalmente desequilibrado” en cuanto a las obligaciones de arrendador y arrendatario.
Por eso Silvia, junto con el Col·lectiu Ronda y el Sindicat de Llogateres, ha sentado a Azora en el banquillo de los acusados en un juicio pionero que se llevó a cabo en noviembre y que ha quedado visto por sentencia. “Coger las maletas y marcharse sería lo más fácil, y es lo que tuvieron que hacer otros vecinos. Pero pensé que esto era una injusticia y que había que denunciarlo”, explica la demandante.
Hace más de dos años que interpusieron la demanda, pero el proceso se ha alargado más de lo habitual debido a la pandemia. El juicio ha llegado en un momento en el que los precios de los alquileres están en máximos históricos mientras el Gobierno debate si regularlos o no.
La abogada Montse Serrano (izquierda) junto a la denunciante, Silvia Torres. FOTO CEDIDA POR EL SINDICAT DE LLOGATERES
Este juicio podría marcar un precedente ante unos abusos inmobiliarios que no afectan sólo a Silvia, sino también a miles de arrendatarios de Azora y otros fondos buitre, propietarios de buena parte de los pisos de alquiler a raíz de su entrada en el mercado de la vivienda posterior a la crisis de 2008. “Son muchos los contratos de arrendamiento en manos de estos fondos, y si no se paran estas prácticas, se pueden ir generalizando”, advierte en una llamada con Público Montse Serrano, abogada del Col·lectiu Ronda. De este juicio esperan que salga una sentencia que pueda disuadirles a la hora de incluir este tipo de cláusulas.
Hasta diez cláusulas “abusivas” y “fraudulentas” No se trata sólo de la subida del alquiler. Los colectivos han denunciado hasta diez cláusulas “abusivas y fraudulentas” incluidas en el contrato de Silvia que denuncian que atentan contra los derechos de los inquilinos. Una de ellas es, por ejemplo, que el inquilino deba asumir el seguro de impago.
También que se declare que el contrato ha sido negociado libremente entre ambas partes, cuando Silvia no pudo siquiera acceder al texto antes de su firma. La posibilidad de que se queden la fianza, el cobro de una penalización muy alta por la demora en el retorno de las llaves o la autorización para incluir al inquilino en el registro de morosos son otras de las cuestiones.
“Se trata de cláusulas que pueden ser nulas, y sucede en mayor medida en fondos buitre porque no hay capacidad de negociación“, sostiene Serrano. “No tuve opción de negociar nada ni hablar con ningún interlocutor”, confirma Silvia.
Se trata de unas prácticas que normalmente no se denuncian por los costes que supone, a distintos niveles, y el sector inmobiliario lo sabe: “Si son abusos que no tienen gran relevancia económica, piensan que habrá arrendatarios que no lo tirarán por la vía judicial”. Esto hace que se sigan aplicando: “Animamos a que se denuncien estas prácticas porque es la manera de erradicarlas”, afirma Serrano.
Ronda está preparando ya otras demandas similares. No saben cuándo saldrá la sentencia, pero están satisfechas con el desarrollo del juicio: “Las sensaciones son buenas, porque estoy convencida de que tenemos razón”, dice la abogada.
Si se gana el juicio, se anularán las cláusulas abusivas de Silvia y no se podrá efectuar la subida de enero, debiendo también devolverle la cuota del seguro de impago. Pero lo importante es la posibilidad de que genere un precedente de cara a la firma de nuevos contratos. “Estas empresas juegan con el desconocimiento de miles de personas sin recursos, pero yo no quiero pasar por el aro. No pido un regalo, reclamo un precio coherente y según el precio por metro cuadrado”, concluye la inquilina.
Documental producido y dirigido por Oliver Stone, realizado en 5 países de Latinoamérica con entrevistas a ex y actuales presidentes, tales como Hugo Chavez, Lula da Silva, Cristina Fernandez de Kirchner, Rafael Correa, Evo Morales, Néstor Kirchner, etc.
La cinta examina asimismo las políticas económicas de libre mercado favorecidas por los gobiernos de Estados Unidos y el Fondo Monetario Internacional durante los últimos años, y cómo estas han favorecido las grandes disparidades económicas de los países latinoamericanos.
Sugiere asimismo que la colapso del peso argentino en 2001, junto a las sospechas de los planes de erradicación de narcóticos y el descontento por la venta de los recursos naturales a las multinacionales, también han contribuido en la región al ascenso de líderes socialistas y socialdemócratas.
