Category Archives: filosofia

“El amor es artesanía psicológica”

Enrique Rojas, director del Instituto Español de Investigaciones Psiquiátricas de Madrid

Tengo 71 años. Nací en Granada y vivo en Madrid desde hace 40 años. Casado, 5 hijos y 6 nietos, una ha muerto. Soy catedrático de Psiquiatría. Tenemos un Gobierno muy débil al que le hace falta auto-crítica. Soy como el personaje de Valle-Inclán, el marqués de Bradomín: feo, católico y sentimental

Cuándo supo que era un hombre maduro?

Cuando supe quién era, lo que quería, y fui consciente de mis aptitudes y limitaciones.

¿Sus momentos de aprendizaje?

Están relacionados con el sufrimiento. Mi único hijo varón, Enrique, se cayó a la piscina de casa a los dos años y se ahogó. En situaciones como estas te queda muy clara la fragilidad de la vida.

La gran lección.

Ayuda a superar esa fragilidad tener un proyecto de vida coherente y realista y acertar en la relación afectiva. Decía Don Quijote que el que acierta en el casar ya no le queda en qué acertar. Yo me casé con 34 años, esperé hasta encontrar a Isabel. Casarme con ella es lo mejor que he hecho en mi vida.

Woody Allen dice que es cosa de suerte.

Está equivocado, acertar en la elección afectiva significa haber tenido previamente un modelo de identidad que te empuja. Luego hay que saber mantener la estabilidad en la pareja.

¿Qué hay que saber?

El amor es artesanía psicológica, cuidar los detalles es inteligencia emocional. No hay amor sin renuncia.

¿Cómo se superan los malos momentos?

Teniendo mala memoria. Hay que romper la lista de agravios y no convertir un problema en un drama. ¿Sabe cuál es mi lema de vida?

¿Cuál?

Nihil difficile volenti (nada es difícil si hay voluntad). Mi espada es la voluntad, y mi escudo, la fortaleza. La voluntad es la joya de la corona de la conducta. Una persona con voluntad llega más lejos en la vida que una persona inteligente.

Hay que echarle ganas.

La voluntad tiene dos rodrigones, el orden y la constancia. El orden es el mejor amigo de la inteligencia, y la constancia es la perseverancia en lo pequeño.

¿Qué ha aprendido de sus pacientes?

Si una persona es capaz de poner los medios para combatir sus errores, sus fallos de conducta, consigue salir adelante. Me adhiero al lema de Churchill: “Never give up” (nunca te rindas), que por cierto Tony Blair le copió en su campaña.

Una persona con depresión se ha rendido.

Invito a mis pacientes a que luchen en lo pequeño. Si te reconcilias con tu pasado y luchas en las cosas pequeñas de la vida ordinaria que son medibles, sales adelante.

¿Qué más?

Yo hago una terapia integral. Mezclo la farmacoterapia, la psicoterapia, la laborterapia (mejorar la relación con el trabajo), la socioterapia (un círculo de amistades sano) y la biblioterapia (la lectura de libros que te ayudan a conocerte mejor o te descubren mundos). El psiquiatra se ha convertido en médico de cabecera.

¿Somos una sociedad emocionalmente madura?

En Occidente, en los últimos años, el hombre se ha vuelto inmaduro en los sentimientos, y la mujer ha madurado muchísimo. Se trata del síndrome de Simon (soltero, inmaduro, materialista, obsesionado con el trabajo y narcisista). El resultado es el pánico al compromiso. Solo quien es libre es capaz de comprometerse.

¿A la mujer no le pasa?

Actualmente, el hombre fingiendo amor lo que busca es sexo; y la mujer fingiendo sexo lo que busca es amor.

La pornografía es una epidemia.

Sí, su difusión es frenética, y eso convierte a la mujer en objeto de placer. Más del 80% de los jóvenes del mundo civilizado ven pornografía casi a diario.

Empieza a edades muy tempranas.

Según ABC News de EE.UU. (2019), la pornografía arranca entre los seis y siete años y los marca de por vida. Se convierte en un recuerdo imborrable. Más del 50% de las rupturas de pareja en EE.UU. se deben a que los hombres consumen pornografía y les piden a sus mujeres lo que ven, un sexo violento y fuerte.

¿Qué propone?

Educar la inteligencia, los sentimientos y la voluntad. Hoy la educación sexual de los niños está en manos de la pornografía. Luego continúa con los adolescentes a los que engancha y más tarde con jóvenes que quedan atrapados durante años en esas redes. La pornografía es una mentira sobre el sexo. Y eso aleja de la felicidad.

Felicitat i projecte de vida

¿Qué es para usted la felicidad?

Tener un proyecto de vida coherente y realista con cuatro grandes notas en su interior: amor, trabajo, cultura y amistad.

En los tiempos en que vivimos es difícil.

Vivimos un momento en el que la permisividad y el relativismo arrollan. Para ser feliz lo deseado y lo conseguido tienen que estar en buena ­relación.

Hoy no se puede planificar un futuro.

