Category Archives: psicologia

El vacío existencial es la primera causa de ansiedad

Marian Rojas (Fotografía: Lupe de la Vallina)

Marian Rojas Estapé (Madrid, 1983) es la best seller de la pluma antiinflamatoria, la bata blanca y la sonrisa realista y consciente. Psiquiatra. En el momento más doloroso de su vida escribió Cómo hacer que te pasen cosas buenas (2018), y el viento de la naturalidad y la franqueza de sus páginas, siempre entre la ciencia y la experiencia, cosechó 350.000 ejemplares vendidos y un alto número de hogares reencendidos sin miedo al precio de la luz. Sus páginas trajeron más brillo, también para los ojos de una sociedad con síndrome de burnout que miraba hacia los lados, titubeante, incluso antes de que debutara el coronavirus.

Este año ha vuelto al podio de los libros más vendidos con Encuentra tu persona vitamina: una rebotica para conocernos y sanar la convivencia, y una vacuna de emergencia ante este clima de urgencias de salud mental que se salen de madre en nuestros propios domicilios.

No ha vivido aún su crisis de los 40 y ya ha salvado de muchas asfixias emocionales, angustias existenciales, ahogamientos en piscinas y en vasos de agua, tiros por la culata, encierros al vacío, sorderas de orgullo, miopías individualistas, cobardías crónicas, hiperplasias de inmadurez, esguinces familiares, anorexias de afecto, bulimias de egocentrismo… y suicidios.

El timbre de su consulta está que arde. Las páginas de sus libros viajan en el metro. Mujer de rojo sobre fondo gris-oscuro-casi-negro-mate. Apasionada. Ilusionante. Es un ventilador de divulgación científica, guiños de empatía y motivos contundentes para vivir con la cabeza alta.

Con la mirada puesta en una pandemia que sube y baja por el retrovisor. Con El País y su “España, en terapia” sobre la mesa del café. Muy cerca de las grúas monstruosas que recomponen el nuevo Bernabéu, zumo de oxitocina con vitaminas, andamios, reset, la ola en las gradas y ¡gol!

— Dice The Lancet que los casos de depresión grave han aumentado un 28% en todo el mundo y los diagnósticos de ansiedad, un 26%. Son porcentajes de guerra mundial que nos están hablando a gritos: “Conócete a ti mismo, cuídate, y protege a los demás”.

— No estamos diseñados para vivir en modo alerta. Las cifras son “lógicas” después de este tiempo de pandemia, porque casi nadie sabe enfrentarse de manera sana a la muerte, a la enfermedad, al sufrimiento y a la incertidumbre. Durante el confinamiento repetí muchas veces: “Si no puedes salir fuera, métete dentro”. Estas circunstancias son ocasiones de oro para pararse a pensar y hacerse las grandes preguntas. La pandemia bien gestionada nos ayudará a crecer. De momento, lo que veo en consulta es que la pandemia mal gestionada nos está enfermando.

— Desde el inicio de la pandemia, en España se prescriben el doble de psicofármacos. Pero en Encuentra tu persona vitamina nos habla de que nadie sale del hoyo solo con pastillas.

— Las pastillas pueden ser una grúa necesaria que nos sacan del hoyo y nos colocan de nuevo con los pies sobre la tierra. A partir de ahí, debemos contar con herramientas que nos permitan aprender a vivir sin fármacos. Las pastillas son impermeables que ayudan a no sentir. En los casos de depresión grave o de angustia sirven para paliar esos síntomas ansiosos depresivos, pero debemos prepararnos para seguir adelante sin impermeables. Recomiendo ir contando con recursos propios, poco a poco, para ser capaz de gestionar los problemas de cada día: un bache económico, la incertidumbre de la vida misma, la relación con personas que no nos convienen…

“Si contamos con herramientas para gestionar lo bueno y lo malo, vibra en nosotros un equilibrio interior y somos más felices”

— El CIS dice que el 35,1% de los españoles ha llorado en el último año y medio. Me parecen pocos. Lo que está claro es que ante una sociedad que cambia bruscamente cada día, la incertidumbre y las crisis cada vez necesitamos más estar rodeados de personas que curan: aspersores de oxitocina, en la jerga de tus libros.

— Yo he llorado varias veces durante la pandemia y no me importa admitirlo. En pleno confinamiento tuve a mi cuarto hijo y el mayor tenía cinco años… De pronto, me vi en unas circunstancias muy complejas de gestionar, porque mi marido era trabajador esencial. No conozco a nadie que no haya sufrido mucho en algún momento de esta pandemia. La incertidumbre, el miedo y el estrés nos intoxican de cortisol y las personas vitamina nos riegan de oxitocina, que inhibe el cortisol. Es importante aprender a ser persona vitamina y rodearse de personas vitamina, que son esas que en un solo instante te alivian de la tensión y saben sacar lo mejor que llevas dentro.

— Bienaventurados quienes te bajen el cortisol y te mejoran la vida, porque ellos son la mejor vitamina en este contexto de anemia existencial.

— Tener una persona con quien hablar o estar cuando lo necesitamos provoca ratos oxitocínicos que son el mejor regalo. Por primera vez en nuestra historia, hoy, cuando vemos a alguien, medimos antes el riesgo que el cariño. Prevalece el miedo a contagiarse sobre las ganas de verse. ¿Estará vacunado? ¿Lleva mascarilla? ¿Me ha dado la mano? ¿Le respondo con un abrazo? Todo este proceso mental es terrible en las relaciones humanas, que son de entrega, de servicio y de cariño.

— En tus libros abres muchas pestañas y hay una que me parece la más esperanzadora de todas: los seres humanos podemos cambiar. Tenemos capacidad para mejorar nuestra forma de ser y para hacer que nos pasen cosas buenas después de evitar las inercias malas.

— No conozco a nadie que no esté librando una batalla importante en algún aspecto de su vida, porque la vida es un drama y eso es una realidad. Al que no le preocupa la salud, le angustia el dinero, o el amor, o el trabajo, o los padres, o los hijos… Como psiquiatra y como persona que se dedica a investigar el comportamiento humano, cada vez tengo más claro lo importante que es ser capaces de disfrutar lo bueno y gestionar adecuadamente lo malo. Conozco a personas que protagonizan muchas vivencias positivas, pero no son capaces de disfrutarlas y deambulan en tensión. Suelen ser personas que, después, ante lo malo, se bloquean, se enfadan, pierden el control o enferman. Mi mensaje es esperanzador, porque yo he visto que, cuando contamos con herramientas para gestionar lo bueno y lo malo, vibra en nosotros un equilibrio interior y somos más felices.

— Es posible pensar en una sociedad en la que amanezcamos pensando: ¿cómo puedo hacer que todas las personas que se cruzan hoy por mi vida estén a gusto, aunque el mundo real no sea Pixar?

— En esto soy más pesimista, porque hay un fondo egoísta en la sociedad. Hoy estamos más conectados que nunca, tenemos más amigos en las redes sociales que nunca, y somos más individualistas que nunca. Y la pandemia ha exacerbado ese perfil. Nos levantamos por la mañana preguntándonos qué hago con mi vida, qué me satisface, y nos hemos olvidado completamente de qué hago con la vida de los demás o qué les satisface a quienes me rodean. Con mis libros, trato de impulsar que esto cambie, porque una sociedad individualista, se destruye. No estamos diseñados para vivir así. No tocarse, mata. Aislarse, enferma.

— Pongamos por hecho que yo quiero ser vitamina en medio del mundo. ¿Cómo puedo curar a una persona egoísta?

— Las personas que no son vitamina están sufriendo por algún motivo. La mejor manera de ser vitamina es dejar de juzgar a los demás. Debo comprender que detrás de la toxicidad de ese egoísmo, de ese mal humor, de esa frialdad, hay un daño patente o latente. Si levanto la barrera del juicio crítico y me impongo la del entendimiento, todo cambia. Yo escucho cosas increíbles en mi consulta, y evito juzgar, sobre todo desde que me tocó afrontar un caso muy grave que me dejó impactada. En este episodio concreto, pensaba que mi paciente era una mala persona, y cuando percibí ese planteamiento, me di cuenta de que así nunca sería capaz de ayudarle. Me despojé del prejuicio del juicio, intenté entender el camino por el que había llegado hasta ese comportamiento, y en ese momento el paciente empezó su fase de sanación, porque cuando comprendemos a alguien aflora la oxitocina, y si hay oxitocina, baja el cortisol, y cuando baja el cortisol, nos empezamos a curar.

“La mejor manera de ser vitamina es dejar de juzgar a los demás. Comprenderse y comprender es aliviar”

— Dices que la escucha activa “provoca un subidón de oxitocina instantáneo en el prójimo”. Que empatizar de verdad es una receta magistral para todos. Parece fácil, pero…

— La empatía es una cualidad maravillosa, pero ojo con la empatía exagerada. Hay personas que empatizan tanto que se pasan la vida sufriendo por todos los problemas del mundo. Debemos aprender a protegernos. De todas formas, para el 80% de la población, la empatía es dejar de ser el centro del universo para que los demás nos empiecen a importar. Todos nos damos cuenta perfectamente cuando interesamos de verdad a otra persona y sentimos esa conexión mágica ante quien nos entiende perfectamente.

— ¿Cómo se ayuda a curar la amargura, la tristeza y ese resentimiento que muchas veces reverbera en el diálogo social?

— La tristeza se contagia y los amargados se juntan. Son cosas de las neuronas espejo… Al triste hay sacarle de su zona de disconfort con mucha delicadeza. La amargura es un veneno. En ambos casos conviene ayudar a cada cual a saber cómo han entrado en su vida. Cuando el ser humano se entiende, entiende por qué ha llegado a una determinada situación. Si desconocemos el cómo, el cuándo y el por qué, la capacidad de salir se complica y se acaba huyendo hacia adelante buscando vías de escape rápidas como las redes sociales, la pornografía, los videojuegos, las compras compulsivas o la comida, que son extras que alivian momentáneamente la amargura, pero que, a la larga, nos destruyen.

— ¿Cómo podemos revertir el colapso de quien sufre incertidumbre crónica, miedo al presente y al futuro o vértigo por soledad?

— Lo primero es saber si uno es así, o si las circunstancias han hecho que se convierta en una persona así. ¿Soy miedoso, sufridor, hipocondríaco, habitualmente irascible…, o lo soy ahora después de una pandemia, después de una ruptura afectiva, después de un problema de salud? Saber dónde y cómo se activó mi estado de alerta es importante para salir del túnel. Si son problemas de mi forma de ser, tengo que trabajar mi forma de ser. ¿Por qué soy así? ¿Algún trauma en el armario? Identificar las heridas y las causas es el primer paso para mejorar. Yo suelo exponerlos por escrito, con flechas, con colorines, porque ver tu vida simplificada plasmada en un papel nos descomplica y alivia las fuentes de tensión. Si no analizamos las cosas con calma, en frío, entramos en estado de incertidumbre, de miedo, de ansiedad, colapsamos en medio del desconocimiento y naufragamos en el desconcierto. Comprenderse y comprender es aliviar.

“El amor requiere mucha tolerancia a la frustración y una alta capacidad de posponer la recompensa y, sin embargo, todos ansiamos sentirnos queridos de esa manera”

— ¿A qué cosas buenas podemos agarrarnos cuando nos tiemblan los cimientos personales y sociales?

— No podemos tener miedo a profundizar. La historia nos ayuda a entendernos, la cultura nos hace más sabios, conocer vidas ejemplares nos enseña y nos inspira, desde un Nelson Mandela a un santo Tomás Moro, pasando por muchos grandes personajes que, en momentos de grandes sufrimientos, dolor y lucha, supieron encontrar un camino. En un mundo cada vez más materialista no podemos temer dar respuesta a nuestra sed de trascendencia. ¿Hay vida después de la muerte? ¿Todo lo que existe es tangible? ¿Admiro la grandeza del más allá? ¿Creo en Dios? Yo creo que hay un ser superior que nos quiere y nos protege, y me parece que creerlo te cambia la vida. Cada uno debe buscar sus respuestas preguntando, leyendo, escuchando… Encerrarse en el hoy y el ahora sin aclarar los interrogantes últimos que dan sentido a nuestra vida genera un vacío existencial, que es la primera causa de angustia. El amor es otro pilar fundamental. El motor principal que nos mueve a hacer cosas buenas es sentirnos queridos.