Taiwán, siempre presente en la prensa, es, pese a las múltiples dificultades de todo tipo que afronta (aislamiento diplomático, falta de recursos naturales, urbes con altísima densidad de población, alta sismicidad, orografía y clima complicados) una sociedad moderna y próspera, es una potencia económica. Disfruta de una renta per cápita de 33,775 $, superior a la española, y tiene un endeudamiento de solo el 32,6% del PIB. Como contó Pablo Diez hace unos días en ABC, Taiwán es el líder mundial indiscutible en semiconductores, tanto en porcentaje de mercado como en posesión de la tecnología más avanzada en este campo.
Hay por tanto que preguntarse el porqué de este éxito. Es siempre una buena práctica inspirarse en lo que funciona y no en lo que fracasa. Hay que emular en vez de envidiar. Su éxito se fundamenta en una buena estrategia a largo plazo construida sobre pilares sólidos, que comentamos a continuación.
Es un hecho muy desconocido la gran influencia que posee en Taiwán el think tank, con sede en New York, Intelligent Community Forum.Taiwán aplica desde hace años sus recomendaciones. Quince de sus veinticuatro ciudades y condados han sido ya reconocidos con los premios que este foro otorga cada año. New Taipéi, con casi cuatro millones de habitantes, ha sido reconocida como Comunidad Inteligente de 2022. Su alcalde Hou Yu-ih acaba de ser reelegido con el 62% de los votos y se vislumbra como candidato a la presidencia en las elecciones que se celebraran en catorce meses. En 2019 fue premiada Taoyuan con una población de dos millones y medio de personas.
Este foro de pensamiento promueve una metodología para construir sociedades más prósperas basada en cinco más un indicadores. Considera que para construir una sociedad de éxito hay que desplegar infraestructuras, promover la educación y el talento, la innovación, la equidad y la sostenibilidad y resiliencia, todos estos aspectos bajo el paraguas del liderazgo y el buen gobierno, el sexto indicador.
De los seis aspectos sin duda el más importante y el que tiene un efecto más contundente y a más largo plazo es la educación, la creación de talento. La mejor definición del país me la dio el profesor Shiann- Far Kung de la National Cheng Kung University de Tainan: “los taiwaneses lo único que poseemos es nuestra inteligencia”. Es obvio que la usan mucho y muy bien. Taiwán es sin duda un ejemplo del éxito de la inteligencia como medio para sobrevivir y prosperar superando dificultades y adversidades de todo tipo. Las comunidades humanas fracasan cuando ni cultivan ni usan la inteligencia de sus ciudadanos. Se precisa educación exigente que estimule a las personas a desarrollar sus capacidades, a adquirir conocimientos y hacer suyos valores sólidos como la laboriosidad, la colaboración, el respeto a la autoridad. Una educación que presente un equilibrio entre actitudes y aptitudes.
También hay que destacar que la sostenibilidad es un campo mucho más amplio que el mero cuidado del medioambiente, debe incluir el mantenimiento de los valores raíces que hacen resiliente a una comunidad. Taiwán mantiene y cuida los valores de la China milenaria.
Taiwán es un claro ejemplo de que la inteligencia y los valores prevalecen frente a las riquezas naturales en la construcción de una sociedad próspera. Es un buen referente en el que inspirarse. En España hacemos todo lo contrario disminuir el nivel educativo, de reforma en reforma, desde hace 40 años y menospreciar e ignorar nuestros valores. Precisamos un cambio de tercio.
Artículo publicado en ABC el 25 de diciembre de 2022
Els cinquanta principals noms de l’esclavisme català
Sàpiens publica un dossier dedicat al comerç d’esclaus, una activitat en què els catalans també hi van participar. Catalunya no va ser cap potència negrera, però la implicació dels catalans en l’inhumà comerç transoceànic no va ser menor. És més, parlant en termes històrics, Catalunya ha estat un territori molt vinculat amb l’esclavitud.
A la revista trobareu els reportatges del dossier i, al web, els cinquanta principals noms de l’esclavisme català. Els hem classificat en tres categories:
capitans de vaixells negrers,
propietaris de factories a Àfrica -uns centres esclavistes dirigits per europeus que servien per proveir de captius amb més facilitat i rapidesa els vaixells d’esclaus-
i propietaris d’ingenis, finques colonials iberoamericanes amb instal·lacions per processar canya de sucre amb l’objectiu d’obtenir sucre, rom, alcohol i altres productes.
