La fase que atraviesa el astro, con una menor presencia de manchas solares, no provocará una inminente bajada de las temperaturas
“No hay una inminente ‘edad de hielo’ o ‘mini edad de hielo’ causada por una reducción esperada en la producción de energía del So l en las próximas décadas”, escribía la NASA en un artículo publicado en febrero de este año, artículo en parte premonitorio del debate sobre la actividad del astro a partir de la reciente publicación del diario The Sun .
“El mínimo solar está en marcha, y es uno grande”, decía el astrónomo de la agencia espacial Tony Phillip al diario. “Los recuentos de manchas solares sugieren que es uno de los mayores del pasado siglo. El campo magnético del Sol se ha debilitado, permitiendo rayos cósmicos extras en el sistema solar”.
El Sol experimenta cambios cíclicos en la producción de energía a lo largo de su vida útil. Según explica la NASA, algunos de estos son bastante predecibles y ocurren durante un período normal de 11 años de alta y baja actividad, caracterizados por la presencia de muchas y pocas manchas solares, respectivamente.
Las manchas solares suponen áreas más frías en la superficie del Sol que indican zonas de intensa actividad magnética. La agencia espacial ya anunciaba en 2017 que el astro se dirigía a un mínimo solar a partir de los recuentos de estas, que, tras un número relativamente alto en 2014, disminuían hacia un mínimo solar esperado para 2019-2020.
Phillip, así como otros científicos, sugieren que la gran disminución de actividad del último ciclo solar presagia un nuevo gran mínimo solar en las próximas décadas. La última vez que ocurrió esto se denominó el mínimo de Dalton, entre los años 1790 y 1830, periodo que coincidió con temperaturas más frías en todo el mundo (existe el debate sobre si parte de esta disminución en la temperatura se debe a la actividad del volcán Tambora en Indonesia que en 1815 produjo una de las mayores erupciones registradas) .
“En lo que va de año, el Sol ha estado en blanco [sin manchas solares] el 76% del tiempo, una tasa que solo ha superado una vez en la era espacial. El año pasado, 2019, el sol estaba en blanco el 77% del tiempo. Dos años consecutivos de impecabilidad récord suman para un mínimo solar muy intenso”, afirma Phillip en la web spaceweather.com, la cual gestiona junto con otros expertos.
Sobre los efectos que podría acarrear un nuevo gran mínimo solar, la NASA explica que incluso si durara un siglo, las temperaturas globales continuarían en aumento. El incremento de la concentración de dióxido de carbono en la atmósfera producido por la actividad humana y el calentamiento derivado de esto servirían para compensar la baja actividad del Sol.
La agencia no habla, por tanto, del inicio de una época de mucho frío ni de pérdidas de cultivos. Algo que sí puede ocurrir durante este periodo, y de lo que advierte también Phillip, es que los astronautas queden más expuestos a los rayos cósmicos en el espacio. Durante el mínimo solar, el campo magnético del Sol se debilita y proporciona menos protección contra estos rayos cósmicos.
Los efectos pueden llegar a la Tierra y generar tormentas geomagnéticas – perturbaciones temporales de la magnetosfera- auroras e interrupciones en las comunicaciones y los sistemas de navegación.
El coronavirus se va a quedar. Tiene tal capacidad para dispersarse que ya no va a desaparecer
El virólogo José Antonio López Guerrero advierte: “Hacemos lo que podemos. La ciencia evoluciona y rectifica”
El extracto de conversaciones telefónicas e intercambio de correos que sigue, sobre la pandemia del coronavirus, se mantuvo en las últimas semanas. Empezó en relación a un reportaje y continuó los días siguientes mientras el científico, un divulgador con programa propio en Radio 5 (El laboratorio de JAL), seguía los avances y retrocesos en la investigación de la covid-19. José Antonio López Guerrero (57 años, Madrid) es profesor de Microbiología en el departamento de Biología Molecular de la Universidad Autónoma de Madrid, director del grupo de Neurovirología del mismo departamento y director del departamento de Cultura Científica del Centro de Biología Molecular Severo Ochoa. Ha publicado un ensayo titulado Virus: ni vivos ni muertos (Editorial Guadalmazán).
Pregunta. ¿Somos los seres humanos que somos gracias a los virus?
Respuesta. Han influido en nuestra evolución más de lo que nos gustaría reconocer. Se sabe que un 8% de nuestro material genético procede de una familia de virus que se llaman retrovirus y que tienen la capacidad de meterse en nuestro genoma. Muchos de estos virus se incorporaron en nuestra línea germinal y se transmitieron. No solamente me infectaban a mí, sino a mi descendencia.
P. ¿Nos han fastidiado siempre?
R. El 99 % no nos hace daño, o pasa de nosotros, o ha interaccionado con nosotros en un sentido evolutivo. De los retrovirus en concreto se cree que tienen una función. Hay teorías que defienden que, gracias a uno de estos virus, un precursor de los mamíferos hizo que sus huevos no salieran al exterior, sino que se fusionaran con células en el interior, en lo que sería un futuro útero, y eso lo habría convertido en el precursor de los mamíferos placentarios. Es decir: hay teorías, y bien documentadas, que apuntan a que somos mamíferos por los virus. No solamente los virus habrían colaborado con nosotros en la evolución, sino que los virus habrían colaborado en la aparición de los mamíferos, sobre todo de los mamíferos con placenta. Es un pequeñísimo porcentaje, pero muy puñetero, el de los virus que causan patologías importantes en humanos o en otros animales.
P. Nos buscan.
R. Nos encuentran, más bien. Fuera de una célula un virus no es nada, es un complejo molecular formado por ácido nucleico y proteína. Si tú inactivas un virus para que no replique dentro de una célula, se lo inyectas a un conejo y el conejo produce anticuerpos, poco más.
P. Se controlan, pero no se matan nunca.
R. Igual que las bacterias, ¿una bacteria es inmortal?
P. Pero el virus no es un ser vivo.
R. Un ser no vivo no puede ser mortal, pero la pregunta en el sentido evolutivo tiene sentido. Por ejemplo, las bacterias sí son seres vivos, ¿una bacteria es inmortal? Un animal muere y queda su descendencia. En el caso de las bacterias, no. Donde hay una bacteria hay dos, cuatro, ocho, y si tienen medio de cultivo estarán eternamente así, no fallecen.
P. ¿Los virus igual?
R. Si tienes a un virus que no está dentro de la célula que infecta, más que morir lo que hace es que se inactiva, pierde viabilidad. Acaban perdiendo título, el título de virus; el título es la cantidad de virus.
P. Pero sigue presente.
R. Ahora se dice mucho “el coronavirus vive no sé cuánto en gotitas de agua, vive no sé cuánto flotando en el aire”. Son estudios sesgados. Lo que suele haber es material genético del virus, no el virus. Está pasando con los [test] PCR. Lo que hace una PCR es ver si hay material genético del virus, otra cosa es que haya virus enteros o que esos virus que se encuentren sean infecciosos. Por ejemplo, en las heces de personas infectadas, semanas después de estar curadas se ha encontrado genoma del virus. Y se decía: “Una vez que te den de alta tienen que pasar dos semanas antes de vivir con normalidad…”.