— En tu libro queda claro que amar bien es fundamental y, también, que amar bien es dificilísimo. Y nadie nos enseña…

— Aprendemos a querer durante nuestra infancia según nos quieran en casa. Si unos padres se gritan, se normaliza el grito como componente de las relaciones; si unos padres expresan su afecto, se busca esa manera de expresarse en la propia vida. Si unos padres se comunican, conversan y se entienden, se aprende a comunicarse adecuadamente en las relaciones personales, y si los padres se hablan en casa en el idioma de la tensión constante, a los hijos les faltarán habilidades para manifestar cómo se sienten. Nadie nos enseña a querer, pero cuando aprendes a querer bien, la sensación de plenitud es inmensa.

— Alertas de que reluce un “tabú sentimental” en la sociedad open-mindopen-heartopen-couple...

— En muchos círculos es más fácil hablar de sexo que de amor. Las mismas personas que cuentan que ven porno, tienen reparos en comentar el regalo que le han hecho a su mujer o la carta romántica que le han escrito a su pareja, porque eso sí les da vergüenza. Hay quien entra en crisis porque su novia le quiere presentar a sus padres, pero alardea con familiaridad de todas las posturas sexuales que practican en la intimidad. Estamos en un contexto social donde la consistencia del amor es líquida, incluso gaseosa. Vivimos en una sociedad basada en gratificaciones instantáneas –¡lo quiero todo y lo quiero ya!– en la que podemos comprar sushi, sexo, ropa y libros en menos de 24 horas, pero el amor es esfuerzo, trabajo, paciencia, perseverancia, atención… El amor requiere mucha tolerancia a la frustración y una alta capacidad de posponer la recompensa y, sin embargo, todos ansiamos sentirnos queridos de esa manera.

— Drogodependencia emocional: hemos apostado por las sensaciones fuertes posponiendo las razones para vivir. Y tampoco le acabamos de encontrar sentido a estas arenas movedizas…

— Querer sentir a todas horas tiene sus consecuencias, y una de ellas es que la inteligencia y la voluntad se vuelven irrelevantes. A más experiencias vibrantes, más dopamina y menos corteza prefrontal, que es la zona del cerebro de la atención, de la construcción, del control de impulsos, de la profundización, del discernimiento, del juicio moral… Sentir a todas horas hace que el criterio para opinar dependa de los sentimientos y no del pensamiento, y eso es un problema. Cada uno siente según su biografía, sus heridas y su estado de ánimo de esa mañana, y eso se observa perfectamente en las redes sociales, porque la razón está perdiendo la guerra.

— La felicidad no es Mr. Wonderful. La felicidad está en las ilusiones sencillas, defiendes tú.

— Lo que llamamos felicidad es la capacidad de disfrutar de las cosas buenas de cada día. El problema es cuando nuestro corazón está incapacitado para amar, para disfrutar, para compartir… La pandemia nos ha ayudado a valorar la felicidad en las pequeñas cosas.

“La gente buena tiene algo muy atractivo, que se llama corazón. La gente mala es gente herida, no lo olvidemos”

— Has vendido más de 350.000 ejemplares de Cómo hacer que te pasen cosas buenas. Y estás en el podio de los más vendidos de no ficción con esta segunda obra. Los libros curan, al menos a muchos lectores. Pero la autora supongo que irá de ala…

— El primer libro lo escribí para ayudar a mis pacientes y tener un apoyo para mis conferencias. Me alegra saber que un mensaje esperanzador que toca las fibras sensibles del ser humano está calando en la sociedad, pero estoy abrumada por la respuesta. He tenido que aprender a gestionarme ante esta avalancha, que, de haberla intuido, la habría rechazado desde el principio, porque yo soy muy casera y disfruto en la consulta, y de pronto me he visto en medio de un tsunami a lo grande. Como me conozco muy bien, he intentado poner frenos y barreras para que esto no me afecte más de lo normal, aunque ha habido momentos de agobio.

— Reconocer la vulnerabilidad es un componente importante de la empatía. Parece que ese prototipo de perfección que nos proponían las redes sociales y la televisión ha perdido hegemonía. El maquillaje y el postureo ya no nos dan confianza. Escuchamos mejor a quienes tienen heridas, porque son como nosotros.

— La perfección no existe, pero nos la venden. No conozco ninguna vida sin heridas, pero nos atrae tanto la belleza y la armonía, aunque sean artificial, porque alivian el sufrimiento. Cuando estamos sumergidos en el drama, mirar mundos supuestamente ideales nos evade, aunque, en general, ayuda más constatar que todos somos humanos y que tenemos nuestras luces y nuestras sombras. Es bueno que sepamos que las redes sociales son el paraíso del filtro, y que el perfeccionista es el eterno insatisfecho. Quien ansía la perfección constantemente es un gran sufridor que acaba somatizando en algún frente, porque vive con la tensión de quien no sabe disfrutar.

— Sus investigaciones científicas acaban aconsejando abrazos, equilibrio, normalidad, escucha, silencio, paz… Parece un villancico…

— ¡Me encanta!

— Hay tanta dopamina en los villancicos como en la bondad de la gente, que también existe.

— Todos conocemos a gente buena y a todos nos gusta estar con esa gente, porque tienen algo muy atractivo, que se llama corazón. Son personas que siempre buscan comprenderte y entenderte sin juzgarte. La gente mala es gente herida, no lo olvidemos.

— Navidad y asombro. Infancia y misterio. Sorpresa y horizontes. Dar gracias y pedir perdón. Pasar página y hacer propósitos de año nuevo.

— Después de la pandemia, es muy sano hacer un reset, rebobinar, ver en qué hemos mejorado este año, de qué me siento orgullosa, de qué me arrepiento, a quién le debería pedir perdón, a quién iría a darle un abrazo consciente de que lo necesita… No viene mal hacerse estas preguntas y ser valientemente consecuentes con las respuestas. También nos sirve pensar propósitos realistas para el año que viene, y no me refiero a ir al gimnasio o a dejar de fumar, sino a temas vitales más consistentes. Solo la conquista de haber traído a la mente ese deseo de mejorar nos guía ya por el camino correcto.

— ¿Pedimos a los Reyes Magos algo especial para que nos conserve con salud la corteza prefrontal?

— Pedimos a los Reyes que no perdamos la ilusión de la infancia o que la recuperemos, porque las cosas buenas pueden suceder.

— ¿Venderá Amazon barriles inyectables de oxitocina?

— Si Amazon supiera donde los venden, no me cabe la menor duda…

Álvaro Sánchez León

La falsa alternativa entre memoria y competencias

Gregorio Luri (Azagra, Navarra, 1955) es un pensador, en el mejor sentido de la palabra: inquieto, honesto, claro. Filósofo y pedagogo de formación, ha impartido clases en todas las etapas educativas, desde primaria a la universidad. Como ensayista, varias de sus obras tratan sobre educación, aunque también ha escrito sobre familia, filosofía o sociología.

Por sus conocimientos antropológicos, por su sentido común, y por su resistencia a los clichés, Luri se ha convertido en una de las voces más respetadas en el debate educativo. Tenemos la oportunidad de entrevistarle sobre el llamado “enfoque competencial” del currículum, una expresión que se ha puesto de moda cuando se habla de para qué sirve la escuela, y de la que hace bandera la última ley española de educación (“ley Celaá”).

— Una de las propuestas más repetidas por la llamada “pedagogía progresista” es esta apuesta por una educación más competencial (saber hacer), que se supone contraria a otra memorística o centrada en los conocimientos. ¿Cuál es tu opinión al respecto?

— Sinceramente, creo que depende mucho de lo que se entienda por competencias. En la nueva ley de educación, que en general es bastante vaga, se dice que las competencias son la unión de conocimientos, destrezas y aptitudes; es decir, conocimientos más hábitos. Yo, ante eso digo: perfecto, no tengo nada que objetar. Adelante con las competencias. Pero habrá que ver, por un lado, si esta es la última palabra del Ministerio al respecto.

La enseñanza no debe reducirse al saber cómo hacer algo: antes de eso tendremos que decidir qué queremos saber

Por otro lado, puede ocurrir, como indicas, que la enseñanza se reduzca al saber puramente instrumental, al saber cómo hacer algo, cuando antes de eso tendremos que decidir qué queremos saber. De hecho, la ambición teórica es precisamente lo que caracteriza al hombre libre. Etimológicamente, la palabra skholè significa ese deseo de saber por saber que caracteriza al hombre libre, y que cualquier sistema educativo debe cultivar.

En cualquier caso, creo que el propio Ministerio está bastante confuso respecto a lo que quiere. Además, las comunidades autónomas decidirán la mitad de los contenidos, así que habrá que esperar a sus decretos para ver en qué queda esto de las competencias.

Problemas de lectoescritura

— Entre las competencias más citadas suelen estar algunas llamadas “transversales”, como el espíritu crítico, la creatividad, aprender a aprender o la capacidad para el trabajo colaborativo, auténticas piedras de toque de la “nueva escuela”. ¿Cómo descender estos términos a la práctica docente? ¿A cuál habría que dar prioridad?

— Cuando uno oye estos términos, tiende a pensar que faltan ideas claras. En ese sentido, la Ley General de Educación de Villar, de 1970, no sé si era mejor o peor que la LOMLOE, pero tenía ideas claras. Todas esas expresiones que mencionas están vacías, son puros brindis al sol, si no somos capaces, por ejemplo, de enseñar a leer. Y resulta que en nuestro sistema educativo actual uno de cada cuatro estudiantes termina la secundaria siendo incapaz de entender un texto mínimamente complejo. Entonces, ¿de qué sirve hablar de “aprender a aprender”? Las escuelas tienen el deber, diría que ontológico, de llenar de contenido real esas expresiones.

Por ejemplo, se habla mucho de pensamiento crítico, pero para eso primero es necesario el pensamiento riguroso, tal y como lo entendía Kant. Tenemos que saber –y enseñar– cómo se crea el pensamiento riguroso. No basta con decir a los alumnos, como hacemos con frecuencia los profesores, que justifiquen o razonen sus respuestas. Hay que darles herramientas para hacerlo. Se trata de un problema pedagógico, que no soluciona ninguna ley por sí misma. El alumno que razona bien, ¿qué estructuras utiliza?; ¿cuáles no conoce el que no razona bien? Hay que llegar a ese punto de concreción, apoyándonos en el proyecto educativo del centro y la autonomía curricular que la ley nos brinda. Si no, nos quedamos en frases grandilocuentes pero vacías.

La “revolución” de la gramática

— Pero hacer esto que propones lleva mucho tiempo. Te lo digo por mi experiencia de profesor, y profesor de Lengua. Es mucho más cómodo apelar a la creatividad del estudiante o a las bondades del trabajo colaborativo…

— Tienes razón. Lleva trabajo, pero hay que hacerlo. Igual que cuando surgió el virus: producir una vacuna necesitaba mucho tiempo y esfuerzo, pero había que hacerlo. Los problemas de lectoescritura suponen una urgencia pedagógica. Muchas veces, cuando nos encontramos con ellos, nos apresuramos a señalar que se trata de un trastorno del aprendizaje. Y puede serlo en ocasiones. Pero en Corea, que tan buenos resultados obtiene en las pruebas internacionales, tienden a pensar que se trata de un problema pedagógico no resuelto.

Tenemos que ver cómo hacemos de la gramática un instrumento curricular de todas las materias. Porque expresarse bien no es solo un problema del profesor de Lengua. Ahora que tan en boga está la “interdisciplinariedad” –otro de los términos preferidos de la pedagogía moderna–, aquí tenemos un ámbito que realmente requiere de un enfoque interdisciplinar. Hay que trabajar la comprensión –oral y escrita– y la expresión –oral y escrita– en todas las asignaturas.

La instrucción directa, es decir, dirigida por el profesor, da muy buenos resultados cuando se hace bien

Pero, insisto, con herramientas concretas. No vale con decirle al estudiante que tiene un 3,5 en expresión; igual que si voy al médico no me sirve que me diagnostique un 3,5 en salud. ¿Qué análisis hacemos del error del alumno y cómo transformamos la lógica de su error en conocimiento? A veces les pedimos a los estudiantes respuestas desarrolladas, pero ¿les enseñamos primero a construir frases, y a utilizar las conjunciones adecuadas para expandirlas y formar un discurso? Es muy interesante, por ejemplo, lo que están haciendo en algunas escuelas de Nueva York, como la New Dorp High School: han desarrollado un programa riguroso, profesional, para enseñar la escritura analítica. Se llama The Writing Revolution, y ha dado muy buenos resultados, visibles en todas las asignaturas.