La periodista de izquierdas ha sido calificada de reaccionaria por un discurso que dio el pasado sábado en La Moncloa
El 22 de agosto de 2019, en la revista Vice, en la que trabajaba antes de irse a la calle tras sufrir el tercer ERE de su vida profesional, Ana Iris Simón Cuesta (Campo de Criptana, Ciudad Real, 29 años) escribió un artículo titulado “Crecí en una familia de feriantes en la España de los ochenta” que fue extraordinariamente leído. Lo leyeron también las periodistas Jimena Marcos y María Jesús Espinosa de los Monteros, que escribieron, deslumbradas, a la editora Eva Serrano, de Círculo de Tiza.
“Deberías leer a esta chica”, fue el mensaje que recibió Serrano junto al enlace. Serrano telefoneó a Ana Iris Simón y quedó con ella. “Me pareció una niña duende, muy morena, muy femenina, que hablaba de cosas que parecían mágicas”, dice la editora al teléfono. Acordaron una suerte de continuación de aquel artículo viral en Vice, y Serrano comenzó a recibir, a ritmo lento, textos de la escritora sobre la feria y la vida en la feria. Hasta que cesó abruptamente y estuvo varios meses sin enviar nada.
La razón era que se había muerto su tío Hilario y después, de pena, su abuela Mari Cruz, y aquello fue el detonante para que las dos, editora y autora, retomasen el libro volcándolo directamente en su familia a partir de una lección del fallecido Hilario: seguimos vivos y cerca en las historias que nos contamos. Aquello se llamó Feria y no es la biografía de los Simones y los Bisuteros, como son conocidas las dos ramas familiares de la autora, sino que estos, y La Mancha, se utilizan para vertebrar un ensayo recibido primero con euforia, como los éxitos discretos, y después con violenta división de opiniones, como los éxitos masivos. Esta semana, en la plataforma Amazon, Ana Iris Simón ha sido la autora más vendida de España, por encima de la superventas María Dueñas, que acaba de publicar Sira, la continuación de El tiempo entre costuras.
¿Por qué? El 20 de mayo Ana Iris Simón recibió una llamada de La Moncloa. ¿Le apetecería participar en un acto con el presidente del Gobierno sobre retos demográficos y la iniciativa España 2050? Dijo que sí. “¿Pero a ti por qué te llaman?”, le preguntó su madre, la Ana Mari. Ana Iris Simón se puso a escribir un discurso que es, básicamente, un resumen del primer capítulo de Feria (Círculo de Tiza, 2020), el libro que la ha puesto en boca de todo el mundo, y cuando terminó recordó que no tenía impresora.
En casa de un amigo, aprovechó para preguntar qué le parecía lo que había escrito. “¿Me paso?”. No, le respondió. El sábado 22 se presentó en el acto embarazada de ocho meses largos y dijo: “Está muy bien ayudar a empresas ecológicas y ponerle wifi al campo. Pero no habrá agenda 2030 ni plan 2050 si en 2021 no hay techo para las placas solares porque no tenemos casas, ni niños que se conecten al wifi porque no tenemos hijos”. También: “Se me ponen los pelos de punta cada vez que se habla de necesitar inmigrantes que nos paguen las pensiones, como si fueran divisas. Emigrar fue un trauma para mi abuelo en los setenta y para mis amigos en 2008, y mientras les pedimos a los inmigrantes que paguen nuestras pensiones, no les estamos permitiendo pagar las de sus padres ni las de sus abuelos en sus países de origen, y eso me suena a robarle la mano de obra a los que hace siglos les robamos el oro”.