Ese es el reto. Sabemos que una persona sin trabajo es una persona herida. Urge una conciencia social mayor. Mientras tanto hay que tener un programa de vida, tener ilusiones a pesar de los pesares. Orden en la cabeza, saber lo que uno quiere, relativizar y escoger siempre la interpretación positiva de la realidad.

Una conquista.

El otro día atendí a un chico en un campo de fútbol, jugando de portero se lesionó. “Te has partido el brazo”, le dije. “Estoy muy contento porque ha sido la mejor parada de mi vida”.

Artesano de la conducta

Hijo de psiquiatra, dice que una de las cosas más difíciles ha sido ser catedrático: “Tuve mucha oposición de los que entonces mandaban en la psiquiatría”. Pero la voluntad dio sus frutos: por su investigación sobre la depresión el Ministerio de Sanidad lo nombró Médico Humanista del Año, y pertenece al Club de Roma. Preside la Fundación Rojas-Estapé, creada para la salud mental de personas con pocos recursos. “Soy un psiquiatra a pie de obra, un artesano de la conducta que tiene por vocación ayudar al ser humano a superar sus heridas y empezar de nuevo”. Ha vendido más de un millón de ejemplares de sus libros por el mundo. Dice que Todo lo que tienes que saber sobre la vida (Espasa) es un mensaje en una botella para náufragos que reza: “¡Tierra a la vista!”.

https://www.lavanguardia.com/lacontra/20200822/482929812581/el-amor-es-artesania-psicologica.html

Tal vez no estamos hechos para vivir: la ‘Aniquilación’ según Michel Houellebecq

Lo último del autor francés es la novela que ha escrito siempre, de nuevo literatura política y sentimental

El escritor francés Michel Houellebecq entrega al mundo una nueva novela: 600 páginas de ‘Aniquilación’ Andreu Dalmau / EFE

“La reflexión y la vida son simplemente incompatibles”

Ya se habrá escrito todo. Con Houellebecq siempre hay prisas. Menos mal que nadie lee nada. Pasado el jari de la novedad, y a día de hoy bastan un par de días para que algo deje de serlo, la última novela de Michel Houellebecq resulta ser la novela que el autor francés ha escrito siempre, de nuevo literatura política y sentimental. Política en el sentido en que las relaciones humanas son penosa actividad administrativa mientras la gestión administrativa, lo que entendemos por política en sí, no es más que propaganda y estrategia bélica, puro juego al servicio de la siniestra disciplina económica. Sentimental, decimos, porque Aniquilación es, una vez más, una novela sobre el amor y su falta, sobre la pérdida (y no poca, sino la pérdida de todo), y es tambien el lamento ya sabido en un escritor que no se permite ser sentimental precisamente porque lo es hasta la miga del hueso.

El futuro ya está aquí
“Mucha gente hoy se había vuelto gilipollas: era un fenómeno contemporáneo evidente, indiscutible”, se lee en algún momento de Aniquilación. Antes, en la primera página, se ha deslizado un dato accesorio: el protagonista tiene un iPhone 11 aunque el mundo va por el modelo 23. Se trata, por tanto, de una novela futurista con un protagonista rendido, o al menos algo cansado de la estafa tecnológica.

Cualquier individuo de sensibilidad y sentido ha de aborrecer, al menos en días impares, el mundo que le ha tocado vivir y la generación que le corresponde, sin que su pertenencia a la misma sea óbice para la náusea. La vida en pareja, las cenas en la ciudad, la culpa, por suerte siempre delegable (en el mundo moderno no hay hijos de puta sino personas tóxicas), el respeto a la biodiversidad como ideología, la pamema de los huertos urbanos y, en fin, una bombonera de razones para la depresión profunda.

Aniquilación, que transcurre –igualmente disfrutable pero tal vez algo más rutinaria que obras anteriores del autor– en el año 2027, pone en escena un mundo desactualizado en todos los aspectos que lo conforman. En lo político, en lo moral, en lo religioso y por descontado en lo intelectual, tal vez porque sea cierto que “la reflexión y la vida son simplemente incompatibles”.

La trama se abre con modales delirantes de manga (pongamos uno de Hiroya Oku): Paul Raison es asesor del ministro de Economía y Finanzas Bruno Juge, que cavila su candidatura para las elecciones presidenciales francesas, cuando de pronto ve recreada de manera hiperrealista su ejecución (guillotina, of course) en un misterioso vídeo viral al que sucederán varios atentados de resonancia mundial: la explosión de un carguero en A Coruña, un ataque contra un banco de semen en Dinamarca o una masacre de migrantes en costas pitiusas.

Gobernada por ese terrorismo fantasmal con trazas de activismo esotérico, la novela, además de salpicada por algunas imágenes, diagramas y dibujos a doble página que operan extrañas respiraciones frente a la apnea general, está puntuada por los avatares de la vida personal del protagonista, afectada por el infarto cerebral que ha dejado pajarito a su padre, espía jubilado de la DGSI, y, cómo no, por una peripecia matrimonial insípida y en descomposición, circunstancias que lo llevan a lamentar su incapacidad para discrepar con los terroristas “si su objetivo era aniquilar el mundo moderno”.