— Yo diría que algunos profesores son los primeros que deberían trabajar la expresión. Pero, por otro lado, parece que la clase magistral es algo pasado de moda, y que los alumnos deben llevar el peso de su propio aprendizaje, con el docente solo como “asistente”…

— La investigación demuestra que la instrucción directa, es decir, dirigida por el profesor, da muy buenos resultados cuando se hace bien. Pero hay que hacerla bien. Todos hemos sufrido al típico profesor plúmbeo, que dictaba la lección sin interés alguno, y que solo provocaba sueño y desdén en los estudiantes. Y también hemos disfrutado de ese otro profesor que era capaz de ir dando forma a una idea delante de ti, poco a poco, partiendo de unas premisas, desarrollándolas y llegando a unas conclusiones coherentes. Esa experiencia es maravillosa, y totalmente necesaria para cualquier alumno. Ahora bien, esto es un problema pedagógico, no legal o administrativo. Debemos exigir buenas leyes de educación, y buenos desarrollos normativos por parte de las comunidades, pero primero debemos conocer qué problemas pedagógicos tenemos enfrente. Debemos ser exigentes con los profesores.

Currículum menos extenso, pero más desarrollado

— Como contrapartida al enfoque competencial, cada vez se habla más de la necesidad de reducir los contenidos del currículum. Se dice, incluso, que en algunos países con buenos sistemas educativos, como Corea, ya se ha hecho, y sin rebajar la exigencia.

— Respecto a esto se han dicho muchas medias verdades. Es cierto que en Singapur o Corea se ha reducido el currículum, pero también lo es que partían de un nivel de exigencia muy superior al nuestro. Incluso después de la reducción siguen estando claramente por encima. En Corea había una auténtica patología nacional con el currículum. Muchos alumnos, cuando terminaban sus clases, acudían a academias privadas para seguir estudiando. Y eso es una locura.

Quien ataca el papel de la memoria en la educación frecuentemente parte de una imagen simplista de la memoria, como si fuera un archivo estático

Reducir el currículum tiene un sentido didáctico, que es poder desarrollar paso a paso, y sin perder a ningún estudiante, los conceptos necesarios para llegar a otro concepto más global. Por ejemplo, para explicar la raíz cuadrada, primero tendré que asegurarme de que los estudiantes entienden lo que es el número cuadrado. Y lo mismo para la expresión: antes de escribir un texto de dos folios, el profesor debe enseñar a construir frases simples, y a unirlas correctamente. Así pues, lo que se pierde en extensión, se gana en profundidad, y te aseguras de que los estudiantes no se pierdan por el camino, porque hay más “peldaños” en el aprendizaje, y de menor tamaño. Ahora bien, no tendría sentido rebajar el currículum para dedicar más tiempo a tareas de “cortar y pegar”, o hacer murales, ya me entiendes. No hay que reducir el tiempo dedicado a la instrucción directa o explícita, que ha demostrado ser muy beneficiosa.

La memoria, aliada del conocimiento

— El filósofo francés Francois-Xavier Bellamy señalaba en su libro Los desheredados que la escuela había renunciado a su labor de inculturación por el miedo a las connotaciones negativas de la palabra cultura (elitismo, tradición), creando generaciones de “huérfanos culturales”. Tú publicaste hace dos años una defensa de la “imaginación conservadora”. ¿Debe ser la escuela un lugar esencialmente conservador? ¿Qué papel hay que conceder a la memoria? Sé que es una pregunta más antropológica, pero…

— Las preguntas antropológicas son las verdaderas preguntas pedagógicas, o al menos las más interesantes. Por desgracia, en los debates educativos nos centramos demasiado en el cómo y nos olvidamos del para qué. Dejamos de lado la antropología, que debería ser la base de cualquier proyecto educativo, y nos quedamos con la psicología y el bienestar emocional de los alumnos. Hay como un intento por reducir la complejidad del ser humano.

Yendo a tu pregunta, uno de los fines de la educación es elevar la cultura común de la población, porque esta es el lenguaje que nos permite comunicarnos con precisión. El ser humano no es un ser aislado, forma parte de una comunidad, y la cultura nos permite saber de dónde venimos y reconocernos en un “texto” común. Por eso, saber quién es Cervantes no sobra; haber leído algo de Lope tampoco sobra. Y además es que la reducción de los conocimientos lleva implícita una reducción del lenguaje. Nuestro lenguaje es nuestra cultura en acto, y si mutilamos nuestra cultura hacemos daño también al lenguaje.

Por otro lado, quien ataca el papel de la memoria en la educación frecuentemente parte de una imagen simplista y anticientífica de lo que es la memoria, como si fuera un archivo, algo estático y con tendencia a llenarse de inutilidades. Pero no. La memoria es más bien como una ameba: según va fagocitando nuevos alimentos, va creciendo y cambiando su propia estructura. Eso de lamentarse por todo lo que he olvidado, como si no hubiera valido la pena aprenderlo, es falso: no sabes a qué conocimientos dio lugar aquello que aprendiste en su momento, aunque lo hayas olvidado después. No he conocido a nadie que quiera tener menos memoria de la que tiene.

Els advocats de Barcelona assisteixen 22 víctimes de violència de gènere cada dia

Advocats del torn d’ofici han realitzat 8.232 assistències a víctimes de violència de gènere

Els advocats del Col·legi de l’Advocacia de Barcelona (Icab) i les seves onze delegacions (que abracen des d’Arenys de Mar a Vilanova i la Geltrú) van realitzar un total de 8.232 assistències en el torn d’ofici a víctimes de violència de gènere (VIGE, amb relació sentimental amb el seu presumpte agressor) i de violència masclista (sense relació sentimental) el 2022.  Aquesta xifra significa el doble d’assistències de les que es van realitzar anys anteriors a la pandèmia, com el 2018 i 2019, amb unes 4.000 designes a l’any en el torn d’ofici d’aquests dos tipus de violència, que la nova llei estatal obliga a diferenciar.  De les 8.232 assistències, 6.317 van ser de violència de gènere i 1.915 de violència masclista; és a dir, han realitzat unes 22 assistències de dones al dia, segons les dades facilitades aquest dimecres per l’Icab, amb motiu del Dia Internacional de les Dones. La sensibilització més gran és un dels motius principals per interpretar l’augment d’assistències, segons l’Icab.

Concentració de dones advocades, aquest 8 de març a Barcelona. / Foto: M.P.

La diputada responsable del Torn d’Ofici i Assistència a la Persona Detinguda de l’Icab, Carmen Valenzuela, ha insistit a recordar que les víctimes de violència de gènere tenen dret a l’assistència gratuïta i amb un advocat que les acompanya en tot el procés durant dos anys, mentre que les de violència masclista, només tenen la primera assistència. Per això, Valenzuela ha reclamat que “cal crear un torn d’ofici específic de violència masclista” per atendre correctament a les víctimes i “per fer front a aquesta xacra social”.  

Assistència a comissaries

La primera assistència de víctimes en comissaries -com recull la llei catalana des de l’any passat- va en augment i ja s’atenen el 71,6% de les denunciants, segons dades de l’Icab. L’advocada ha anat més enllà: “Caldria una atenció integral a les dones i ja en la mateixa comissaria. La primera atenció amb un psicòleg per tranquil·litzar-les, i després el jurista i la policia. Rescataríem moltes dones”, ha declarat Valenzuela, que alhora ha lloat la tasca dels advocats i advocades del torn d’ofici “ja que moltes vegades fan de psicòlegs i acompanyants, no només de juristes”. En aquest sentit, Valenzuela ha exposat que cal passar de 3 a 6 els advocats que estan de guàrdia cada dia de l’any en el torn d’ofici  de violència de gènere a Barcelona (a tot el territori Icab són 17 advocats per VIGE al dia del total de 1.097 inscrits).

El primer premi amb nom de dona

Abans, la junta de l’Icab, amb el seu degà Jesús M. Sánchez, ha participat en la lectura d’un manifest, elaborat per la Comissió de Dones Advocades de l’ICAB, als jardinets del Palauet Casades, en el qual s’ha afirmat que “davant la feminització de la pobresa, la resposta és la feminització de la lluita”, i s’ha denunciat que “continua la bretxa salarial de gènere”, i s’ha recordat a les “dones encara més invisibilitzades”, com les que es dediquen a les “cures, que és un treball no remunerat i el continuen realitzant les dones”.

A l’acte, la vicepresidenta de la Comissió de Dones Advocades, Marina Roig, ha presentat un premi jurídic que portarà el nom de Maria Soteras i Mauri (Barcelona,  1905-Ciutat de Mèxic, 1976), que va ser la primera dona que es va llicenciar en Dret a la Universitat de Barcelona el 1927 i va exercir com a advocada a Barcelona fins que es va haver d’exiliar a Mèxic en finalitzar la Guerra Civil.  “Dels set premis que té el Col·legi de l’Advocacia, tots són amb noms de degans, magistrats o advocats. Calia, doncs, un nom de dona i per visibilitzar la feina de les advocades”, ha declarat Roig. El premi guardonarà un treball o article jurídic sobre la igualtat de gènere, des de la perspectiva de qualsevol branca del dret, està dotat de 3.000 euros i el primer s’entregarà el  8 de març de 2024.

Maria Soteras, la primera llicenciada en Dret i advocada a Barcelona, el 1927. / Foto: Icab

El 44% de ponents, dones

A més, la diputada responsable de la Comissió de Dones Advocades, Núria Flaquer, ha detallat que el Col·legi de l’Advocacia de Barcelona ja compleix la Llei de Paritat, que ara impulsa el govern espanyol.  Si l’any 2002 la junta de l’Icab era formada per 13 homes i 7 dones; l’any 2012 van ser 10 homes i 10 dones, i des del 2023: 8 dones i 6 homes.

Ha precisat que l’any 2018 la institució ja va començar un pla d’Igualtat, fet que ha augmentat la presència de dones ponents en les formacions de l’Icab fins al 44% l’any passat, i s’assegura que el 100% dels programes inclou- formació en perspectiva de gènere.

Un canal de denúncies

Per la seva part, amb motiu del 8 de març, el Consell de l’Advocacia Catalana, que presideix Encarna Orduna, ha anunciat que a partir d’aquest dimecres posa en marxa un canal per denunciar possibles casos de discriminació per raó de sexe o de gènere entre la professió. L’accés a aquesta eina es podrà fer a través de la pàgina web del Consell (www.cicat.cat) o mitjançant el correu electrònic denunciadiscriminacio@cicac.cat. Aquesta iniciativa ha estat impulsada per la Comissió de Violència Masclista i Igualtat del Consell. 

I, des de l’any passat l’Advocacia Catalana ha insistit al Departament de Justícia que cal condicionar els jutjats per a atendre amb garanties a les víctimes de violència masclista.

https://www.elnacional.cat/ca/societat/advocats-area-barcelona-assisteixen-22-victimes-violencia-genere-masclista_984624_102.html

La monetización del odio a las mujeres

En los últimos años, los artistas del ligue, los influencers “incels” y las políticas de extrema derecha han encontrado en el insulto a las mujeres una fuente de ingresos, bien sea a través de talleres y venta de libros, suscriptores a su canal o haciendo carrera política en partidos masculinizados.

El pasado mes de noviembre asistimos, estupefactas, a un nuevo episodio bochornoso dentro de la política de nuestro país: el insulto por el insulto de una concejala de Ciudadanos en el Ayuntamiento de Zaragoza y de una diputada de Vox en el Congreso a la ministra de Igualdad Irene Montero. La política de Ciudadanos, Carmen Herrarte, durante una comisión de Hacienda celebrada en su ayuntamiento, escupía sin venir a cuento que Irene Montero “está donde está porque la ha fecundado el macho alfa”. Por su parte, la diputada de Vox, Carla Toscano, en el pleno del debate presupuestario, vomitaba que “el único mérito que tiene usted es haber estudiado en profundidad a Pablo Iglesias”, refiriéndose también a la ministra.

Podríamos reflexionar sobre la fijación que tiene la extrema derecha (en estos momentos, Ciudadanos es un partido que ha virado sus posiciones hacia este punto del tablero, apoyando una y otra vez gobiernos del PP junto a Vox y, sus integrantes parecen abrazar ya estas posiciones) con insultar en Irene Montero en cualquier situación o debate, y atacarla siempre por su vida privada, pero la cortina de humo del griterío y la ofensa oculta unas cuantas verdades incómodas.

La extrema derecha predica volver a la sociedad tradicional basada en los valores familiares que implica un recorte de los derechos alcanzados para las mujeres como los derechos reproductivos o, incluso, el condicionamiento del divorcio bajo una serie de supuestos y para la que el ideal social sería el devolver a la mujer al seno del hogar y encerrarla en los cuidados gratuitos. Entonces, ¿cómo es posible que veamos rostros femeninos en sus formaciones? ¿Por qué está creciendo su base de votantes entre las mujeres jóvenes con estudios?