“¿Autoficción neofascista o reivindicación de lo comunitario?”, tituló un artículo eldiario.es. “¿Falangista o de izquierdas sin tonterías?”, planteó El Español. Ana Iris Simón genera, sobre todo, preguntas. En su libro, de 220 páginas, sus detractores señalan varios pasajes en los que supuestamente la autora enseñaría la patita, como uno en el que, de adolescente, una amiga suya punk escucha a Estirpe Imperial, grupo neonazi, y a Simón le gusta una canción, Primavera, porque le parece “muy bonito eso de que un ángel fuera cabalgando con brío y valor, y de que le cantaran a una patria que echaban de menos desde la lejana y gélida Rusia”; otro cuando le escribe a su futuro hijo que casi nadie entendió El Quijote salvo Ramiro Ledesma Ramos, “el joven Ramiro, que por gracia de Ortega se enamoró de su fulgor y su brío y quiso requijotar España. Pero esto no te lo diré, lo de Ledesma Ramos, no porque seas pequeño ni porque vaya a ser que te líes, porque serás un chico listo, sino porque te dejaré descubrirlo”.
Más allá de eso, el verdadero debate de Feria es el espíritu que impregna todo el libro y el que puso su autora sobre la mesa en La Moncloa. ¿Vivimos peor que nuestros padres? Ana Iris Simón cree que sí. Voces a derecha e izquierda creen unas que no y otras que sí. “Lo que ha pasado con Feria”, dice a EL PAÍS, “es lo mismo que ha pasado con Díaz Ayuso, que está en mis antípodas ideológicas: que decimos lo que se oye en el bar”. Simón se considera de izquierdas (“mi posición es la de Podemos de 2015: el pueblo contra la casta”) pero cree que el eje izquierda/derecha lleva a la inmovilidad “y a un bipartidismo de bloques con el que el 15-M quería romper”.
Cuando salió de La Moncloa hacia Aranjuez, donde vive, su nombre ya estaba en todos los titulares. “Esperamos que no te hayas arrepentido de haber venido por la que se ha liado”, le dijeron dos representantes del Gobierno. Dijo que no. ¿Y de algunos pasajes de Feria se arrepiente?, le pregunta este periódico. “No”, responde. “Mucha gente que ha leído Feria y ahora lee algunas interpretaciones debe de sentirse gilipollas. ¿Leí un libro falangista, neofascista?”. Su padre, comunista como su abuelo y su bisabuelo, le escribió un wasap en 2019 acerca de la conveniencia de la palabra “patria”: había dado con una carta del bisabuelo represaliado escribiéndole a su hijo sentir estar exiliado de su patria. “El relato lo hacemos nosotros o lo hacen otros. Imaginario, yo no sé, llámame escéptico. Y también eso lo dudo. El imaginario lo creáis los que sabéis escribir. A los demás se nos olvida”.
Una cinta transportadora atapeïda de samarretes, pantalons o vestits que algú ha descartat de l’armari. Milers de peces de roba passen cada dia per davant dels ulls de la Sete, una de les treballadores de la planta de tractament de residus tèxtils que té la Fundació Formació i Treball (depenent de Càritas) a Sant Esteve Sesrovires. A les instal·lacions hi arriben les tones de roba i calçat que surten dels contenidors taronges de l’entitat Roba Amiga on, amb sort, van a parar els residus tèxtils quan els seus propietaris en donen per acabada la vida útil. Cada dia passen per les cintes transportadores unes 130.000 peces de roba, l’equivalent a 35.000 quilos. Ella en fa una ràpida inspecció ocular i una primera tria: el cotó, a la pila del cotó; els sintètics a una altra caixa; les peces infantils separades de les d’adults, i els complements, en un altre compartiment.
El destí del 50% d’aquestes peces és la reutilització, tot i que només el 5% acabarà en alguna prestatgeria de les botigues de segona mà de Roba Amiga, entitat sota el paraigua de Càritas que ha substituït el punt d’entrega social que abans hi havia a la parròquia i que ara és obert al públic general. La majoria d’aquesta roba reaprofitable, però, s’exportarà, principalment als països de l’Àfrica, “perquè aquí falta múscul per poder trobar-li una sortida”, admet Albert Alberich, director de Moda Re-, la cooperativa que han constituït 42 Càritas d’Espanya i que aglutina empreses d’inserció social que treballen en la recollida i gestió dels residus tèxtils. A banda de la de Sant Esteve, Moda Re- nodreix dues plantes de triatge més a València i a Bilbao. Alberich lamenta que la taxa de reutilització de roba i calçat avui a Espanya és “a anys llum” de la d’altres països europeus amb molta més tradició de mercat de segona mà. A més, alerta, cada cop més països africans, com ara Kènia i Ruanda, en tenen prou amb els seus mercats interiors i rebutgen la roba usada d’Europa.
