Category Archives: Reflexions

Pocas veces la inteligencia estuvo tan alejada de la política

Tengo bastantes décadas para seguir en el viaje de ida. Barcelona es una de las ciudades que elegí para vivir. Mi nacionalidad soñada es Europa y su cultura mi identidad. Soy de izquierdas pero no sé a quién votaré. Publico ‘Las pasiones según Rafael Argullol (conversaciones con Fèlix Riera)’

Rafael Argullol, filósofo

Adónde vamos los humanos?

La historia comienza cuando el humano sale del agua, va a cuatro patas, luego a dos. Ve una cosa que llama horizonte, y empieza a preguntarse si hay algo más allá.

¿Es esa rebeldía la que le hace humano?

Y así descubre que más allá del horizonte está la muerte e inventa de inmediato la inmortalidad y con ella empieza la gran historia.

¿Qué le ha sorprendido de lo sucedido desde que nos daba clases de filosofía?

Cuando empecé a escribir, todavía teníamos el rescoldo de la utopía europea muy presente. Aún creíamos con ilusión que con unas ideas podríamos cambiar el mundo. Décadas después, la utopía ha dejado de ser la protagonista de las ideas.

¿El eje de la política ya no es el ideal de progreso?

En el mundo de la política hay muy pocas ideas. Los políticos dicen tenerlas, pero yo me refiero a ideas que generen entusiasmo.

¿Por qué ya no creemos en utopías?

Porque el momento utópico duraba desde el renacimiento, pero al llegar hasta nuestra generación ya le quedaba poco.

¿Por qué?

Porque la utopía ha sido sustituida por la razón pragmática y el utilitarismo rabioso. Y los proyectos espirituales que quedan son fragmentados, subjetivos, individualizados. Ya no son grandes ni compartidos, como lo fueron el cristianismo o el socialismo, y se duda hasta del mismo ideal de progreso.

¿Qué lo sustituye hoy?

La idea de una humanidad mejor está siendo sustituida por la de una roboticidad mejor.

¿Los robots ya son nuestro proletariado sin sueldo?

Sí, pero así surge el dilema que plantea Blade runner : si las máquinas son como nosotros, también tendrán nuestras pasiones, amores y odios. Y así se iniciará de nuevo el ciclo de Prometeo. Los dioses volverán a aniquilar a los hombres por haber querido ser demasiado dioses con sus robots y máquinas.

¿Y los hombres tendrán que aniquilar a las máquinas por ser demasiado humanas?

Es que junto al tiempo lineal transcurre otro cíclico en el que juegan hombres y dioses.

Y hoy, además, la inteligencia artificial.

Y con ella jugamos a ser dioses siguiendo el canto a la progresión. Pero esa tensión entre hombres y dioses, que se encarna en los mitos clásicos, está convirtiéndose ahora en la tensión entre hombres y máquinas.

¿Qué máquina es la mayor amenaza?

El móvil.

¿Por eso las nuevas religiones datistas lo exaltan como pasaporte a la eternidad?

Son creencias de última hora, pero lo grave es que la desaparición de las utopías a los creadores, a mí como escritor, nos condena al bloqueo creativo.

¿Por qué?

Porque crear es proponer algo diferente a lo existente. Si no contrastáramos lo que es con lo que podría ser, no pensaríamos y el arte se convertiría en algo plano y repetitivo.

¿El ecologismo está en auge y, sin embargo, usted no lo considera una utopía?

Veamos: para el mundo antiguo, la tensión entre dioses y hombres estaba en el centro del mundo.

¿Y en el medievo fue Dios?

Hasta que el renacimiento pone al hombre y su progreso en ese centro y desde entonces hasta hoy se iban sucediendo las utopías de progreso humano.

¿Y ahora hemos puesto al planeta?

Ahora se tiene que trabajar la paradoja de la centralidad del hombre sin que el hombre sea ya el centro de todo progreso, porque ahora también ponemos al planeta.