Velocidades malignas
“Devaluar el pasado y el presente en beneficio del futuro, devaluar lo real para preferir una virtualidad situada en un futuro incierto, son síntomas del nihilismo europeo mucho más decisivos que todo lo que Nietzsche pudo detectar”.

La idea del progreso como principio de decadencia y credo de idiotas, y esto sería paráfrasis de Baudelaire, le ha supuesto a un autor como Houellebecq, cuya obra se adscribe a esa cepa romántica tan malentendida pero todavía de provecho, ser instrumentalizado precipitadamente por sectores conservadores de su país al tiempo que sigue siendo auscultado y comprendido en su lucidez y en su poética de lo inmediato por una intelectualidad burguesa de presunta izquierda, boquiabierta ante uno de los pocos autores contemporáneos capaz de dar la hora exacta (el pulso de su tiempo, escribiría alguno) y con el talento necesario para expresar cosas que todavía no habían sido expresadas.

Como todos sus personajes, también estos se sienten “a disgusto (…) ante el sesgo general que habían tomado las cosas, aquel ambiente pseudolúdico, pero en realidad de una normativa cuasi fascista que poco a poco había infestado hasta los menores recovecos de la vida”. Y es que Aniquilación parece preludio o anunciación pero es crónica y presente vibrante.

De la pandemia no hay rastro en el texto porque sería una vulgaridad y, aunque en su corazón late un tecno-thriller con querencia por los géneros chicos y el siempre nutriente petardeo de la serie Z (para acceder a un supuesto plano simbólico, la novela incorpora un recurso maldito y amateur como es el relato de los sueños del protagonista todas y cada una de las veces que este se duerme o echa una cabezada, sea en misa, repicando o a la sombra de un almendro), el ritmo global de la novela viene dictado, a lo largo y tendido de sus seiscientas páginas, por la lentificación y la inmovilización de Occidente, los mismos síntomas que, en los últimos tiempos, autores más cosméticos habían confundido con velocidad y aceleración del sistema.

Apenas esto que somos
El héroe de Houellebecq es una sombra de sí mismo que nunca come caliente y que al final del día mira abotargado documentales de ratas, ocas y tapires para elucidarse pero que, pese a todo, “ha conseguido conservar algunas ilusiones sobre el mundo”. El escritor lo observa, le escucha y atiende sus necesidades, si bien sus personajes se explican siempre en base al obstáculo que son para sí mismos y a los presupuestos económicos en que se basan sus relaciones humanas, establecidas como una burocracia llena de dificultades técnicas.

Pero Houellebecq no engaña a nadie. Pese a las sempiternas acusaciones de nihilismo, en lectura atenta es indulgente y otorga confianza a todas las encarnaciones del afecto, desde la amistad hasta el amor filial pasando por el bendito infierno de la pareja, asociación que, sostiene, “suele constituirse en torno a un proyecto, a excepción del caso de las parejas fusionales, cuyo único proyecto es contemplarse eternamente, prodigarse hasta el fin de sus días atenciones acariciadoras, personas así existen, Paul había oído hablar de ellas”.

Esa melancolía romántica y cierta posibilidad idílica del amor como actividad abnegada y ajena a la producción, como noción de pérdida, limosna o bálsamo, es una resistencia característica en la obra del autor que aquí le lleva a nuevas meditaciones sobre la pareja como lugar “muy separado de la existencia humana, diferente tanto de la vida en general como de la vida social común a muchos mamíferos (…), es una experiencia de otro orden, ni siquiera una experiencia propiamente dicha, una tentativa”.

Pero Aniquilación no deja de ser una novela de Michel Houellebecq y es por tanto un relato –porque el fuego se combate con fuego– apesadumbrado y entrópico. Sobre la pareja, sobre el abstracto social, sobre la privatización de la identidad, sobre la absoluta falta de garantías emocionales y sobre números primos, que son aquellos, no lo olvidemos, únicamente divisibles por sí mismos y por la unidad.

Es una pieza de costumbrismo de confección clásica y tradicional en sus mimbres, que se posa sobre temas delicados como las competencias de hombres y mujeres, y que trae consideraciones sexuales (no tantas) que aquí quedarían descontextualizadas y sometidas a las inercias estúpidas y majaderas de internet, pero que tonterías no son y que en ocasiones deslumbran como reflejos súbitos en el retrovisor.

Es también una enumeración de hitos existenciales que se da morbosamente a los pormenores del infortunio como solo saben hacerlo, siempre por gusto, aquellos moralistas que son a la vez pornógrafos; y es, como de costumbre en su autor, un perseverante y tierno canto a la vida en toda su dolorosa e intratable magnitud. Un tranquilizador arrullo decadentista (y qué es el decadentismo sino vitalismo destilado en espirituoso) que nos recuerda, página a página y en cada una de sus líneas, que uno nunca llega a imaginar “hasta qué punto suele ser poca cosa la vida de la gente, y tampoco llega uno muy lejos cuando forma parte de esa ‘gente’, cosa que más o menos sucede siempre”.

https://www.eldiario.es/cultura/libros/vez-no-hechos-vivir-aniquilacion-michel-houellebecq_129_9113382.html

L’home a la recerca de sentit

El qui al camp de concentració ja no és capaç de creure en el futur, en el seu futur, està perdut


Viktor E. Frankl

«No es tracta del sofriment i la mort dels grans herois i màrtirs, sinó més aviat de les “petites” víctimes i de la “petita” mort d’una gran massa de gent.» El psiquiatre Viktor E. Frankl (nascut a Viena el 26 de març del 1905 i mort al mateix lloc el 2 de setembre del 1997), del 1942 al 1945 va patir la duresa inhumana dels camps de concentració. El recordem escoltant-ne una entrevista i llegint un recull de 14 fragments del seu llibre L’home a la recerca de sentit que, amb una lucidesa extraordinària, no només analitza aquella brutalitat, sinó que reflexiona per quin motiu, malgrat el pitjor dels inferns, val la pena viure.