P. ¿No es así?
R. Sigue siendo buena medida que te mantengas un tiempo en casa. Se ha visto en algunos casos -un porcentaje muy pequeño- que el virus volvía, seguramente porque no era del todo eliminado ya que permanecía en alguna parte del cuerpo.
P. ¿Puede ser un positivo en un test PCR por material genético del virus pero no por el virus?
R. Sí, y seguramente está ocurriendo. Cuando han pasado ocho o nueve días y alguien tiene respuesta inmunológica, ya tiene anticuerpos. Sobre todo si ya tiene anticuerpos IgG, o sea que sus células están atacando bien al virus. Hay una horquilla desde que tienes anticuerpos hasta que ya no se detecta virus, donde todavía das positivo por PCR. Yo sospecho que no todos esos positivos son virus infecciosos, porque la PCR no mira que haya virus viable, sino que haya material genético de virus. La PCR es muy sensible, detecta genoma del virus pero no te dice si ese virus es viable, si es un trozo de virus que hay ahí solo, o si es un resto de material genético.Es un pequeñísimo porcentaje, pero muy puñetero, el de los virus que causan patologías importantes en humanos o en otros animales
P. ¿Somos inmunes tras pasar la enfermedad?
R. Todos los estudios en modelos animales, en personas que han pasado la enfermedad y los comparativos con el SARS de 2002-2003 [SARS-1, síndrome respiratorio agudo, por sus siglas en inglés] apuntan a que se genera una respuesta efectiva y neutralizante de anticuerpos, al menos contra el virus.
P. Apuntan.
R. No hay estudios concluyentes sobre el tipo de inmunidad que se acabará generando. Depende de la persona. El SARS-1 generaba IgG hasta varios años después. Tendremos que esperar para comprobar cuánto nos protege la inmunidad y por cuánto tiempo. Y será importante para saber qué podremos esperar de una futura vacuna.
P. ¿Cuánto tiempo podría durar esa inmunoprotección?
R. En el SARS-1, al menos 15 años después había gente con anticuerpos. Queremos ser optimistas y pensar que algo va a proteger. ¿Cuánto tiempo? No lo sé. ¿Que después te vuelves a infectar porque has perdido esa inmunidad? El sistema inmune está ahí, durmiente o no. Y si hay una segunda fuente de infección, aunque hayas perdido parte de esa inmunidad, la respuesta podría ser más rápida y efectiva que la primera vez que te infectaste. Nunca vas a volver a la casilla de salida.
P. Pero hay inmunidades más fuertes que otras.
R. Depende de la genética del individuo, su edad, su estado inmunológico, cómo y dónde replique preferentemente el virus.
R. En condiciones normales, una persona debería generar linfocitos de memoria, células tanto B como T, que son los que actuarían rápidamente en un posible segundo contacto con el virus. Con algunos patógenos, esa memoria es de por vida. En otros casos, de años. Por desgracia, con algunos virus, de meses. Los virus respiratorios no son buenos generadores de largas respuestas inmunológicas pero, viendo los indicios y lo que sabemos de su primo más virulento el SARS-1, podemos ser optimistas.
P. El sistema inmunológico aprende a defenderse del virus.
R. Tenemos diferentes vías de defensa. Las innatas, que están preparadas para cuando entra un patógeno, y las específicas, que requieren al menos una semana para formarse: anticuerpos, células citotóxicas.
P. ¿Qué ocurre cuando entra?
R. En cuanto entra en las vías respiratorias infecta las células epiteliales. Ahí ya hay células que comen a los virus, por ejemplo células dendríticas, neutrófilos, macrófagos y unas células asesinas que se llaman NK, que son células natural killers, asesinas naturales, que atacan a las células infectadas. Todo esto ocurre de forma natural. Y también producimos una sustancia natural que se llama interferón, que actúa contra el virus. Se dice que el virus ha aprendido a bloquear el efecto del interferón, y esto es importante, porque parece que una de las causas por las que este virus es tan peligroso es porque inhibe nuestras defensas de interferón.
P. Esto cuando ya está dentro.
R. Con un porcentaje superior al 80% de los casos el virus desaparece sin mayor problema, de forma asintomática.
P. Pero mientras, contagia.
R. Sí. Y otras veces el virus no desaparece, baja por las vías respiratorias, llega al pulmón, y allí se produce otra guerra mucho más complicada. Que se te hinchen un poquito las narices y que pierdas el sentido del olfato, pues te fastidia, pero ahí estás. Si baja al pulmón y se produce otra guerra, ahí podemos perder nosotros porque se puede producir un proceso inflamatorio. Y luego, al cabo de una semana más o menos, llega la respuesta específica contra el virus: los anticuerpos.
P. Que también ganan.
R. De forma natural solemos ganar nosotros, pero en algunos casos se ha visto que esa misma defensa, la que se produce después de una semana, es peor que el virus. Produce la inflamación de los pulmones, la infiltración…, produce una respuesta que acaba con la vida de la persona. Algo parecido a una septicemia, pero con virus y localizado en los pulmones.¿Que después te vuelves a infectar porque has perdido inmunidad? El sistema inmune está ahí, durmiente o no. Nunca vas a volver a la casilla de salida
R. Hay ya desregulación del sistema inmune. Vamos perdiendo capacidad de respuesta. En las personas mayores el sistema inmunológico empieza a hacer un poco de agua. No está pensado para seres que viven 70, 80 años. Y suele haber otros problemas de salud añadidos.
P. Este es un virus muy discreto.
R. Es su mejor arma. La transmisión asintomática y el hecho de que el virus en la mayoría de los casos no produzca enfermedad. Que las personas sigan haciendo vida normal sin enterarse es lo ideal para un virus. A un virus no le interesa ser muy agresivo porque se detecta y la gente se aísla. A un virus le interesa replicarse, pasar desapercibido y que las personas infectadas lo transmitan lo más posible.
P. La inteligencia del virus.
R. Se cuenta en El gen egoísta, de Richard Dawkins. Todo lo que mueve la vida en la Tierra es la necesidad de los genes de perpetuarse. De hecho, nosotros no somos más que un envoltorio de genes que hemos evolucionado para tener una capacidad efectiva de pasar genes y de expandir los genes y de adaptarlos al entorno, en nuestro caso mediante la reproducción sexual, pero lo que mueve la vida en la Tierra es el egoísmo de los genes por perpetuarse. La expresión más sencilla son los virus: genes envueltos en proteína para estar protegidos, que quieren perpetuarse y expandirse.
P. El coronavirus no quiere matarnos.
R. A ningún virus le interesa. Si lo hace, desaparece. En los virus más agresivos los brotes son más pequeños. Ahí tenemos el ébola: tiene un 80% de mortalidad en los países donde no hay buenas condiciones sanitarias y los brotes que produce suelen ser violentos y pequeños. Los virus más agresivos son los que menos éxito tienen expandiéndose. Son los coronavirus, los virus catarrales que todo el mundo tiene, los que se hacen pandémicos.
R. Los virus tienden a adaptarse al organismo que infectan, no a destruirlo. Toda la evolución que se ha visto con otros virus es que al final el virus se ha adaptado, ha perdido virulencia, y vive en armonía con el hospedador que infecta. La antecesora de nuestra gripe actual fue la gripe de 1918, que mató a más de 50 millones de personas. Ese virus, al cabo de cinco años, ya se había adaptado a nosotros, ya teníamos inmunidad contra él, ya teníamos una especie de amistad.