¿Podemos retroceder en el crecimiento sin regresar a la pobreza de antaño?

Con un contrapunto: igual que hubo un primer humano que supo que iba a morir,nosotros somos la primera generación que sabe que los humanos podemos autodestruirnos.

Pero también somos la que más años viviremos de media.

Hemos prolongado la vida, pero también para poder prolongarla creciendo nos hemos puesto una espada de Damocles sobre la supervivencia de la humanidad y el planeta.

¿La guerra fría capitalismo-comunismo, hoy es entre verdes y desarrollistas?

Y de una u otra forma vamos a ver cómo se recupera la utopía, porque es necesaria. Y el inagotable prestigio del amor es porque es la utopía más accesible a todos.

Tanto como la muerte.

Y en la pobreza política del momento hay una brecha entre la ecología, que es una utopía global, y las tradiciones políticas nacionales y nacionalistas. Pocas veces la inteligencia había estado tan alejada de la política.

Le llamarán elitista por decirlo.

Elitista era el insulto favorito de Gil y Gil.

¿Por qué se banaliza el debate político?

Porque, aunque progrese la Europa económica, nos falta la ilusión europeísta que nos daría una gran cultura europea. Solo desde ella podemos forjar una identidad europea que trascienda las locales.

https://www.lavanguardia.com/lacontra/20201214/6121451/pocas-veces-inteligencia-estuvo-alejada-politica.html

El ‘blanqueo ético’ de la tecnología del futuro

Avanza la geopolítica de las éticas de la inteligencia artificial

La IA contribuye a la aparición de muchas preguntas de orden moral acerca su aceptabilidad y conveniencia”, señala Goffi. (Photo by DAVID MCNEW / AFP) AFP

La inteligencia artificial (IA) se ha convertido ya en materia de pleno derecho de las relaciones internacionales, un gran desafío para todos los agentes públicos y privados, e incluso un factor de poder que justifica una carrera por el liderazgo.

Sin embargo, es también objeto de numerosos debates que polarizan los sentimientos entre las esperanzas suscitadas por la nueva tecnología y los temores a los que da lugar. Por un lado, la IA es vista como una herramienta perfecta susceptible de ser usada en muchos ámbitos para mejorar nuestro bienestar, facilitarnos la vida y a veces incluso salvarla. Por otro, preocupa a quienes temen una toma de poder por parte de máquinas convertidas en autónomas y en capaces de tomar decisiones por sí mismas, en detrimento quizá de los humanos.

De hecho, como toda nueva tecnología, en ausencia de un marco jurídico adaptado, la IA contribuye a la aparición de muchas preguntas de orden moral acerca su aceptabilidad y conveniencia. Ahora bien, en un mundo globalizado en el que valores e intereses chocan y se desafían entre sí, puede parecer utópico encontrar unas coordenadas normativas comunes sobre las que edificar un marco preceptivo general. De hecho, mientras la IA crece de manera exponencial, los códigos de ética se multiplican y reflejan mucho más la diversidad axiológica existente que una homogeneidad de las perspectivas.

Así, en lugar de ver el establecimiento de un marco normativo moral que regule el desarrollo y la utilización de la IA, asistimos a la eclosión de un sistema caótico en el que cada agente mueve sus piezas valiéndose de una conducta ética tranquilizadora. Esa cosmética, una ética de puro aparato, cuando no de pura apariencia, cuyo único objetivo es realzar la imagen y, por lo tanto, el prestigio de quien se envuelve con ella, refleja una realidad negada por los defensores del universalismo de los valores. Por un lado, la moral es un constructo social intrínsecamente ligado a un sistema específico de valores. Por otro, las éticas que induce son múltiples y completamente contextuales. En semejante marco, la evaluación moral de la aceptabilidad y conveniencia de la IA sólo puede ser relativa, y todo intento de universalización, puede reducirse a un simple ejercicio de marketing.