El consum i el reciclatge de la roba
Els residus tèxtils a Catalunya. Dades del 2020
Alberich celebra que s’han fet passos endavant –fa 15 anys el 70% del que arribava a la planta de Sant Esteve acabava a l’abocador–, però el reciclatge real de bona part de les peces és el repte pendent. Avui, un 30% del que arriba s’orienta a alguna mena de reciclatge. Tradicionalment, s’envia a països d’Àsia per acabar convertit en draps o materials aïllants per a sectors com l’automoció, o de farciment de tota mena de tapisseries. Però, a poc a poc, la mateixa indústria de la moda es veu empesa a canviar i a apostar perquè els residus tèxtils tornin a convertir-se en roba. El director de Moda Re- explica que està emergint un sector industrial dedicat a fer que les peces tornin a ser primera matèria, convertides en fil reciclat que servirà per a futures produccions. Aquesta activitat, per bé que encara incipient, vaticina el director de Moda Re-, és el futur, i a Catalunya ja treballen tant amb alguns fabricants de fil reciclat com amb laboratoris tècnics, com el de la Universitat Politècnica de Catalunya, que fan recerca en teixits i demanen primera matèria a la planta de triatge.
La nova llei, una oportunitat
La realitat, però, és que les 40.000 tones de roba que tracten a les instal·lacions cada any són una petitíssima part del que acaba a les escombraries. A Catalunya, només el 10,6% de tot el tèxtil que es llença es recull en contenidors separats d’altres residus com els de Roba Amiga o altres operadors i, per tant, té l’oportunitat de ser reutilitzat o reciclat. D’aquí, però, també hi ha una part que acabarà al rebuig (en el cas de la planta de Sant Esteve, un 6% arriba sense possibilitat de ser aprofitat). En total, els ajuntaments recullen vora 166.000 tones de residus tèxtils que acaben, majoritàriament, al contenidor gris del rebuig i amb destinació final a l’abocador o a la incineradora, segons les dades de l’Agència de Residus de Catalunya (ARC). A Espanya, la xifra oficial és incerta, tot i que les estimacions calculen unes 800.000 tones de residus tèxtils a l’any només en postconsum, és a dir, sense comptar els excedents de producció que acaben, en molts casos, directament descartats.
LA PLANTA DE ROBA AMIGA DE SANT ESTEVE SESROVIRES TRIA 130.000 PECES DE ROBA AL DIA
El problema dels residus tèxtils ha crescut molt i molt de pressa a tot el món. Entre el 2000 i el 2015, les vendes d’indumentària s’han duplicat, avançant molt per sobre de l’augment del PIB mundial. En paral·lel, l’ús d’aquestes peces decau i els manaments del fast fashion s’imposen amb efectes insostenibles: quan llencem una peça de roba avui ens l’hem posada un 36% menys de cops que quan la descartàvem l’any 2000, segons un informe de la Fundació Ellen McArthur. La UE calcula que les compres de roba i calçat per persona han crescut un 40% entre el 1996 i el 2012 i l’Agència de Residus de Catalunya estima que avui cada ciutadà té a l’armari gairebé un 40% de roba que no s’ha posat ni un sol cop en l’últim any.
La legislació comunitària, i ara l’espanyola, comencen a reconèixer el problema. La llei estatal de residus que s’acaba d’aprovar estableix que a finals del 2024 serà obligatòria la recollida separada del tèxtil a tot Espanya, igual que es fa amb la del vidre o els envasos. També es prohibeix la destrucció dels excedents de producció, seguint els passos que ja han fet països com França.
A Sant Esteve, explica el director de Moda Re-, ja reben col·leccions i produccions descartades, ja sigui per tares o per algun altre problema. En bona part, són peces candidates a acabar a les botigues de segona mà pel seu bon estat i aparença: estan per estrenar. Alberich explica que fa poc han obert també un taller de sabates. El grup Inditex, per exemple, els va traslladar que tenien un problema amb les sabates amb tares o desaparellades i els va enviar un tràiler de material. Alberich recorda que a la planta van comprovar que amb paciència les parelles apareixien i que algunes tares (sivelles que havien caigut o petites esgarrapades a la pell) es podien resoldre o no impedien la venda de segona mà.