P. Una amistad peculiar.
R. Ese virus se ha ido adaptando porque los virus tienden a hacer eso y sus mutaciones tienden a ser adaptativas. ¿Que en un momento dado se puede producir una mutación a algo más virulento? No se descarta. Pero este virus muta poco comparado con otros parecidos. Lo normal es que en esa deriva al azar de mutación los virus con más éxito sean aquellos que más convivan con el ser humano sin destruirlo.
P. Si se queda, como se quedó el de la gripe, sin esta virulencia pero igual de fastidioso, ¿qué síntomas tendríamos?
R. Los datos científicos apuntan a que le afectará y caerá su capacidad de infectar. A medida que nuestra especie tenga más defensas porque nos hayamos infectado más, el virus va a tener más difícil expandirse, y gracias a eso, junto con el calor y la luz del verano, las infecciones caerán durante esos meses. Pero volverá en la siguiente temporada, casi con toda seguridad. Y que el virus desaparezca o no este verano dependerá también de nuestra responsabilidad ante las medidas de contención.
P. ¿Estamos haciendo lo correcto?
R. Lo que podemos. Primero, estudiarlo. Hasta que no hemos sabido cómo se transmite el virus dábamos información contradictoria. A medida que vamos aprendiendo cómo se transmite, cómo infecta, qué periodo de incubación tiene, qué supervivencia tiene en los diferentes medios, se va reajustando todo.
P. Rectificando.
R. Porque la ciencia evoluciona y rectifica. La pseudociencia, sin embargo, nunca falla: tiene un remedio estúpido que vale para cualquier cosa. Por eso la ciencia cura en cuanto puede, y la pseudociencia no cura nunca. Hemos rectificado muchas veces a lo largo de esta pandemia. Todo lo hacemos mejor a medida que vamos sabiendo más. Estructuralmente, molecularmente, celularmente y también clínicamente. Se está haciendo lo correcto. Con errores en algunas ocasiones, con vías y puntos muertos en otras. Desde lo que sabíamos del virus hace cuatro meses hasta ahora, fíjate. Ha sido un hito mundial.Todo lo hacemos mejor a medida que vamos sabiendo más. Estructuralmente, molecularmente, celularmente y también clínicamente
R. No pretendía ni pretendo subestimar el peligro del SARS-CoV-2, sino poner en valor el peligro del virus de la gripe. Aun teniendo cierta inmunidad de rebaño, buenos antigripales y una vacuna efectiva para la población de riesgo, sigue matando a cerca de medio millón de personas, directa o indirectamente, cada año. Las comparaciones deben hacerse en su contexto. Por otra parte, parece que la presencia del virus en la población española es menor de lo que se pensaba, pero un informe del Imperial College hablaba de la posibilidad de que hasta el 15% de los habitantes de nuestro país estuviera infectado de forma asintomática. Con esas cifras, la mortalidad del virus habría resultado ser no muy distinta a la de la gripe estacional. Hoy sabemos que solo el 25% de los infectados serían asintomáticos y la seroprevalencia menor del 10%. Esto lo empezamos a saber ahora, tras dos meses de confinamiento.
P. A propósito de ese artículo, o del “España no va a tener más allá de algún caso diagnosticado” de Fernando Simón, mucha gente echa de menos autocrítica en la comunidad científica.
R. Yo me autocritico, pero no me flagelo. No hay entrevista en la que no piense al terminar: eso no tendría que haberlo dicho así o, directamente, no tendría que haberlo dicho. Siempre he procurado decir aquello que la ciencia sabía en cada momento. Si ahora me preguntas por el efecto del calor y la luz, te diré que los datos apuntan a que el virus será sensible a esos factores. Si llega el verano y el virus sigue expandiéndose, ¿he mentido? La ciencia evoluciona a la luz de las evidencias acumuladas. Uno de los epidemiólogos más importantes del mundo, Johan Giesecke, también habla del SARS-2 en términos comparativos con la gripe A. Las comparaciones son odiosas, sobre todo si se realizan en contextos diferentes.
P. ¿Qué le parece la desescalada?
R. Este virus se transmite por contacto. Si eliminas el contacto, eliminas el virus. Hay virus que se transmiten por contacto sanguíneo, como el VIH o la hepatitis C. Pero este virus se transmite por proximidad, por contacto directo entre aerosoles del que habla, porque hay superficies contaminadas recientes y alguien las toca y luego se lleva la mano a la cara. Si evitamos esta movilidad, funciona.
P. Y como eso es imposible, indefinidamente, ¿qué hacer?
R. Ahora, salir durante unas horas. La historia no es tanto que no nos infectemos, sino que no se colapsen los hospitales, porque vamos a infectarnos poco a poco. Pero hay que hacerlo de forma que no se desborde la sanidad. Va a haber medidas y contramedidas. A lo mejor dentro de una semana volvemos otra vez a encerrarnos porque se han disparado los casos, pero es que no hay mucho más que hacer. En Alemania han tenido que rectificar en algunas zonas porque han aumentado los casos, en Hong Kong tuvieron que aplicar otra cuarentena otra vez porque aumentaron los casos. Vamos a ciegas intentando avanzar.
P. Investigando.
R. Si ya es difícil bregar con un virus que no conocemos, lo es más en un país con un desarrollo tecnológico muy bajo porque nunca hemos apostado en investigación ni hemos aprendido que un país es rico porque investiga, y no que investiga porque sea rico. Ahora mismo solamente se investiga en algo que tenga que ver con la covid-19, ya no se investiga ni con otros virus patógenos como el VIH, ni se investiga contra el cáncer, ni se investiga contra enfermedades cardiovasculares, que siguen siendo la primera causa de muerte en el mundo, ni se investiga con neuropatologías como alzhéimer o esclerosis múltiple.
P. ¿No son esenciales ustedes?
R. Han ido a trabajar los esenciales y han ido a trabajar los no esenciales, pero la ciencia no es ni esencial ni no esencial, no es nada. Ahora no hay necesidad de investigar nada. No es necesario invertir en investigación. España volverá otra vez a pagar las consecuencias, como hizo con la crisis de 2008, cuando lo primero que retiró de su presupuesto fue la inversión en ciencia y en sanidad.
El ‘kintsugi’ es una técnica centenaria de Japón que consiste en reparar las piezas de cerámica rotas y que ha acabado convirtiéndose en una filosofía de vida. Frente a las adversidades y errores, hay que saber recuperarse y sobrellevar las cicatrices.
N UNA ÉPOCA dominada por el consumismo y la obsolescencia programada, lo más probable es que si una mañana te levantas con el pie cambiado y, en un tropiezo, se te cae la taza del desayuno, te resignes a recoger sus pedazos y los tires a la basura sin más. Algo impensable en Japón. Hace cinco siglos, surgió en el lejano Oriente el kintsugi, una apreciada técnica artesanal con el fin de reparar un cuenco de cerámica roto. Su propietario, el sogún Ashikaga Yoshimasa, muy apegado a ese objeto indispensable para la ceremonia del té, lo mandó a arreglar a China, donde se limitaron a asegurarlo con unas burdas grapas. No contento con el resultado, el señor feudal recurrió a los artesanos de su país, que dieron finalmente con una solución atractiva y duradera. Mediante el encaje y la unión de los fragmentos con un barniz espolvoreado de oro, la cerámica recuperó su forma original, si bien las cicatrices doradas y visibles transformaron su esencia estética, evocando el desgaste que el tiempo obra sobre las cosas físicas, la mutabilidad de la identidad y el valor de la imperfección. Así que, en lugar de disimular las líneas de rotura, las piezas tratadas con este método exhiben las heridas de su pasado, con lo que adquieren una nueva vida. Se vuelven únicas y, por lo tanto, ganan en belleza y hondura. Se da el caso de que algunos objetos tratados con el método tradicional del kintsugi —también conocido como “carpintería de oro”— han llegado a ser más preciados que antes de romperse. Así que esta técnica se ha convertido en una potente metáfora de la importancia de la resistencia y del amor propio frente a las adversidades.