1. Mentre estem esperant a les dutxes, experimentem de debò la nuesa: ara ja no tenim veritablement res tret d’aquest nostre cos nu (després d’haver-ne arrencat els pèls), ja no posseïm res més tret de la nostra nua existència. ¿Què n’ha quedat, dels vincles externs amb la nostra vida anterior? A mi, per exemple, les ulleres i el cinturó, que naturalment més endavant hauré de bescanviar per un bocí de pa.

2. ¿Què és el que més somia l’intern d’un camp de concentració? Somia pa, pastissos, cigarretes i una bona banyera d’aigua calenta. La no-satisfacció de les corresponents necessitats més primitives fa que el pres les satisfaci en les il·lusions primitives.

3. És possible que, a pesar de la seva disposició d’esperit relativament feble, les persones sensibles i acostumades de sempre a una vida intel·lectualment intensa per aquesta mateixa raó visquin dolorosament la continuació externa de la vida al camp, i que, en canvi, la visquin menys destructivament amb relació al seu ésser intel·lectual. Són persones a les quals resta oberta la possibilitat d’aïllar-se d’aquell ambient horrorós i retornar a un món intel·lectualment lliure i interiorment ric. Només d’aquesta manera es pot entendre que de vegades les constitucions més delicades puguin, paradoxalment, sobreviure a la vida al camp de concentració millor que no pas les naturaleses més robustes.

4. L’amor és en certa forma la darrera meta i la més elevada a la qual l’ésser humà és capaç de llançar-se. […] L’home, quan ja no li queda res en aquest món, pot ser feliç —encara que només sigui uns instants— lliurant-se en el més íntim del seu ésser a la imatge de la persona estimada. En la situació més desolada que ens puguem imaginar, en una situació en què l’ésser humà no es pot realitzar fent res de productiu, en una situació en què l’única cosa de profit que fa és un autèntic sofriment, un sofriment íntegre, en una situació com aquesta l’ésser humà és capaç de sentir-se sadollat mirant amorosament, contemplant, la imatge mental de l’ésser estimat que du amb ell.

5. La major part dels presos estan, comprensiblement, turmentats per una mena de complex d’inferioritat. Tots nosaltres hem pensat que érem algú. Ara i aquí, però, són literalment tractats com si no fossin ningú.

6. Si la vida té algun sentit, llavors també ha de tenir sentit el sofriment. I és que en certa manera el sofriment forma part de la vida, igual que el destí i la mort.

7. Mentre que els neguits de la majoria es relacionen amb la pregunta: «¿Sobreviurem al camp de concentració?» (altrament tots aquests sofriments no tenen aleshores cap sentit), la pregunta que em turmentava a mi era ben diferent: «¿Té algun sentit tot aquest sofriment, aquesta mort al voltant nostre?». Perquè, fet i fet, si no fos així, aleshores sobreviure al camp de concentració tampoc no tindria gens de sentit.

8. La manera com una persona assumeix el seu ineluctable destí i, amb ell, el sofriment imposat, deixa oberta la porta a un reguitzell de possibilitats a l’hora de modelar una vida plena de sentit, fins i tot en les circumstàncies més difícils i fins als darrers minuts de la seva vida. […] L’ésser humà interiorment pot ser més fort que el seu destí extern, i no tan sols al camp de concentració.

9. El qui al camp de concentració ja no és capaç de creure en el futur, en el seu futur, està perdut. En perdre el futur, perd el suport espiritual, s’abandona interiorment i es lliura a la ruïna tant físicament com mentalment.

10. Hem d’aprendre i hem d’ensenyar a les persones desesperades que el sentit de la vida de fet en cap cas no depèn d’allò que encara esperem de la vida, sinó més aviat, i de manera exclusiva, d’allò que la vida espera de nosaltres! […] Al capdavall, viure no vol dir altra cosa que assumir la responsabilitat de respondre el que cal a les preguntes sobre la vida, la responsabilitat d’acomplir les obligacions que la vida adjudica a cadascun de nosaltres, la responsabilitat de satisfer les exigències del moment.

11. Quan algú s’havia intentat suïcidar, s’aplicava l’ordre estricta de no salvar-lo. En aquest sentit existia, per exemple, la prohibició oficial de «tallar» la corda dels companys que havien intentat penjar-se. Raó de més perquè veiéssim, naturalment, la necessitat d’adoptar mesures preventives. […] Es tractava de dos homes que en les seves converses havien manifestat la intenció de suïcidar-se. Tots dos adduïen d’aquella manera tan característica que «ja no esperaven res de la vida».