Un objectiu ambiental i social
El Luciano és un dels 110 treballadors de la planta de Sant Esteve Sesrovires, on la meitat de la plantilla són persones en risc d’exclusió social. S’encarrega de la recepció del material per al triatge, la seva “primera feina”, diu des de damunt del toro mecànic. Va arribar a la Fundació Formació i Treball de Càritas després d’un període molt fosc “de 24 anys de toxicomanies”. Va tocar fons, va dormir al carrer i durant cinc anys a l’aeroport del Prat, però se n’ha sortit, reivindica.
La Sete, des de la cinta de triatge, explica que fa sis mesos que treballa a la planta i que li acaben d’allargar el contracte. Compleix condemna a la presó i ve només unes hores, les millors del dia, assegura. Amb les seves companyes de feina riuen quan recorden les sorpreses que a vegades s’han trobat dins de les bosses de roba: “Un dia van sortir tot de joguines sexuals!” Al seu costat, una companya explica que la feina a la planta l’ha ajudat a regularitzar la seva situació a Espanya. Com ella, diu Alberich, unes 80 persones han pogut obtenir els papers.
Alberich celebra que, enmig dels canvis legals a Espanya, s’hagi aprovat l’esmena que va presentar Moda Re- a la llei per garantir que la futura recollida separada del tèxtil obligatòria prioritzi el paper que iniciatives socials com la de Càritas han estat tenint fins ara. Així, cada licitació que faci un ajuntament, diu la llei, haurà de reservar el 50% del mercat per a empreses d’inserció social o centres especials de treball. “A banda de l’objectiu mediambiental, a Moda Re- tenim una funció social i donem feina a persones en risc d’exclusió”, subratlla Alberich.
Comptant tota la cadena de recollida i gestió del tèxtil i també els punts de venda, el projecte de Moda Re- ja ocupa un miler de persones a tot Espanya. Compta amb una xarxa de 125 botigues que està creixent (aquest any se n’obriran vora una vintena). A la que acaben d’estrenar a Santa Coloma de Gramenet hi treballa la Maribel Gimeno, que explica com a poc a poc la clientela es va diversificant. “Quan entren per primer cop molts se sorprenen que el que tenim sigui de segona mà”, diu. A la botiga hi van també les famílies derivades dels serveis socials: “El que abans era l’entrega a la parròquia, ara es fa a la botiga, normalitzant així l’entrega social i erradicant l’estigma”, reivindica Alberich, que explica que aquestes persones només han d’ensenyar el QR de serveis socials al mòbil per endur-se la roba que han triat.
Entre les compradores habituals de la botiga de Santa Coloma hi ha l’Eva. “Hi trobo coses més barates i algunes de totalment noves; per què hi ha d’haver prejudicis amb comprar de segona mà?”, es pregunta mentre s’emprova un jersei que li costarà “només vuit euros”. A banda dels punts de venda propis, Moda Re- ha iniciat una experiència pilot en centres comercials Alcampo a Catalunya, que els cedeixen petits espais per vendre-hi les peces de segona mà. Una via més, confia Alberich, per anar ampliant un mercat que té “molt de potencial”.
Roba acumulada en un abocador al desert d’Atacama. CCMA
Cada any es recullen a Catalunya 166.000 tones de roba. La majoria es llencen als contenidors de rebuig i els residus tèxtils acaben incinerats o a l’abocador. Només el 10,6% dels teixits es recullen en contenidors separats i, per tant, hi ha alguna oportunitat que acabin reciclats o reutilitzats. Però el negoci de la roba no para de créixer. Entre l’any 2000 i el 2015 la venda d’indumentària s’ha duplicat a escala planetària, en un creixement molt per sobre del PIB global. I alhora la roba que adquirim cada vegada ens la posem menys: un informe de la Fundació Ellen McArthur indica que ara, quan llencem una peça, l’hem dut un 36% menys que l’any 2000. És més, gairebé un 40% de la roba que tenim els catalans a l’armari no ens l’hem posat ni una vegada durant l’últim any, segons l’Agència de Residus de Catalunya.
Les xifres són clares: comprem molta més roba que la que ens posem i, quan ens en desfem, no ho fem de manera que es pugui reciclar o tornar a aprofitar. Així, no és estrany veure les imatges d’abocadors immensos amb muntanyes de roba inservible com les del desert d’Atacama, a Xile, que fan evidents les conseqüències ambientals de tot aquest cercle viciós. Algunes iniciatives, com la cooperativa Moda Re-, vinculada a Càritas, intenten gestionar el problema ambiental trobant sortida a tantes tones de roba com poden mentre despleguen un projecte social que atén i dona feina a persones en risc d’exclusió. Alhora, la llei estatal de residus ja preveu que a finals del 2024 sigui obligatòria la recollida separada dels residus tèxtils. Però de moment el problema continua damunt la taula de tots, encara que fem veure que no el veiem.