La filosofía vinculada al kintsugi se puede extrapolar a nuestra vida actual, colmada de ansias de perfección. A lo largo del tiempo conocemos fracasos, desengaños y pérdidas. Con todo, aspiramos a esconder nuestra naturaleza frágil, esa que nos hace más humanos y auténticos, bajo la máscara de la infalibilidad y éxito. Se ocultan los defectos, aunque desde que nacemos nos recorre una grieta. Adam Soboczynski apunta en El arte de no decir la verdad (Anagrama) que hemos aprendido a camuflar “con gran esfuerzo, y manteniendo la compostura, incluso la más terrible de las conmociones que nos golpean”.
Somos vulnerables no solo física, sino también psíquicamente. Cuando las adversidades nos superan, nos sentimos rotos. A veces, es el azar el que nos lleva al punto de ruptura; otras, somos nosotros mismos, con nuestras elevadas expectativas no cumplidas y la avidez de novedad, los que nos metemos en el hoyo. El filósofo Josep Maria Esquirol defiende que “la memoria y la imaginación son las mejores armas del resistente”. Como animales dotados de creatividad, tenemos una poderosa herramienta en la capacidad de concebir alternativas a la realidad. Pero cuando soplan malos vientos, ¿qué más nos ayuda a resistir la embestida? La respuesta es, según la escritora Joan Didion, el verdadero amor propio. La gente con esta cualidad “es dura, tiene algo así como agallas morales; hace gala de eso que antes se llamaba carácter”. Y el logro de una vida plena pasa, además, por librarse de las expectativas ajenas y dejar atrás la compulsión de agradar. No hay recomposición ni resurgimiento sin paciencia. En el kintsugi, el proceso de secado es un factor determinante. La resina tarda semanas, a veces meses, en endurecerse. Es lo que garantiza su cohesión y durabilidad. Entre los cultivadores de la paciencia, Kafka ocupa un lugar privilegiado. Para él, la capacidad de saber sufrir y de tolerar infortunios era la clave para afrontar cualquier situación. Un día, mientras paseaba con un amigo, le dio este consejo: “Hay que dejarse llevar por todo, entregarse a todo, pero al mismo tiempo conservar la calma y tener paciencia. Solo hay una forma de superación que empieza con superarse a sí mismo”. La receta para vivir del autor de El proceso es sencilla, pero no por ello menos difícil: “Tenemos que absorberlo todo pacientemente en nuestro interior y crecer”.
Saber valorar lo que se rompe en nosotros nos aporta una serenidad objetiva. Apreciémonos como somos: rotos y nuevos, únicos, irreemplazables, en permanente cambio.
La práctica japonesa de reparar fracturas de la cerámica con resina de oro nos habla directamente a todos: a veces los defectos son las más grandes virtudes.
La herida es el lugar por donde entra la luz
Entre la afanosa muchedumbre de metáforas que relacionamos con la vida, la de la cicatriz es una que nos atañe a todos. El mundo se encarga de agrietarnos, de llenarnos de fisuras, y es allí donde reside para nosotros un crisol de posibilidades; la cicatriz se convierte en una ocasión para enfrentarnos al mundo. Mas nadie ha planteado esta metáfora con tanta belleza, con tanta claridad, como los japoneses en el arte kintsugi (o kintsukuroi).
El kintsugi es la práctica de reparar fracturas de la cerámica con barniz o resina espolvoreada con oro. Plantea que las roturas y reparaciones forman parte de la historia de un objeto y deben mostrarse en lugar de ocultarse. Así, al poner de manifiesto su transformación, las cicatrices embellecen el objeto.
El poeta Rumi decía que “la herida es el lugar por donde entra la luz”.
En esta filosofía hay algo casi diametralmente opuesto a la manera occidental de ver la fractura, tanto anímica como material. En lugar de que un objeto roto deje de servir y lo desechemos, su función se transforma en otra: en un mensaje activo. El objeto roto pasa de ser una cosa a ser un gesto gráfico que nos incita a emular su poderosa transformación, y, metafóricamente, la herida pasa de ser un trazo de oscuridad a ser una ventana de luz.
El kintsugi es silencioso y manifiesto. Solo el trazar un incidente doloroso con polvo de oro es aceptarlo como una alhaja, como una raya luminosa en la piel del tigre.
Cada vez es más habitual comer pequeñas porciones de alimentos para matar el aburrimiento o paliar la tristeza, los nervios o los celos. Consciente de ello, la industria alimentaria ofrece un arsenal de productos que conectan con el centro de recompensas del cerebro.
“Mientras más productos salados, dulces y grasos se coman, más fácil resultará que las excitadas papilas gustativas encuentren los demás alimentos sosos”, alerta Carlos Casabona
Hace unos años, un periodista de The New York Times se preguntó a qué podía deberse el deseo irrefrenable que le llevaba cada día a comerse una galleta de chocolate a las tres en punto de la tarde, pese a no tener teóricamente hambre, por haber almorzado un poco antes. Gracias a sus ganas de resolver el misterio, Charles Duhhig acabó escribiendo un libro donde apuntó que no era el hambre lo que intentaba satisfacer con la galleta, sino la necesidad de hacer una pausa en el trabajo, por lo que sólo pudo dejar atrás este hábito cuando decidió concederse otro premio: dedicar los cinco primeros minutos de su jornada vespertina a conversar por teléfono con algún amigo.
Según pudo averiguar algunos meses después, Duhhig intentaba paliar sus pocas ganas de ponerse a trabajar por la tarde con un premio mucho más palatable que una zanahoria colgada de un palo, en una época, el año 2012, en que el “comer emocional” empezaba ya a causar estragos en amplios sectores de población, aunque el término se había incorporado a la literatura científica ya en 1957.
“Cuando comemos por emociones, buscamos en la comida aquello que no podemos resolver de otra manera”, explica la dietista nutricionista y doctora en Bioquímica, Griselda Herrero. El problema, apunta, es que al acabar de comer, se tienen dos problemas, “el que existía antes y el sentimiento de culpabilidad que provoca haber comido algo que no se quería”, remarca la coautora de Psiconutrición (Arcopress).
Hablamos, así pues, del hábito de acudir a la nevera o despensa a deshora en busca de un trozo de chocolate, un postre lácteo cremoso, unos cacahuetes recubiertos de miel o unas patatas chips crujientes.