12. Però en tots dos casos va ser útil demostrar-los que la vida esperava alguna cosa d’ells, hi havia alguna cosa en aquesta vida, en el futur, que els esperava. En efecte, va resultar que a un d’aquells homes l’esperava una persona: el seu fill, al qual l’unia un amor idolàtric, «esperava» el seu pare a l’estranger. A l’altre, no l’«esperava» cap persona sinó una cosa: la seva obra! Aquell home era un científic que havia publicat una col·lecció no acabada de llibres sobre un determinat tema que esperava ser completada. Era un home insubstituïble i imprescindible en el cas d’aquella obra.

13. ¿Com és possible que unes persones de carn i ossos puguin fer a altres persones el que aquestes asseguren que els van fer? […] Primer, que entre els vigilants del camp n’hi havia que eren uns sàdics acarnissats, entès això en un sentit estrictament clínic. En segon lloc, aquests sàdics se seleccionaven per fer-ne, sempre que podien, un escamot de vigilants estrictes. […] En tercer lloc, cal remarcar que una part considerable dels vigilants senzillament s’havia tornat completament insensible a còpia d’anys d’haver estat testimoni de totes les pràctiques sàdiques, cada vegada més elevades, que es feien al camp.

14. Nosaltres vam conèixer l’home com potser abans no ho havia fet cap altra generació. Però ¿què és l’home? És l’ésser que sempre està decidint què és. És l’ésser que ha inventat la cambra de gas; però també és l’ésser que s’ha dirigit amb fermesa a la cambra de gas amb una pregària als llavis.

L’etern curiós Edgar Morin

Morin és un intel·lectual fi que ens recorda com “la ciència progressa”, però la “consciència retrocedeix”

Les neurones del filòsof Morin arriben aquest juliol als 100 anys i tot i que el seu cor “és vell”, com escriu a Twitter, la seva força interior és àgil i desperta. Avui és un dels intel·lectuals més reconeguts i admirats des de diferents escoles i cosmovisions. 

Provinent d’una família jueva sefardita, Morin neix a París el 1921. Va ser membre del Partit Comunista de França, però se’n desencanta i l’expulsen per disputes ideològiques. Conegut pels seus articles al diari Le Monde i per la seva implicació al Centre Nacional de Recerca Francès, aquest parisenc fundador de la revista Arguments ens ve a dir que els humans encara no som del tot humans, que no hem entrat en la lògica de la fraternitat humana. Ell entén el món assumint-ne les contradiccions i per molta revolució possible, creu que cal una actitud crítica constant, l’únic antídot contra els dogmatismes, vinguin del costat que vinguin. Defensa una cultura planetària i una aproximació holística als fets i és hipercrític amb la fragmentació i la hiperespecialització imperant. El seu primer llibre ja insinua per on anirà el seu pensament: L’homme et la mort (1951). Edgar Morin ha estat un referent i ho continua essent, i seguir-lo a Twitter és una delícia diària. El seu humor refinat i la seva mirada panoràmica són un advertiment contra la mediocritat: no anestesieu mai la incertesa, proclama aquest filòsof enamorat d’Itàlia, país on li agrada “estimar, conversar, menjar, passejar”. Morin creu que hem d’ensenyar la complexitat, o sigui, restaurar la unitat de la natura humana de manera que cadascú prengui coneixement i consciència de la seva identitat complexa i comuna amb els altres éssers humans.

Ahir la Unesco a París li va dedicar un homenatge i en va destacar els valors de la cooperació, la democràcia i l’acollida. 

El Papa l’ha felicitat i ha destacat la llarga vida en esdeveniments i trobades. Bergoglio admira la labor intel·lectual del sociòleg i filòsof francès, amb qui es va trobar al Vaticà el 27 de juny de 2019. El qualifica de testimoni privilegiat però sobretot “atent analista que amb discerniment dibuixa l’esperança i adverteix dels riscos per a la humanitat”. Pel Papa, Morin ha aportat diverses troballes, com la idea de la “ciència amb consciència” i una “política de la civilització” posant la persona humana i no el diner al centre del debat. El Papa i Morin coincideixen en la doctrina social i també en el Pacte Educatiu Global. Morin és un intel·lectual fi que ens recorda com “la ciència progressa”, però la “consciència retrocedeix”. Un dels seus pensaments més destacats considera que l’autonomia de l’esperit condueix inevitablement a la desviació. Morin com a far i lupa d’engrandiment d’un món que, malgrat tot, val la pena viure. Un dels seus darrers tuits sorneguers ara que ha fet 100 anys és un consell: “No feu 100 anys. Passeu directament als 101”.

https://www.elnacional.cat/ca/opinio/miriam-diez-etern-curios-edgar-morin_625907_102.html

Josep Maria Esquirol: “L’esperança és necessària, ara i sempre”

Josep Maria Esquirol/ACN

El filòsof Josep Maria Esquirol (Mediona, 1963), catedràtic de la Universitat de Barcelona, publica un nou llibre que segueix el camí iniciat amb La resistència íntima, Premi Ciutat de Barcelona i Nacional de Ensayo, i La penúltima bondat. Humà, més humà: una antropologia de la ferida (Quaderns Crema/Acantilado) torna al sentit més íntim del què ens fa humans, al centre més profund de l’ànima, la ferida produïda per les quatre grans infinituds essencials: vida, mort, tu i món. Parlem amb el filòsof en aquest diumenge de Pasqua, al voltant d’un llibre que convida a tenir esperança.