La moral: un constructo social (???)

Las definiciones son importantes. No cabe duda de que pueden ser discutidas, pero resultan necesarias para construir un debate eficaz erigido sobre bases comunes. En nuestro caso, no hay consenso sobre las definiciones de moral y ética. Por lo tanto, toda discusión, toda evaluación, se vuelve subjetiva y parcial, por no decir arbitraria.

En materia de moral, las definiciones propuestas por Paul Ricœur resultan de interés por su claridad y su carácter operativo. Así, Ricœur propone dividir la cuestión de la moralidad en tres ámbitos:

1. La moral, en sentido estricto, entendida, por un lado, como “la región de las normas, es decir, de los principios de lo permitido y lo prohibido, y, por otro lado, el sentimiento de obligación en tanto que faceta subjetiva de la relación de un sujeto con las normas”.

2. La ética anterior que representa “el antes de las normas”, es decir, una “ética fundamental” cuyo objeto es la “vida buena”.

3. Por último, en el “después de las normas”, la ética posterior que engloba las éticas aplicadas, que Ricœur llama la “sabiduría práctica”.

En el caso que nos ocupa, el modelo de Ricœur nos permite distinguir la regla moral, mediante la cual la IA es evaluada como buena o mala, de la ética anterior que nos explica sobre qué fundamentos se erige la moral considerada y de la ética posterior que trata de la aplicación de las normas morales en los ámbitos de la IA. Nos permite también comprender que los comportamientos éticos sólo pueden ser juzgados con el rasero del marco moral en el que se insertan. Por último, al señalar que la ética fundamental tiene como finalidad la “vida buena”, Ricœur nos remite a las reflexiones de Aristóteles sobre la finalidad de una ética basada en unas virtudes “consistentes en lo esencial en un modo habitual de obrar bajo la dirección de la preferencia razonable” orientada a la felicidad, que el Estagirita considera como “lo más deseable de todo”, un “bien supremo” cuya fuente se encuentra en la “actividad conforme a la virtud”. En otras palabras, son las virtudes aprendidas socialmente las que definen la felicidad que debe alcanzarse y, por lo tanto, las normas morales que regirán el comportamiento. La moralidad remite, pues, a reglas particulares construidas socialmente y a las que se adhieren los miembros de la comunidad estudiada.

https://www.lavanguardia.com/internacional/vanguardia-dossier/revista/20210107/6131993/blanqueo-etico-tecnologia-futuro.html#foto-2

Un noi dislèctic no sap llegir ni escriure fins que la seva mare es fa càrrec de la situació

Basat en una història real de tenacitat, un nen de set anys lluita per donar sentit a les paraules de la pàgina. Però quan a Mike se li diagnostica dislèxia i els professors continuen fallant-lo, la seva mare pren les coses a les seves mans per ajudar el seu fill a complir el seu veritable potencial.

Aquesta pel·lícula guardonada, seleccionada al Festival Internacional de Cinema de Curtmetratges de Los Angeles 2020, va obtenir la consciència dels nens amb dislèxia, ja que no només s’estan fallant, sinó que també es fan malbé. La gent suposa que s’està tractant la dislèxia, però en realitat no ho és.

Benjamin Button o Teoría del caos

La teoría del caos llevada a la realidad: hechos y personas en un lugar del mundo pueden estar conectados y ejerciendo influencia sobre hechos aislados y personas lejanas. ¿Existe el destino? ¿El devenir es accidental? ¿Nuestras decisiones hacen nuestro futuro? ¿Es la existencia simplemente una sucesión inevitable de causas y consecuencias? El fragmento con más contenido de la pelicula “The curious case of Benjamin Button”.

Viure (poc) després de la foto més polèmica del món

El fotoperiodista sud-africà Kevin Carter es va suïcidà als 33 anyos; el TNC recupera ara la seva figura en ‘Testimoni de guerra’ 

El niño de la fotografía en realidad no estaba abandonado: los equipos de Naciones Unidas habían empezado a tratar su desnutrición.