Aunque Herrero señala que algunas personas comen manzanas o zanahorias al sentir apetito emocional, lo habitual es decantarse por productos muy procesados, ya que activan de forma mucho más poderosa el centro de recompensa del cerebro, liberando dopamina y serotonina, dos neurotransmisores que producen placer y premian aquellos comportamientos evolutivos que garantizan la supervivencia. Pero también ocurre al contrario: desde que empieza a formarse, el cerebro desincentiva lo amargo, ya que antiguamente los venenos solían tener este sabor.
Este proceso, dice Herrero, es mucho más acusado cuando se trata de alimentos ricos en azúcares y grasas, porque hace miles de años los nutrientes que proporcionaban mucha energía eran particularmente escasos. También el umbral de saciedad para los alimentos azucarados es más alto que para el resto, como demuestra que en casi todas las culturas sea habitual tomar alimentos azucarados al final de las comidas. Es decir, aunque una persona coma dos o más platos rebosantes de comida, todavía dispone de apetito para tomar dulces de postre.
La cuestión es que dar de comer a las emociones a horas intempestivas, a despecho del hambre real y los horarios establecidos, se ha convertido en un estilo de vida en la mayoría de países desarrollados. Los expertos citan tres causas que podrían haber contribuido a este fenómeno. La primera es la creciente necesidad de estar sobreestimulados. La segunda, la costumbre anglosajona de rendir culto al trabajo, restando tiempo a las comidas principales, a costa de picotear pequeñas cantidades de alimentos durante, prácticamente, las 24 horas del día. La última es que en la actualidad estamos más centrados en dar rienda suelta a las emociones que en ser racionales.
Aunque estos usos alimentarios no tienen por qué convertirse necesariamente en un problema, hay colectivos, como los niños y niñas, especialmente vulnerables a comer impulsivamente. “Desde el punto de vista pediátrico, lo que observo en consulta entre mis pacientes, tanto con sobrepeso como sin él, pero de una manera más acusada entre los primeros, es que los niños, al notarse un poco aburridos, comen para experimentar un placer que, en muchas ocasiones, no sienten en su vida diaria”, confirma Carlos Casabona, pediatra de atención primaria y experto en la prevención de la obesidad infantil.
Existe todo un sector de la industria alimentaria dedicado a buscar nuevos sabores para hacer más apetecibles los alimentos y conectar con los nuevos gustos y tendencias
…
Para conseguir multiplicar el sabor de un alimento o darle personalidad, según la marca, existe todo un sector que trabaja para las multinacionales de la alimentación. El principal cometido de estas empresas, explica Irene Peral, experta en el desarrollo de nuevos productos en el centro tecnológico AZTI, es innovar constantemente hasta dar con sustancias que conecten con las nuevos gustos y tendencias que se registran a nivel mundial.
Algunos de estos aromas y sabores se utilizan en muchos sectores industriales, “especialmente, en bebidas energéticas, refrescos, lácteos, confitería, repostería, panadería, cárnicos, platos preparados y también en los productos farmacéuticos, que también usan aromas para facilitar su consumo”, detalla Peral.
Estas sustancias se utilizan para potenciar el sabor y que los productos sean muy apetecibles, “estimulando propiedades positivas en el consumidor, como el bienestar y la relajación”, indica esta experta, así como para recuperar compuestos que se pierden durante el proceso de producción, especialmente en productos con una fecha de caducidad larga.
Sin embargo, la decisión final de ingerirlos recae sobre el consumidor. Dado que estos productos están concebidos para ser degustados con mesura, los expertos aconsejan consumirlos muy ocasionalmente (es decir, tres veces al mes, como máximo).
Hay varios secretos para no sucumbir a las emociones. “El principal, tal vez, es saber diferenciar el hambre de verdad (que aparece de forma gradual, en las horas habituales de las comidas…) del comer emocional, para que la comida no decida por nosotros”, aconseja Griselda Herrero. El segundo paso “es posponer la decisión de comerse un bollo de chocolate o unas patatas fritas y preguntarse de qué servirá o cómo va se va a sentir uno después y pensar en una alternativa no comestible, como dar un paseo o telefonear a alguien”, añade. Y, si todo falla, es mejor tener preparado chocolate negro, almendras con cáscara o manzanas para que, al menos, las emociones puedan llevar una dieta saludable.
Eva Millet. LA VANGUARDIA MAGAZINE, MARZO 2011 ———- Versión pdf – ABUSOS PREVENCIÓN
Poner voz a la existencia del abuso sexual infantil ha sido un primer paso, fundamental, para combatir esta lacra, que está más extendida de lo que se quiere admitir. Pero otro aspecto, la prevención, es también clave para evitarla. En España ya hay entidades que trabajan en este sentido, con herramientas para hacerlo tanto a nivel escolar como familiar y social.
El abuso sexual infantil es una epidemia escondida. Las estadísticas dicen que una de cada cuatro niñas y uno de cada seis niños pueden sufrirlo antes de cumplir los 18 años. Apenas uno de cada diez llegará a denunciarlo. El abuso no distingue entre poblaciones, estatus social, razas, ni religiones. Sus víctimas, por eso, tienen en común el ser personas con más probabilidades de padecer problemas psicológicos y relacionales en el futuro.
Si el abuso sexual infantil fuera algo tangible, como una enfermedad grave, se trataría con asiduidad en los medios de comunicación, se organizarían maratones televisivas y campañas recaudatorias. Pero el abuso sexual a menores es aún un gran tabú cultural: algo que está ahí pero que es tan terrible y provoca tanta vergüenza que no se habla de él. Este silencio es para Vicki Bernadet, artífice de la Fundación Contra el Abuso Sexual Vicki Benardet, uno de los problemas principales; “Porque hace que el abuso sea una realidad que no se asume”.
Sin embargo, poco a poco, el tema va saliendo más y más a la luz. Primero fueron las víctimas: valientes quienes se atrevieron a contar sus traumáticas experiencias en los medios, escribiendo artículos, libros y montando organizaciones como la de Vicki. Además, en los últimos años, a nivel político, se han elaborado propuestas legislativas, protocolos y planes de acción tanto a nivel estatal como de comunidades autónomas. Los innumerables casos de pederastia perpetrados por sacerdotes católicos han puesto el tema en las portadas de todo el mundo y son una muestra más de que el silencio ya no vale para una aberración que debe combatirse y, también, prevenirse. Y son los adultos, no los niños, quienes han de procurar esta prevención.
En Estados Unidos, un país pionero en la lucha contra la pederastia, la prevención es un aspecto que se tiene muy en cuenta. Y hay organizaciones sin ánimo de lucro, como ‘Darkness to Light’, especializadas en ella. “Los adultos son los responsables de la seguridad de los niños: en el coche, les ponemos los cinturones de seguridad, les damos la mano al cruzar la calle… Por qué, entonces, ¿no protegerlos también de un posible abuso sexual?”, se preguntan desde esta asociación, cuyas estadísticas indican que este tipo de protección es algo que los adultos, en gran parte por desconocimiento, no tienen en cuenta. Por ello, ‘Darkness to Light’ hace tiempo que tiene programas de prevención específicos para adultos, ya que consideran que la responsabilidad de este tema no puede dejarse en manos de los niños: “No es realista pensar que un pequeño de seis años pueda reconocer y defenderse de los avances sexuales de un mayor”, aseguran. Con este se ha preparado un programa “Siete pasos para proteger a nuestros niños” que ha sido adaptado por la asociación española RANA (Red de Ayuda a Niños Abusados, cuya presidenta, Elizabeth Homberg, es miembro de ‘Darkness to Light’). La guía, que puede descargarse en la web de la asociación (www.asociacionrana.org), recomienda, entre otras, acciones tan sencillas como aceptar la realidad (los abusos existen), reducir al mínimo los riesgos (la mayoría de los casos de abuso sexual infantil suceden cuando un menor está a solas con un adulto y, en más del 90% de los casos el niño y su familia conocen y confían en el abusador); hablar abiertamente del tema (menos de una tercera parte de los padres ha hablado y/o mencionado el tema del abuso sexual con sus hijos); estar alerta (de señales tanto físicas como psicológicas) y, si el niño o la niña explican, reaccionar siempre con calma y evitar la incredulidad, que puede hacerles sentir aún más culpables.