En primer lugar, las políticas de derecha han encontrado un filón en estos partidos masculinizados: ellos necesitan integrarlas en sus filas para dar una imagen moderna y de apertura. Ellas hacen carrera política aprovechándose de esta situación. Son un porcentaje pequeño dentro del partido y tienen posiciones poco relevantes en la toma de decisiones pero, siendo la excepción, tanto ellos como ellas salen ganando.

Que el discurso de extrema derecha haya calado más o menos en mujeres jóvenes y universitarias supone que prefieren defender unos valores tradicionales en la sociedad. Esto quiere decir que prefieren anteponer sus posiciones racistas, islamófobas y patrioteras frente a sus propios intereses de género. Los enemigos son (somos) las feministas que buscamos destruir el país (el que sea porque este discurso es transnacional) con la “ideología de género”, que implica la destrucción de la familia tradicional y la caída de occidente. Creemos en el matrimonio igualitario, buscamos la igualdad de género y defendemos los derechos de las minorías. Según la extrema derecha, las feministas y el movimiento LGTBIQ destruimos la patria y propiciamos que otras culturas invadan la nuestra y nos arrebaten derechos (puestos de trabajo o derechos sociales) e impongan sus costumbres .

Este discurso encuentra suelo fértil en la sociedad actual, donde el empleo precario está estructuralmente instalado y las jóvenes que apoyan estas posiciones lo hacen desde la tranquilidad de disfrutar de una serie de derechos que hemos conseguido para todas las feministas: derechos políticos y civiles como el divorcio, derechos reproductivos, igualdad salarial y en el empleo y sobre los que seguimos trabajando. Las influencers tradwifes (esposas tradicionales) rentabilizan sus seguidoras y seguidores desde el privilegio blanco, occidental y de clase media, sus redes sociales que cuentan con una cuidada y estilizada imagen soporte perfecto para marcas publicitarias de productos cosméticos, gastronómicos o accesorios de lujo.

Dejando todo esto a un lado, ¿por qué esa fijación en mentir sobre el currículo académico de la ministra y afirmar que no tiene ninguna cualificación cuando está licenciada en Psicología y tiene un máster en esta materia, todo ello con altas calificaciones?

Ahí es donde la extrema derecha se coge de la mano con los artistas del ligue (supuestos gurús del ligue que imparten talleres sobre técnicas de conquista y seducción), los incel (celibato involuntario, del inglés, involuntarily celibate) y los caballeros supremos (aquellos incels que pasan a la acción violenta y llevan a cabo su ideario machista).

Steve Bannon, ex estratega jefe en la Casa Blanca durante la administración de Donald Trump, diseñó una campaña de ascenso de la ultraderecha a nivel global que implicaba tanto a EEUU como a Europa. Esta, aparte de incluir fake news, anuncios personalizados en las redes sociales que apuntaban directamente a los votantes potenciales y a la manipulación de la opinión pública próxima a las elecciones, pasa por el ataque personal y sistemático contra los miembros de la oposición. El ataque a las feministas se escribe solo.

Para escribir este artículo pensé en zambullirme en la deep web (todo el contenido online que no está indexado en buscadores, por lo que no está disponible a simple vista) pero, ¿para qué? El discurso de odio a las mujeres está frente a nuestras pantallas, explícitamente expresado en foros como Reddit o 4chan, hilos de Twitter (con el beneplácito de su nuevo dueño Elon Musk) o en vídeos de Youtube. Preferí consultar Odio a las mujeres. Inceles, malfollaos y machistas modernos, de Susanne Kaiser, publicado este mismo año por la editorial Katakrak y traducido por Gema Facal Lozano. En él, la autora hace una exhaustiva investigación sobre este movimiento, apoyándose en las tesis de Michael Kimmel expuestas en Hombres (blancos) cabreados, publicado por la editorial Barlin en 2020 y con traducción de Daniel Esteban Sanzol.

El marco teórico principal que defiende el discurso de los autodenominados incel es que la sociedad está adormecida por el discurso y las políticas progresistas que la han ido feminizando y que han ido “afeminando” a los hombres. Haciendo referencia a la película Matrix hay quienes han aceptado la píldora azul y viven anestesiados, pero otros han tomado la píldora roja y han despertado para ver la realidad, una en la que las mujeres odian a los hombres y buscan someterlos a sus deseos y aprovecharse económica y socialmente de ellos. Aplican la ley de Pareto para afirmar que el 20 por ciento de los hombres bien parecidos, los machos alfa, tienen acceso al 80 por ciento de las mujeres sexualmente atractivas. Abogan por volver a una sociedad patriarcal (primera noticia de que no vivamos en una de ellas) en la que las mujeres ocupen el lugar que les corresponde, sometidas a los hombres. Los hombres tienen que recuperar su masculinidad violenta y agresiva, perdida por la educación actual, y alcanzar el puesto que les corresponde como caballeros supremos, ostentando el poder sobre los considerados normies (personas físicamente normativas) y acaparando las relaciones sexuales con las mujeres que consideren más apetecibles Los artistas del ligue utilizan esta frustración de los considerados a sí mismos como machos beta para venderles cursos y libros supuestamente infalibles para ligar con mujeres. Las tácticas se basan en la violencia verbal, la humillación y el acoso hacia ellas. Los autoconsiderados “machos beta” también tienen sus propias estrellas de internet, con miles de seguidores que rentablizan cada suscripción a su canal o cada reproducción de uno de sus vídeos.

Llevado a posiciones extremas, este discurso plagado de machismo, misoginia, racismo y homofobia ha sido el que ha impregnado los últimos atentados y tiroteos masivos de hombres (blancos y cabreados) contra multitudes y colegios en Estados Unidos y Europa. Sí, en los han ocurrido durante los últimos 20 años, casi siempre había un vídeo, una carta o un manifiesto en internet de odio contra las mujeres. Y pocas veces los medios de comunicación en España hablan de ello.

El pasado 20 de agosto, Juan Soto Ivars escribió una columna de opinión en El Confidencial donde defendía a los incel del supuesto menosprecio e insulto progre porque, al fin y al cabo, son hombres que no han tenido suerte en el amor o son unos fracasado en sus relaciones afectivosexuales. Y no se puede afirmar que sean unos terroristas y que vayan a hacer un ataque masivo. No Juan, en eso te equivocas, la propia definición de incel implica un discurso político de extrema derecha. No son corazones rotos, son la ultra derecha y están organizados. A todo el mundo nos han roto el corazón y no por eso odiamos a la mitad de la población y fantaseamos con una masacre o con esclavizar a nadie.

Fuente: https://www.pikaramagazine.com/2023/01/la-monetizacion-del-odio-a-las-mujeres/

Vivim en una societat polaritzada

Vivim en una societat polaritzada, però què vol dir això?
La investigadora Míriam Juan Torres n’explica les conseqüències a ‘El Cafè de l’Observatori Social’

Una societat polaritzada és aquella que pateix un moviment considerable de ciutadans cap a posicionaments polítics extremistes. Així, en una societat polaritzada, l’opinió pública es divideix en grups de pensament totalment oposats. Consegüentment, en una societat polaritzada, existeix una probabilitat d’entesa entre contraris molt escassa. Sens dubte, és una situació indesitjable, ja que deteriora la qualitat de la democràcia i provoca desafecció política entre la ciutadania. Tot plegat, pot perjudicar el progrés del país i la convivència.

Dit això, podem concloure que una societat polaritzada és aquella en què assumptes fonamentals han adoptat postures radicals que dificulten la concòrdia i els acords de progrés. En aquest sentit, escau esmentar que la polarització social pot desembocar en l’ús de la violència per imposar unes determinades idees.

Foto: Pexels

Desgraciadament, vivim en una societat cada vegada més polaritzada que no accepta termes mitjans. Aquesta polarització cada cop és més gran per culpa de, entre altres, la barreja de les emocions amb la política. Una combinació perillosa que ha provocat que molts ciutadans hagin perdut l’interès per la política. I és que vivim en una marea socioemocional constant esperonada per les dinàmiques de comunicació actuals. Malgrat que tots som responsables de la responsabilitat social, és cabdal el paper dels líders polítics i socials.

Vivim una època que no admet termes mitjans
Certament, som éssers racionals, però les nostres creences i el nostre sentit de la identitat acostumen a sobrepassar la raó. Quin significat donem a les diferències entre persones i grups? Si la nostra naturalesa és grupal, i vivim un moment històric que subratlla les diferències… Quina és la manera de no fragmentar la societat i tenir un projecte comú? Doncs bé, Míriam Juan Torres, investigadora a l’Othering & Belonging Institute d’UC Berkeley i assessora sènior a More in Common, intenta respondre aquestes i d’altres incògnites en el nou espai d’anàlisi i reflexió de Fundació “la Caixa” anomenat “El Cafè de l’Observatori Social”.

Així doncs, la investigadora Míriam Juan Torres parla sobre la polarització social que vivim i explica com funcionen els mecanismes de polarització.

El Cafè de l’Observatori Social
El Cafè de l’Observatori Social és un espai d’entrevistes amb experts que pretenen divulgar coneixement rigorós en un format de fàcil consum i accessible a públic no expert. Les entrevistes es fan de la mà del Dr. Swen Seebach, vicerector d’Ordenació Acadèmica i Qualitat a la Universitat Abat Oliba, professor de sociologia i teoria de comunicació i expert en l’estudi sociològic d’emocions, del futur i de bioemergències.

Cafe Observatori Social / Fundació la Caixa
Foto: Fundació “la Caixa”
L’Observatori Social de la Fundació ”la Caixa”
Aquest espai d’entrevistes forma part de l’Observatori Social de la Fundació ”la Caixa”, una eina d’estudi de l’actualitat i dels reptes de la societat. L’Observatori crea i difon coneixement de base científica sobre temes socials a través de convocatòries competitives i estudis propis en col·laboració amb les diferents àrees de la Fundació ”la Caixa”. Entre altres accions, també organitza activitats de pensament i debat a CaixaForum Macaya i la resta dels centres CaixaForum.

Reflexiona amb el “Cafè de l’Observatori Social” de Fundació “la Caixa”, aprendràs molt!

https://www.elnacional.cat/ca/societat/vivim-societat-polaritzada-pero-que-vol-dir-aixo-investigadora-explica-consequencies_963102_102.html

Por qué los hombres se suicidan más que las mujeres y qué tiene que ver con el machismo

En España, los hombres se suicidan tres veces más que las mujeres, aunque los expertos alertan de que ellas lo intentan más; son muchos los factores que entran en juego, pero los estereotipos de género y los mandatos patriarcales también tienen que ver con estas cifras

Cuando el psicólogo Iñaki Lajud lanzó la pregunta en el grupo de hombres que dinamizaba, prácticamente todos levantaron la mano: “¿Quién ha pensado alguna vez en quitarse de en medio?”. El resultado sorprendió a los hombres, pero no al psicólogo. “Suele repetirse en los grupos en los que reflexionamos sobre cómo ha influido el machismo en nuestra forma de vida”, explica el profesional de la asociación Masculinidades Beta.

Los datos avalan esa mayoría de manos levantadas. En España, los hombres se suicidan tres veces más que las mujeres, una tendencia generalizada en los países ricos, y que confirman los últimos datos del Instituto Nacional de Estadística (INE). Varios estudios muestran, no obstante, que las mujeres registran más intentos de suicido. Aunque en un fenómeno como este son muchos los factores que entran en juego, los estereotipos de género y los mandatos patriarcales también tienen que ver con estas cifras.

Los suicidios son tres veces más frecuentes entre los hombres

Evolución de la tasa de suicidios por cada 100.000 habitantes en España por géneros

En 2021, 4.003 personas murieron por suicidio: 2.982 hombres y 1.021 mujeres. Los datos indican que hay 12,8 suicidios por cada 100.000 hombres y 4,2 por cada 100.000 mujeres. Desde 2019, los suicidios han aumentado, tanto en hombres como en mujeres, aunque la proporción y la diferencia entre sexos sigue siendo parecida. Aunque la extrema derecha ha utilizado estos datos como arma arrojadiza contra el feminismo, lo cierto es que el análisis de expertos concluye justo lo contrario: son precisamente los mandatos patriarcales los que influyen negativamente en la salud de los hombres (y también de las mujeres) y los que se suman como factor de riesgo del suicidio masculino.

La psicóloga experta en trastorno mental grave y especialista en suicidio Paula G. Valverde Fonseca subraya que el del suicidio es un fenómeno multifactorial en el que influyen muchas variables, desde factores genéticos a sociales y económicos: la existencia de traumas, discriminaciones, antecedentes familiares, trastornos mentales, dolor crónico, consumo de sustancias, situación financiera, abusos, existencia o no de red de apoyo…

Los datos e investigaciones, agrega la experta, apuntan en una doble dirección: “Los hombres fallecen más por suicidio, pero las mujeres lo intentan mucho más. Así que los hombres cometen intentos letales con más frecuencia que las mujeres”. Ese hecho, que las mujeres registran más intentos de suicidio, lo constatan diferentes estudios internacionales.