La simbólica y dolorosa fotografía tomada en Sudán en 1993 que mereció a Kevin Carter el premio Pulitzer  (Kevin Carter)

alleció con la edad de Cristo, con tan sólo 33 años. Se suicidó. Se dirigió a un lugar junto al río cercano a Johannesburgo en el que jugaba de niño, se bañó, se metió en el coche con el que había llegado y conectó la manguera al tubo del escape para llenar su interior de dióxido de carbono. Y dormirse mientras escuchaba música en su Walkman. Y así quizá ir, “si era afortunado”, como dejó escrito, con Ken, Ken Oosterbroek, otro de sus amigos fotoperiodistas, que acababa de morir en un tiroteo en el que creía, gritaba, que tenía que haber muerto él.

El fotoperiodista Kevin Carter
El fotoperiodista Kevin Carter (Rebecca Hearfield)

Para ese día, el 27 de julio de 1994, el sudafricano Kevin Carter ya había vivido mucho más, y sobre todo visto en directo mucho más horror, de lo que la mayoría de humanos acumula en vidas mucho más longevas. Había llegado a lo más alto, al premio Pulitzer, que había recogido apenas tres meses antes en Nueva York por una foto enormemente polémica, por la que le llegaron a llamar carroñero, pero también a lo más bajo, a contemplar tras su cámara el sadismo y el dolor de la condición humana, hambre infame, lluvias de balas, muertes atroces con neumáticos repletos de gasolina atados alrededor del pecho y prendidos fuego, el llamado necklacing, hasta 20 minutos de muerte hórrida para los negros colaboracionistas del apartheid de su país.

Porque Kevin Carter (1960-1994) ganó el Pulitzer por la icónica y polémica fotografía de una niña famélica a la que acechaba un buitre en un Sudán arrasado por la guerra y el hambre en 1993, pero sobre todo Carter cubrió junto a otros tres amigos y sus cámaras la brutalidad del apartheid y las terribles luchas intestinas de los sudafricanos negros en los estertores del régimen segregacionista.

Las cruentas luchas, casi una guerra civil, entre el Congreso Nacional Africano de Nelson Mandela y los zulúes del partido Inkhata de Mangosuthu Buthelezi, utilizado por el régimen blanco. La revista de Johannesburgo Living llamó a Carter y sus amigos el Bang-Bang Club, por su atrevimiento a ponerse continuamente en medio de las balas, y justamente uno de ellos, Greg Marinovich, logró el Pulitzer en 1990 con una foto de un militante del CNA matando a un zulú. Marinovich sería gravemente herido el 18 de abril de 1994 y otro miembro del grupo, Ken Oosterbroek, muerto en una lluvia de balas en el township -asentamientos donde el apartheid concentraba a los negros- de Thokoza. Carter había regresado a Johannesburgo, a 10 kilómetros, poco antes, y decía a quien quisiera escucharle que la bala tenía que haber sido para él.

Nacido en una familia católica de origen inglés, no afrikaaner, Carter desde niño detestó el régimen del apartheid. Soñó con conducir coches de carreras, estudió brevemente Farmacia con malas calificaciones, tuvo que realizar el servicio militar, donde sus compañeros le llamaron kaffir-boetie (amante de los negros) por proteger a un camarero de la cantina, y le golpearon. Escapó del servicio y se hizo dj en Durban, pero cuando perdió el trabajo intentó suicidarse. Acabó el servicio militar tras sobrevivir a una bomba del CNA que mató a 19 soldados y acabó enrolado en una tienda de fotografía y, así, en el fotoperiodismo: a los 24 años, en 1984, cuando estallaron en rebeldía los suburbios negros, quiso formar parte del grupo de reporteros blancos que retrataba la brutalidad del régimen pese al peligro y a ser arrestados una y otra vez.