Como otras organizaciones en España, RANA desarrolla desde hace unos meses en los colegios un programa de prevención del maltrato y el abuso sexual infantil llamado ‘¡Grita muy fuerte!’. Está basado en un cuento (“¡Estela, grita muy fuerte!” ed. Fineo) escrito por Isabel Olid e ilustrado por Martina Vanda, que enseña a los pequeños de entre 6 y 11 años a reaccionar ante este tipo de situaciones, pero sin alarmarles. La idea es explicar a los niños que, si alguien les hace daño o algo que no les gusta, deben decir ¡para!, ¡basta! Y si esa persona sigue haciéndolo, hay que pedir ayuda, gritar si es necesario. “Sabemos por propia experiencia que hablar de un tema como éste con los niños es difícil. Sin embargo, lo que para nosotros es un tabú insuperable, para los niños que no han sufrido abusos es un tema como cualquier otro y se puede tratar con naturalidad”, explica su autora.
Así, el cuento es una herramienta útil, tanto para padres como para escuelas aunque, como explican desde la Fundación Vicki Bernadet, los centros todavía no están muy dispuestos a que se hable del tema en sus aulas. “Las familias deberían reclamar más información y formación en este tema, como talleres de prevención en sus escuelas, tanto para sus hijos como para ellos”, pide Bernadet.
Los adultos, añade la psicóloga de la Fundación, Pilar Polo, también han de estar alerta y aprender a preguntar, en especial si ven comportamientos extraños en el niño. “Si no preguntas, la gente no explica”, asegura. “Muchos de los niños que han sufrido abusos disimulan y se pasan la vida disimulando, y hay que vigilar, porque se les escapan cositas. Y si no nos lo quieren explicar a la primera, hay que tener paciencia y crear espacios de confianza… A veces el niño no está preparado para asumir su vergüenza y si lo presionamos le creamos un problema añadido”. Para la coordinadora de RANA, la también psicóloga Beatriz Benavente, esta confianza es fundamental: “La mejor educación que pueden dar los padres a sus hijos es establecer buenos vínculos, donde el diálogo se dé en todos los ámbitos. Desde muy pequeños ya podemos enseñarles que su cuerpo es suyo y que nadie se lo puede tocar sin su permiso, ni hacerle daño. Nuestros hijos tienen que saber que siempre podrán hablar con nosotros de lo que les está pasando y que nuestra responsabilidad como padres es la de protegerles”, asegura. Y, en caso de que el niño explique o hayan sospechas, hay que actuar.
“Hemos de ser capaces de saber que cuando un niño viene y dice que no quiere ir más a piano o a gimnasia no encuentre un reproche sino apoyo”, explica Vicki Bernadet. “Preguntar, acompañarle, actuar… Eso reforzará la confianza”. Y, si el niño explica o se tienen sospechas, lo que hay que hacer es asesorarse con profesionales que puedan explicar qué pasos dar (entre otros, en el Servicio de Protección al Menor, los Servicios Sociales Municipales, los Centros de Atención Primaria y la Oficina de Defensa de los Derechos del Menor). El abuso sexual de menores es un delito y debe denunciarse. Además, las estadísticas dicen que muy pocas denuncias de este tipo son falsas y que, si las víctimas reciben apoyo y ayuda psicológica, pueden superar el trauma.
AYUDAR A PREVENIR
La prevención tendría tres grandes etapas: la primera (de los 0 a los 8 años) y la segunda (de los 8 a los 12 y la de mayor riesgo para sufrir abusos), serían de construcción de una actitud: que los niños sepan que su cuerpo les pertenece y puedan nombre a lo que sienten. La tercera etapa coincide con la adolescencia y es más cognitiva: se trata de que puedan entender qué ha sucedido y tengan capacidad de actuar, poniendo límites y denunciando. Para todo ello, es necesario que los menores sepan:
Poner nombre a su cuerpo: En lenguaje coloquial o técnico, pero los niños han de saber cómo llamar a las partes de su cuerpo desde que empiezan a hablar. Y de forma específica. “Es muy importante”, afirma la psicóloga Pilar Polo. “Si no, cómo va explicar un niño pequeño que alguien ha entrado en su cuerpo si no sabe como nombrar sus distintas partes”.
Poner nombre a los sentimientos: A medida que crecen, los niños han de ser capaces de describir sus estados de ánimo. La adquisición de un vocabulario sentimental es fundamental, y no sólo para expresar un abuso, sino también para funcionar en la vida.
Su cuerpo es suyo: el niño tiene que sentirse dueño de su cuerpo y saber que hay partes que son más intimas que otras. También hay que respetar su pudor: las partes son suyas y no son accesibles a todos. Que sepan que uno de sus derechos es a la intimidad.
Hablarles claro, sin vergüenza: La pederastia existe y los niños deben saberlo. No hace falta hablar de cosas extrañas, brutales: se puede mencionar un beso distinto, una mirada que incomoda o una caricia que no es. “A veces magnificamos que los niños tendrán miedo de oir estas cosas pero la perversión la tenemos los adultos: los pequeños escuchan esto con tal ‘limpieza’ que lo elaboran bien”, asegura Vicki Bernadet
Los adultos no siempre tienen razón: Las personas no son perfectas, tampoco los padres y las madres, ni los familiares ni maestros. “A veces les damos el mensaje que los adultos siempre tenemos la razón y no es cierto”, explica Bernadet. Transmitirles que si hay un adulto que hace alguna cosa que les molesta, no les gusta, se puede hablar de ello.
Enseñarles a decir NO: Los niños pueden decir ‘no’ sin que dejen de sentirse queridos. Su afectividad ha de ser libre. No hay que exigirle besos ni abrazos. Un beso no equivale a ser bien educado. “Hay que decirle: ¿que me dejas darte un beso? Pedirle permiso para entrar en su territorio”, explica Pilar Polo.
Preguntar: Hay que estar alerta e interesarse por los menores con preguntas como ¿Hay algo que te preocupa?, ¿alguna persona te está molestando?, ¿hay alguna cosa que te hace sentir mal?… El adulto no puede poner palabras ni nombres que el niño no ha dicho porque, si hubiera un abuso, a nivel judicial esto supondría un problema.
Crear confianza: Si el niño o niña nos piden ayuda por algo, hay que intervenir: “Si el adulto lo reconforta, le soluciona su problema, si aparece un abuso, éste será otro más”, afirma Polo. “Y si los padres hacen lo que hemos dicho hasta ahora”, añade, “espontáneamente, el niño, el día el día que tenga una intromisión, como no estará acostumbrado a ella, lo dirá”.