¿Cómo es posible, entonces, que los hombres mueran más por suicidio? Una explicación tiene que ver con los métodos: los hombres eligen formas más letales. “Son más eficaces a la hora de tomar la decisión. Existe una cuestión de género tanto en la eficacia como en los métodos elegidos: son métodos más letales, además, el haber meditado el plan hace más difícil el rescate. A veces, o el método falla o la persona es rescatada a tiempo y digamos que los hombres tienen eso más en cuenta, que no falle el método y que no les rescaten a tiempo”, apunta Valverde Fonseca. La autora del libro Prevenir el suicidio: una guía para ayudarte a ayudar (Almuzara) prefiere no especificar las diferentes metodologías utilizadas pero asegura que las formas elegidas por los hombres suelen implicar niveles más elevados de violencia.

El antropólogo mexicano Benno de Keijzer, especialista en salud y género, insiste en que las mujeres utilizan medios “no necesariamente letales”. Si bien cualquier suicidio puede ser considerado como una llamada de socorro, De Keijzer cree que esta diferencia puede indicar que en muchas mujeres el intento es más “una petición desesperada de ayuda”, mientras que los hombres “ni siquiera piden ayuda” y ejecutan con más violencia una decisión aun más meditada.

Las tasas de suicidio son más elevadas en los países bálticos

Tasa de suicidios por cada 100.000 habitantes, entre hombres y mujeres, en cada país. Datos de 2017. No hay datos para los países en gris

La tormenta perfecta
El psicólogo de Masculinidades Beta Iñaki Lajud considera que, en el caso de los hombres, hay una mezcla de factores, algunos muy relacionados con la masculinidad tradicional, que terminan formando una “tormenta perfecta”. “Muchos hombres tienen intenciones suicidas en algún momento de sus vidas, durante periodos malos, pero luego no siempre llevan a cabo ese pensamiento, ni siquiera hay un intento. Pero ahí subyace una muy mala gestión emocional. Los hombres identificamos muy mal las emociones, no las detectamos, no las sabemos manejar… eso hace que haya estados que no identifiquemos como un problema”, asegura.

“Además –prosigue Lajud– tenemos la idea de que podemos solos. Para los hombres, pedir ayuda es un símbolo de debilidad, mostrar cómo nos sentimos es ponernos en un lugar de vulnerabilidad. Y para la masculinidad tradicional, la vulnerabilidad es debilidad”, apunta.

Según el estudio del Centro Reina Sofía sobre Adolescencia y Juventud de la FAD ‘La caja de la masculinidad’, “el tipo de posicionamiento frente a la masculinidad tiene un claro impacto sobre la salud mental”. El informe recoge que el 51,2% de las mujeres de entre 15 y 29 años afirma haber experimentado ideas suicidas alguna vez o con frecuencia, frente al 34,3% de los hombres de la misma edad.

También son más mujeres que hombres las que afirman haber sufrido algún tipo de problema psicológico o psiquiátrico en el último año. Sin embargo, el estudio muestra cómo, entre los hombres, el malestar psicológico y las ideas suicidas se incrementan en aquellos que se sitúan dentro de “la caja de la masculinidad”, esto es, dentro de los valores tradicionales que se le asocian. El porcentaje es mucho menor en aquellos que se sitúan más lejos de ese estereotipo.

Paula G. Valverde Fonseca constata que “la cuestión cultural” marca importantes diferencias: “Las mujeres estamos más acostumbradas a apoyarnos y comunicarnos para buscar soluciones mientras que parece que los hombres tienen que ser autosuficientes, desatendiendo incluso el sufrimiento psicológico. Para nosotras es más habitual buscar una solución en comunidad, en nuestra red de apoyo, o buscarla fuera, en psicología, psiquiatría, terapia ocupacional… Esta búsqueda de apoyo no se da tanto en los hombres, en buena parte por miedo a lo que van a pensar los demás”. Curiosamente, apunta la experta, las mujeres llegan en menor medida a los recursos de salud mental, como centros de día o de rehabilitación. Es decir, las mujeres buscan más ayuda, formal o informal, pero son derivadas en menor medida a determinados dispositivos.

“Por un lado, en los hombres influye la presión de que tienes que volver a ser productivo, recuperarte, seguir. Y, sin embargo, parece que las mujeres, socializadas para ser cuidadoras, no necesitan esa ayuda mientras sigan ‘sirviendo’ para cuidar a sus familias y mantener el hogar. Todo eso es un factor para la cronificación del sufrimiento de las mujeres, porque no están viendo sus necesidades atendidas, y un factor de riesgo para los hombres porque la urgencia para que vuelvan a ser productivos puede llegar a desatender la situación de vulnerabilidad en la que están”, explica la psicóloga. Esos estereotipos, apunta, influyen en quienes experimentan una situación de sufrimiento pero también en los profesionales que deciden a quién derivar a un recurso.

Los hombres se suicidan más en todo el mundo

Tasas de mortalidad por suicidio, por cada 100.000 habitantes, ajustados por grupos de edad. Se agrupan los países según su renta. Datos de 2017 o el último año anterior disponible

Más allá de quién llega a esos centros, la psicóloga pone en cuarentena el enfoque que muchas veces tienen los tratamientos y las intervenciones con personas que sufren. “A menudo se trabaja desde la funcionalidad, desde la recuperación de las funciones que te van a hacer útil para la sociedad, desde la vuelta al trabajo, pero no tanto desde la atención a las necesidades emocionales. La urgencia puede evitar que se trabajen herramientas de comprensión y comunicación, de acercamiento y proceso de las emociones, algo que seguramente muchos hombres necesiten. Es atender a la punta del iceberg”. Y atender solo la punta del iceberg puede empeorar o cronificar determinados estados mentales.

Amigos, pero no para hablar de sí mismos
La brecha de género en el suicidio se agranda con la edad. A partir de los 70 años, el impacto crece muy significativamente entre los hombres, y no así entre las mujeres. Entre los 80 y los 89 años, la tasa de suicidios es del 34,3 por cada 100.000 en los hombres y del 7,1 en las mujeres. Este aumento tan significativo de la diferencia podría estar relacionado con la red social con la que cada persona cuenta.

Las diferencias por género en los suicidios se acentúan con la edad

Tasa de suicidios por cada 100.000 habitantes en España, por géneros y grupos de edad, en 2020:

El antropólogo Benno de Keijzer habla de “la caída del sistema” que tiene lugar para muchos hombres en la tercera edad. “El hombre jubilado se queda sin su lugar-identidad, muy centrada en lo laboral, y se queda sin proyecto porque no lo ha construido o preparado. Muchos regresan a casa a tiempo completo sin involucrarse en lo doméstico o en la crianza, como sí lo hacen las mujeres, jubiladas o no. También las mujeres logran construir más vínculos emocionales significativos y diversos que los hombres”, explica a elDiario.es. Los datos de suicidio , dice, muestran el impacto que llegan a tener “los mandatos de la masculinidad tradicional” para muchos hombres: “Ese tener que ser los fuertes, no poder pedir ayuda, no reconocer la vulnerabilidad, tener un concepto equivocado de autosuficiencia”.

El factor social es también una de las claves que menciona el psicólogo Iñaki Lajud: “Un gran mandato de la masculinidad es no hablar de nuestras emociones, es ser frío, la independencia. Eso nos da estatus”. Un hombre puede tener muchas amistades, pero ¿qué tipo de amistades? Contar con una red robusta tiene más que ver con la calidad que con la cantidad de relaciones.

“Puedes quedar para ver el fútbol o jugar al pádel y te vas luego a casa y no has hablado de ti o no sabes bien cómo está tu colega. Nosotros nos vinculamos más a través de las acciones y las mujeres a través de las palabras y de crear intimidad. Una mujer queda con sus amigas y hablan o incluso quedan para hablar, nosotros siempre tenemos una actividad por medio y en los silencios los temas que se suelen tratar son la política, los deportes, la tecnología, la música… pero no hablamos de nosotros mismos, de nuestros miedos, preocupación sentimientos”, afirma el psicólogo. Las conversaciones masculinas giran en torno al afuera y el interior se vuelve así un terreno menos explorado y, desde luego, mucho más difícil de compartir con los otros.

Cuando existe un sufrimiento o alguna patología, “el mandato de no pedir ayuda hace que vayamos cayendo en una espiral cada vez más compleja y sin salida, que incluye no buscar atención psicológica”, añade Benno de Keijzer. Iñaki Lajud subraya la importancia de la red social, “de tener a diferentes personas de diferentes ámbitos y momentos de la vida que nos puedan proporcionar cariño, escucha, alternativas.”. “Con compartir el dolor y pedir ayuda y dejar que nos ayuden se solucionarían muchas cosas”, agrega el psicólogo, que habla de la importancia de contar con una red que permita contrastar los malos pensamientos que pueden llegar a tenerse.

Paula G. Valverde Fonseca habla de otra de las diferencias de género que existen y que tiene que ver con las metodologías del suicidio: “Las mujeres pueden ser hasta cuidadosas, piensan en quién las va a descubrir, que no quieren molestar a nadie.. hasta en ese momento están cuidando. Los hombres sienten que tienen que hacerlo y lo hacen sin importar tanto esas circunstancias y eso tiene mucho que ver con la socialización de género”.

En cualquier caso, la experta recuerda que apenas se registran como suicidios una pequeña parte de los que en realidad lo son. Algunos accidentes o abandono de tratamientos también podrían responder a esa lógica, pero no se reconocen como tales en la estadística. Y eso, aventura, podría cambiar algunas de las cifras que conocemos.

https://www.eldiario.es/sociedad/hombres-suicidan-mujeres-ver-machismo_129_9806017.html

Rafael Argullol: “Crec que es pot considerar la tragèdia del món i, alhora, dir sí a la vida”

Filòsof, escriptor i catedràtic d’estètica i teoria de les arts (UPF)

El professor Rafael Argullol (Barcelona, 1949) manté la seva lúcida capacitat d’analitzar el món des de la filosofia i l’art. Aquest 2023 ho farà a través de deu llibres compilats en un volum de “preguntes bàsiques”, en diu, sobre temes com la llibertat i la veritat. La idea d’Europa, l’humanisme, l’extrema dreta i el mirall de les xarxes socials: tot alimenta el gruix d’un pensador que escriu tant a prop del soroll de l’actualitat com del silenci de la poesia.

En moments d’incertesa mirem als filòsofs a la recerca de respostes. ¿En aquest moment té més respostes o més preguntes?

— Més preguntes. Jo no em considero filòsof, em considero cercador de coneixement i de llibertat. Com diu l’etimologia de la paraula, som amants o entusiastes del coneixement, no tant posseïdors del coneixement. La nostra arma són les preguntes. Les respostes, quan hi ha respostes, són sempre provisionals, transitòries. Un ha de treballar el món de les preguntes i això ens acosta a l’art, que és un espai a través del qual l’home s’ha fet preguntes i ha donat respostes sensorials limitades a través de les obres. Però la cultura és sobretot un gran dipòsit de preguntes.

Ha estat treballant durant els últims quatre anys en un llibre que sortirà al maig.

— És un llibre molt extens, de mil pàgines, i està dividit en deu llibres. El primer es diu llibre de la veritat, el segon de la restitució, n’hi ha un de la jovialitat, de la llum, de l’afinitat, de la llibertat… Són una sèrie de preguntes que jo em faig respecte a mi i respecte a l’època que m’ha tocar viure. ¿M’he dit la veritat, he estat lliure, he restituït allò que se m’ha donat?

¿Té resposta a la pregunta de què és la veritat?

— És de les preguntes més antigues i més difícils de contestar, perquè mentim contínuament. Des que som petits ens ensenyen que l’estratègia vital per sobreviure és no afrontar les coses sempre com una veritat crua. Per tant, la vida és una indagació sobre la veritat. Als Evangelis, a la part de la passió, quan Jesucrist diu “vinc a donar testimoni de la veritat”, el prefecte romà Ponç Pilat li diu: “Què és la veritat?” I se’n va. Aquesta pregunta plana sobre els segles i sobre les diverses cultures. Crec que és important dir-li a l’ésser humà que la veritat ens permet viure la vida d’una manera més rica. Sobretot hem d’intentar no mentir-nos a nosaltres mateixos.

¿Vivim precisament en un moment en què excel·leix la mentida col·lectiva? Estic pensant en les xarxes socials.