ENTREVISTA

El títol parafraseja L’humà, massa humà, de Friedrich Nietzsche, però amb un sentit ben diferent.

És una variació d’una sola paraula, de “massa” a “més”, però és més que una paraula. Quan ell diu “massa humà”, se’n dol perquè entén que som dèbils i convé superar-ho. Però canviant una paraula, canvia el to. Humà, més humà indica la tesi del llibre: L’important no és superar res, sinó aprofundir en el més humà de nosaltres mateixos.

Per aprofundir, cal desexplicar.

Avui hi ha una munió de teories de l’àmbit de les ciències humanes i socials que, segons el meu punt de vista, és excessiva. Hi ha molt discurs sobre l’humà. Això, en principi, hauria de portar a una major claredat i comprensió sobre nosaltres mateixos, però no és així. Això sembla indicar que aquesta proliferació de contingut suposadament científic sobre la qüestió humana no és massa significativa i cal posar-la entre parèntesis. Jo no dic que s’hagi de desestimar, però potser suspendre, apartar provisionalment, allò que pot ser un obstacle a la comprensió de la situació humana.

Avisa que no explicarà cap novetat, sinó que anirà a coses essencials i sobre les quals la filosofia sempre ha reflexionat.

El pensament humà més valuós ha procurat, una vegada i una altra, acostar-se als nuclis més determinants. Aquest moviment és, d’alguna manera, reiteratiu. Els grans pensadors han procurat atansar-se al més nuclear. Això és poc innovador, perquè no es tracta de proposar una teoria nova que ningú no ha escoltat mai, sinó que es tracta de repetir aquest moviment. A partir d’aquí, l’estil és la manera de recórrer aquest camí. L’objectiu és que si tu recorres un camí i té una certa gràcia, el puguis compartir. El pensament no pot ser solipsista, perquè pensament solipsista és una contradicció. Pensar és un diàleg perquè el diàleg és intrínsec al pensament. Un diàleg que ha fet amb altres autors i un diàleg que vols compartir tot seguit, amb el lector.

Ara que esmenta la idea de camí, al llibre expressa la voluntat de ser un “pelegrí atent”, en comptes d’espill.

Són dues imatges que han servit per caracteritzar el camí de pensar. L’una és la de situar-se en un lloc elevat i, des d’allà, tenir una panoràmica i actuar com una mena d’espill que ho reflecteix tot i dona compta de la realitat del moment. Literalment es tracta d’especular. Jo crec que no disposem d’aquest privilegi d’enlairar-nos, sinó que estem tots en la mateixa horitzontalitat i fem el que podem. En aquesta situació compartida en què tots som pelegrins, un pot intentar prestar més atenció al camí i que aquesta atenció prestada es pugui compartir amb els altres. L’expressió pelegrí atent m’agrada pel que indica, d’anar fent amb respecte i atenció. No és un anar fent resignat, sinó més vital. Anem fent i mirem de prestar atenció al camí, que val la pena.

Com es relaciona el llibre amb la seva obra anterior?

Ho visc com un mateix camí, que tu vas recorrent, i que té fites distintes. Vas recorrent trams d’aquest camí i, en cada tram, pots aconseguir arribar a alguna fita i vas elaborant una mena de constel·lació conceptual. Un tipus de reflexió que cada vegada és una mica més, perquè disposa de més elements conceptuals. No de gaires, però si d’alguns que et serveixen per aclarir i interpretar la situació humana.

Pot ser que a Humà, més humà, vagi encara més al moll de l’os del què significa ser humà?

Procuro acostar-m’hi. A La resistència íntima els aspectes que vaig destacar més eren els vinculats a la intempèrie –el tret més rellevant de la condició humana– i el gest d’emparar, que és la manera d’afrontar aquesta intempèrie. A La penúltima bondat, vaig afegir al gest d’emparar el gest d’oferir i generar, que és el que passa quan protegeixes alguna cosa, que dona fruit. A Humà, més humà, intento recapitular i aprofundir en la condició i possibilitat per tot això. Que és allò que en el fons de nosaltres mateixos, és la condició de l’empara i la generositat. Aquesta idea del replec del sentit i aquesta vulnerabilitat més radical.

El llibre sembla que respon a les grans preguntes existencials: qui som, és a dir, quin és el nostre nom, d’on venim…

L’intent és dir alguna cosa significativa sobre això, però qui llegís això no tingués la sensació que ja he trobat una resposta. La idea és explicitar alguna cosa que nosaltres jo crec que pensem. Aquestes preguntes, en un cert sentit, no es poden respondre. Però això no vol dir que no ens puguem aproximar a un camí cap a la resposta. Dir que en un cert sentit nosaltres sabem que no venim d’enlloc, perquè som inici, no és arbitrari i no esgota la pregunta. Jo proposo una manera de llegir aquestes idees en un cert sentit prudent, perquè si jo dic que cadascú de nosaltres és algú i això és increïble, dic molt i no dic tant. Realment és inexplicable el fet que siguem aquí. I l’inexplicable té alguna cosa de sorprenent i de meravellós. La vida singular de cadascun de nosaltres, del qual el nom n’és una pista.