Fuentes: Fundación Vicki Bernadet (www.fbernadet.org), Asociación RANA, Save the Children, Darkness to Light.
ABUSO EN INTERNET
Como explica Liliana Orjuela López, de Save the Children, una de las formas de abuso sexual que tienen cada vez mayor incidencia y riesgos para niños, niñas y adolescentes es el abuso sexual en internet. Se calcula que uno de cada cinco menores son solicitados sexualmente en este medio. Para prevenir esta faceta del abuso la oenegé ha lanzado una nueva campaña y desde 2008 participa en una blogocampaña contra la pornografía infantil en la red: http://www.savethechildren.es/pornografia-infantil-no.php,
NO HAY SINO UN PROBLEMA FILOSÓFICO REALMENTE SERIO: EL SUICIDIO. ALBERT CAMUS
Creemos necesario que se hable sobre esta realidad, que se compartan perspectivas y reflexiones, de manera que podamos imaginar y organizar estrategias colectivas contra la devastación.
No hay sino un problema filosófico realmente serio: el suicidio. Albert Camus
El suicidio es el único acto fallido que no falla jamás, que siempre tiene éxito. Lacan
El suicidio es una solución permanente a un problema temporal. Mark Gold
Más de 800.000 personas se suicidan al año en el mundo según la organización Mundial de la Salud (O.M.S). En 2015 se convirtió en la segunda causa de muerte de personas de entre 15 y 29 años, aunque se puede producir a cualquier edad y en cualquier región del mundo.
El suicidio es ya la primera causa de muerte no natural en España, por encima incluso de los accidentes de tráfico. Muchas son las situaciones sociales que empujan al suicidio de un modo desesperante e innecesario, ya que nuestra organización social impuesta es abusiva, injusta y “sutilmente” autoritaria, donde se fomenta, por encima de todo, la competencia, el individualismo egoísta y el amor al dinero. Sometimiento económico, alienación, descomposición moral, cosificación. Esto se traduce en personas cada vez más aisladas, neuróticas, depresivas, monótonas, sin metas vitales propias, como seres prefabricados en serie para la producción y el consumo, y que muchas veces, al ser marginados de esa rueda tienen sentimientos de total inutilidad y de pesimismo respecto al futuro. Es lo que Ronald Laing definiría como “jaque mate social”, es decir, una insostenible situación social a la que ha sido conducido un individuo cuando se le limitan las opciones hasta la extenuación. Para Laing, en estos casos, solo quedaría la locura o la muerte. El suicidio sería como una patología social que indicaría la degradación social existente en nuestro mundo globalizado e hipercapitalizado.
Según el I.N.E (Instituto Nacional de Estadística) cada día se suicidan más de 10 personas en España. La tasa media nacional de suicidios se sitúa en torno a 8,35 suicidios por cada 100.000 habitantes. Soria (18,2 suicidios por cada 100.000 habitantes) y Segovia (10,67 suicidios por cada 100.000 habitantes) son las provincias con mayor tasa de suicidios, seguramente por su baja densidad de población. Entre Córdoba, Granada y Jaén existen tres pueblos (Alcalá la Real, Priego e Iznájar) con la más alta tasa (26,6) de suicidios de España. Según estudios del INE, desde el inicio de la crisis el suicidio subió de 2007 a 2009, descendió en 2010 y a partir de entonces comenzó a aumentar cada año. De 2007 a 2014 el número de suicidios ha crecido en 647 personas, un 20% más desde el inicio de la crisis económica. En el año 2013 se suicidaron 3.870 personas, y en el 2014 fueron 3.910 personas. …
Según la Plataforma de Afectados por la Hipoteca (PAH), el 34% de los suicidios es resultado de desahucios. Afirman que la relación que existe entre suicidio y desahucio no es visible ni aparente y es complicado, en algunos casos, relacionarlos explícitamente; es decir, no se puede hablar de una relación causa-efecto directa. Los datos del INE muestran poca coincidencia de muertes por suicidio con los ciclos económicos, aunque esta afirmación sea algo reduccionista, ya que por ejemplo, en 2010, después de unos años de crisis y recortes, se produjo la tasa más baja de suicidios en 17 años. Habría que señalar que a partir de 2011 el INE incorporó los datos de los Institutos de Medicina Legal que antes no se contabilizaban, produciéndose desde entonces un aumento medio de más de 400 casos de suicidios anuales, sin los cuales se tendrían ahora unas cifras parecidas a las de los últimos 20 años.
El suicidio también es la primera causa de muerte entre los jóvenes en España. Existen más casos de suicidio entre los jóvenes que entre personas de mayor edad. Los factores de riesgo más comunes suelen ser el acoso escolar, haber sufrido abusos sexuales, una identidad sexual no asumida por la presión social o el consumo de alcohol y drogas reiterado (posiblemente esto sea más una consecuencia de un problema más profundo que un factor de riesgo). Resulta sorprendente que gente con toda su vida por delante y con posibilidades de poder reaccionar y dar un vuelco a su situación, en vez de reconducir su vida aboque por quitársela. Las situaciones tienen que ser duras, y de difícil comprensión para las que no las sufren y padecen.
El suicidio, según las estadísticas, se da más en hombres que en mujeres. Existen más suicidios consumados en hombres que en mujeres (2.938 hombres y 972 mujeres en 2014), aunque las mujeres protagonizan más tentativas. El caso de los hombres se podría explicarse por una mayor impulsividad biológica por el factor hormonal y por otros factores psicológicos como expresar menos sus emociones o tener menos redes de apoyo exterior que suelen dar una mayor fortaleza psicológica y resistencia[4]
Tampoco el suicidio es un problema de salud mental como tal, es más un problema de salud existencial, de vacío, estrés, de no poder dirigir sus vidas y de entregárselas a la política profesional, de ser seres vendidos a la máquina productivista tecno-industrial y a su amo el dios dinero. No tienes que ser un enfermo mental para matarte, es más, la mayoría de la gente que se suicida no está legalmente “loca”, ahí es donde surge la paradoja. La sociedad-mercado que nos oferta y condiciona a ser meras piezas de la máquina capitalista, va moldeando nuestras emociones, instintos, conductas, sentimientos a su imagen y semejanza para transformarnos en seres ultradependientes del Estado y el capital, lo cual eso sí que es verdaderamente enfermizo o diabólico. Cuando se nos margina o excluye y entramos a formar parte de los marginados del Sistema se rompen nuestros esquemas personales y sociales que dan paso a una sensación de decepción, tristeza, infravaloración o depresión, ya que todas las ilusiones inculcadas de triunfo y bienestar por la sociedad de consumo se ven abocadas al fracaso y con ellas al derrumbe existencial y vital.