— És un moment en què la mentida col·lectiva té un cert prestigi. La mentida col·lectiva sempre ha existit, a tots els segles, a totes les cultures, el que passa és que hi havia com una muralla davant d’aquesta mentida col·lectiva que pretenia desprestigiar-la i intentar lleis, comportaments, conductes que cerquessin la veritat. El que és peculiar i perillós és que a la nostra època hi ha una indistinció entre la veritat i la mentida, i aquesta indistinció no és penalitzada, fins i tot hi ha vegades que és elogiada i premiada.

Ara fa 30 anys que vostè va publicar El cansancio de Occidente, el diàleg amb Eugenio Trias. ¿S’ha redreçat aquest rumb?

— En alguns aspectes la situació ha variat molt, sobretot pel predomini de les noves tecnologies. L’any 92, que és l’època olímpica en què escrivim aquest llibre, hi havia l’existència d’ideologies i de tradicions culturals que llavors semblaven molt fermes i ara, en canvi, no ho semblen. Un dels fets distintius de la nostra època és com avances cap al futur sense capacitat per mirar al passat, analitzar-lo i reflexionar-hi. Es descarten molts dels exemples de la gran cultura que havien sigut fars per a l’home europeu, per a l’home occidental i per a l’home en general.

¿La incapacitat de reflexionar sobre el passat és, per tant, una incapacitat d’aprendre?

— Tenim una gran incapacitat de memòria. Cedim la memòria a la tecnologia. Moltes coses que abans sabíem de memòria ara confiem que internet ens les digui. Però no únicament cedim les dades a la tecnologia, sinó la capacitat de reflexió. Per exemple la cultura. La cultura no és una dada concreta. Si jo pregunto per Voltaire, no cal saber qui és Voltaire, es mira a internet. Si pregunto per la Il·lustració, igual. Si pregunto per la Revolució Francesa, igual. Tot això es trobarà a internet més o menys ben explicat, però el que internet no farà serà lligar Voltaire, Il·lustració i Revolució Francesa. La capacitat d’interrelació que en efecte és la cultura tenia o té un dels seus eixos principals en la memòria. Per això els grecs a la memòria, mnemòsine, la posaven com la matrona de les arts. La memòria és la capacitat d’interrelació, i això també en la nostra vida personal i col·lectiva. En el moment en què perdem la memòria de nosaltres mateixos, de la nostra vida, perdem d’alguna manera la nostra humanitat.

¿Sense memòria, capacitat de concentració ni capacitat d’interconnectar, ens aboquem a un temps de frivolitat?

— Diria de fragilitat. Una manca de defenses, una manca de capacitat de resistència, una manca de capacitat de concentració, això porta a una fragilitat. L’ésser humà està immers en una mena de tirania de l’actualitat contínua que fa que allò que avui és decisiu i molt important potser demà o demà passat ja no es considera o no existeix, i això el porta a una sensació que els seus referents són escassos, una sensació de nuesa.
És una paradoxa perquè en teoria tenim l’ésser humà més armat tecnològicament de tota la història de la condició humana, però això, al mateix temps, va acompanyat d’una nuesa espiritual i fins i tot una nuesa mental considerable.

I com evitem aquesta fragilitat o nuesa? Amb l’humanisme?

— L’humanisme que hem d’intentar ha de tenir en compte la fi de l’egocentrisme, la fi de tants prejudicis de tot tipus que tenia la nostra cultura, fins i tot és un humanisme que ha de tenir en compte que l’home no es pot considerar el centre del món en el sentit absolut, sinó que s’han de considerar tots els éssers vius, el cosmos. És a dir, d’una manera egoista no podem proclamar que l’home és el centre del món, com el vell humanisme feia.

Com accedim a aquest nou humanisme?

— Hi ha dos corrents contraposats. Aquest predomini de la tecnologia que porta potser una pèrdua de la memòria, de referents, etcètera, sembla que podria anar en contra de l’humanisme. Però en els últims 20 anys el nou humanisme ha afrontat de cara molts prejudicis que tenia el que hem anomenat civilització i cultura. En aquest sentit, les desarticulacions més o menys revolucionàries que s’estan produint a la nostra època en el terreny de la raça, del sexe, en tots els terrenys que estaven oblidats, són molt interessants per a la construcció d’un nou humanisme.

¿Aquest nou humanisme té una revolució clau en el lloc de les dones al món?

— Indubtablement és un aspecte molt important, potser el més destacat, però també és molt important la nova relació que molts proclamen amb el planeta, amb la terra, amb el cosmos, amb els animals. Jo aquest estiu he estat llegint molt Simenon, i és un escriptor molt important i molt interessant, pràcticament un Balzac del segle XX, però els prejudicis que hi ha a la narrativa de Simenon, com en tots els escriptors del segle XIX, farien que molta gent s’escandalitzés actualment. Em penedeixo d’haver llegit un 80 per cent de llibres que tenien contingut antijueu, perquè això era habitual a la historia de la cultura europea, de la mateixa manera que era habitual el contingut racista i el contingut masclista.

¿Potser ara sí que haurem d’arribar a la conclusió que, malgrat el que sembla, evolucionem?

— Per això deia que es troben dos corrents contraposats, un que ens despulla i un altre que ens vesteix de manera diferent de com anàvem. I si això passa amb una certa saviesa, ens pot ajudar en aquest nou humanisme i pot facilitar un futur per a la condició humana.

¿Aquest nou humanisme com dialoga amb una Europa en guerra?

— L’humanisme vell va dialogar sempre amb situacions de guerra. L’humanisme reneix al Renaixement amb guerres contínues. El Renaixement es fa a Florència amb la pesta negra molt recent i amb guerres i lluites contínues. Montaigne escrivia assajos meravellosos a 20 quilòmetres del front de guerra al sud de França. Aquest nou humanisme ha d’apel·lar a la no-guerra, com feia l’antic, però amb les condicions actuals. Per posar un exemple, la invasió russa d’Ucraïna és totalment injusta i injustificada, però s’ha de tenir en compte que el manteniment de la geopolítica antiga també és injust. Intentar mantenir l’OTAN com el bloc hegemònic al món xoca amb la nova realitat del món, i per això la Xina, l’Índia, etcètera, no es conformaran que les coses siguin igual que al segle XX.

Europa ha de ser un territori flexible i obert a les migracions ”

Quina és la seva idea d’Europa?

— De les idees polítiques, la que més il·lusió m’ha fet a la meva vida és la idea d’Europa, però la idea que jo tenia és la de Goethe, de Rilke, de Valéry; és a dir, d’una Europa creativa des del punt de vista espiritual i cultural. Això ha estat substituït per una Europa que està massa construïda en termes burocràtics i centralistes, i en termes, per què no dir-ho, de corrupció, com s’està veient aquests dies. L’Europa unida a la qual podem aspirar és la dels primers grans pensadors, però tenint en compte que Europa de cap manera es pot plantejar recuperar la posició colonial o neocolonial, això és obvi. Europa ha de ser un territori flexible i obert a les migracions, fins i tot per necessitats demogràfiques.

¿La seva és una visió optimista de la realitat?

— Jo soc optimista o pessimista depenent de com em va el dia des del punt de vista emocional. El primer grau de coneixement de la veritat és saber com estàs tu. Els dolors i plaers de la humanitat no deixen de ser abstractes enfront del nostre plaer i el nostre dolor. Crec que es pot ser capaç de considerar la situació tràgica del món i, alhora, voler dir sí a la vida. No únicament sobreviure sinó viure. Per això torno al començament: un ha de viure per poder viure la vida dels altres, de la mateixa manera que un ha de tenir amor propi per poder estimar.

Però vivim un auge de la ultradreta. És un fruit humà més?

— M’indigna que quan es parla de Hitler o del nazisme es digui que és una cosa inhumana… Tant de bo fos diabòlica i inhumana! El problema és que va ser humana. Jo crec que els populismes d’ultradreta actuals són la conseqüència de l’enfonsament de les ideologies il·lustrades i romàntiques en la segona meitat del segle XX. El segle XXI és bastant orfe d’ideologia i, lligat amb l’amnèsia, és molt més fàcil que surtin a l’escenari bruixots que t’ofereixin curacions i salvacions immediates.

¿Per això nosaltres som més orfes en certeses?

— Som orfes en certeses perquè les velles ideologies humanístiques creaven complicitats entre aquells que hi participaven, i nosaltres tenim la sensació de campi qui pugui. Les noves tecnologies també juguen un gran paper d’emmascarament: la gent es creu que ja està connectada, però no està connectada amb profunditat. I com a conseqüència, un dels aspectes importants de la nostra època és el sentiment de soledat, del qual se n’ha parlat força últimament.

Estem més a la intempèrie.

— Estem més a la intempèrie, sí.

https://www.ara.cat/cultura/rafael-argullol-tragedia-vida-humanisme-ultradreta-cultura_128_4583137.html

Rafael Argullol: “El hombre con miedo es proclive a creer en fanatismos”
https://www.elmundo.es/papel/cultura/2019/02/08/5c5c059afc6c83526a8b466b.html

What to know about Ozempic, TikTok’s favorite weight loss drug

Ozempic_prep
Since gaining popularity online, the diabetes medication Ozempic (semaglutide) has been increasingly requested to manage weight. Now, there’s a shortage that’s affecting people who use the medication.

Scientists caution that for weight loss, the diabetes medication’s long-term safety and efficacy aren’t settled. That hasn’t stopped influencers.

Billionaire Elon Musk credited it for his dramatic weight loss. Celebrity sites allege that many more A-listers are using it to stay trim. And TikTok is full of influencers showing off their startling before-and-after shots showing off their weight loss after using it.

What is it? A medication called semaglutide, which is sold under different brand names, including Ozempic, approved in 2017 for treating type 2 diabetes, and Wegovy, approved just last year for weight loss.

The buzz about these drugs has created a shortage of both, according to the U.S. Food and Drug Administration, which is expected to last for several months—causing alarm among patients with diabetes who rely on Ozempic to help control their blood sugar. Experts caution that it’s important to understand these are not miracle drugs—and that there are risks to taking them outside of their intended use.

Here’s what you need to know about semaglutide, including how it works and the risks.

What’s the science behind the drug?
Semaglutide helps lower blood sugar by mimicking a hormone that’s naturally secreted when food is consumed, says Ariana Chao, assistant professor at the University of Pennsylvania School of Nursing and medical director at the school’s Center for Weight and Eating Disorders. This medication, administered through injection, helps people feel full for longer, helps regulate appetite, and reduces hunger and cravings.

(How psychedelic drugs can help with anxiety, depression, and addiction.)

There is significant demand for the drug. In 2019, more than 11 percent of the population was diagnosed with diabetes, while more than four in ten adults classified as obese in 2020.

Patients with type 2 diabetes often have impairments in insulin, a hormone that helps break down food and convert it into fuel the body can use, Chao says. Semaglutide signals the pancreas to create more insulin and also lowers glucagon, which helps control blood sugar levels. This can result in weight loss but experts point out that Ozempic has not been approved for that purpose, though semaglutide at a higher dose (Wegovy) has been.

Wegovy is the first drug since 2014 to be approved for chronic weight management. The difference between the two drugs is that Wegovy is administered at a higher dose of semaglutide than Ozempic. Wegovy’s clinical trials showed more weight loss but only slightly greater improvements in glycemic control compared to Ozempic, Chao says.

The FDA sees Ozempic and Wegovy as two different medications for different uses. Chao says many insurance companies cover Ozempic for diabetes but don’t cover Wegovy for obesity—a prime example of weight bias in health care. That’s why some medical providers use the two doses somewhat interchangeably, as obesity and type 2 diabetes are inextricably linked–obesity is the leading risk factor for developing type 2 diabetes.

What are the risks?
Like every medication, there can be downsides.

The most common side effects are gastrointestinal issues, such as nausea, constipation, and diarrhea, Chao says—and more rarely, pancreatitis, gallbladder disease, and diabetic retinopathy.

These drugs have been extensively studied, but their relatively recent approval means researchers still don’t know what the effects of taking them long term might be.

(This is how you should disposed of unused or expired medications.)

Continuing research is helping us understand more about what happens when people stop taking these medications—which many may be forced to do amid current shortages. Research does suggest that stopping use of this medication could cause patients to regain weight, especially if they didn’t make any lifestyle changes.

“In almost all weight-loss studies, it really depends on your foundation,” says Stanford endocrinologist Sun Kim. “Your efforts at lifestyle will determine how much weight you lose. If you have your foundations like food, exercise, and sleep, you’re gonna do well.” If not, you might regain as much as 20 percent of the weight lost per year.