La famosa fotografía de la niña sudsudanesa publicada por The New York Times, niña que luego resultó ser un niño y que no se estaba muriendo -aunque lo haría de adolescente debido al paludismo-, la tomó en 1993 en un viaje junto a Joao Silva, el cuarto integrante de los Bang-Bang. La mitología respecto a la imagen del pequeño acechado por el buitre ha sido ingente. Para empezar, porque se convirtió en un símbolo del destino de África, quizá incluso un símbolo del sistema económico del mundo. ¿Por qué no ayudaste a la niña?, le preguntaron una y otra vez al saber que tardó minutos en tomarla, esperando a que quizá el buitre abriera las alas. Algunos diarios señalaron que el verdadero carroñero era él. Pero el niño no estaba solo perdido, sino muy cerca de una larga y famélica cola de ayuda alimentaria de la ONU en la que estaban sus padres, como prueba la pulsera que lleva, del programa de ayuda.

Sin duda no le ayudó a seguir viviendo, pero no fue lo que le quitaría la vida. La pérdida de su amigo Oosterbroek y su propia situación personal sí lo harían. Carter se aficionó a la marihuana primero y luego a una mezcla de potentes narcóticos que le ayudaban a disminuir el dolor y la lucidez que le proporcionaban las imposibles escenas que vivía sin miedo en directo continuamente. Fue también un empujón más para un desorden vital que le llevaba de una relación a otra -dejó a una hija de seis años- y que poco a poco le conduciría  a perder aviones, entrevistas, carretes de fotografía. Todo sumado a la presión por estar a la altura -envió tarde un carrete de fotos de la visita de Mitterrand a Sudáfrica, pero cuando Sygma, la agencia fotográfica que le fichó en Nueva York tras el Pulitzer las vio, le dijo que tampoco habrían estado a la altura de sus clientes-, acabó quitándose la vida en el momento que su carrera más debería haber brillado.

En la nota de suicidio escribió: “Deprimido… sin teléfono… dinero para el alquiler… dinero para mantener a la niña… dinero para las deudas… ¡¡¡dinero!!! . . . Me persiguen los vívidos recuerdos de matanzas y cuerpos, de ira y dolor… de niños hambrientos o heridos, de hombres locos de gatillo fácil, con frecuencia policía, o ejecutores. Me voy a reunirme con Ken, si soy afortunado”.

Desde el día 21 el TNC recupera la figura de Kevin Carter junto a la de la periodista asesinada en Siria Marie Colvin en Testimoni de guerra, escrita y dirigida por Pau Carrió y protagonizada por Laura Aubert y Pol López.

https://www.lavanguardia.com/cultura/20210108/6172938/kevin-carter-pulitzer-tnc-fotoperiodismo-apartheid.html

Las últimas palabras de Steve Jobs (que nunca dijo)

“En este momento, acostado en la cama, enfermo y recordando toda mi vida, me doy cuenta de que todo el reconocimiento y riqueza que tengo no tiene sentido frente a la muerte inminente. Tengo el dinero para contratar al mejor en la tarea que sea, pero no es posible contratar a alguien para que cargue mi enfermedad. El dinero puede conseguir todo tipo de cosas materiales, pero hay una cosa que no se puede comprar: LA VIDA.

A medida que crecí me di cuenta que un reloj de $300 y uno de 3.000.000 muestran la misma hora. que con un automóvil de $150.000 y uno de $15.000.000 podemos llegar al mismo destino. Que un vino de $150 o uno de $1.500, generan la misma “resaca”. Que en una casa de 300 metros cuadrados, o en una de 3.000, la soledad es la misma. La verdadera felicidad no proviene de las cosas materiales, proviene del afecto que nos dan nuestros seres queridos”.

http://www.recicladas.com.ar/la-carta-que-dejo-steve-jobs-antes-de-morir