“Podem triar on i què comprem, escollir teixits i peces que duraran amb la intenció de fer-les servir de veritat”
La roba no és només per tapar-se quan fa fred; va molt més enllà, té implicacions culturals i socials, permet expressar la pròpia personalitat i transmetre missatges de rebel·lia, de poder, de gregarisme, d’originalitat… i varia en funció de les modes i els gustos de cadascú. La gran varietat de tipus de roba i de qualitats a què tenim accés a bona part del món al segle XXI és un avenç, sí, però potser n’hem fet un gra massa. Comprar roba que no durem i acabar-la llençant nova o gairebé nova al contenidor de rebuig només ajuda a perpetuar un sistema basat en devorar recursos.
Les administracions tenen un paper per frenar-ho –i sembla que han començat a assumir-ho–, i les grans marques de fast fashion en tenen la responsabilitat principal, però els ciutadans també hi podem influir. Podem triar on i què comprem, escollir teixits i peces que duraran amb la intenció de fer-les servir de veritat, i llençar-les on es puguin reaprofitar quan arribi el moment de desfer-nos-en. També tenim l’opció de comprar roba usada, que sovint pot ser nova o gairebé nova, o estar en molt bones condicions i a un preu assequible.
A tothom li agrada estrenar, i per a alguns la compra de sabates i peces de vestir és un entreteniment per si mateix, però com tot també es pot practicar amb consciència de les conseqüències dels propis actes.
Documental que destapa els draps bruts de la pandèmia, analitzant els deferents actors implicats, denunciant la censura d’altres veus, amb altres visions o altres missatges diferents als corrents oficials.
El documental planteja diferents qüestions:
En qui podem confiar? En els polítics? En el que diu la TV? El que proposa el teu cantant favorit? El que diu internet? Hi ha hagut un debat científic obert? S’ha abusat de la tàctica de la por? Els mitjans de comunicació han creat psicoescenaris per manipular la gent? Les PCR creen malalts que en realitat no ho són?
Si els mateixos que financen la OMS són els mateixos laboratoris que fan les vacunes, no hi haurà interessos comuns i negocis compartits?
…
Intenta respondre a les diferents questions amb entrevistes a científics censurats, metges d’arreu del món, experts en pandèmies, oficials d’agències d’intel·ligència militar, biòlegs, investigadors, sociòlegs, experts en ciberseguretat, analistes polítics, experts en salut pública, advocats, experts en geopolítica, experts en màfies financeres, doctors en economia i estadística, … i altres persones amb diferents perfils i que aporten informació sensible que ajuda a reflexionar.
El PP va descobrir no fa massa i de la mà de la inefable Ayuso que el nombre de vegades que anunciïs una mateixa rebaixa d’impostos és indiferent: el soroll mediàtic que es produeix cada cop serà formidable, atiat pels mitjans partidaris d’abolir els impostos (i qui sap si també l’estat del benestar).Possiblement mogudes per aquest objectiu, tant Andalusia com altres comunitats governades pel PP han anunciat rebaixes fiscals en els últims dies. Cada govern és lliure d’aplicar les polítiques fiscals que consideri millors i que facin feliços els votants, esclar, però potser caldria recordar un parell de coses.La principal: el que ha evitat que l’economia europea i encara més l’espanyola s’enfonsés a l’abisme durant la pandèmia han estat els recursos públics (també coneguts com a impostos). I en segon lloc, malgrat la retòrica i els titulars falsaris, la pressió fiscal a Espanya segueix lluny de la mitjana europea. La paraula ‘impostos’ és lletja, lletgíssima. Hospitals, UCIs, ERTOs i ajudes a empreses, famílies i autònoms potser sonen una mica millor.Us deixem amb una tria dels nostres millors articles de la setmana; que tingueu un molt bon inici de tardor.
Albert Martin, cap d’Economia. Diari Ara. 26 de setembre del 2022
Ayuso erigeix Madrid com a baluard de la “llibertat” amb noves rebaixes fiscals