These medications can also be incredibly expensive, especially without insurance. Kim says an injection pen can run more than $1,000.

What does it mean to use this drug off-label?
Using a drug off-label means using it in a way other than its intended and its FDA-approved purpose, which may not be safe or effective. Ozempic has been approved only for type 2 diabetics, and Wegovy has been approved only for patients with a BMI above 30, or 27 if they have a weight-related comorbidity like high blood pressure.

“There is no scientific evidence to show whether this medication will be effective or of benefit to those who do not fit the criteria from the FDA-approved label indications, such as people with a BMI lower than 27,” Chao says. “We also do not know the side effects or risks in these populations—there could be unknown drug reactions. These medications are not meant to be a quick fix.”

(How are medicines named?)

Even if you meet the criteria, experts warn against trying to obtain the medication without a prescription by traveling to countries that don’t require them.

“When the medication’s not used under supervision of a health-care provider, then they can come into misuse,” Chao says. “There could be more serious adverse events that can happen.”

Other experts also argue that, with Ozempic becoming hard to find, diabetes patients should be the first in line.

“What I do worry about, and I hope it’s only temporary, is the supply chain issue,” Kim says. “If I had to triage and prioritize, I would maybe favor someone that is controlling their diabetes to get it.”

Robert Gabbay, the American Diabetes Association’s chief scientific and medical officer, says the organization is “very much concerned” about the Ozempic shortage.

“The medication has been an important tool for people with diabetes,” he says. “Not only does it lower blood glucose and weight but it has been shown to decrease cardiovascular events—heart attacks—one of the leading causes of death for those living with diabetes.”

A last resort?
Still, Kim says that prescribing drugs like Ozempic and Wegovy to patients who are desperate for a new approach to weight loss can make her feel “like a superhero.” By the time patients come to her, they’ve often tried methods like Weight Watchers and following the advice of dieticians. In that case, she says, medications like Ozempic and Wegovy can be a great option.

“What I find is sometimes as they’re becoming successful at losing weight, it really does feed into their lifestyle too, and then they’re able to be more active,” Kim says. “It’s hard to lose weight. Seventy-five percent of the U.S. population is overweight or obese. I feel that we shouldn’t be holding this back if this can help.”

Chao agrees that these medications are a good alternative for those who are unable to lose 5 percent of their body weight within about three months of making lifestyle changes. Still, she recommends trying those approaches before turning to medication.

Patients should “make sure that they’re focusing on a healthy dietary pattern, reducing calories, as well as increasing physical activity,” she says. “It’s important they know that even if they are taking the medication, it’s not an easy way out: They’re still going to have to make lifestyle changes.”

https://www.nationalgeographic.com/science/article/ozempic-tiktoks-favorite-weight-loss-drug-is-unproven

https://www.sabervivirtv.com/endocrinologia/ozempic-peligros-medicamento-diabetes-para-adelgazar_7782

https://www.eldiario.es/sociedad/desabastecimiento-ozempic-afan-desmedido-adelgazar-deja-diabeticos-medicamento-esencial_1_9789178.html

Sandra, transexual arrepentida: «Cambiar de género te convierte en un paciente enfermo de por vida»

Después de todo el dolor físico y mental por el que ha pasado, le parece deleznable que se lleve a cabo la polémica ley trans

andra Mercado nació varón, pero desde que tiene uso de razón le han gustado los hombres. En el pueblo donde nació en el 1986 todo el mundo era heterosexual, por lo que ella creció en un ambiente totalmente contrario a lo que ella sentía. Su madre siempre la apoyó y nunca le dio importancia. En cambio, su padre, que tenía problemas con el alcohol y las drogas y maltrataba a su mujer, nunca lo aceptó. Lo mismo pasaba con sus abuelos: cuando Sandra salía de casa vestida con los colores que se llevaban en los 90 –o las mechas tan características de la época– le decían «maricón, ¿dónde vas con eso de niñas?».

La cosa no solo era familiar. En el instituto, Sandra sufrió bullying por parte de los compañeros y de los profesores. De hecho, nunca terminó sus estudios. «Yo sufrí mucho la discriminación, todo el mundo me insultaba», explica a este medio.

Sandra vivía con miedo, le perseguían por las calles para darle palizas. Fue ahí, en la adolescencia cuando inconscientemente comenzó a interpretar muchas cosas. Como dejó los estudios en 3º de ESO, se desplazó a Barcelona a estudiar Arte Dramático para ser actor, pero comenzó a decaer. «Empiezas a avergonzarte de tu cuerpo y te avergüenzas de ser homosexual. Sentía que estaba cometiendo un delito», comenta.

Fue creciendo y comenzó a salir con amigos que no le convenían. Fue en ese momento cuando comenzó en el mundo de la noche, donde conoció la disforia de género: «Por mucho que yo llevaba ropa de chica, yo en el espejo veía un hombre y odiaba mi vello corporal al igual que algunas facciones».
Llegó un día que su madre decidió separarse de su padre y Sandra le dijo a su madre que era una mujer. En ese momento, le comentó los tratamientos hormonales que había –que anteriormente se lo habían comentado los transexuales que conoció en el mundo de la noche– y decidió comenzar su «mal llamado cambio de sexo». Para ello, lo primero que hizo fue acudir a un psicólogo, que al verle tan femenino y su voz le dio la razón. «Lo que yo denuncio a día de hoy es que cuando una persona con disforia consulta a un psicólogo o psiquiatra lo que hay que hacer es indagar en la raíz del problema que tiene esa persona, porque esa persona tiene disconformidad con su propio cuerpo, y no hay que empujarlo a mutilarse».
Como casi todos los transexuales, comenzó a hormonarse antes de tiempo: «Te decían qué tomar en la calle. Además, tuve que ejercer la prostitución para poder pagarme los tratamientos». Luego fue al endocrino, pero no consultaron a ningún profesional en salud mental y le dieron más hormonas. «Este endocrino privado me llevó un control durante un buen tiempo con estrógenos pinchados, me dio un andrógeno, que es un medicamento muy tóxico y que lo siguen recetando, ya que hoy es un medicamento que se usa para el cáncer de próstata». Tras los tratamientos, Sandra comenzó a experimentar efectos secundarios en su cuerpo que no eran habituales, empezó a estar montada en una montaña rusa de sentimientos de la que nadie le advirtió.
Cuando decidió hacerse una vaginoplastia solicitó cita en la Unidad de Género del Hospital Clínico de Barcelona. Durante las citas en el centro médico no profundizaron en nada relevante: «En el periodo de reflexión me preguntaron si me gustaba el rosa y si me vestía de chica o si en el sexo era activa o pasiva», relata Sandra. Aun así, decidió someterse a una vaginoplastia, intervención para la que había una lista de espera de seis años. «Yo tenía ansiedad, ataques de pánico, depresión, pero me sentía feliz porque creía que iba a cumplir mi sueño», cuenta. Era cuestión de tiempo.
Llegó la ansiada operación, pero una vez salió del quirófano, la realidad le golpeó muy fuerte. Tras varias semanas de dolores y de sufrimiento comenzó a dudar: «Todo esto es muy experimental. Me dieron documentos para firmar que no vi. Entre otras cosas, acepté sin saberlo que me grabasen haciéndome una vaginoplastia, que lo veo bien si es para seguir avanzando en la ciencia. Ahora, he recuperado todos los informes».

Cuando se realizó la operación, se dio cuenta de que había perdido muchísima sangre, pero no le dieron importancia. De hecho, tal y como comenta, lo tomaron todo con mucho secretismo, sin contarle nada. Los dolores cada vez eran mayores, tanto, que tuvieron que ponerle morfina y dos bolsas más de analgésicos que le hacían ver alucinaciones y acrecentaron sus ataques de ansiedad.

Varios años después, Sandra seguía experimentando dolores muy fuertes, tenía una inflamación de la uretra muy severa, pero el doctor solo le mandaba antiinflamatorios: «Tener problemas después de pasar tanto dolor, psicológicamente te machaca y acabas mal», explica Sandra. Le construyeron una vagina, pero nada estaba como le dijeron. Una vez más, le habían ocultado información. «Ahí me di cuenta de que éramos conejillos de indias, porque el doctor me dijo que estaban probando cosas nuevas», admite.

Tres años después, volvieron las complicaciones. Ella pensaba que tenía infección de orina, pero de nuevo, la falta de información le hacía errar. Comenzó a investigar por su cuenta y descubrió que lo que realmente le pasaba era que le habían dejado mal el suelo pélvico durante la intervención. Nadie le dijo nada y tuvo que descubrir por su cuenta algo por lo que va a tener que tratarse de por vida. «Cuando veo todo lo que me pasa y pienso que hay madres que se llevan a sus niños a que les den hormonas cruzadas, es una locura. Deben pensar en cómo estará ese hijo en 50 años, pero no psicológicamente, sino mentalmente», avisa Sandra, que sabe de lo que habla.

Toda está situación Sandra la ha plasmado en un libro llamado La estafa del transgenerismo quesaldrá a la venta a principios de noviembre. En él la autora cuenta su vida y como ha peleado y superado momentos para ser quién es hoy.

¡¡Atentas!! ¡¡Atentos!!
La estafa del transgenerismo
Memorias de una destransición
¡A la venta a principios de noviembre!
En breve comunicaré la fecha en la que podéis comenzar a comprar mi libro.
LibrosRecomendados #TransRightsAreMenRights #StopDelirioTrans

Crítica a la ley trans
Después de todo el dolor físico y mental por el que ha pasado Sandra, le parece deleznable que la polémica ley trans llegue a su aprobación impulsada por el Ministerio de Igualdad, bajo las órdenes de Irene Montero.
«Es como si el Estado quisiera adueñarse de los menores para experimentar con ellos. Es terrible porque ese niño o niña necesita ayuda. Todos los que sufrimos disforia necesitamos ayuda de verdad. Y que la transición sea la última opción», anota Sandra.
«Tienen que investigar para salvar vidas, porque cambiar de género te convierte en un paciente enfermo de por vida». Sandra no quiere tomar hormonas de por vida, pero ya no tiene otra opción. A día de hoy, visita con regularidad a todo tipo de médicos. Sigue arrastrando las consecuencias de una operación de cuyas consecuencias no le informaron. En la actualidad le duelen el estómago y los intestinos: «Las hormonas femeninas me han dejado en el estómago como dispepsia o distensión. Me han dejado una hinchazón estomacal que ya es crónica», concluye.

https://www.eldebate.com/sociedad/20221022/te-convierte-en-un-paciente-enfermo-de-por-vida_67781.html


La “estafa” trans: “La transexualidad es homofobia, terapia de conversión para homosexuales”

Tras sufrir daños irreversibles, Sandra Mercado denuncia la “degradación de la transexualidad” que pretende Irene Montero y el “nuevo fascismo queer”.

Sandra Mercado, transexual | LD

Desde que la ministra de Igualdad, Irene Montero, anunció la llamada ley Trans, las feministas han venido denunciando que dicha normativa es literalmente “una aberración“. Sin embargo, no son las únicas. Aunque muchos no se atreven a alzar la voz, lo cierto es que cada vez son más los propios transexuales que la consideran “una locura”. Sandra Mercado es una de ellos. “La transexualidad es homofobia, terapia de conversión para homosexuales“, denuncia abiertamente.

Sandrita -como le gusta que la llamen- nació siendo un hombre. Y hoy, insiste, lo sigue siendo, a pesar de su apariencia de mujer. Hace unos años completó su transición con una vaginoplastia y, en contra de lo que esperaba y de lo que muchos le prometieron, su disforia no ha desparecido. Darse cuenta de la “estafa” de la transexualidad le hizo caer en un pozo muy hondo: “Es como si te hubieras hecho de una secta y, de repente, fueras consciente de ello. Para mí fue un shock el darme cuenta de la verdad de la transexualidad”.

Hoy, gracias a la ayuda de psicólogos y psiquiatras -abolicionistas del género, matiza- resurge de sus cenizas para mostrar al mundo esa verdad a través de su propia historia. Lo hace en su canal de Youtube y en esta charla con Libertad Digital, en la que denuncia “ese nuevo fascismo llamado queer, lleno de purpurina” por el que se ha dejado llevar la ministra de Igualdad y que, según dice, ha desembocado en una “degradación de la transexualidad“.