Pero, ¿es necesario buscar una razón para vivir?, ¿no sería más cierto lo contrario? La vida tiene en sí misma su sentido, su fuerza imparable, sus posibilidades, acontecimientos inciertos y futuros distintos que nos hace pensar que la autodestrucción es la ultimísima salida que se nos vendría a la cabeza. Alguien dijo que un suicida consumado es un rebelde desaprovechado. Su valor queda malgastado para mejores labores. El suicidio es un arma en las manos de cada una, un instrumento de todo o nada a nuestro servicio. No simplemente podemos considerarlo como el desencadenante de una enfermedad o del final de un proceso patológico, pues no suele serlo. Siempre creemos que hay que estar “loco” para acabar con tu propia vida, lo único que realmente tienes tuyo, pero tal vez este mundo tan deshumanizado, tan alienante y masificado haga que la vida para algunas personas no merezca la pena ser vivida, sea un infierno, una agonía constante que haga parecer la muerte como única salida al sufrimiento constante. Nuestro mundo decadente no parece que vaya a despertar de ese sueño autodestructivo que los dirigentes y poderosos nos han sumergido. La locura acumulativa, la devastación de la naturaleza y las ansias de poder nos abocan al sinsentido más grande que ha padecido la humanidad. No nos puede sorprender que existan personas que, por distintas circunstancias, pretendan acabar con su agónica existencia. Pero, pese a todas las contradicciones, es necesario que podamos decidir sobre nuestra vida y nuestra muerte, pues es lo único que realmente nos pertenece. El suicidio es en sí un acto contradictorio, paradójico y extravagante: de odiar y amar.
(18) El uso masivo de psicofármacos está tan arraigado en las sociedades consumistas gracias a la falta de apoyo comunitario entre la gente por el fuerte individualismo que impera, ya que la falta de empatía y la atomización social conllevan una mayor dependencia y confianza del Estado y de los estamentos medico-farmacéuticos. Tampoco existen muchas alternativas autogestionadas y alejadas del uso de psicofármacos, y para muchas personas acaba siendo más sencillo y práctico medicarse para aliviar su sufrimiento sin tener que recurrir a nadie más que a su psiquiatra o médico de familia. También los círculos cercanos de las personas con cualquier problemática mental suelen alejarse de esta, ya que la consideran en ciertos casos como una carga o que simplemente no quiere aguantar sus lamentaciones o llantos.
Nosaltres som els veritables actors polítics que hem d’estar disposats a exigir responsabilitats i a exercir-les, atès que els que han de vetllar pel “bé comú” i protegir-nos de la depredació econòmica fa temps que han abdicat d’aquella qualitat que, segons Max Weber, havia de configurar un bon polític: l’ètica de la responsabilitat
… cal que la societat civil catalana, europea i mundial exigim amb contundència que aquesta “treva ecològica” (que malauradament estem pagant amb morts cada dia) serveixi per repensar i canviar de rumb. Nosaltres som els veritables actors polítics que hem d’estar disposats a exigir responsabilitats i a exercir-les, atès que els que han de vetllar pel “bé comú” i protegir-nos de la depredació econòmica fa temps que han abdicat d’aquella qualitat que, segons Max Weber, havia de configurar un bon polític: l’ètica de la responsabilitat, la que mira de fer possible el futur. Exigim-nos-ho també a nosaltres mateixos si volem que els nostres fills i filles “heretin la terra”.
No existe una Amazonia, sino muchas, pero para muchos ya es el nuevo Eldorado
Cementerio de Parque Taruma, en Manaos (Amazonia, Brasil), hoy ampliado por la pandemia del covid19
La Amazonia brasileña es uno de los lugares más peligrosos del mundo para campesinos sin tierra, ecologistas y, en general, para cualquiera que se oponga a un modelo de desarrollo basado en la destrucción de la naturaleza para producir commodities agrícolas, extraer mineral o talar madera de alto valor comercial. El Gobierno de Jair Bolsonaro parece ser uno de sus mayores aliados.
En el imaginario colectivo de la sociedad occidental, la Amazonia es un infinito manto verde dotado de una biodiversidad sin parangón y de una naturaleza tan ingente e indomable que, si no fuera por la implacable tecnología humana, sería todavía hoy, en pleno siglo XXI, una frontera infranqueable para nuestra civilización. Pensar en la Amazonia supone, de forma frecuente, evocar conceptos como los del pulmón del planeta, así comoindígenas salvajes que viven aislados en los rincones más inhóspitos de la jungla. En definitiva, se piensa todavía hoy que la Amazonia es un lugar donde la huella del hombre es, cuanto menos, modesta y contenida.
En la Amazonia brasileña se mata, se arrasa la selva, se emplean trabajadores como esclavos y se cooptan las estructuras del Estado de derecho
Según la organización no gubernamental Global Witness, que desde el 2012 monitorea el asesinato de activistas y ecologistas en el mundo, Brasil fue durante seis años seguidos el país más letal para los defensores del medioambiente y de los campesinos sin tierra. El gigante sudamericano sólo perdió su deshonroso cetro el año pasado, cuando Rodrigo Duterte, el polémico presidente de Filipinas, le arrebató para su país el primer puesto en la lista .
“Desde la década de 1970, oleadas de colonos pusieron coto a tierras públicas, a menudo unas encima de otras, lo que resultó en una maraña de reivindicaciones solapadas y contrademandas. Más aún: en gran parte, los colonos trazaron sus reivindicaciones de propiedad en ausencia de las agencias estatales que las reconocerían definitivamente [las propiedades]. Como resultado, en buena parte de la Amazonia rural, campesinos y grandes terratenientes han improvisado un sistema coloquial [vernacular] para controlar, requerir y vender tierra que opera en gran medida fuera de la aprobación oficial”.
Entre 1985 y 2017, la CPT contabilizó 1.438 casos de asesinatos vinculados por el control de la tierra en Brasil. Un 45% se produjeron en la región amazónica. Del total, apenas 35 fueron juzgados y, de ellos, sólo 20 terminaron con una condena judicial para los mandantes de los crímenes, quienes frecuentemente son poderosos terratenientes que subcontratan el asesinato a pistoleros a sueldo. El precio de la muerte se fija en función de la notoriedad social de la víctima. …
Acabé col, lechuga, brócoli, tirabeque, haba, y en abril plantamos tomate, berenjena, pimiento, calabaza, pepino, melón, sandía: por eso el decreto de confinamiento cometía un crimen al impedir acudir a los huertos.
El Gobierno rectificó rápido. – Pero evidenció su urbanocentrismo. Qué error, el desdén a la agricultura en España.
Se viene hablando de la España vaciada. – Pues lo grave es la España apiñada. Todos en ciudades, ¡qué peligro!: nos hace vulnerables. Las comunidades rurales son más resilientes, también, ante la pandemia. …
Los monocultivos agroindustriales invaden territorios, desplazan y concentran animales silvestres que incuban virus.
¿Culpa de esta pandemia del coronavirus a los monocultivos? – La diversificación local es más saludable que el monocultivo. En Catalunya producimos miles de cerdos en enormes granjas para exportar a China en su 60%.
Unos colmeneros cambiaron de sitio sus abejas, el año pasado… y yo obtuve menos hortalizas. Claro: con menos abejas, menos polinización.
¿Son aquí los huertos como en otras partes del mundo? – Me enamora la milpa de Centroamérica, simbiosis de tres plantas: maíz (vertical: mira al cielo), frijoles (trepa por los tallos del maíz) y calabaza (repta, protege el suelo, retiene su humedad). ¡Milenios de sabiduría!
Sólo el 4% de la población es campesina en España, y sólo el 1% en Catalunya. Es deplorable, lastimoso. Por suerte, aún el 15% de la población mundial se alimenta de su propio huerto: es un autoconsumo autosostenible.