Assenyala que els règims més criminals el primer que han esborrat és el nom, com a forma d’eliminar la persona.

És una de despersonalització, on la fondària de l’humà es vagi esvaint. És una forma d’assassinat: matar l’humà és matar el més profund de nosaltres mateixos.

En aquest sentit, una de les autores que l’acompanyen al camí és Hannah Arendt.

Amb els anys descobreixes autors que et són més afins i, en segons quins punts, dialogues o parles a través d’ells. Arendt és una autora que he llegit força i l’he explicat. Ser professor va molt bé per anar-les entenent millor. Ella, per exemple, destaca la idea de la promesa, que ja ve de Nietzsche, a la qual jo m’hi afegeixo en el sentit que nosaltres som una paraula cap als altres.

Josep Maria Esquirol/ACN

El nucli central del llibre és aquesta idea de ferida infinita. Parla de l’humà com el ferit.

En el més radical de nosaltres mateixos hi ha el fet de poder quedar commogut. Això es pot dir de maneres molt diferents, però en el més fons de l’humà hi ha alguna cosa de la mena d’una vulnerabilitat. La possibilitat de quedar commogut, afectat o ferit. Vaig optar per aquest darrer terme perquè té riscos, però també fa pensar. D’acord amb la idea de ferida infinita, l’humà és el commogut infinitament.

Commogut per la vida, per la mort, pel tu i pel món, segons apunta.

Commogut per allò que, en un cert sentit, és infinit. A vegades hi ha coses que em poden afectar, però hi ha allò que no es pot reduir a cosa. El fet de sentir-te viu és infinit. La mort tampoc no es pot objectivar ni delimitar. La mort s’escapa. Pel que fa al tu, quan no cosifiques l’altra persona sinó que t’arriba, esdevé una mena d’infinitud. Aquestes, juntament amb el món, són les afeccions fonamentals per les quals estem traspassats i superats que ja no ens podem treure del damunt.

La ferida infinita és la gravetat humana.

A la segona part del llibre vull mostrar que, tot sovint, la millor manera de llegir la situació no és en contraposicions sinó amb juntures. Començo a mostrar que, si bé hi ha coses que són contraposades, sovint tendim a contraposar quan hauríem de veure la gràcia que té la juntura. La gravetat no necessàriament s’ha de contraposar a la lleugeresa i al que s’enlaira. De fet, la gravetat és la condició de l’enlairament. La gravetat pot ser molt valuosa i, en aquest sentit, gràcies a la gravetat de la ferida infinita, a aquest solc en l’humà, és possible l’acció. Nosaltres podem fer coses que valen la pena, perquè aquestes coses que s’enlairen de nosaltres vénen condicionades per la gravetat que ens constitueix.

Hi ha una importància destacada a la qüestió del cant.

Hi ha un capítol dedicat al llenguatge des del punt de vista de l’experiència de la paraula. Amb el llenguatge podem descriure, podem informar, comunicar-nos i altres coses, però quina seria la funció més radical d’entre totes les que desenvolupa el llenguatge? Hi ha una funció més radical, més essencial del llenguatge que té a veure amb la paraula que surt de la ferida, que vibra. Una paraula que vibra és el cant. Encara que molts de nosaltres no cantem, molts de nosaltres diem paraules que vibren, paraules que són, de debò, cordials. La paraula cordial és el paradigma de la paraula.

La vibració està relacionada amb l’ànima?

La vibració de l’ànima és gairebé redundant. La paraula cordial surt de l’ànima o és l’ànima mateixa, que s’expressa a través d’ella. La paraula cordial és la que té ànima. La paraula ja ho diu, no és que surti del cor, és que és del fons de nosaltres mateixos. Del centre més profund de l’ànima, com diu Sant Joan de la Creu.

De fet, a la seva obra hi ha un ús del llenguatge comú, d’expressions tradicionals que són grans portadores de veritat.

Des de sempre he fet una opció per un ús del llenguatge col·loquial. No té a veure amb la divulgació, de cap manera. Uso el llenguatge col·loquial perquè penso que és el més ric de tots. Això no significa que, de tant en tant, no procuri forjar algun concepte que pot ser valuós per articular el llenguatge. Però no abuso del llenguatge tecnicista, sinó que intento treure tot el suc del llenguatge col·loquial.

Aquesta opció està emparentada amb la filosofia franciscana que defensa al llibre?

Amb el diàleg que estableixes amb els autors que llegeixes, com amb la gent que coneixes, s’estableixen amistats. Amistats del pensament. I tinc una admiració, una afinitat i una inspiració per la figura de Francesc d’Asís. El camí franciscà desvela un camí molt valuós de l’humà. Voldria estar a l’altura del que suposa aquesta mena d’aportació del franciscanisme, com m’agradaria estar a l’altura de l’aportació socràtica.