Nazismo, maltrato y acoso escolar

“Yo siempre tuve claro que era homosexual. En el colegio, yo me enamoraba de chicos, como mis amigas. Nunca he sentido atracción por las mujeres”, arranca su relato. No era lo único que tenía claro: “Ya en la guardería, siempre me fijaba en las profesoras con el pelo largo, en el maquillaje, en los tacones… Todo eso me fascinaba, pero no me hacía plantearme que fuera una niña, simplemente yo tenía esos gustos”.Me perseguían por la calle para intentar matarme, me hacían bullying en el colegio y hasta mi padre me llamaba ‘maricón’

sandrita-sandra-mercado-transexual-05-11022022.jpeg
Sandra Mercado, cuando todavía era un niño

Sin embargo, todo aquello pronto empezó a ocasionarle graves problemas en el pueblo en el que vivía, un pequeño municipio situado a unos 40 kilómetros de Barcelona, donde se convirtió en el objetivo de uno de los tantos grupos neonazis de principios de los 90. “Me perseguían por la calle para intentar matarme, me hacían bullying en el colegio y hasta mi padre me llamaba ‘maricón’ -explica tratando de no dejarse llevar por el dolor de los recuerdos-. Me obligaba a jugar al fútbol, me decía que tenía que ser del Real Madrid, y yo todo eso lo odiaba. Yo solo quería barbies, me gustaba el color rosa… Pero esperaban que yo me comportara como un machote. No me dejaban expresarme como yo quería, porque a la mínima ya me decían que todo eso era de niñas”.

Su madre fue la única que trató de comprenderle: “Fue a hablar con las profesoras para preguntarles qué me pasaba y ellas le dijeron que no tenía ningún problema, que los juguetes no eran nada más que eso, juguetes, así que me compraba todas las muñecas que yo quería, pero me las escondía debajo de la cama para que mi padre no las viera”.

La ‘plumofobia’ y el origen de su disforia

Hoy, a sus 35 años, es consciente de que todo aquello fue el origen de su disforia. Y no sólo la homofobia, sino también la “plumofobia” que existe en la sociedad y a la que, según dice, contribuyen muchos homosexuales: “Yo siempre he sido muy amanerado, con muchísima pluma, era un niño con una voz muy femenina, gesticulaba mucho… Y cuando empiezas a sufrir discriminación y maltrato, todo eso poco a poco te empuja a querer pensar que eres una mujer porque piensas que, si encajas como mujer heterosexual, te van a dejar en paz”.Piensas que si encajas como mujer heterosexual, te van a dejar en paz

El punto de inflexión llegó en la adolescencia. “Empecé a tener disforia, pero yo creo que la disforia o dismorfia la sufrimos todos. La sociedad en la que vivimos nos hace crearnos complejos. Yo era un chico que tenía mucho vello en la cara y en el pecho, y que se metieran conmigo por eso también me hacía rechazar mi cuerpo, pero no creo que tenga que ver con la transexualidad -reflexiona dos décadas después-. Es como cuando las chicas gorditas o un niño que lleva gafas y tiene granos en la cara no le gusta verse así, pero porque nos han metido en la cabeza que eso es algo horrible”.

sandrita-sandra-mercado-transexual-06-11022022.jpeg
Siempre ha sentido predilección por la ropa de mujer

Por aquel entonces, ya usaba ropa considerada de chica. “Iba al Bershka y me compraba mis pantalones de campana, mis plataformas…”, recuerda orgullosa. Sin embargo, cuando empezó a desarrollar su disforia pensó que aquello no era suficiente. “Seguía siendo un hombre, así que necesitaba un tratamiento hormonal”.

El inicio de la hormonación

Empezó a trabajar en bares y discotecas y conoció a muchos transexuales que le hicieron replantearse todo e iniciar la transición para tratar de convertirse así en una mujer: “De alguna manera, piensas que te vas a volver invisible, ya no eres ese maricón al que van a insultar o al que van a pegar. Hay muchas variables que pueden influir, pero en mi caso fue por culpa de la discriminación, el maltrato y los estereotipos sexistas”.Hay muchas variables que pueden influir, pero en mi caso fue por culpa de la discriminación, el maltrato y los estereotipos sexistas

Y así fue como inició el tratamiento hormonal de la mano de psicólogos que, según denuncia, nunca le dieron alternativa: “La disforia tiene un origen, una raíz, y nadie indagó en mi raíz. Simplemente me señalaron ese camino“. Aunque Sandra está convencida de que, si muchos profesionales no lo hacen, es por miedo. “No es que no quieran, es que la ley no les deja, porque si cuestionan el origen de tu disforia, pueden tener problemas”.

Al igual que a otros tantos jóvenes de la época, le dijeron que tenía “la mente de una mujer atrapada en el cuerpo de un hombre”. Y ella se lo creyó a pies juntillas: “Llegué a pensar que, en el embarazo de mi madre, había habido algún problema y me había quedado a medias, porque todo me hacía ver que parecía una mujer y que, con unas cuantas hormonas y una cirugía, ya sería una mujer completa”.

El “infierno” de la vaginoplastia

En aquella época no existían las unidades de género en los hospitales, así que inició el tratamiento hormonal con un endocrino privado. Llegó a visitar al famoso cirujano Iván Mañero para hacerse la vaginoplastia, pero la operación que le ofrecía costaba entre 30.000 y 40.000 euros, así que decidió esperar. “La transexualidad es un negocio que mueve millones, no te imaginas hasta qué punto”, lamenta.La transexualidad es un negocio que mueve millones, no te imaginas hasta qué punto

En 2010, la Seguridad Social empezó a incluir la cirugía en su cartera de servicios y se apuntó en la lista de espera. Tardó cinco años en recibir una llamada, pero, en 2015, por fin le dieron cita con un psiquiatra para que valorase si era candidata a una vaginoplastia. “Lo único que hizo fue hacerme preguntas sexistas: si de pequeña jugaba con muñecas o con coches, si en el sexo era la pasiva o la activa… Y, claro, concluyó que era la candidata ideal, y como yo en aquella época tenía el sexismo muy interiorizado, pues también”.

Unos meses después, llegaría la primera consulta con el cirujano. “Lo único que me dijo fue que me quedaría poca profundidad. Solamente te dicen eso. No te explican nada, esconden las consecuencias a corto y a largo plazo”, denuncia Sandra, a la que aquella operación le ha ocasionado “daños irreversibles”.Tengo momentos mejores, momentos peores, pero es un daño que ya es irreversible

Sin entrar en muchos detalles, nos cuenta que la vaginoplastia es “una cirugía muy invasiva”, que “el postoperatorio es un infierno” y que, en muchos casos, como el suyo, el sufrimiento no termina ahí. Pasado un año y medio o dos años, le diagnosticaron una estenosis en la uretra. “Me daban antinflamatorios, pero llegó un momento en que casi no podía orinar. Imagínate los dolores que pasé”. Finalmente, la volvieron a operar. “Experimentaron conmigo”, denuncia. Y, aunque finalmente todo salió bien, los nervios del suelo pélvico le han quedado dañados para siempre. “Tengo momentos mejores, momentos peores, pero es un daño que ya es irreversible. Es como si tuviera una cistitis permanente”.

sandrita-sandra-mercado-transexual-02-11022022.jpeg
Hoy, Sandra cuenta su experiencia en un canal de Youtube

Así, lo primero que Sandra reclama es transparencia: “Siempre he dicho que ojalá por lo menos hubieran sido honestos conmigo y me hubieran explicado los riesgos, porque si me los cuentan, te prometo que yo me lo hubiera pensado mejor”. Por eso, hoy se siente orgullosa de poder ayudar a otras personas a través de sus redes sociales: “Si una vez que escuchan mi historia quieren seguir adelante, que lo hagan, pero muchos se han puesto en contacto conmigo y me han dicho ‘gracias, porque gracias a tu testimonio, me lo he replanteado y no me hago la vaginoplastia. Me quedo con mi pene y me expreso, me visto y luzco como quiero’ “. De hecho, advierte de que incluso las hormonas pueden provocar daños irreversibles. En su caso, dispepsia estomacal o, lo que es lo mismo, una inflamación severa del estómago.

La “estafa” de la transexualidad

Sandra empezó a movilizarse en las redes sociales hace dos años, cuando descubrió que las cirugías no habían acabado con su disforia. Sin embargo, ha tenido que pasar unos meses alejada de todas las plataformas por el shock que le produjo entender cuál había sido la verdadera raíz de su problema: el sexismo. “Después de leer mucho, me di cuenta de que la transexualidad era una estafa, de que realmente somos homosexuales atormentados por estereotipos sexistas y que el único camino para poder superar la disforia o llevarla lo mejor posible es aceptarme tal y como soy”.Transexualidad es homofobia, terapia de conversión para homosexuales. Es querer heterosexualizar la homosexualidad

Hoy, trata de hacer ver a sus seguidores que muchos de los problemas que padecen se acabarían con la supresión de los estereotipos sexistas: olvidarse de que hay cosas de chicas y cosas de chicos, cosas que están bien vistas si tu apariencia física es la de una mujer y cosas que no. “Transexualidad es homofobia, terapia de conversión para homosexuales. Cuando escucho a transexuales decir ‘yo soy una mujer heterosexual’, es mentira. Primero, porque el sexo no se puede cambiar, porque es inmutable y segundo, porque sigue siendo el mismo varón homosexual. Es querer heterosexualizar la homosexualidad”.

La “degradación” de la ley trans

Reconoce que el asunto “es muy complejo”, pero, precisamente por eso, Sandra cree que no se puede despachar con una ley como la que promueve la ministra Montero: “La ley de 2007, que es cuando yo me hice el cambio de nombre, ya era maravillosa. Esto es una degradación de la transexualidad”. De hecho, incluso se queja del nombre de la propia ley. “Ahora todo es un paragua trans dentro del que cabe todo: hombres autoginefílicos, el fetichismo travesti, el tema de las drac… Es un borrado de las propias personas transexuales que sufrimos de disforia”, lamenta Sandra, mientras insiste en lo absurdo de promover cientos de géneros distintos. “¿Dónde quedan luego las estadísticas de la violencia de género?”, se pregunta indignada.

Además, Sandra advierte del peligro de la despatologización que promueve el Gobierno. “Ahora cualquier menor que quiera hormonas o bloqueadores, los tendrá y, por eso, a mi esta ley me da terror, me da muchísimo miedo”, confiesa tras entender que esa no ha sido la solución a sus problemas y que, sin embargo, ya no tiene marcha atrás. La misma indignación muestra por el limitado papel de los progenitores: “Si un padre o una madre se opone o le da a entender a su hijo que hay otras alternativas, le pueden quitar hasta la custodia“.Si una persona transexual no ni tiene ningún problema, ¿por qué la Seguridad Social le va a cubrir con hormonas y cirugía?

Y eso por no hablar de la contradicción que supone despatologizar la disforia, pero incluir los tratamientos dentro del sistema público de salud: “Si una persona transexual no ni tiene ningún problema, ¿por qué la Seguridad Social le va a cubrir con hormonas y cirugía? Es que esta ley no hay por donde cogerla, es absurda la mires por donde la mires”. De ahí que recomiende a lrene Montero que se preocupe “por las hembras biológicas de la especie humana, cosa que no hace, y luego, si quiere, que se preocupe por los verdaderos homosexuales que hemos sufrido homofobia, pero no por identidades ficticias”.

El “fascismo queer” y los menores

Es consciente de que su discurso es y será criticado por muchas personas que pensarán que ella no es una auténtica transexual. “¿Y por qué ahora ya no soy transexual? ¿Porque mi discurso ya no va con el suyo?”, se responde a sí misma. “Es que esto ya es una especie de nazismo. Lo queer es muy fascista”, sentencia sin renunciar a su verdad: “Las personas que piensan que estoy loca son personas transexuales que tienen el género muy interiorizado, y yo te estoy hablando de la raíz del problema y eso duele, porque la verdad duele”.

sandrita-sandra-mercado-transexual-03-11022022.jpeg
Aunque aparentemente ya es una mujer, sigue sufriendo disforia

Sin embargo, a Sandra no le importa esta sobreexposición si con ella consigue evitar un arrepentimiento tardío, sobre todo cuando aquellos que emprenden el camino de la transición son menores de edad: “Estamos hablando de estereotipos sexistas que son reversibles, pero cuando los menores empiezan con los bloqueadores, hay cosas que son irreversibles“.

Por eso, el último mensaje de esta larga charla es para ellos: “A los menores que quieran iniciar la transición o se lo estén planteado, yo les diría que su biología es perfecta, que deberían aprender lo que es el sexismo y el género. Y si son muy muy pequeñitos, que los propios padres lo aprendan y eduquen a sus hijos a través de la aceptación de sus cuerpos. Si quieren lucir, vestirse y expresarse como quieran, que lo hagan, pero no por ello significa que son del sexo opuesto“.

https://www.libertaddigital.com/espana/politica/2022-02-12/la-estafa-trans-la-transexualidad-es-homofobia-terapia-de-conversion-para-homosexuales-6864361/