No contraposa l’aparent senzillesa franciscana a la complexitat intel·lectual.

La inspiració franciscana té a veure amb l’experiència de la petitesa, que comporta també un sentit del servei i la generositat, i també amb la idea de l’ajuntament, de la fraternitat, la germanor. És la capacitat extraordinària que tenia Francesc de veure en tots els altres, germans. Això és molt fàcil de dir, però costa molt reflectir-ho en el dia a dia. Francesc va mostrar que es pot respondre adequadament al fet que ja som germans. És a dir, que tu pots respondre fraternalment a una fraternitat ja donada. I Francesc, a més de la fraternitat humana, fa un cant a la fraternitat amb totes les altres criatures. Un desbordament total i inabastable. Literalment increïble.

Diu que el franciscanisme “no és voluntarisme contra intel·lectualisme”.

Aquesta va ser la gran contraposició de la filosofia medieval, però penso de nou que més que una contraposició és millor una certa unió. No es tracta d’una voluntat cega, sinó d’una mateixa arrel que té a veure amb una intel·ligència cordial o, com m’agrada dir-ne, el sentir intel·ligent. La claredat, el que té a veure amb “l’adonar-se’n”, és, també una calidesa. Són conceptes que no estan separats.

També diu que la seva voluntat és esdevenir un filòsof menor enmig dels germans menors.

Això és una intenció, segurament mai assolida. Es necessita molta humilitat i no la tinc. Com a horitzó el trobo totalment adient. Com assenyala Francesc, que cadascú, faci el que faci, es consideri un més entre els germans menors.

Reinterpreta d’una manera molt inspiradora la idea de l’Àngel de la història de Walter Benjamin.

D’ençà que vaig llegir el comentari genial que fa Benjamin a l’Angelus Novus de Paul Klee el tinc al cap. És literalment molt creatiu i, he procurat estirar-lo cap a aspectes que em tenen molt agafat. El llibre, per una banda és aquest aprofundiment en el més humà de nosaltres, però també és un llibre sobre l’esperança. El que passa és que es presenta d’una forma particular i no ho sembla. Per això aquest comentari sobre el comentari de Benjamin hi té a veure.

Estem en un moment en què sembla que l’esperança és més necessària que mai.

Quan jo estava escrivint aquest llibre la pandèmia encara no havia aparegut. Fa un any i mig aquests capítols ja els tenia escrits. Per tant, no és un llibre de circumstància. Tanmateix, és un llibre que té en compte la dificultat humana. I la vida humana, individual i col·lectiva, està farcida de trasbalsos i moments de dificultat. Al llarg de la història hi ha hagut desastres de tota mena al qual nosaltres no som aliens, encara que hi hagi una mena de retòrica que circula per aquests mons de Déu que sembla que ens evadeix d’aquesta situació i ens fa pensar que la finitud, la dificultat i els obstacles que no poden ser superats no van amb nosaltres. L’esperança és necessària, ara i sempre i al llarg de la història hem procurat cultivar una mena d’esperança.

Hem passat moments molt desesperançats, en què anhelem el retrobament.

No es pot viure sense algun tipus d’esperança, que vol dir un horitzó. Una cosa que et permet respirar cada dia i agafar la vida amb una certa força. L’aliment de l’esperança permet obrir horitzó i no només és necessari, sinó que és molt humà. Per resumir-ho diria que vivim esperant. No es tracta de contraposar-ho a viure el present. Hem de viure el present i hem de gaudir-ne el màxim, però això no significa no viure esperant. Vivim amb un cert anhel, una certa obertura que té a veure amb l’esperança.

Un esdeveniment com la pandèmia que, com deia, n’hi ha hagut molts al llarg de la Història, sembla donar la raó a propostes filosòfiques com la seva, enfront d’altres excessivament tecnològiques i científiques que parlen d’un progrés esplendorós on idees com la vulnerabilitat, la intempèrie o la humanitat no hi tenen cabuda.

No cal que vingui una pandèmia per donar la raó a aquests plantejaments, només cal tenir els ulls ben oberts i adonar-se de quina és la situació. Cal advertir que hi ha discursos ideològics i evasius. No sóc detractor del progrés científic i tecnològic, però una altra cosa és el tema ideològic que ven una pel·lícula de futurs pràcticament paradisíacs. Això fa que, literalment, no toquem de peus a terra. Cal denunciar-ho i contrarestar-ho i el títol del llibre en fa referència. Hi ha una retòrica sobre el transhumanisme o el posthumanisme, que és un optimisme banal.

La banalitat seria el gran enemic del nostre temps?

Qualsevol cosa banal de caràcter ideològic-evasiu ens fa mal, perquè porta més frustració que qualsevol altra cosa. La banalitat és superficialitat i, això, no ens va bé. Seguint amb la idea del pelegrí atent, Sòcrates deia que una vida sense examinar no valia la pena de ser viscuda. Pensar incorpora una aposta: val més pensar que estar instal·lat en la banalitat.

https://www.elnacional.cat/ca/cultura/josep-maria-esquirol-huma-mes-huma-llibre-esperanca_597728_102.html